ESPEJISMOS / Ejercicio de prensa
(una nueva columna en EL MUNDO DE LEÓN,
dentro de EL ESPEJISMO DE LA GALBANA)
(una nueva columna en EL MUNDO DE LEÓN,
dentro de EL ESPEJISMO DE LA GALBANA)
Siguen los espejismos (ya van 22), esta semana a propósito de un mail de Susana Barragués desde la India, después de leer en el EPS la entrevista con Steiner (en la que el intelectual, por otra parte, deja patente su absoluto desconocimiento de la lengua y la literatura gallegas):
"¡Pero no me compare el catalán con el gallego! El catalán es un idioma importante, con una literatura impresionante. Pero el gallego ¿por qué ha de ser obligatorio en una universidad?".
Tal dice Steiner en la entrevista. Y eso que, más adelante, añade:
"Yo vivo en cuatro idiomas, escribo y pienso en cuatro idiomas, sueño y hago el amor en distintos idiomas. Así que no soy la persona más adecuada a la que preguntar por los nacionalismos".
La columna de hoy se titula UNA LAVADORA EN LA INDIA, y no tiene nada que ver con el gallego ni con los nacionalismos, sino con la desigualdad, la prehistoria, el machismo y algunas formas de degradar (rebajar en su dignidad al imposibilitar sus posibilidades) a las mujeres.

La falta de estridencia y la insistencia en la capacidad primordial del ser humano para la dicha a partir de una alianza con la elementalidad —incluidos aquí el dolor o las formas múltiples de la derrota— son las dos componentes que configuran desde sus inicios la poesía de José Luis Puerto (La Alberca, Salamanca, 1953) que, a estas alturas, se ofrece como una salmodia rumorosa, esencial y distintiva en el panorama poético en lengua española. Fue Kafka quien dijo aquello de que escribir es una forma de orar. Y así sigue siendo con este autor. Acaban de aparecer dos nuevos libros que no son sino reafirmaciones sobre estos mismos ejes de súplica y sigilo.
Uno de ellos es Proteger las moradas (Ed. Calambur), donde se sigue dando cuenta de un espacio retenido, a la contra de la inercia ciega del mundo, en poemas cuyas palabras conforman un perímetro sencillo y llamado a la transparencia, tal como si ya el poeta (“el encargado”, como se dice en el hermosísimo texto que cierra y culmina este libro) no pudiera hacer otra cosa que nombrar las palabras del origen, a ver si así el sortilegio pudiera producirse y llegase la perduración a aquello que parece abocado a perderse, fusilado en la indefensión. El título, así, se constituye en explicación del alcance oracular que se quisiera para estos poemas. Proteger las moradas (con la alusión teresiana así de explícita) sería aviso de una necesidad que se resuelve en secciones como “Protección de lo blanco” donde la nieve, la leche, las pequeñas lombrices nerviosas o el propio blanco purificador de un cuadro de Tapiès son signos que configuran el bastidor de una memoria clara que el poeta reclama para que, en efecto, no se vaya definitivamente del mundo aquella trama que un día vio él y tomó, para siempre, la forma del sentido de la vida. Junto a esta sección, otras dos (“Once motivos semíticos” y “Signos que graba el tiempo”) remiten al mundo del autor de Estelas, un mundo siempre cerca de la inocencia de la naturaleza o del esfuerzo humano y anónimo por responder con lo elemental ritual —convertido en sagrado— a la llamada de la fuerza germinativa de la tierra, una llamada que no es sino continuo, incesante reclamo “para llegar al centro del jardín”, otro de los motivos constantes de la poesía de José Luis Puerto. Dejemos aquí, a modo de testigo resplandeciente, este poema de Proteger las moradas:
(reportero francés)
Dejó Ouvert la nuit de Paul Morand
En la pensión en la que se alojara
Del oeste español
Y unas notas de hoteles y de citas
En la hoja de respeto.
Sabemos en qué página
Quedó de su lectura
Y los bordes del libro
Hablan de las mochilas y macutos
De quien cubre la guerra como corresponsal.
En un fuego cruzado
Murió en Beirut
En la guerra del Líbano.
Se llamaba Jean-Marc.
Acaso nada quede
De su existir sino los datos
Que estas líneas recogen
A partir de unas huellas
Que aún se hallan en un libro
Perdido u olvidado
En pensión española
Pero es que, casi a la vez, ha aparecido Un bestiario de Alfranca en esa aventura editorial de Gregorio Fernández Castañón que es la colección “Los libros de Camparredonda”. Con el peculiar sello del editor, siempre pendiente de un tratamiento particular para cada uno de estos libros, este bestiario maravilloso vuelve los ojos a las distintas clases de animales (insectos, aves, peces, bestias domésticas…) que entraron en emocionada relación con el niño de Alfranca y, a su manera, adquirían desde una inicial aparición el significado de símbolos, más allá de su mera función de compañía, peligro o alimento.
