Isla Kokotero

June 24, 2008

Discurso de JUAN CARLOS MESTRE en la 42 Fiesta de la Poesía de Villafranca

 

HOMENAJE A ANTONIO GAMONEDA
EN LA 42 FIESTA DE LA POESÍA DE VILLAFRANCA DEL BIERZO
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FRAGMENTOS DEL
DISCURSO DE JUAN CARLOS MESTRE
(QUE ACTUÓ COMO MANTENEDOR)
 ¡OJO! Para leer el artículo entero haz click en: Faro Gamoneda 
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    Queridos vecinos y amigos de Villafranca, una mañana como la de hoy de hace cuarenta años yo era un muchacho que, apoyado en uno de estos árboles del jardín, escuchaba, sin entender exactamente lo que decían estas palabras: No sólo el grano blanco va al molino, también los granos negros del silencio; también se hace el pan se hace la vida, de los heroicos huesos de los muertos. Yo no sabía aún lo que era un héroe, pero el poeta que las pronunciaba se convirtió para mí, desde ese instante, en alguien que se acercaba a mi vida con algo conmovedor: palabras rozadas por el resplandor de otro mundo, monedas perdidas con las que no se podía comprar ninguna otra cosa que no fuese la intuición de un ángel, el valor simbólico de otra manera de estar en el mundo, la forma delicada de cuantos estrechamente vigilados por la locura, aún seguían pensando que volar era el resultado de una intensa pasión, nunca de su práctica.

    Aquel poeta se llamaba Gilberto Núñez Ursinos, y yo decidí aquella mañana, ante la luz de su joven resplandor, parecerme en algo a su sombra. Yo tenía doce años, junio de 1969, y fui su amigo hasta la primavera de 1972, en que decidió, voluntariamente, abandonar la republica de la imaginación donde vivía, cuando al otro lado del río sólo había pequeñas casas blancas llenas de palomas, gatos y flores que algún día fueron las semillas del paraíso. Fue el primer poeta que conocí, era amado por mucha gente de este pueblo, no menos que lo que él quería a los humildes, a los soñadores, a los que hablan solos por la calle y pensaban que la vida carecía de sentido sin resistencia al mal. Vivía sólo, con un gato al que llamaba Parsifal, y un aparato de radio con el que aprendía idiomas sintonizando emisoras extranjeras. Un milagro que sólo sucede una vez cada cincuenta años cuando pasa sobre los valles el cometa de la iluminación y convierte en vino de dulzura la amargura de los pozos.
(…)
    Un joven poeta inglés, el inmenso John Keats, hermano espiritual de nuestro romántico Enrique Gil y Carrasco, en respuesta a un amigo que le preguntó qué era para él un poeta, respondió: poeta es aquella persona que en presencia de otro se considerará siempre su igual, sea este el rey o el más pobre del clan de los mendigos. Eso ha sido y es Antonio Pereira, un narrador excepcional, un poeta que ha escrito poemas conmovedores, el hombre en el que se cumple al  máximo aquella sentencia de Pound según la cual, es imposible escribir un buen poema si no se es antes una mejor persona.

    A Tonino Guerra, el genial guionista de Federico Fellini, le escuché decir que el poeta es quien se quita el sombrero ante un cerezo en flor. A Nicanor Parra que era un bailarín al borde del abismo. No podría nombrar a tantos para quienes un libro de poemas es un una caja de herramientas al servicio de la conciencia de los hombres. La poesía que cura las heridas producidas a la dignidad por los gritones dogmáticos. Con razón la palabra dignidad suele provocar risa sobre todo en aquellos que no la tienen. Todo verdadero poeta, pensaba Unamuno, es un hereje, y el hereje es el que se atiene a postceptos y no a preceptos, a resultados y no a premisas, a creaciones, o sea poemas, y no a decretos, o sea dogmas. No ha importado la burla de la publicidad vergonzosa del mundo, no ha importado la calumnia del silencio, Lorca conocía la única vocal que tienen los animalitos en su vocabulario, y habló por y para las multitudes; Gonzalo Rojas vivió en el exilio de los renegados pero abrió a cada torturado un camino a las estrellas. Soñar sigue siendo es el oficio del poeta.

    Queridos amigos, todos hemos tenido sueños. El mío fue sencillo y ya ha sido cumplido. La belleza no es un lugar donde van a parar los cobardes. He amado este verso de Antonio Gamoneda desde mi adolescencia. Un poeta que lo ha significado todo en la repoblación espiritual de mi vida, en los valores que han hecho de la resistencia estética contra el autoritarismo una conducta civil, la creencia de que el arte no es una categoría superior del conocimiento humano, ni de la que son portadores sólo unos pocos, sino algo inherente, misteriosamente intrínseco, a la condición y la responsabilidad humana. He aprendido sus poemas de memoria, he orado con ellos, me han salvado de la desolación y me han devuelto la esperanza en épocas de dificultad.
(…) 
    La amistad de Antonio Gamoneda ha estado sobre nosotros como una madre sobre su pequeño que sueña con cuchillos. Su poesía nos ha protegido, en sus palabras ha encontrado refugio el desesperado ser humano que al amanecer, armado de una ardiente paciencia, aún espera entrar en las esplendidas ciudades prometidas por la profecía de Rimbaud, el vidente. Elogio la indefinible libertad de Antonio Gamoneda, el radical descentramiento de cuanto ha supuesto la alta conciencia de su poesía como ruptura con la lógica del saber; la ética que frente a los actos de fuerza que pretenden representar lo que solo es, aspira al arte de cómo debería ser el universo significante de la duración en el tiempo de la dignidad humana.
(…)
    Y desobedecer la costumbre es la poesía, en palabras de Saint John-Perse. Desobedecer los dictados de una sociedad basada en la idolatría a las repugnantes escamas litográficas, como llamaba Baudelaire al dinero. Desobedecer al sistema que ha hecho culto de la atrocidad de la guerra y obliga a vivir en condiciones de esclavitud a tres cuartas partes de la humanidad. Desobedecer es no olvidar, como nos recuerda Walter Benjamin, que el botín supremo de los amos no es la plusvalía, el botín supremo de los amos es la cultura.
(…)
    Es hora de terminar, el poeta es un taxista que lleva a la gente donde la gente quiere ir, alguien que ayuda a los demás a vivir su propia vida. La poesía está ahí para ennoblecer, para dignificar la condición humana. Es la vida, como escribió Cummings, que antes o después, venga siempre las ofensas de los hombres con las salvas de la primavera. Esa también es la mejor razón por la que habrá merecido la pena vivir. Lo escribió Gamoneda:

“Un mismo canto pide /la justicia y la / belleza. Sea la luz /un acto humano. Se puede/ morir por esta /libertad.”
 
Muchas gracias.
 
 
Villafranca del Bierzo, 22 de junio, 2008

April 23, 2008

23 de Abril: JUAN GELMAN, Premio Cervantes

 Juan Gelman

Y mañana, 24 de abril, cita histórica con tres Premios Cervantes:

Gonzalo Rojas, Antonio Gamoneda y Juan Gelman protagonizarán un encuentro con los estudiantes de la Universidad de Alcalá de Henares.

 'Carta a mi madre', de Juan Gelman

Y el viernes, 25 de Abril, Gamoneda y Gelman hablarán de poesía en León, en el salón de actos del Ayuntamiento (Calle Alfonso V), a las ocho de la tarde. 

De la carta de Gelman a su madre:

(…)

nos escribimos poco en estos años de exilio /

también es cierto que antes nos hablamos poco /

desde muy chico, el creado por vos se rebeló de

vos / de tu amor tan estricto / así comí rabia y

tristeza / nunca me pusiste la mano encima para

pegar / pegabas con tu alma / extrañamente

éramos juntos /

(…)

JUAN GELMAN 

April 4, 2008

Entrevista a Antonio Gamoneda en la revista Ínsula

Hemos colgado en Faro Gamoneda la entrevista, entera, de Tomás Sánchez Santiago y Eloísa Otero al poeta ANTONIO GAMONEDA que se publica en el último número de la revista Ínsula.

