ELOY J. RUBIO CARRO sobre la novela de ANDRÉS MARTÍNEZ ORIA
‘Más allá del olvido’
Centro de Estudios Astorganos ‘Marcelo Macías’
La identidad se nos da o nos la damos como memoria y ésta se confirma en la lamedura, es lo que quiero decir. La lamedura es la memoria del otro cuando nos recuerda.
¿Qué sucede entonces cuando el otro es una lengua interior, una lamedura, un ladrido de lo que fue?
Sucede que uno ya es sombra que oye el ladrido de la sombra, casi una manera de ser. Sucede que nos lamemos nosotros.
Más allá del olvido es la novela de Andrés Martínez Oria, recién publicada por el Centro De Estudios Astorganos “Marcelo Macías”. Se trata del viaje de Egriseldo en segunda navegación, tras arribar al puerto de Poimala (una población fantasma de la Somoza). Egriseldo, es el antiUlises en el mundo en que declinaron los monstruos, un malvado. Antidio (antidía, antidiós), su enemigo, en ese mundo mágico que perdimos habría sido el puro mal.
Egriseldo vuelve a la vida luego de matar a Antidio y penar por ello, pasa la vida y la repasa minuciosamente y se reafirma una vez y otra vez en matar a Antidio. Sin embargo le sucede lo que al joven que fue Kertèsz que, cuando recordaba su estancia en Auschwitz, reconocía momentos de singular belleza. Esto salva a su pasado de desgarro y da coherencia a su biografía. Le mereció la pena su vida. “Verla venir por el camino de Poimala”. Recuperar ese antiguo amor que salva la vida, aunque fuese en “zumo amargo de Quintila”.
Como quien se deleita con la música y no repara en los instrumentos, esta narración fluye placentera, a veces paras y preguntas quién habla, y lees un fragmento y detectas la “curva errática del clarinete”, la voz del narrador que gusta de ocultarse. Otras veces en ese parar mientes, descubres la trompeta, un dialogar interno ágil, todo seguido, sin marcas de transición en las respuestas, con un dominio de la técnica muy eficaz e innovador. A menudo el redoble hipnótico del tambor percute en tu memoria que ha ido a beber junto con las sombras de las manos de Odiseo, y aciertas a reconocer una fantasía cunqueriana, el ludibrio alacranado de Valle Inclán o un encante cervantino. Por fin “un narciso de Sarón, una azucena de las vegas entre espinas”, te evoca el mejor de los cantares, obra de algún merlincocaico encantador.
Estas interpretaciones reposan en el paisaje, en los seres naturales que se ven abocados a responder a la emoción humana de manera emocionada.
La melodía que triunfa es la que repite el enfrentamiento de la noche al día, de la muerte al amor, de Egriseldo a Antidio; enfrentamiento que se produce en su suceder originario (in illo tempore) y en cada ocasión que se recuerde.
LECTURAS A LA SOMBRA DE UN COCOTERO La bitácora de poesía y cosas aledañas de ELOÍSA OTERO











Este artículo de Eloy Rubio Carro se publicó en el periódico El Faro Astorgano el pasado jueves.
Comment by islakokotero — November 28, 2007 @ 12:38 am
Unpapel suyo leímos ayer yo y un obispo armenio y dos gitanos, y casi un astrólogo, y medio doctor. Íbamos por el tan a oscuras como si leyéramos simas, y nos hubimos de matar en un obstáculo y dos naufragantes que estaban al volver de la hoja. No bastó construirlo y estudiarlo, y así le conjuramos y a poder de exorcismos se descubrieron dos medio renglones, que iban en hábito de pacuvios y les lanzamos los obsoletos como los espíritus….
Comment by anxeneta22 — December 20, 2007 @ 3:41 am
Pridie Idus,Anxeneta latiniparla….
Comment by setefilla — December 22, 2007 @ 3:58 am
Te he pillao: setefilla=anxeneta.
Has vuelto al origen y las palabras son espejo. Gaudeo quod vales. Multi te non sentientem custodiunt. No eres el único/a que farda de latines y luego no sabe acentuar ni puntuar ni construir en castellano. Doctissimus quisque est modestissimus.
¡Bo Nadal!
Comment by islakokotero — December 23, 2007 @ 9:34 pm