Surge así el que es para nosotros uno de los textos más sostenidamente emocionantes de José Luis Puerto. Esta especie de álbum no entra en la fantasía de otros bestiarios conocidos ni es una mera colección de episodios que pudieran pertenecer solamente al territorio de la evocación meramente costumbrista. Alfranca —lo sabemos los lectores de Puerto— es desde Las cordilleras del alba, aquel libro de 1991, trasunto de La Alberca, el espacio natal del poeta, geografía fundamental en su escritura y a la que él siempre acabará por volver. Allí transcurren los distintos pasajes de Un bestiario de Alfranca. De nuevo la llamada a la protección (“Protección de las aguas”, se denomina una de las nueve secciones del libro, y la cifra no es en vano) parece insistir en esa necesidad, también presente en el libro de Calambur, de defenderse de las asechanzas de lo exterior renovando un pacto personal con lo pequeño, lo frágil, lo que se presta a servir para un provecho ajeno, como se dice en el texto que transcribimos:
“El gallo como animal sacrificial. Es la imagen que de él te llega siempre. Se sobrepone a la belleza de su plumaje, a la gallardía de su actitud en los cortinales y en las cuadras, a ese reinado efímero sobre el resto de las aves de corral, a sus cantos de amanecer o de otros momentos del día, no pocas veces verdaderos indicios meteorológicos.
El pueblo, que lo incluye en sus cuentecillos, que explica el sentido de su canto en ocurrentes fórmulas rimadas, también lo sacrifica (…) Pero tu memoria te lleva por algunas de las calles de Alfranca, en compañía de tu madre, camino del hotel, a vender un gallo, muy lozano y de vivísimos colores, que ella lleva colgando, atadas sus patas y empuñadas de una de sus manos, por el que os darán cincuenta pesetas.
A ti te acompaña la tristeza, porque sabes el destino del gallo que conoces desde que era un polluelo y al que has echado el grano y al que has contemplado en no pocos momentos de salida al cortinal, donde gallos y gallinas picoteaban la tierra (…)”.
Libros éstos de José Luis Puerto que, como los anteriores, buscan lectores que aún sepan que el desacuerdo con el orden y el color que dan al mundo los administradores del dolor, de la injusticia o de la mezquindad pasa por arrojarles a la cara palabras que aún escuecen porque traen encerrada la verdad insobornable y cruda de los juegos de los niños, las nanas de las madres, el temblor de algunas flores o el gesto detenido de esos animales que nos miran al paso un momento y sostienen en los ojos el aviso afilado de una recriminación silenciosa. Eso nos queda, sí. Arrojar palabras limpias como arena a la cara de aquéllos. Pero es mucho, no lo duden…
(Entra en el blog EL ESPEJISMO DE LA GALBANA
para leer la columna de hoy)
"La enseñanza debería ser tal que permitiese percibir lo que se ofrece
como un regalo valioso y no como un duro deber"
Albert Einstein
"Llamando para atrás",
un artículo de VÍCTOR M. DÍEZ sobre JOSÉ-MIGUEL ULLÁN
y su libro Ondulaciones, en el diario digital Peatóm…
¿Nos roban el tiempo? ¿Nuestro tiempo es realmente nuestro?
¿Quién nos lo roba?…
De estas cosas trata la columna de hoy en EL MUNDO de LEÓN,
dentro de la sección ESPEJISMO DE LA GALBANA.
CANCIÓN TRISTE DE LISBOA
Un estupendo artículo de (haz click:) MIGUEL MORA en El País (4-2-07)
[El fado está más vivo que nunca. Una nueva generación de artistas se une a las voces míticas que cimentaron la leyenda. Más allá del tópico de la ’saudade’, ese canto del alma lusa, primo hermano del flamenco, vive su segunda edad de oro. Esta es la crónica de un puñado de noches de música en Lisboa]
(En la foto de João Pina, la fadista congoleña Ana María cantando en Lisboa, en la Taverna del Rey: "El fado no tiene color ni fronteras", dice ella)
- - -
“Saudades trago comigo. / Do teu corpo e nada mais. / Pois a lei por que me sigo. / Não tem pecados mortais”.
Antonio Calém
“El fado debe ser cantado como se habla. Con naturalidad. Por eso, entender la vida ayuda mucho”.
Celeste Rodrigues
- - -
(A Carlos Gonçalves, el guitarrista de Amália Rodrigues (en la foto, a la izq.),
no le gusta Mariza y cree que Dulce Pontes "no canta fado, sino que hace jazz")
Llegamos a la columna nº 13 en EL MUNDO de LEÓN,
en la sección EL ESPEJISMO DE LA GALBANA.