Para leerla, haz click sobre la foto: 

 Antonio Gamoneda en una foto de MURCIEGO

 Antonio Gamoneda, en una fotografía de MURCIEGO

March 30, 2008

4-A / Presentación del monográfico de Ínsula dedicado a Gamoneda

Estimados amigos:
El próximo viernes día 4 de abril,
a las siete y media (19.30 horas),
en la Sala Valle-Inclán (5.ª planta)
del Círculo de Bellas Artes de Madrid,
se presentará el número monográfico
de la revista Ínsula dedicado a Antonio Gamoneda
El número, coordinado por José María Castrillón y Jordi Doce, incluye artículos de Fernando Rodríguez de la Flor, Túa BlesaEduardo Moga, Juan José Lanz, Lawrence Breysse-ChanetCarmen Palomo, J. M. Trabado Cabado y José Antonio Expósito, así como una entrevista con el poeta a cargo de Eloísa Otero y Tomás Sánchez Santiago y un inédito del poeta: las páginas iniciales y finales de Un armario lleno de sombra, su libro de memorias recién concluido. El acto contará con la participación de Arantxa Gómez Sancho, editora de la revista, José María Castrillón y el propio Antonio Gamoneda, quien leerá el adelanto de sus memorias incluido en este monográfico.
Ojalá podamos contar con vuestra presencia.
Un saludo cordial,
Jordi Doce 

March 17, 2008

‘Sucesos’, por ANTONIO GAMONEDA, con un grabado de JUAN CARLOS MESTRE

 Un grabado de Juan Carlos Mestre para la carpeta 'Extravío en la luz', de Gamoneda

SUCESOS 

Cuando del corazón surge un grito amarillo
grandes sargas se extienden sobre rostros amados.
Me dicen que ya es tarde y que el pastor de sombras
es ahora obediente a manos invisibles.

En nosotros ha entrado una serpiente ciega.
Ya nadie ama ni sonríe.

Un huracán de signos avanza inútilmente.
Las últimas mentiras se disfrazan de invierno.

Alguien entra descalzo a la fosa de los números,
alguien está anudando las cuerdas del olvido.

Los hay que cantan lívidos al borde del suicidio
y los más silenciosos copulan sin esperanza.

Un paso más allá todo es inexistencia;
todo se explica en el no ser.

                                   Ya veo
la turba incandescente. Van a venir muy pronto
los reptiles del llanto.

Alguien está gritando cercado por la púrpura.
Alguien abre despacio la mirada sabiendo
que en su córnea se esconden las cifras terminales
y que su pensamiento
no es más que una costumbre que precede a la muerte.

En la calcinación, un perro sangra
rodeado de ausentes. Bajo miradas frías
el perro se convierte en azul para siempre.

Cunden fétidas rosas; sus pétalos cansados
descienden a mis manos. Silenciosas, se acercan
las madres que no olvidan.

Frutos enloquecidos
se unen a los restos desprendidos del fósforo
y a las últimas sílabas, a las incomprensibles

En la hora imposible despertará el durmiente;
como un cuchillo negro te mirarán sus ojos.
Vas a quedarte solo. Tu cuerpo tendrá frío
desnudo para siempre, desnudo hasta los huesos.

Acepta tu extravío, entrégate a la luz:
la luz es el comienzo de la causa invisible.

   ANTONIO GAMONEDA (De la carpeta ‘Extravío en la luz’, con grabados de JUAN CARLOS MESTRE)
 

March 16, 2008

Primicia: Poemas de ANTONIO GAMONEDA con grabados de JUAN CARLOS MESTRE

 Un grabado de Juan Carlos Mestre para la carpeta 'Extravío en la luz' de Gamoneda

MANOS

Sacudí la ceniza de mis párpados,

busqué el día en el interior de la noche y, sí, se abrió en mí.

                                                           /Era como ser y no ser.

Descansé de mí mismo

hasta que mis venas se vaciaron en la luz.

Me acerqué a las materias visitadas por cuchillos, a las que gritan

                                                      /hasta despertar el corazón

y aún sentí la pulsación del hierro y la pasión de máquinas

                                             /enloquecidas en la inmovilidad.

En la pausa mortal, una vez más,

pasaron lentamente sobre mí tus manos.

   ANTONIO GAMONEDA

(De la preciosa carpeta ‘Extravío en la luz’, recién editada por la Escuela de Arte de Mérida, con grabados de JUAN CARLOS MESTRE)

 

March 15, 2008

Birmania, el Tibet… ¡Basta de dictaduras represoras y represivas! ¡Derribemos las fronteras infranqueables!

POR UN MUNDO DE TOD@S Y PARA TOD@S

Por una declaración universal del derecho fundamental de toda persona
a habitar y circular libremente por el planeta Tierra. 

Por el derecho fundamental de todo ser humano
a ser considerado "ciudadan@ del Mundo", con todo lo que ello conlleva.

¡ POR EL BOIKOT A LAS OLIMPIADAS EN PEKÍN !

* * * 

la tierra desde el espacio

"La Tierra es nuestro único hogar. Según los conocimientos científicos actuales, podría ser el único planeta capaz de sostener la vida. Una de las imágenes más poderosas que he visto nunca fue la primera fotografía de la Tierra tomada desde el espacio exterior. Aquella imagen de un planeta azul flotando en las profundidades del espacio, luminoso como la Luna llena en una noche sin nubes, me hizo comprender claramente que todos somos miembros de una misma familia y habitamos la misma casa. Me invadió la conciencia de la ridiculez de los distintos desacuerdos y querellas que nos aquejan. Vi la futilidad de aferrarnos con tanta fuerza a las diferencias que nos separan. Desde esta perspectiva, se siente la fragilidad, la vulnerabilidad de nuestro planeta y su limitada ocupación de una pequeña órbita encajonada entre Venus y Marte en la vasta infinidad del espacio. Si no cuidamos de este hogar ¿qué otra función tenemos en la Tierra?

     TENZIN GYATSO, Dalai Lama (Del libro ‘El universo en un solo átomo’)

* * * 

La luz es para todos los hombres.

También la tierra lo será algún día.

Si tu pensamiento es libre como la luz

que tus manos sean generosas como la tierra.

ANTONIO GAMONEDA 

March 7, 2008

Convocatorias 7-M y 10-M / FERNANDO MENÉNDEZ y ANTONIO GAMONEDA en Mérida

El poeta asturiano FERNANDO MENÉNDEZ protagoniza hoy, viernes 7 de marzo, a las 13 horas, una lectura poética en la Escuela de Arte de Mérida (Paseo de las Artes, s/n. Tel. 924009864. 06800-Mérida).
Con motivo de esta lectura, la Escuela ha editado una preciosa carpeta con poemas de Fernando Menéndez, titulada Porque no poseemos.
También hoy viernes, a continuación (14 horas), se inaugurará una exposición con una selección de trabajos de los creadores que han ilustrado las publicaciones que ha editado la Escuela. Y a las 20.30 se abrirá otra exposición, sobre la Biblioteca Hackenberg, una colección exquisita de libros escritos y publicados en las tres primeras décadas del siglo XX, la década que desembocó inmediatamente en el nazismo.

Portada de la carpeta de Gamoneda ilustrada por Mestre
El próximo lunes, 10 de marzo, será el poeta leonés ANTONIO GAMONEDA quien protagonizará otra lectura poética en el mismo escenario, a las 13 horas. Ese día, además, tendrá lugar presentación pública de un trabajo inédito: Extravío en la luz, de Antonio Gamoneda, una hermosa carpeta de poemas inéditos, con ilustraciones de JUAN CARLOS MESTRE y una introducción de AMELIA GAMONEDA. A continuación (14 horas) se inaugurará una exposición de grabados de Juan Carlos Mestre.

Estas actividades (lecturas, ediciones, exposiciones) están promovidas por el artista y profesor de la Escuela de Arte de Mérida JAVIER FERNÁNDEZ DE MOLINA y los alumnos de la escuela. 

February 28, 2008

25 de abril: Encuentro entre GAMONEDA y JUAN GELMAN en León

Gamoneda y GelmanLos premios Cervantes 2006 y 2007, Antonio Gamoneda y Juan Gelman, ofrecerán una charla en León el próximo 25 de abril, una fecha bien simbólica.
Éste es uno de los actos que vincularán el programa cultural que se celebrará en la capital leonesa hasta el próximo mes de junio para celebrar la presidencia de la Red de Juderías –asociación integrada por 21 ciudades españolas–, que León ocupará durante el primer semestre de este año. El acto contará con la actuación del grupo de música Sirma, que ha compuesto para esta jornada varios temas basados en la poesía del último premiado en Alcalá de Henares.
Más información en FARO GAMONEDA.
 

