“MÉNDEZ FERRÍN, poeta cimarrón”, por MANUEL OUTEIRIÑO
"MÉNDEZ FERRÍN, POETA CIMARRÓN"
Por MANUEL OUTEIRIÑO
(Prólogo a la edición cubana del libro Contra Maquilero,
de Méndez Ferrín, de inminente aparición
de Méndez Ferrín, de inminente aparición
en edición bilingüe gallego-castellana)
A principios del siglo veintiuno, las maquilas, es decir, las factorías en que se sobreexplota el trabajo alienado, son un insulto a la razón. Las maquilas, o maquiladoras, son posibles gracias a la conjunción de la malevolencia y las ficciones legales de la teoría política liberal, que escinde los ámbitos económico y jurídico-político.
Contra Maquilero es una imprecación, un poema que clama contra la usura como hizo Ezra Pound en sus cantos XLV y LI. El aullido de Ferrín surge en el momento en que las grandes potencias capitalistas, y especialmente el gobierno de Estados Unidos de América, ejecutan la política que algunos llaman keynesianismo militar. El poeta, desde la altura de su edad y con el vértigo de su conciencia infeliz, evoca la expansión violenta del capital con horror y extrañeza.
El último y reciente libro de Ferrín puede considerarse en paralelo a la novela Mi siglo de Günter Grass, en la que por medio de un centenar de voces se nos cuentan los desconciertos y las cruciales alegrías de los últimos cien años desde un punto de vista alemán. Sin embargo, más que con Grass, cabría relacionar el poema de Xosé Luís con La entrada del nuevo siglo, poema que Friedrich Schiller escribió a principios del diecinueve:
¿Dónde se abre un refugio, noble amigo,Son muchas las voces que resuenan en Contra Maquilero. Así, en la sección decimoquinta el verso “permíteme cantar y ser eléctrico” es homenaje al I sing the body electric de Walt Whitman, poeta sobre el que muy acertadamente escribió José Martí. Sin embargo, además de los homenajes, hay también parodias e inversiones. Quizás por eso el patrón métrico del primer endecasílabo de Contra Maquilero pueda evocar para algunos la canción de Grisóstomo que inicia el capítulo XIV del Quijote, en la que podemos leer:
para la paz y la libertad?
El siglo se ha despedido impetuosamente
y lo nuevo se inaugura con una catástrofe.
Dame, desdén, una torcida soga.Contra Maquilero es imprecación desgarrada, pero también poema pastoral, en el sentido que dio al término William Empson en Some versions of Pastoral, por eso concluye esperanzadamente pidiendo pan en la sombra para resistir y evocando a la fugaz, esquiva y deseada Marcela, que el poeta tomó también de la primera parte del Quijote para simbolizar la utopía y la revolución, esa misma Marcela que se menciona en las palabras finales del ensayo Mitos y cansancio clásico, de José Lezama Lima.
Mas, ¡ay de mí!, que con cruel victoria
vuestra memoria el sufrimiento ahoga.
Creo que, en esta entrada del nuevo siglo, en la que tantos millones de personas se manifestaron en los cinco continentes indignadas contra la guerra imperialista, Méndez Ferrín ha modulado en nuestra vieja y recia lengua gallega el deseo socialista de Marx de dejar atrás la prehistoria y comenzar la verdadera historia de la humanidad. Ferrín ha escrito sombría y dolorosamente el irrenunciable deseo de muchos. Su voz, como la de Whitman, contiene multitudes, aunque mejor sería decir que no contiene multitudes, sino que las azuza a batir el hierro cuando aún está caliente, a ser herreros de un mundo mejor, como dice nuestra canción favorita.
Cuarteto con Alemania es quizás el poema más oscuro del libro. Se mezclan en él vivencias infantiles del autor y referencias literarias de un lector erudito y amante del romanticismo. Cuarteto con Alemania es un poema narrativo elíptico en el que se confunden los tiempos, dando lugar a fantasmagorías, como al final de la sección II. Para leerlo merece la pena tener presente la indicación de André Bretón en el Manifiesto surrealista sobre que “lo que más se aproxima a la ‘verdadera vida’ es la infancia”. Además, ante el oscuro Cuarteto con Alemania conviene recordar estas palabras de Mme. de Staël: “La claridad pasa en Francia por ser uno de los méritos más importantes del escritor, pues, ante todo, se trata de no molestar, de aprender en una lectura matutina lo que por la noche va a llamar la atención en una conversación. Sin embargo, los alemanes saben que la claridad jamás podrá ser más que un mérito relativo: un libro es claro según el tema y según el lector.”
