‘La luna de mi perro’, por MIGUEL ANGEL ZAPATA
Parece que finalmente llegará la lluvia: mi perro observa atento como viene creciendo la luna por detrás de los cerros. De repente, la luna se cuelga del pino más alto del jardín y nos mira con envidia. Mi perro ladra y quiere tocar el cristal de su lengua. Yo la miro mientras escribo algo sobre las nubes que recubren su cabellera de cobre. La luna habla como una niña. Según ella está cansada de los poetas que le han dedicado cantos rimados sin sentido: por eso prefiere hablar con mi perro. Pero si yo nunca lloro ni me emociono, me dice. Habito allá lejos esperando la luz de otras estrellas para seguir viviendo. Por eso estoy aquí levitando sobre este gran árbol para llevarme su lumbre al cielo. Antes de irme quisiera cantar con tu perro la luna de tu niñez. Cuando la lluvia llega la luna aparenta que no llora. De pronto cambia el tono del paisaje, las astillas de la luna se clavan en la ventana que da a la sala, el árbol alumbra el patio sin hojas, y los geranios cambian el color del cielo.MIGUEL ANGEL ZAPATA (Mayo, 2007)
LECTURAS A LA SOMBRA DE UN COCOTERO La bitácora de poesía y cosas aledañas de ELOÍSA OTERO