October 24, 2007

Conferencias de TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO y ANTONIO GAMONEDA en León

Jueves, 25 de octubre de 2007
Tomás Sánchez Santiago
Biblioteca Pública de León
c/ Santa Nonia, 5
Hora de inicio: 20:00 horas.
Martes, 30 de octubre de 2007
Antonio Gamoneda
Biblioteca Pública de León
c/ Santa Nonia, 5
Hora de inicio: 20:00 horas
 
Dentro del ciclo LA BIBLIOTECA DEL NÁUFRAGO
que organiza la Fundación Siglo

May 5, 2007

FARO GAMONEDA

Faro de Alejandría

Bucea en Faro Gamoneda

en los arrecifes de Isla Kokotero

(Hemos abierto un cuaderno de bitácora sobre el poeta Antonio Gamoneda, al que poco a poco iremos vinculando los datos que han ido apareciendo en éste, pero también su biografía, su bibliografía… y otras cosas que consideremos interesantes y que arrojen luz sobre su escritura y su obra)

May 4, 2007

AMELIA GAMONEDA sobre ANTONIO GAMONEDA

    "(…) En mi memoria de siempre mi padre es un hombre que escribe; o mejor dicho, es un hombre que trabaja, que trabaja en la escritura. Escribe con todos los músculos, reconcentrado, tachando con decisión, rompiendo enérgicamente los papeles, y luego pulsando las teclas –de las máquinas antes mecánicas y hoy del ordenador– hasta desgastar sus mecanismos. Su ruido de escritor es el de un oficinista, el del oficinista que fue, el del obrero y su máquina; en mi memoria imaginaria, este ruido se prolonga hacia atrás en el tiempo y se confunde con el de las máquinas de bordar que mi abuela pedaleaba incansablemente en una galería. Algunas noches, en las casa de mis padres, el ruido de las teclas no se interrumpe más que durante tres o cuatro horas; pienso entonces si mi padre no le estará haciendo compañía a mi abuela, pienso si este oficio de escritura, ejercido así, con ese apremio, con ese esfuerzo, con esa necesidad, no habrá recibido su ritmo de esa experiencia familiar del trabajo, de esas noches de la infancia de mi padre en las que él tampoco acertaba a percibir cuándo se paraban las máquinas de bordar de mi abuela. (…)"
    AMELIA GAMONEDA
(Fragmento extraído del texto titulado ‘Entre memorias’ que Amelia Gamoneda leyó en el Festival de la Palabra, Universidad de Alcalá de Henares, el pasado 18 de abril)
 

May 3, 2007

Presentación de una nueva antología con CD de ANTONIO GAMONEDA

     Hoy jueves, 3 de mayo, a las 8 de la tarde, se presenta en León un nuevo libro de ANTONIO GAMONEDA, ‘Antología y voz’ (un volumen y un CD), de la mano de El Búho Viajero, la editorial que dirigen dos veteranos fotógrafos leoneses, Puri Lozano y Miguel Sánchez.

El acto de presentación, concebido como una velada poética y musical, tendrá lugar en la sede de Caja España, en la calle Santa Nonia 4 de León.

Intervendrán, además de Antonio Gamoneda y Puri Lozano, el profesor José Enrique Martínez, la pianista Elisa Rapado y la soprano Ana Castillo (éstas últimas interpretarán obras de los compositores José Miguel Fayos y Pablo Geijo).

Con el volumen dedicado a Gamoneda, la editorial El Búho Viajero abre una nueva colección dedicada a la voz de los poetas leoneses, que ya tiene continuidad en un segundo libro con CD centrado, esta vez, en la obra de otro sugerente poeta, ensayista, reportero y novelista: JULIO LLAMAZARES.

May 1, 2007

1 de mayo… con un poema de ‘Blues castellano’

DESPUÉS DE VEINTE AÑOS

Cuando yo tenía catorce años,

me hacían trabajar hasta muy tarde.

Cuando llegaba a casa, me cogía

la cabeza mi madre entre sus manos.

 

Yo era un muchacho que amaba el sol y la tierra

y los gritos de mis camaradas en el soto

y las hogueras en la noche

y todas las cosas que dan salud y amistad

y hacen crecer el corazón.

 

A las cinco del día, en el invierno,

mi madre iba hasta el borde de mi cama

y me llamaba por mi nombre

y acariciaba mi rostro hasta despertarme.

 

Yo salía a la calle y aún no amanecía

y mis ojos parecían endurecerse con el frío.

 

Esto no es justo, aunque era hermoso

ir por las calles y escuchar mis pasos

y sentir la noche de los que dormían

y comprenderlos como a un solo ser,

como si descansaran de la misma existencia,

todos en el mismo sueño.

 

Entraba en el trabajo.

                             La oficina

olía mal y daba pena.

                              Luego,

llegaban las mujeres.

                              Se ponían

a fregar en silencio.

 

Veinte años.

                  He sido

escarnecido y olvidado.

Ya no comprendo la noche

ni el canto de los muchachos sobre las praderas.

Y, sin embargo, sé

que algo más grande y más real que yo

hay en mí, va en mis huesos:

 

Tierra incansable,

                        firma

la paz que sabes.

                        Danos

nuestra existencia a

                           nosotros

                           mismos.

 

   ANTONIO GAMONEDA (Del libro ‘Blues castellano’)
 

April 30, 2007

Sobre ‘Ferrocarril de Matallana’, de ANTONIO GAMONEDA

«En el poema tiene que haber cierta inocencia, una extrañeza, la sensación de misterio»

Por PILAR ORTEGA BARGUEÑO

    MADRID.— Antonio Gamoneda confiesa estar cansado –«pero creo que voy a resistir»– del trajín del Premio Cervantes, que le ha tenido en Madrid más tiempo del previsto, alejado de su casa de León y su rutina de siempre. Ha sucedido así porque el poeta es amable y trata de atender todas las peticiones y requerimientos que le hacen. En este caso, accede a conversar sobre la vida y la fugacidad del poema, su génesis, su desarrollo, su reescritura… La petición llega por un hecho casual. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, confesó su admiración por el autor de ‘Libro del frío’ tras la ceremonia de entrega del Premio Cervantes en Alcalá de Henares y destacó el poema Ferrocarril de Matallana como su preferido.
    Pero, ¿por cuál de las tres versiones de Ferrocarril de Matallana tiene predilección el presidente del Gobierno? ¿La original de 1960? ¿La intermedia? ¿La, de momento, definitiva de 2003? Posiblemente, Rodríguez Zapatero se refería a la primera versión, donde aparece un puñado de versos de marcado carácter social: «España es también una tierra,/ pero una tierra solo no es un país;/ un país es la tierra y sus hombres./ Y un país solo no es una patria;/ una patria es, amigos, un país con justicia». Esta estrofa, por ejemplo, ha desaparecido de la versión última. (more…)

April 25, 2007

Dos versiones de ‘Ferrocarril de Matallana’, de ANTONIO GAMONEDA

 (La primera versión, del año 1960:)

 

A las ocho del día en febrero

aún es de noche.

 

Subimos a este tren algunos hombres

por motivos diversos.

 

No hay aún luz en los vagones, sólo

oscuridad y aliento.

 

No nos vemos los rostros pero sentimos

la compañía y el silencio.

 

En el andén estalla la campana.

Nos sobresalta la crueldad de un silbido.

El tren arranca. Todo vuelve

a su antiguo sentido.

 

Nos dan la luz amarillenta y floja.

Salimos

de la oscuridad como del sueño:

torpemente vivos.

 

Y ahora empezaremos a mirarnos

como hombres distintos:

amaríamos a éste, pero a aquél

nunca le amaríamos.

 

Sin embargo, la luz debiera ser

quien nos hiciese amigos.

 

Éste es un tren de campesinos viejos

y de mineros jóvenes.

 

Se ve algo que une

más que la sangre y la amistad.

 

Es una cosa del cuerpo y del alma.

Es grande y dolorosa.

Pero se está haciendo de día.

 

Ahora ya se puede ver la tierra

oscura bajo el hielo. Es

hermosa la tierra en febrero.

