Isla Kokotero

April 26, 2009

ANTONIO PEREIRA: ‘La divisa del seductor’ / por ERNESTO ESCAPA

Un retrato de Antonio Pereira, por el pintor ÁLVARO DELGADO
ANTONIO PEREIRA:

LA DIVISA DEL SEDUCTOR
    por ERNESTO ESCAPA
Publicado en EL MUNDO DE LEÓN (26-4-09)

En torno al pasado San Froilán tuvo lugar en León el octavo Congreso Nacional de Escritores, que incluyó en su programa un merecido homenaje a Antonio Pereira. Yo aproveché mi turno en aquel encuentro para señalar la seria anomalía de que el maestro del relato literario siguiera sin el reconocimiento de un Nacional de las Letras a su trayectoria. Hubiera sido el primer cuentista en recibir el galardón, pero otra vez la muerte anduvo más lista que los jurados. Despidió el siglo con el Premio Castilla y León de las Letras, que se sumaba al Fastenrath de la Academia, al Leopoldo Alas y al Torrente Ballester. Pereira empezó a publicar cumplidos los cuarenta y nos deja, en cifras cabales y redondas, veinticinco libros de prosa y diez de versos. Además de un legado de bonhomía y de un inmenso caudal de afectos.  

Antes de la eclosión de la literatura leonesa, formó parte de la trilogía de escritores que protagonizó nuestro León de las nostalgias, junto a Crémer y Gamoneda. Fue lo que tuvimos, felizmente. Un poeta curtido en todas las batallas, como Crémer, y dos escritores de pujante madurez. En aquel escenario provincial Pereira fue emergiendo como un consumado seductor. Sin ruido ni alharaca de premios altisonantes, hizo una obra modélica zurcida con monástica paciencia.  

Pereira encontró en el cuento la horma para ajustar el hilo a la cometa de su fantasía. En esta distancia corta, el humor del noroeste, la tierna ambigüedad, el episodio menudo, la confidencia coloquial y un tenue erotismo, que el autor registró con patente diocesana, encuentran su expresión más eficaz. Es un escenario fugaz pero inolvidable, que concilia la difícil alianza entre imaginación y realidad, modelado con sutileza de orfebre en el manejo de la palabra. Como cuentista, Pereira ocupa pedestal de clásico.   

Después de un volumen primerizo de relatos, con el que obtuvo el premio Leopoldo Alas a mediados de los sesenta, Pereira alcanzó su madurez en El ingeniero Balboa y otras historias civiles. Luego depuró el oficio a lo largo de tres décadas, que dieron para siete libros más de relatos y otras tantas antologías. A menudo transitan por los relatos sus cómplices de aventura literaria, desde los más cercanos a los dioses mayores. Y tantos episodios de una memoria traviesa, que nos deleita con destellos de gracejo, a la vez que muestra la cartografía de sus afinidades y pasiones más íntimas. En la narrativa breve Pereira exhibe una singular destreza para destilar asombros en su pupila de viajero que ha tocado todos los cabos. También cultivó el apunte memorial en un par de libros magníficos, sofocados por su edición en la provincia. 

Autor de cinco libros de poesía, publicó tres novelas: la última y más valiosa, País de los Losadas (1978). En Meteoros (2006) reunió y puso en valor su obra poética. Sus tres primeros libros del género cultivan los oficios familiares, los viajes cercanos, la amistad derramada, la nostalgia y el entrañamiento. Dibujo de figura (1972) ofrece signos de un tono crítico imprevisto: "Ya sabía que un muerto no es gran cosa / en una edad de tapias y cunetas". La depuración expresiva, la cadencia narrativa y coloquial, la renuncia a la rima, parecen conducir al silencio del poeta. Viva voz abrocha su obra lírica con una miscelánea de apuntes, complicidades y tributos de amistad.






















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