La de hoy se titula ‘La ciberguerra ya está aquí’ y trata, precisamente,
sobre ‘Alfombras de bombas en el ciberespacio’, la nueva estrategia
del Pentágono que permitirá al gobierno norteamericano "bombardear"
y destruir cualquier sitio que le moleste en Internet.
—
Son noticias que no salen en los periódicos de aquí
(sí en Rebelión, o en CubaDebate),
pero de las que se pueden consultar las fuentes,
como la revista Armed Forces Journal, donde un coronel
norteamericano justifica esta nueva estrategia.
Queridos vecinos y amigos de Villafranca, una mañana como la de hoy de hace cuarenta años yo era un muchacho que, apoyado en uno de estos árboles del jardín, escuchaba, sin entender exactamente lo que decían estas palabras: No sólo el grano blanco va al molino, también los granos negros del silencio; también se hace el pan se hace la vida, de los heroicos huesos de los muertos. Yo no sabía aún lo que era un héroe, pero el poeta que las pronunciaba se convirtió para mí, desde ese instante, en alguien que se acercaba a mi vida con algo conmovedor: palabras rozadas por el resplandor de otro mundo, monedas perdidas con las que no se podía comprar ninguna otra cosa que no fuese la intuición de un ángel, el valor simbólico de otra manera de estar en el mundo, la forma delicada de cuantos estrechamente vigilados por la locura, aún seguían pensando que volar era el resultado de una intensa pasión, nunca de su práctica.
Queridos amigos, todos hemos tenido sueños. El mío fue sencillo y ya ha sido cumplido. La belleza no es un lugar donde van a parar los cobardes. He amado este verso de Antonio Gamoneda desde mi adolescencia. Un poeta que lo ha significado todo en la repoblación espiritual de mi vida, en los valores que han hecho de la resistencia estética contra el autoritarismo una conducta civil, la creencia de que el arte no es una categoría superior del conocimiento humano, ni de la que son portadores sólo unos pocos, sino algo inherente, misteriosamente intrínseco, a la condición y la responsabilidad humana. He aprendido sus poemas de memoria, he orado con ellos, me han salvado de la desolación y me han devuelto la esperanza en épocas de dificultad.
"Hay que luchar contra la fé, que mata los sentimientos y no deja sentir. Y hoy la fé es sobre todo la fé en el dinero. Sin embargo, aunque la fé es lo que nos impide sentir, uno también está condenado a tener fé para subsistir". Sobre estos paradójicos paradigmas cimentó Agustín García Calvo la charla que impartió en León hace unos días.
El viejo profesor, a sus más de 80 años, no ha abandonado el estilo dialéctico que le caracteriza, ni su indumentaria habitual: largos pañuelos, anillos en los dedos, dos camisas superpuestas, pantalones de pana, una coleta lateral en la que recoger sus cabellos blancos, o el gesto adusto con el que anima a pensar a sus interlocutores, espoleando sus neuronas y llevándoles la contraria siempre que puede. Aún así, Agustín García Calvo no busca sentar cátedra, aunque él mismo lleve sentado muchos años en una. "Hay que luchar contra la fé. El dios Dinero, sin la fé, no se sostiene", sentenció.
(Fue un gustazo asistir al acto, como en los viejos tiempos de estudiante. Se puede leer toda la crónica en -haz click:- Peatóm.)
Nueva columna de EL ESPEJISMO DE LA GALBANA, como cada jueves (y van 11) en EL MUNDO de LEÓN.
La de esta semana se titula ‘La dificultad de la ternura’, y va sobre el pudor y lo que yo llamo "la mala educación social de los leoneses", que Ildefonso Rodríguez atribuye a que "con el frío, la ternura crece raquítica".
María José Gil Bonmatí me cedió graciosamente este mes su espacio en la revista Kiliedro, para hablar de poesía. Y la verdad, yo prefiero sus artículos en la sección ‘Los libros que nos cuentan’, que siempre me descubren algo. Pero ahí va la colaboración, que no deja de ser un pequeño muestrario de lo que se puede encontrar en Isla Kokotero:
por ELOÍSA OTERO
* NOTA: Aprovechamos para recomendar una vez más, desde aquí, dos estupendas páginas de poesía: www.poesiadigital.es y criticadepoesia.blogspot.com

Así comienza la octava columna de la serie EL ESPEJISMO DE LA GALBANA en EL MUNDO de LEÓN. Es una columna triste, muy triste, como dijo Mónica cuando la leyó esta mañana.
Además, en la isla del otro lado del espejo podrás leer los artículos que
VÍCTOR M. DÍEZ y TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO
han publicado esta semana en Peatóm.
(Y volveremos poco a poco a la Isla de los Kokoteros,
que echamos mucho de menos estar por aquí y por ahí…
¡Qué vida ésta!)