Vemos los montes todavía en sombra,

los robles, del mismo color del monte,

la yerba vieja sepultada en escarcha

y, sobre lomas, las tierras de trabajo:

cada surco endurecido por el río

como la resistencia de los pobres.

 

Rectos y oscuros, los chopos

llenan de serenidad las riberas

y, cerca de ellos, bajo el pueblo, el río

desciende azul y lleno de soledad.

 

Cruzan los pueblos de sonido humilde

—Pardavé, Pedrún, Matueca—;

las casas montan las paredes tristes

sobre el espacio de las huertas;

vemos las calles en silencio, vemos

la iglesia muda y las cerradas puertas.

Esto es un pueblo; se construye a base

de paciencia y tierra. 

 

Cuando bajo del tren, siento frío

en medio de tanta verdad,

y ya entiendo, sin pensar, muchas cosas.

Comprendo, por ejemplo,

la belleza de España.

 

España es también una tierra,

pero una tierra sólo no es un país;

un país es la tierra y sus hombres.

Y un país sólo no es una patria;

una patria es, amigos, un país con justicia.

    ANTONIO GAMONEDA (’Ferrocarril de Matallana’, 1960)
 

(Esta es la versión, o reescritura, de 2003:) 

 

A las ocho del día en febrero

aún es de noche.

No hay aún luz en los vagones, sólo

oscuridad y aliento.

No nos vemos: sentimos

la compañía y el silencio.

 

En el andén estalla la campana.

Nos sobresalta la crueldad de un silbido.

Tiemblan las sombras. Todo vuelve

a un antiguo sentido.

 

Nos dan la luz amarillenta y floja.

Salimos

de la oscuridad como del sueño:

torpemente vivos.

 

Éste es un tren de campesinos viejos

y de mineros jóvenes. Aquí

hay algo desconocido.

Si supiésemos qué, algunos de nosotros

sentiríamos vergüenza, y otros esperanza.

 

Se está haciendo de día. Ya

veo los montes dentro de la sombra,

los robles, del mismo color del monte,

la yerba vieja, sepultada en escarcha,

y el río, azul y silencioso

como un brazo de acero entre la nieve.

Cruzan los pueblos de sonido humilde:

Pardavé, Pedrún, Matueca…

 

Cuando bajo del tren, siento frío.

He dejado mi casa. Ahora estoy

solo. ¿Qué hago aquí?, ¿quién me espera en

este lugar excavado en el silencio?

 

No lo sé; con el tren se aleja

algo que es cierto aunque no puede ser pensado;

es algo mío y no me pertenece.

Está dentro y fuera de mi corazón.

     ANTONIO GAMONEDA (De ‘Exentos I’, 2003)
 

April 24, 2007

‘Visión del frío’, una exposición sobre ANTONIO GAMONEDA en Alcalá de Henares

 

El Museo Luis González Robles, situado en el Rectorado de la Universidad de Alcalá, dedica una exposición al poeta Antonio Gamoneda, ganador del Premio Cervantes 2006. La muestra, titulada ‘Visión del frío’, puede visitarse entre el 23 de abril y el 25 de mayo.
En la fotografía se puede contemplar el grabado de Juan Carlos Mestre que sirve como portada del catálogo e imagen de la exposición.

(NOTA: Contaremos todo lo que se puede ver en esta muestra a lo largo de los próximos días.)  

Discurso de ANTONIO GAMONEDA al recoger el Premio Cervantes 2006

    Majestades, Señor Presidente del Gobierno, Señora Ministra de Cultura, Señor Rector de la Universidad de Alcalá de Henares, Autoridades estatales, autonómicas, locales y académicas, señoras, señores, amigas, amigos: Quiero, antes de entrar en mi exposición, dirigirme al Jurado que pensó en mí para conceder este reconocimiento. Por respeto a su autoridad crítica, no diré que el galardón me sobrepase. Únicamente, con emoción, muchas gracias.

Señor:
Recibir de manos del Rey de España el Premio Cervantes, ciento cuarenta y cuatro días después de que Su Majestad La Reina me conmoviese en una circunstancia que ha resultado premonitoria, es un hecho cierto que, habiendo ocurrido ya en mi vida, permanece, sin embargo, en el espacio de lo increíble.

Increíble y cierto. Han venido a mí estas dos palabras y, de inmediato, me he dado cuenta de que, sin saberlo ni dejar de saberlo, ya estaba hablando de mis causas y convicciones. Increíble y cierta es también, en su esencialidad, la poesía.

Este hecho pone en mí una seria extrañeza que podría nacer de lo inesperado y elevado de la circunstancia, pero creo que no es sólo por esto; hay algo que hace más grave mi perplejidad, es decir, mi necesidad de interrogación. Tengo que preguntarme y contestarme por las causas, sabiendo que éstas estarán en mi vida y en su calidad existencial, mucho menos desgraciada que la de millones de seres humanos, aunque pueda ser justo contemplarla hermanada con la de éstos y no con la de los vivientes socialmente afortunados. Tengo que preguntarme también por el acontecer de mi escritura.

Pronto se me depara la evidencia de algo que, más que cualquiera otra circunstancia o razón, ha condicionado a una y a otra, a mi vida y a mi escritura. Hablo de la pobreza.

¿Deberé entender que existe y se valora una cultura que se genera precisamente en el interior de la necesidad y del cansancio y que conlleva rasgos de tipicidad, a la vez que existe y predomina una cultura que se desprende en modo natural de células familiares o sociales afortunadas, una cultura, esta segunda, que lleva consigo bibliotecas selectas, estudios avanzados y conocimiento numeroso de idiomas, pongo por ejemplo? Porque yo vengo de la penuria y del trabajo alienante. Mis fuentes, en lo que concierne al saber, a la vigilia de la sensibilidad y al acendramiento de la conciencia, son, permítaseme decirlo crudamente, de baja extracción. Tengo que pensar que sí, que existe un estado pasional del pensamiento nacido en la pobreza y servido por el infortunio; un algo que, de aquí en adelante, nombraré diciendo simplemente cultura de la pobreza, y que esta cultura es, de algún modo, diferenciable de la que prospera a partir de una situación privilegiada.

Dentro de esa cultura de la pobreza yo no soy más que un caso mínimo y ocasional. Mínimo, dentro del inmenso dolor planetario; ocasional, porque mi vida se ha hecho, finalmente, llevadera.

Es verdad que, en 1936, en mi casa había un solo libro en el que aprendí a leer. Quizá aquel libro no fuese una señal completa de infortunio: al tiempo que me recordaba mi orfandad, tenía la intensidad y la atracción de ser un libro de poesía escrito por mi padre. Es verdad así mismo que mi primera información sobre la vida civil consistió en advertir la horrible represión en el barrio más tristemente obrero de León, y es verdad también que, al día siguiente de cumplir catorce años, a las cinco de la mañana, yo estaba cargando carbón en la caldera del extinguido Banco Mercantil y que, a esa misma hora, mi madre, desde otra hora lejana del día anterior, inclinaba más de la cuenta su cabeza sobre una máquina Singer. Pero, dentro de la cultura de la pobreza, ¿quién soy yo al lado de un François Villon, de un César Vallejo o de un Miguel de Cervantes?

Miguel de Cervantes, para permanecer en la vida, tenía que ofrecerse a la muerte, vender su sangre en el mercado de las grandes empresas negociadas a la contra entre los poderosos y extender su mano ante estos mismos mendigando auxilios; no pudo hacer lo que antes llamé "estudios avanzados", no sabía latín ni cursó en la universidad; y quizá hubo de mirarse a sí mismo con dolor o con desprecio en razón de alguna negra personería y del escondido comercio que de su cuerpo habían de hacer sus hermanas.

Yo quiero decir algo sobre la obra creativa de Cervantes considerando que fue hecha, precisamente, desde la pobreza. En modo general, se ha considerado la presencia de esta pobreza en su vida, pero quizá no se ha estimado como causa de peculiaridad en su obra.

Cervantes, pensando en su escritura estrófica, sabiendo o no sabiendo lo que decía, hablaba con pesadumbre de "la gracia que no quiso darme el cielo". Sin embargo, fue él quien encendió la poesía -digo la poesía- en el interior del discurso narrativo y dio cuerpo a las revelaciones quizá más bellas, más increíbles y ciertas, surgidas de la lengua española.