Cuarteto con Alemania no es un texto claro, pues habla de tiempos oscuros. Esta adecuación al asunto, como decían los retóricos, es muy comprensible para los que, interesados en la historia de la estética académica, conozcan las Meditationes de nonnullis ad poemam pertinentibus de Baumgarten, donde se indicaba la capacidad conmovedora, el poder de contraste, de las expresiones poco claras. Cuarteto con Alemania es un texto fantasmagórico y poco claro, pues habla de tiempos aciagos en la Alemania de príncipes feudales, por la que viajaba Mme. de Staël, y de la aldea de Vilanova dos Infantes, de origen y torre feudal, en los oscuros tiempos posteriores a la Guerra Civil española, que fueron parte de la infancia del autor. El cuarteto de Ferrín se atiene a lo indicado hace casi doscientos años por Madame de Staël sobre la poesía alemana: “Se sirve de nuestras impresiones personales para emocionarnos: el genio que la inspira se dirige inmediatamente a nuestro corazón y lo hace para evocar nuestra propia vida como un fantasma, el más potente y terrible de todos.”
Por otra parte, Cuarteto con Alemania, como todos los poemas de Contra Maquilero, es un poema de crisis, es decir, responde al modelo de poema moderno que en el curso de su desarrollo se cuestiona. Es esta una característica que también se puede considerar a la luz del libro De Alemania de Mme. de Staël: “La literatura alemana es quizás la única que comenzó por la crítica; en todas las otras, la crítica sucede a la obra de arte, pero en Alemania es la crítica la que las produjo. La época en que las letras tuvieron más brillo se debe a esta diferencia. Los alemanes llegan después de varios siglos, durante los que diversas naciones se habían ilustrado en el arte de escribir, y creyeron que lo mejor era seguirles las huellas; se hacía necesario, pues, que la crítica descartase previamente la imitación, para dejar abierto el camino a la originalidad.” Estas viejas palabras de Mme. de Staël pueden también ayudarnos a interpretar la sección IX del poema Contra Maquilero.
Senecto corpore es un poema sobre la experiencia individual de un preso político independentista gallego. Es la condensación, de economía expresiva pasmosa, de largas experiencias carcelarias. Escrito en segunda persona, genera intensa intimidad por medio del vocativo coloquial, “niño”. Senecto corpore es un poema sobre la experiencia individual y también sobre la expansión progresiva de la identificación individual que lleva no a la fusión en un corpus mysticum, sino, por medio de un espectro que es el del comunismo, hacia un sujeto negativo y universal, que es el proletariado, o el partido que es vanguardia del proletariado.
El poema de Ferrín es un dispositivo de identificación que expone, en la primera sección, al preso político gallego, en la segunda, a los marineros, en la tercera a los jornaleros y labradores pobres que había cantado más de cien años antes Rosalía de Castro, en la cuarta a los obreros sobreexplotados que sobrevivían con salarios de hambre gracias a los recursos alimenticios de sus menguadas economías familiares, aquellos que Xosé Manuel Beiras llamó con acierto “proletariado simbiótico” en su libro O atraso económico de Galicia.
Las tres secciones siguientes de Senecto corpore cambian el ámbito de identificación. No se refieren ya a grupos sociales, sino a textos de Eduardo Pondal y Sartre en la sección V, o a las sierras del sur de Galicia en la VI (pues el poeta es, además de erudito, cimarrón), para llegar al reconocimiento existencialista de la finitud. Pero el libro de Ferrín no se acaba ahí. El poeta tiene un as en la manga: la profecía.
Profecía de Taramundi recupera ingeniosamente una retórica arcaica y fundamental, la de la religión, bien estudiada por Kenneth Burke. La retórica de la religión y, más concretamente, la de la profecía, se readaptó en la poesía moderna de Rimbaud, Whitman, Lautréamont o en el Cuaderno de un retorno al país natal de Aimé Césaire. Ferrín tiene el atrevimiento de usar nuevamente la retórica de la profecía. Sin embargo, en Profecía de Taramundi podemos advertir cómo en el curso de sus versículos va cambiando el tono, pasando de la gravedad de la profanación de sepulcros que recuerda la barbarie fascista de 1936 al apunte humorístico del versículo 6, para acabar recordándonos la abismática fugacidad de la vida, que en los buenos momentos corre cambiante como la Melodía del río de Rubén González.
La poesía de Ferrín mezcla registros cultos y populares, siempre en busca de expresiones innovadoras, siempre buscando generar más que reflejar lo nuevo. No se complace el poeta en la reproducción de tópicos, en la dicción clásica ni en la brillantez. Los libros de Ferrín no huelen a naftalina ni tienen polillas. Las voces de este poeta cimarrón son de la loma y cantan en llano. A sus casi setenta años, Ferrín sigue siendo absolutamente moderno y, por ende, la voz más radicalmente poética de la literatura gallega.

LECTURAS A LA SOMBRA DE UN COCOTERO La bitácora de poesía y cosas aledañas de ELOÍSA OTERO



