‘Jardines del infierno’, poema y fotografía de JAVIER PÉREZ WALIAS
JARDINES DEL INFIERNO
No soy presente sólo, sino fuga raudal de cabo a fin.
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
En el principio, alejados del murmullo del mundo,
apenas éramos la ausencia.
Un ventanal abierto hacia la nada,
un jardín celeste.
Un bosque de pájaros entre la cal líquida y nuestros ojos.
Y ante nuestros ojos todo el movimiento del agua,
todo el sonido
por los umbrales diminutos de las horas crueles,
desangrándose por los desfiladeros
y por los lagos
como un péndulo que no conoce el sosiego ni la noche.
El paisaje del mundo vierte aquí
para el que escucha
su instante
de silencio,
sobrevuela los árboles,
nos acerca con su mano la cicatriz tibia de la memoria
mientras el asedio de las horas crueles
se quiebra
y cae
del otro lado del horizonte.
Aquí, muy cerca se nos muestra ya el embarcadero,
próximos
a la otra orilla.
Al instante,
reflejos, siluetas, troncos, lava que se desmadeja como un
ovillo
por los íntimos arrecifes.
Hacia los profundos recovecos del infierno.
Como un río de mercurio preñado bajo la tierra,
como un espejo transparente
que lo refleja único
o como un glaciar de voces sobre el lado agrio de las sienes
–piel con piel–
y el vértigo a la osadía y la lluvia
columpiándose como tantas otras madrugadas
por escapar de los labios.
En medio del paisaje y del verbo y del asombro,
una inmensa
huida
que se nubla,
un verso en fuga o un libro entero acuchillado o una quilla
solitaria.
Todos los movimientos de todos los planetas
y de toda una vida
se asoman por los agujeros celestes del lenguaje
como cualquier náufrago sobre ausente, como cualquier viento
o ráfaga o nube o arenisca
de intacta imperfección
o de belleza
efímera.
JAVIER PÉREZ WALIAS
(De ‘Largueza del instante’, Premio “Provincia”, ILC. León, 2009)
LECTURAS A LA SOMBRA DE UN COCOTERO La bitácora de poesía y cosas aledañas de ELOÍSA OTERO