Cervantes, en el capítulo XLVII de la primera parte del Quijote -cito abreviada y fielmente- dice que " …. la escritura (…) de estos libros da lugar a que el autor pueda mostrarse épico, lírico, trágico, cómico, con todas aquellas partes que encierran en sí las ciencias de la poesía…". ¿Manifestó aquí una lucidez transitoria? Porque también es cierto que, en algún otro momento, llegó a decir (cito según Vicente Gaos) "que su único propósito era el de combatir los libros de caballerías". Es este un tópico razonable pero irrelevante. Bien pudo Cervantes concebir su obra como un irónico y melancólico artefacto, beligerante frente al palabrerío y la imaginería vacua de aquellos ya periclitantes libros, pero esto no pudo y no puede ser todo.

El conocimiento vacilante que tiene Cervantes de la que es, en mi convicción, radical esencialidad poética de su obra prosística mayor, se corresponde, poco menos que punto por punto, con el "no saber sabiendo" de San Juan de la Cruz, que estaba poseído por una inocencia análoga: creía que estaba hablando únicamente de la experiencia mística, pero también estaba definiendo, con una precisión hasta ahora insuperada, la experiencia poética. He dado en San Juan de la Cruz; no puedo pasar por él de cualquier manera. Haré un inciso que no será una desviación: también él pertenece a la cultura de la pobreza.

Juan de Yepes era hijo de unos muy humildes tejedores y, socialmente, un villano. Torpe en los oficios, parece que fue hábil -le adiestraría la caridad- en el cuidado de los sifilíticos. Sufrió hambre, cárcel y torturas, y padeció el temor a la Inquisición. Sí estudió, brevemente, latín y filosofía, pero su saber más real surge de la lectura alucinada del Antiguo Testamento, en particular del Libro de Job y del Cantar de los cantares, así como del conocimiento, incompleto e igualmente alucinado, de la mística sufí.

Vuelvo a Cervantes. Matizando el que he llamado "conocimiento vacilante" de la naturaleza de su propia obra, doy en otra hipótesis de Gaos, quien dice de Cervantes y del Quijote que "cuando empezó a escribirlo, no tenía idea cabal de lo que se proponía". Esta noción de la obra "inconsciente" es bienvenida por numerosos eruditos. Yo la comparto con serias reservas; no comparto las razones profundas de la motivación: yo entiendo que no es exactamente inconsciencia, sino que se trata de la inocencia presente en grandes poetas, y en otros no tan grandes, que es asimilable, insisto en ello, al "no saber" postulado por Juan de la Cruz.

Hay un juicio de Ortega y Gasset que mucho me importa, aunque sea por motivos que Ortega no vio o no quiso ver. Cito abreviadamente: "No existe libro alguno cuyo poder de alusiones simbólicas al sentido universal de la vida sea tan grande, y, sin embargo, no existe libro alguno en el que hallemos menos (…) indicios (…) para su interpretación". Habla de un texto hermético. Preferiría que pensase en un texto inmensamente abierto. En cualquier caso, sabiéndolo o sin saber que lo sabe, Ortega alude al pensamiento poético ya en su modernidad.

La aseveración de Ortega me hace pensar en los inicios de tal pensamiento; en Garcilaso, de quien un coetáneo -creo que Castillejo- decía que sus versos eran "tan oscuros que había que entrar por ellos con antorchas"; en Góngora; en los vanguardismos inscritos en la Generación del 27; en las tendencias iberoamericanas predominantes en el siglo XX y en el ahora mismo. Sin embargo, no me hace pensar en el realismo convencional, ornamentado o no, que aún circula y hasta predomina en el castellano, asistido por parte de mis coetáneos y por abundantes epígonos, aunque algunas opiniones críticas y, sobre todo, la decreciente adscripción de poetas jóvenes, empiezan a indicar una cierta "cotización a la baja". Este realismo se da también en Alemania, se manifiesta con mayor precaución en Francia y apenas tiene presencia en los restantes países y lenguas de Europa. Yo respeto y disiento, a la vez, de esta extendida opción estilística, de este realismo vertido en un lenguaje meramente informativo al que dicen "claro" o "normalizado".

No seré yo quien olvide que se hizo moralmente presente en la España de la Dictadura, y sé que puede transportar buena voluntad en su tematismo social, aunque se dan casos en que se propone como simple divertimento. En mi opinión, aun cuando sean ciertas y progresistas sus causas morales, se atiene, sorprendentemente, a una especie de pensamiento y de lenguaje poéticamente reaccionarios. Cervantes -hay que decirlo aquí precisamente- "con su poder simbólico y sus escasos indicios para ser interpretado", está en el pensamiento poético y en sus equivalencias lingüísticas progresivos y progresistas, y está también en la tradición, porque la tradición es, a su vez, progresiva y progresista.

Quiero traer aquí una afirmación de un contemporáneo pleno, de José Manuel Caballero Bonald. Dice así: "… la poesía en prosa del Quijote tuvo un poder anticipatorio…". Sí; lo tuvo. Es relacionable, por ejemplo, con creaciones del propio Caballero Bonald, como Ágata ojo de gata, y, claro está, con la obra de Claudio Rodríguez, en su totalidad, o con la de Valente desde su juvenil madurez.

No proseguiré -por sabida, no parece necesaria- en la referencia nominal a mis coetáneos españoles a propósito de actitudes creativas que considero consecuentes o divergentes puestas en relación con las que Cervantes anticipa. Tampoco entraré en la escritura de creadores más jóvenes por considerar que su obra está aún abierta a una imprevisible evolución.

Cervantes es el origen de la novela moderna, y lo es porque instaló bien instalada la poesía moderna en el seno de la narratividad. Del don que él decía que le negó el cielo sólo cabe aceptar que se sintiese inseguro en relación con aspectos formales, evidentemente secundarios aunque fueran decisorios en el entendimiento que de la poesía se tenía en la época. Ciertamente, Cervantes no alcanzaba más que a componer, con una corrección que hoy llamaríamos "plana", dentro de los módulos versales. Hoy contamos ya con un nivel de información y de sensibilidad suficiente para saber que es insegura y precaria la identificación absoluta de la poesía con los procedimientos versales, y que la distinción entre verso y prosa es, a los efectos poéticos, poco menos que trivial. Los grandes creadores lo sospecharon pronto. Dice Fray Luis de León en De los nombres de Cristo, refiriéndose a la prosa: "Yo confieso que es nuevo y camino no usado por los que escriben en esta lengua poner en ella número, levantándola del decaimiento ordinario. El cual camino quise yo de abrir". De Fernando de Rojas a Valle Inclán, en el intermedio y en el después, bien clara tenemos la virtud prosística del número, virtud que avanza orientándose de las pautas métricas a las causas rítmicas.

En la creación de un universo en el que la poesía, disfrazada de "locura", atiende a lo Desconocido; en la transgresión, "no sabida" o sabida inconscientemente, de las pautas convenidas en sus días para la narratividad; en la figuración increíble y cierta, Cervantes impulsa la tradición en un sentido determinante de modernidad. Su poder anticipatorio consiste en la creación de claves liberadoras que, siglos después, serán activas en la obra poética (sigo insistiendo: poética) de un Kafka, de un Joyce, de un Faulkner y de otros muchos creadores importantes dentro y fuera de nuestra lengua.

Me interesa precisar aquí que el pensamiento específicamente poético se distingue del pensamiento discursivo, reflexivo o de cualquiera otra especie, en que procede de lo Desconocido -de lo desconocido incluso por el propio poeta- y en que lo revela; en que realiza lo irreal; en que puede crear lo que no existía; y en que se hace presente precisamente en un instante en que se produce la disolución de la normativa común del pensar. Una vez más, aquí, el "no saber sabiendo" de Juan de Yepes. Yo, en mi pequeñez, he argumentado en alguna ocasión "que no sé lo que sé hasta que no me lo dicen mis propias y ya escritas palabras". A Cervantes, en su grandeza, creo que le ocurría algo parecido.

Serían una conclusión y una simplificación poco meditadas decidir que en Don Quijote y Alonso Quijano, en la locura y en la cordura del uno y del mismo, no hay un trasunto, una creación autorreferente del propio Don Miguel; está ahí aun en el caso de ser un discurso inconscientemente activado, una emanación impensada de su vida.

