VICTORIANO CRÉMER y su ‘Fábula de Buenaventura Durruti’
Coincidiendo con el cambio del siglo XX al XXI, a finales de diciembre de 1999, hicimos una encuesta en el periódico La Crónica de León-El Mundo para ver quién era, a juicio de los encuestados, el leonés más universal de la centuria que terminaba. La conclusión, mal que les pesara a algunos, no podía ser otra: BUENAVENTURA DURRUTI (a quien ni siquiera se le ha dedicado una calle en la ciudad, y cuya escultura-homenaje en su barrio natal de Santa Ana, aprobada y encargada al artista DIEGO SEGURA, sigue paralizada desde hace años por "in-decisión" municipal).
Recordamos aquí que nuestro escritor centenario, VICTORIANO CRÉMER –con sus 101 años cumplidos de dura vida a sus espaldas–, sorteando la censura franquista y fiel a sus ideas anarcosindicalistas –después de haber pasado en dos ocasiones por la cárcel, y de haberse librado de la muerte de milagro–, publicó en 1947, en la mítica revista Espadaña –que él fundó y mantuvo casi solo hasta el final–, su Fábula de B. D., es decir, de Buenaventura Durruti, sin más veladuras que disimular con iniciales el nombre –silenciado, demonizado por el régimen– del, ya entonces, legendario anarquista leonés, el gran héroe caído del movimiento obrero revolucionario. Reproducimos aquí, en homenaje a ambos, algunos fragmentos de ese largo poema:
FABULA DE B. D.
Ya entonces presagiaban sus pupilas
densos mares de bronce; ya sus manos
hondeaban confines desmedidos
como oscuros costados
abiertos por la piedra violenta
[…]
Porque sucede que los hombres son antiguos volcanes
por los que la tierra vierte sus más tristes escombros.
Y en esta ardiente lava, en este fuego, que sin cesar vomitan,
acendran su corteza de animales dolientes, condenados.
[…]
Por eso te siguieron en bandadas
pistolas amarillas y caballos,
y desplomaron orbes en tus mármoles:
por conseguir sacar de ti el demonio
que con su roja lengua se burlaba
del imponente aspecto de la vida.
Y te mataron, sí. Fue por la espalda
Tu hermoso cuerpo de cristal y roca
tembló en el aire azul de la mañana.
[…]
Tu cuerpo, taponando las heridas
por las que, lentamente, se escapaba el alma
de una pálida España de ceniza.
[…]
Tu cuerpo hermoso; tu glorioso cuerpo;
luminoso rompeolas
brotado de tus mares violentos.
Fue por la espalda, sí. Fue por la espalda.
La bala que se abrió paso entre venas
no te pudo ver la cara.
VICTORIANO CRÉMER
LECTURAS A LA SOMBRA DE UN COCOTERO La bitácora de poesía y cosas aledañas de ELOÍSA OTERO










