Isla Kokotero

July 23, 2009

‘Retrato generacional’, por ALBERTO LEMA

Alberto Lema
[Retrato generacional]

Tu casa en las afueras lejos
del mundanal desempleo, subiendo
en el ascensor que te sube, sentado
en el blando sofá que reblandece, la foto
con las greñas que certifican tu
rebeldía de juventud excesiva,
y la mujer, compañera de viaje,
follaréis tal vez de lado para no
herir sensibilidades de género,
votando cada cuatro años en referendums
para preservar a tu partido del progreso inmóvil.
La barriga ya no te deja ver
la punta de tu ideología erecta.

ALBERTO LEMA (Vimianzo, 1975). De ‘Crónica do chan’ / ‘Crónica del suelo’.

(Traducción de Eloísa Otero)

October 2, 2007

‘Crónica do chan’, de ALBERTO LEMA

[Colombia capital Cambados]

Mi mundo tiene la forma
De un billete de cincuenta
Empapado en cocaína,
La forma de la mandíbula tiesa,
Y los ojos muy abiertos y líquidos
De los que conocen el secreto.


Señora, su hijo toma coca,
Y también el policía, el abogado,
Y el señor diputado, señora,
El cuarto de baño está siempre cerrado.


Yo vi los mejores y los peores
De mi generación,
Y los vi porque yo era uno de ellos,
Esperar a primeros de mes
Por la pequeña raya sin rabia
Que haga más larga la noche del sábado,
más cierta la idea de estar vivos.


Y algunos que fueron cayendo, y no muertos,
y un día regresaron porque ella
es paciente y espera por ti
en el lugar de siempre.
Y saber después que no eres más tú,
que es otro el que ahora no sabe parar de hablar
o terminar este poema sin apología.


Y vuelvo hacia atrás, hacia el lugar
donde tu rostro en el espejo sonríe
y te dice hola qué tal,
como si quisiera algo contigo,
vuelvo hacia el lugar donde se perdió
para siempre
mi buen nombre de chaval formal,
el lugar apenas salvaje
que conocí con vosotros, hermanos,
con los que compartí el tesoro,
y la ilusión de la fuerza que había
de abrir todas las puertas
mientras lo imposible nos lamía los pies
y quería concedernos tres deseos


ahora que ya éramos más fuertes que él.
Y os digo
no era la vida la que nos llamaba,
hermanos, éramos nosotros los que la llamábamos
a ella.

[Ítaca]

Que había heredado la lengua de sus padres
que no había tenido que desandar nada
que el país no se tenía en pie
y había tenido que marchar
como su padre veinte años antes,
que en la otra lengua se sentía torpe
sobre todo cuando quería hacer reír
o anticipar un beso,
que había tenido que estar solo,
que había acabado por conocerse a sí mismo
y aburrirse mucho,
que eran miles los gallegos allí
que todos iban a volver un día,
que no podía existir un lugar así, sin árboles,
que allí había muchos moros y sudacas,
que los gallegos habían sido los anteriores moros y sudacas,
que algunos gallegos no querían parecerlo
pero de alguna manera se les notaba


que el país parecía mejor de lejos
que también echaba de menos el frío y la lluvia,
que los gallegos se buscaban por la lengua
para escucharla, para escucharse
que la morriña era un mal del cuerpo,
que el país y la madre tenían la misma voz,
que no había sido infeliz allí,
que un día volvió.


ALBERTO LEMA (Vimianzo, 1975). Del libro ‘Crónica do chan’ / ‘Crónica del suelo’.

(Traducción de Eloísa Otero) 






















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