Voy a ayudarme, en este punto, de alguien, lejano, al que también entiendo surgido de la cultura de la pobreza. Su vida se descifra en salarios escasos, en "una vieja casa de madera en Estambul" y en largos años de cárcel, exilio y enfermedad. Hablo del poeta turco Nazim Hikmet y de la primera mitad de su poema titulado "Don Quijote", que dice así:

"El caballero de la Eterna Juventud / obedeció, hacia la cincuentena, / a la verdad que latía en su corazón. / Partió una bella mañana de julio/ para conquistar lo bello, lo verdadero y lo justo. // Delante de él estaba el mundo / con sus gigantes abyectos, / y bajo él estaba Rocinante, / triste y heroico. // Yo sé / que una vez que se cae en esta pasión / y que se tiene un corazón de un peso respetable, / no hay nada que hacer, Don Quijote, / nada que hacer: / hay que embestir a los molinos de viento."

Se habla aquí de la apariencia de una sinrazón: "embestir a los molinos de viento"; se habla de una locura que cabría entender reducida a peripecia grotesca. Pero en la apariencia de la sinrazón palpita gravemente una verdad: "la verdad que latía en su corazón". Estamos ante un hecho poético.

Este hecho se da en el lenguaje de la falsa "locura" cervantina, en el lenguaje que sólo es ficcional en superficie, ficcional únicamente en relación con realidades objetivas que no han sido interiorizadas por el poeta, con significaciones meramente coloquiales o con las que, ahora mismo, están convenidas para la información mediática. Pues no; en el lenguaje poético, no: los molinos son gigantes, los gigantes son poderosos, su ejercicio es la maldad, y el Caballero de la Eterna Juventud, el abatido, nos revela que su infortunada verdad consiste en la causa necesaria de luchar contra esa maldad.

El lenguaje representativo de este ser y de este acontecer en poesía, yo lo advierto ligado a la cultura de la pobreza. La relación dialéctica entre el poder injusto y el sufrimiento está prácticamente en todas las "locas aventuras" que configuran el curso poético del Quijote. Es hondamente significativo que Cervantes, al cerrar este curso, nos ofrezca la pérdida de la locura como preámbulo de la muerte.

Si en aquellos días hubieran circulado criterios que lo hacen en la actualidad, Cervantes hubiera sido quizá motejado de manipulador de un lenguaje impropio, deducido, incluso, del irracionalismo, o de una escritura palabrera, gratuita e increíble. La autoridad del Quijote ha permanecido, pero yo creo que el libro aún ha de ser mejor comprendido. La locura de Don Alonso es más que un recurso literario; es creación de la función lingüística que integra lo cierto en lo inverosímil, que hace suya y revela la verdad increíble, la verdad nueva y desconocida, propia e interna de una tradición decidida por la invención progresiva del pensamiento poético moderno.

Este pensamiento está habitado casi siempre por una extrañeza que no por "extraña" deja de ser una realidad intelectual plena, ni de estar presente también en el ánimo y en la sensibilidad, ni de ser abarcadora del nivel cognitivo que llamamos conciencia y de su contenido moral. El Quijote es un libro ligado al pensamiento y al lenguaje comunes tan sólo en zonas de superficie, en añadiduras "razonables" con las que, por boca propia, por la de Sancho o por la de algún personaje secundario, Cervantes (en el que aún habrían de pesar juicios y prejuicios) moteja de locura la verdad poética trasunto de si mismo y emanación de su propia vida.

No obstante, el libro lleva consigo la voluntad de crear placer, es decir, lleva consigo efectos en los que algo hay que se asemeja a una salvación, a una interrupción del dolor. Toda poesía, incluida la que se deriva del sufrimiento, de la crueldad o de la injusticia, está orientada a la creación de una forma de placer. Dice Aristóteles (al que cito por la edición trilingüe de Valentín García Yebra): "… no hay que pretender de la tragedia cualquier placer, sino el que le es propio…". La afirmación aristotélica del placer en la representación de lo terrible es una apreciación vigente en el ahora mismo.

Hasta aquí, he intentado demostrar que, desde la pobreza y a través de la prosa, Cervantes es uno de los creadores, el más importante en la lengua española, del pensamiento poético moderno y de su realización en el lenguaje. Nótese que no he entrado en el dislate de atribuir en exclusiva a la cultura de la pobreza la creación de tal pensamiento.

He acudido también al "no saber" de San Juan de la Cruz, interpretándolo como clave poética y como señal de pobreza (pobreza en el subsistir y en la sabiduría), y he traído una cita de Ortega, referida al Quijote, en la que me permito insistir aún más abreviada: " No existe libro alguno cuyo poder de alusiones simbólicas (…) sea tan grande, y, sin embargo, no existe libro alguno en el que hallemos menos indicios para su interpretación".

Quiere decir la reunión de las referencias a Juan de la Cruz y a Ortega, que la tradición poética, en su modernidad, depara textos difíciles; textos que conllevan verdades ocultas, que se revelan, sí, pero por medio de una semántica poética, ajena a la semántica informativa, privada la primera, según el quizá excesivo criterio de Ortega, de "indicios para su interpretación". Conviene recordar aquí el aviso de Eliot relativo a que "la poesía es la aprehensión sensible y directa del conocimiento", o, como yo me atrevo a decir, que la poesía es antes sensible que inteligible, o que es inteligible bajo condiciones de sensibilidad. En todo caso, Ortega no dice que el Quijote sea un libro fácil y realista, sino un libro difícil fundamentado en el poder de las alusiones simbólicas.

La poesía "cuyo género carece de nombre" (vuelvo aquí a citar a Aristóteles) puede implicarse en módulos poemáticos, pero también, con igual entereza y legitimidad, en cualquiera otro de los géneros literarios o en la trama de varios o de todos ellos, trama a la que alude Lázaro Carreter como peculiar de la escritura contemporánea. Por no tener género, por no ser, en rigor, literatura, la poesía puede estar en todas las formas que la literatura adopte. Su esencialidad y su sentido han de buscarse en la sensibilidad y en la existencia antes que en el lenguaje convenido.

El "no saber" es natural en la creación que se desprende de la cultura de la pobreza. Es una suerte de pureza en la oscuridad del pensamiento, que podría ser anulada precisamente por el saber metódicamente adquirido. Nosotros, "los de la pobreza", no tuvimos libros, no fuimos a la universidad. Esta diferencia con los creadores cultos a partir de una situación social que pueda considerarse afortunada, no es, ni a favor ni en contra, una diferencia de grado cualitativo. Esta diferencia la procurará el talento.

Pero el individuo y, por tanto, el poeta, se realiza en la colectividad. Por esta indefectible circunstancia, toda poesía, aun siendo "irremediablemente subjetiva" (nos lo dice Sartre), es también siempre, en su significación última, poesía social. Puede o no llevar consigo convicciones ideológicas. Ante los poderes injustos, en los poetas de origen acomodado podrá darse la ideología solidaria; en los que se reconocen en la pobreza, será una manifestación de su vida desafortunada. Dicho más brevemente: hablar desde el interior de la pobreza no es lo mismo que solidarizarse con la pobreza. Ellos, los solidarios, pueden, por las causas ideológicas que digo, encontrar necesario manifestarse realistas y críticos, pero lo hacen -no sé si se dan cuenta- con el mismo lenguaje "normalizado" que adoptan los poderes injustos. Insensiblemente, se asimilan a tales poderes.

Es frecuente también la aparición de la ironía en aquellos cuya cultura no ha sido configurada por la pobreza. En nosotros ("los de la pobreza", los que nos hemos acercado al conocimiento de forma intuitiva y solitaria y los que, advertida o inadvertidamente, se han identificado con nosotros) la subjetivación radical y el patetismo resultarán naturales, y nuestro lenguaje no estará "normalizado" porque, aun amando la paz, el nuestro será un lenguaje poética y semánticamente subversivo. El sufrimiento de causa social es nuestro sufrimiento, y penetra, en modo imprevisible, nuestra conciencia lingüística.

Quiero dejar dicho que si Don Miguel de Cervantes resucitase o aún permaneciese físicamente vivo (¡qué disparate, por mi parte, cerrar este parlamento con tales fantasías!), estaría, pensativamente, cerca de nosotros.

He terminado con mis reiteraciones. He puesto cierta intención en acumularlas. Perdónenme.

Muchas gracias.
 
