¿Y por qué tendría yo que matar a mi ego?
¿Y por qué tendría que matar a mi ego?, pensé, mientras eliminaba cuidadosamente con el dedo índice la roña amalgamada en el ombligo.
Seguramente hay egos que se merecerían la muerte mil veces más que el mío, me dije, pensando en los egos de algunos amigos artistas, músicos, performers y poetas…
Eso suponiendo que exista algún ego que “merezca” morir.
Seguramente hay egos que se merecerían la muerte mil veces más que el mío, me dije, pensando en los egos de algunos amigos artistas, músicos, performers y poetas…
Eso suponiendo que exista algún ego que “merezca” morir.
En todo caso, lo consulté con mi propio ego, que nada más escuchar el planteamiento de la acción echó a correr, y no paró hasta llegar a los lavabos del Musac.
Le seguí, y allí me encontré con que se había encerrado en el interior de uno de los servicios, y se negaba a salir:
Le seguí, y allí me encontré con que se había encerrado en el interior de uno de los servicios, y se negaba a salir:

No había forma de que mi ego atendiera a razones, por más que le insistí en que no pensaba matarle —qué haría yo sin él—, así que consulté con mi alter ego, que en solidaridad con mi ego decidió introducirse en otro de los servicios y me hizo este gesto obsceno:

Así que pensé: Bueno, ya se les pasará. Y me di una vuelta por el museo. Me encontré con un artista que precisamente aquella mañana había decidido acabar con su ego, y llevaba ya unas cuantas horas sin reconocerse, como si hubiera perdido su auténtico rostro y su propio yo:


No lo hagas, me aconsejó, absolutamente arrepentido.
Nunca pensé hacerlo, contesté.
Nunca pensé hacerlo, contesté.
En ese momento, mi ego y mi alter ego salieron de los lavabos, un poco aburridos después de tanto tiempo a solas y sin mí. Desde entonces no hemos vuelto a separarnos, y me han hecho jurarles fidelidad eterna. Y así seguimos, como la santísima trinidad, una y trino, bajo la misma apariencia humana.
Eso sí, yo no soy artista, sino una pobre periodista. De ser artista, no sé si a estas alturas sería yo la que estaría refugiada en el WC de la meca del arte contemporáneo del noroeste peninsular, sin atreverme a salir, intentando eludir una muerte segura a manos de mi ego y de mi alter ego, ávidos de un mayor protagonismo.
Eso sí, yo no soy artista, sino una pobre periodista. De ser artista, no sé si a estas alturas sería yo la que estaría refugiada en el WC de la meca del arte contemporáneo del noroeste peninsular, sin atreverme a salir, intentando eludir una muerte segura a manos de mi ego y de mi alter ego, ávidos de un mayor protagonismo.
La bitácora de poesía y cosas aledañas de ELOÍSA OTERO



muy bueno
Comment by rodolfo v. — July 19, 2008 @ 4:09 am
no sé quién eres, pero mi ego, siempre tan necesitado de autoestima, te lo agradece mogollón. Y mi alter ego también. -yo, por mi parte, sigo rascando la roña del ombligo…
Un beso, rodolfo… ¿valentino?
Comment by islakokotero — July 19, 2008 @ 4:17 am
pongamos que llega con valiente, como tu misma
Comment by rodolfo v. — July 19, 2008 @ 6:24 am
¡Venga ya! Mójate un poco más ¿no?
Comment by islakokotero — July 20, 2008 @ 2:14 pm
Jaja! El encierro en el baño del musac parece más trepidante que los encierros de san fermín…
Comment by libélula — July 21, 2008 @ 8:34 am