     (Discurso pronunciado por ANTONIO GAMONEDA en la Universidad de Alcalá de Henares ayer, lunes, 23 de abril de 2007)
 

March 29, 2007

El primer poema manuscrito de ANTONIO GAMONEDA

 

Te beberé el cabello

y cerraré los ojos.

Tú seguirás manando

tu cabello,

turbio de besos.

    (Este es el primer poema manuscrito de Antonio Gamoneda, cuyo original conserva su hija Amelia. Está datado en 1947, cuando el poeta apenas contaba 16 años).

March 26, 2007

‘La canción del solitario’, de ELENA MEDEL

 Elena Medel
    "ALGUIEN TE OBSERVA. Escucha cómo alguien, tras de ti, sigue –e imita– tus pasos, cómo se acerca –"yo sentí su mirada en mi vida"–, cómo alguien acaba entrando en ti, siendo tú, contando pulsaciones, marcando el ritmo de tus pensamientos. Es el comportamiento de la poesía de Antonio Gamoneda: habita al lector, que la interioriza, desentraña y reescribe con una lectura que no zanja la aproximación, sino que permite que se expanda. De esta forma, el lector no se limita a ejercer como ‘espectador’ de lo leído, sino que se convierte –en cierto modo– en ‘coautor’ del poema. Se trata de una poética abierta en cuanto a su recepción e interpretación: el poema nace, para Gamoneda, con la escritura, pero sólo vive con la lectura ajena, convirtiéndose verdaderamente en poema a los ojos y reflexión de otros. Comprendemos que la poesía se transforma, entonces, en un acto de generosidad: respira a través del lector, sin etiquetas ni restricciones. El propio Gamoneda no es ajeno a este proceso, puesto que para abordar sus poemas tras la escritura –con independencia del tiempo que medie entre ambos pasos– abandona el papel clásico de ‘autor’, convirtiéndose en ‘lector’ y ‘reinterpretando’ y –por tanto– ‘reescribiendo’ de manera incansable".

    (Así arranca ‘La canción del solitario’, lectura de ELENA MEDEL,  epílogo de la nueva edición de ‘Blues castellano’ –Bartleby Editores, Madrid, 2007– de ANTONIO GAMONEDA

March 22, 2007

TRISTÁN BAUER dirige un documental sobre ANTONIO GAMONEDA

 Antonio Gamoneda, durante el rodaje. La foto es de Eloísa Otero.

    El poeta Antonio Gamoneda, Premio Cervantes 2006, protagoniza un documental dirigido por el realizador argentino Tristán Bauer, director de Iluminados por el fuego (premiadísima película sobre la guerra de las Malvinas) y de otros documentales antológicos sobre escritores como Cortázar o Borges.

    El documental sobre Gamoneda, una coproducción entre el Círculo de Bellas Artes de Madrid y la Universidad Nacional de San Martín (Provincia de Buenos Aires, Argentina), se ha estado rodando estos días en León, con guión de las poetas Amalia Iglesias y Julia Piera. Su título provisional es ‘Antonio Gamoneda. Aún la luz’. La imagen se corresponde con un momento del rodaje en el claustro de San Isidoro, el pasado 20 de marzo, nevando.

    Participaron en el rodaje, además de las guionistas, Juan Barja, César Rendueles y Gonzalo Hernández, del CBA; y Carlos Ruta, José Villella, Leandro Ipiña (imagen), Fernando Ribero (sonido) y Enrique Corti, por la Universidad de San Martín.  

January 25, 2007

Discurso de ANTONIO GAMONEDA al recoger el XV Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana

(Reproducimos el discurso con el que Antonio Gamoneda recogió el XV premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en el Palacio Real, el pasado 30 de noviembre de 2006, acompañado por su nieta Cecilia:)
 
EN EL AMOR A LA VIDA

    Majestad.
    Excelentísimo Señor Presidente del Patrimonio Nacional, Excelentísimo y Magnífico Señor Rector de la Universidad de Salamanca, señoras, señores, amigas, amigos.
    Nunca me atreví a pensar que recibiría de manos de la Reina de España el reconocimiento de mi trabajo poético, de mi muy largo medio siglo de trabajo poético. Hoy es, pues, para mí, un día feliz y, simultáneamente, sorprendente.
    Sobre la condición de sorpresa basta con lo que tengo ya dicho: nunca me atreví a pensar en esta circunstancia. Sobre la felicidad temporal que el hecho me proporciona, algo tengo que añadir.
    Es cierto que mi escritura, que intenta –no sé si lo consigue– tener o un poco o nada que ver con la ficción y sí desprenderse de mí y comportarse como una emanación de mi realidad existencial, está mayoritariamente concebida en la perspectiva de la muerte, y esto lo digo aceptando con humildad la opinión de la crítica, porque yo, limitado a mi propia y única autoconsideración, no sé llegar a ésta ni a otras muchas conclusiones sobre la significación final de mi poesía.
    Debo añadir (y ésta sí pudiera ser la conclusión más fuerte y verdadera) que mi contemplación de la muerte se produce y alcanza su mayor intensidad y, quizá, una cierta condición luminosa, en el amor a la vida.
    Si esto es así –y yo creo firmemente que es así–, tengo que decir también que este amor lleva consigo inocultables exigencias: yo necesito que esa vida que amo sea más digna de ser vivida, que se produzca la desaparición de la pobreza límite, creada por formas espurias de poder, y la desaparición también de esa terrible “normalidad” consistente en la opresión y en todas las formas, declaradas o encubiertas, de ejercicio criminal y despojamiento.
    Consecuencia y causa de la superación amplia de este sufrimiento que tiene dimensión histórica, ha de ser la aparición universal de la paz, la comprensión fraterna entre los seres humanos y los pueblos y la solidaridad que ignora todas las diferencias.
    ¿Es éste un sueño irrealizable?
    Yo quiero pensar que, aunque la historia del pasado parece indicar lo contrario, todas estas actitudes y hechos, estas apariciones y desapariciones, están potencialmente incluidas en un entendimiento correcto y pleno de la democracia, y ésta, trabajosa pero continuadamente, está siendo descubierta y procurada (aunque también, desdichadamente y no en pocos casos arteramente interpretada), está siendo descubierta y procurada, insisto, cada día que transcurre, por más personas y países sobre la superficie de la tierra.
    Falta mucho, posiblemente, para que, cuanto he dicho y otras realidades complementarias, se hagan prácticamente universales, y, para que ello suceda, aún habrá de ser creado un inmenso campo de coincidencia moral en el que vengan a reunirse todas las ideologías que no estén enraizadas en la perversión, y también las religiones y los hábitos convivenciales entre las distintas razas; esto es algo que aún no existe, pero sí es verdad que la orientación hacia formas de ordenación democrática se hace sentir, progresivamente, en un mayor número de regímenes, con independencia de que sus valedores estén en las formaciones del poder o de la oposición.
    Es cierto todo esto y lo es también que, desde las conciencias, aunque entorpecidas en demasiados casos por las formas contemporáneas de la ambición y por la proliferación de actitudes ligadas a la indiferencia, al pensamiento débil o al trampantojo del consumismo, esta convicción aloja una carga de generosidad sentimental en un número cada vez mayor de espíritus abiertos a la verdad moral y a su realización.
    Aquí quería llegar. He empezado diciendo que éste era, para mí, un día sorprendente y feliz.
    ¿Feliz por qué?
    Me siento afortunado, pero esta fortuna tiene, para mí, una excepcional calidad en su causa mayor, en el hecho de que la distinción lleva consigo, Señora, vuestro nombre y en que la recibo de vuestras manos.
     Yo creo y siento –y pienso que, conmigo, todos los españoles– que vuestro corazón es un corazón sobrecargado por la contemplación del dolor y por el amor a la vida tal y como yo quiero entenderlo: por el amor a una vida más justa.
    Los españoles, sea cual sea nuestra elección ideológica, advertimos en la Reina una sensibilidad que sufre y se inclina a la vivencia de la paz y a la reparación del infortunio, a la desaparición de la pobreza material, moral y cultural, al remedio del desvalimiento y la enfermedad, al prevalecimiento de un orden liberador del desamparo y del dolor que se derivan de la injusticia.
    Esta voluntad advertida en Vuestra Persona es lo que hace más valioso el honor que se me depara (honor que tanto tengo que agradecer también al jurado que pensó en mí para concederlo) y lo que me permite aludir a hoy como un día en que puedo concebir alguna felicidad.
    Mi poesía y mi vida se han formado llevando en sí las marcas del sufrimiento que, en la infancia, recayó sobre mi existencia y sobre la de tantos otros españoles: el sufrimiento derivado de la orfandad, el desgarramiento de la guerra civil y la pobreza.
    Por ello he querido acercarme a Vuestra Majestad cogido de la mano de una criatura a la que amo y para la que necesito y espero un tiempo más generosamente entendido y, en consecuencia, más bello que el que yo he tenido que vivir.
    Porque este pequeño ser es en mi poesía el símbolo creciente de ese futuro más bello, quiero terminar mis palabras con una breve expresión poemática que, en su intención, incluye a todos los pequeños seres de España entre los que están, Señora, los que son vuestros descendientes.
Eres como una flor ante el abismo, eres
la última flor.
    ANTONIO GAMONEDA

January 5, 2007

LUIS MARIGÓMEZ sobre ANTONIO GAMONEDA

Luis Marigómez
LUMBRE DE ANTONIO GAMONEDA
 
    El 27 de agosto de 1962, muere Leopoldo Panero. Acaba de  participar en el jurado que concede un premio de poesía de Astorga que recae en Antonio Gamoneda y hace saber eufórico, a sus compañeros, que acaban de encontrar un auténtico poeta.
    Para entonces, Antonio Gamoneda tiene ya 31 años y lleva escribiendo poesía desde, al menos, 1947. En realidad, todavía falta algún tiempo para que realmente le descubran.
    Nace en 1931, con la República, ese fogonazo que acaba nueve años después entre las ascuas de unas cenizas que queman todavía durante una larga época. Gamoneda es, como pocos, un hombre de su tiempo que trasciende su tiempo. Al año de nacer muere su padre, también poeta. Aprende a leer en los versos del libro de su padre, convirtiendo su ausencia en una representación íntima de presencia. El aire pestilente de la primera postguerra, la atmósfera podrida que enmarca y caracteriza el periodo de Franco y de la que todavía nos llegan, de cuando en cuando, efluvios, va a contener el espacio en el que empieza a desarrollarse su obra. “Arráncate la luz de la mirada”, dice uno de sus primeros versos. Los cadáveres que flotan en el Bernesga, las cuerdas de presos, el hambre, el vivir inmerso en todo tipo de miserias, forman la conciencia, la mirada atormentada del poeta. En la adolescencia, llega a “la convicción de que la poesía existe porque existe la muerte.”
    Su primer intento de publicación, hacia 1950, como tan a menudo ocurre, se frustró. Se llamaba La tierra y los labios. El título es una muestra de lo que será siempre su poesía, una confrontación entre la carne (los labios) y la muerte (la tierra que acoge el cuerpo sin vida). El primer poema que se mantiene de entonces se abre con una figura, el cabello, (algo material que sale del cuerpo) que se mantendrá hasta el último libro.
    En 1962 hace ya dos años que ha aparecido su primer libro de poesía, Sublevación inmóvil, finalista del premio Adonais de 1959, un libro que se ha gestado durante seis años. Aquí están ya buena parte de los elementos que van a configurar la poesía de Antonio Gamoneda. ‘Luz’ es una de sus palabras fundamentales, y se va a mantener hasta el final. Su poesía reunida se llama Esta luz: “pero la luz / es sombra de la nada.” También aparecen el fuego, la nieve, el corazón… “Ante mi rostro, / piedras heridas, cuerpos / endurecidos en el dolor”.
    En 1962 ya ha empezado un nuevo libro, Blues castellano, que no acabará hasta 1966 y que supone un avance en el abandono paulatino del uso hasta entonces virtuoso de la métrica tradicional ─con el soneto como paradigma─ , y la incursión en otros modos que terminan de perfilar lo que se llama la voz del poeta. El título del libro dice bastante, ‘blues’ es una música que viene de la esclavitud de los afroamericanos en los campos de algodón de EEUU. Gamoneda ha hablado alguna vez de su gusto por esta música. El poeta busca en estas maneras foráneas cómo expresar lo de aquí, lo ‘castellano’. Este libro choca de frente con la censura franquista (hace poco la revista Espacio / Espaço escrito publicaba el informe emitido al respecto) y no se publica hasta 1982. En Blues castellano hay otros ritmos, están la repetición y la pequeña variante; están la conciencia de clase obrera, la alienación en el trabajo; surgen la vergüenza, el miedo y la culpa como sensaciones básicas. “Al hombre cuyo oficio y vigilancia / es la vida, feroz como el mercurio / una bolsa de pena lo acompaña. / Está cansado sobre el propio rastro / como un ave de plomo. Dormiría / sobre todas las cosas: las miserias / y las humillaciones y el olvido.” (p. 108) Una figura fundamental es la madre, con sus manos protectoras, encarnación de un sufrimiento callado del que el hijo toma conciencia: “A las cinco del día, en el invierno, / mi madre iba hasta el borde de mi cama / y me llamaba por mi nombre / y acariciaba mi rostro hasta despertarme.” (p. 99) La luz que predomina en Blues castellano es la de las madrugadas negras, la de las noches de hielo. No hay sol.
 
    Descripción de la mentira aparece en 1977; es la segunda publicación poética en libro de Gamoneda, 17 años después de Sublevación inmóvil, y sale en la colección Provincia, de la Diputación de León, que él mismo fundó. Quiero con esto ejemplificar lo difícil que fue, durante muchos años, la vida editorial de la poesía que hoy celebramos. Si Blues castellano se aparta bastante de las maneras poéticas al uso, en este libro parece que el suelo desaparece bajo los pies de quien escribe, y del lector. La sensación fundamental expresada, que engloba a otras muchas, es quizá el vértigo, el pánico de quien mira atrás y alrededor envuelto en un aire espeso, oscuro, afiebrado. El metro utilizado es el versículo y su mirada, el paisaje que recorren los ojos, el cuerpo del poeta, es un a modo de infierno alucinado que al tiempo, resulta extrañamente familiar: “la tierra hirviendo (aquel clamor sin ruido), y la sustancia encarcelada hirviendo. Una extracción de hombres hacia lugares fosforescentes, hacia los lavaderos comunales, bajo el milano del amanecer” (p. 210). Recuerdos, sensaciones, deseos, miedos, lamentos, sentencias, preguntas… componen un organismo que palpita, que secreta una bilis luminosa capaz de penetrar hasta recovecos del lector que él no sabía antes que tuviera. Descripción de la mentira es un texto que le estalla a uno según lo lee y que transforma, y trastorna, de manera definitiva. El mundo no se ve igual que antes de leerlo. Hay una conciencia que hiere: “Sucio, sucio es el mundo; pero respira. Y tú entras en la habitación como / un animal resplandeciente (…) Los que sabían gemir fueron amordazados por los que resistían la verdad, / pero la verdad conducía a la traición. (…) Obscenidad, dulzura fúnebre, ¿quién no bebe en tus manos amarillas?”. El sujeto poético aparece disgregado.
    Es posible entender el poema como lectura de la atmósfera de la dictadura de Franco, pero su azada, su lápiz, su martillo, su gubia, su bisturí… llegan mucho más lejos en esa veta, atraviesan el tiempo y alcanzan el lugar de las emociones permanentes. Palabras como belladona, cíngulo, yodo, alheña, dátiles, chamariz, aulagas, acónito, almácigos, túnicas, láudano, etc. remiten a un espacio y a un tiempo más allá del histórico, cercano al mito, en el que habita el sujeto del poema, que en su desesperación declara: “Sólo vi luz en las habitaciones de la muerte.” (p. 213)
    Poco a poco, le van llegando reconocimientos al poeta. En 1985 se le concede el Premio Castilla y León de las Letras. En 1986 aparece Lápidas, en Madrid, y en 1987 una primera edición de sus poesías reunidas, Edad, en edición de Miguel Casado, por la que recibe el Premio Nacional de Poesía y que supone un enorme éxito de crítica y público. Por fin, la sociedad descubre la grandeza de la obra de Antonio Gamoneda, cuarenta años después de que empezara a germinar.
    Lápidas supone quizá una atención más reposada sobre el cosmos en el que el poeta ha decidido instalarse. En muchos poemas se explicitan lugares de la ciudad de León y sus alrededores. El pasado al que se mira es el larguísimo, histórico, de la pos