Y ya van 7 (columnas en EL MUNDO de LEÓN, que a este paso vamos a levantar de nuevo el Partenón). En EL ESPEJISMO DE LA GALBANA de hoy jueves se pregunta a los mandatarios locales por la espectacular subida del IBI (un 29%) para paliar una deuda municipal acumulada de 270 millones de euros (unos 45.000 millones de pesetas). También se cuestiona el proyecto de implantar el tranvía en la ciudad, levantando una vez más las estrechas calles, y a cambio se pregunta por qué los autobuses urbanos no pueden ser más pequeños y por qué resulta tan difícil trazar un carril bici.
Llegamos a la sexta columna de opinión EL ESPEJISMO DE LA GALBANA en el diario EL MUNDO de LEÓN. Hoy abordamos la dejadez de las administraciones públicas –especialmente en los ámbitos local, provincial y autonómico– a la hora de crear buenas páginas web institucionales.
"Nos falta un tornillo, Durruti"
Como cada jueves, nueva entrega de la columna de opinión EL ESPEJISMO DE LA GALBANA en el diario EL MUNDO de LEÓN. Hoy, 1 de mayo, nuestra quinta columna (sí, que de momento ya van cinco) versa sobre Durruti, las condiciones de trabajo, la salud mental de los españoles y la necesidad de un cambio revolucionario.
Una deliciosa columna de RUTH TOLEDANO (que según su biografía nació en un pueblo minero de León, allá por 1966) sobre el poeta JOSÉ-MIGUEL ULLÁN publicada en la edición madrileña de El País:
MUCHO ULLÁN
Por RUTH TOLEDANO
Si Ullán me dice ven, lo dejo todo. El otro día lo dejé todo y me fui al Círculo de Lectores porque Ullán me había dicho "ven" de forma agráfica y ondulada y con fajita manuscrita. Cual paradójico casticismo de San Blas, dejarlo todo si Ullán te dice ven es como decirle a Ullán "anda y que te ondulen con la permanén y si no te ondulan que te colcrem" y quedarte tan Pichi y salir corriendo a su encuentro. Porque a lo que íbamos, él y yo y el resto que llenó la sala, era a la presentación de Ondulaciones, poesía reunida por Galaxia Guttenberg / Círculo de Lectores, que abarca poemas, recortes, dibujos, garabatos, estribillos… de José-Miguel Ullán desde 1968 (el año del mes de la virgen francesa, de la je vous salue, Marie de años después) a 2007.
En mi muy libre interpretación, relaciono Ullán con la hulla. Muy libre pero no infundada, aunque también caprichosa. Pues la relación mineral no viene traída por los pelos que me corté, sino porque Ullán es una mina. Lo dijo Julio Cortázar: "Dentro de una producción en la que suelen hacerse sentir demasiado las influencias y las corrientes a la moda, la poesía de José-Miguel Ullán se aparta resueltamente de lo trillado, incluso a riesgo de sorprender o escandalizar, y se sitúa en un nivel individual que le da su acento más profundo y valedero. Y esto sin que una entrañable filiación española deje de estar presente en toda su obra, en la que la libertad y la audacia son sus mejores armas para dar a la poesía de su pueblo y de su tiempo uno de los acentos más hondos y hermosos". (Circunflejos, elevados).
Y Octavio Paz se refirió a la suya como una voz "personal y rigurosa". (Precisa, preciosa). Y lo dijo José Ángel Valente: "Acaso no haya palabra nuestra, de bastante tiempo a esta parte, que haya brotado como ésta brota —en verso y en prosa— de tan admirable don de lenguaje". (Don de gentes que timbran palabras en las servilletas y en el alma, como —din don— José-Miguel Ullán). Y qué decir de lo que dijo de él María Zambrano: "Es eso tan raro hoy —época de profesores y comentaristas— que se llama cantor, un ser viviente entre tanto simulacro de vida". (Profesores y comentaristas… ¡Oh, María Zambrano, la la! Marie en París).
A la voz de María Zambrano le recuerda a Ullán la voz de Lola Ferreira, "mediadora en la penumbra", dijo él, en la edición del volumen Ondulaciones y en la exposición de los agrafismos que han surgido durante la preparación del libro. 310 "tanteos gestuales, manualidades, material de pausas, pasatiempo de aquí te espero o expectantes partículas de un poema mudo", parte de los cuales estarán hasta el 4 del mes de mayo en esa calle O’Donnell en la que estábamos. El caso es que por entre esos sinuosos elementos de "dicción obsesiva pero de naturaleza sólo visible y palpable", esos elementos nuevos que son "un hacer por hacer", como dice Olvido García Valdés, esos elementales quarks, como una coma, que digo yo requeterredundante, se deslizaba la otra tarde por el Círculo de Lectores la penumbra de Lola Ferreira, siempre sombría, siempre luminosa. Se le acercó una joven derrochando entusiasmo y Lola Ferreira, cuadratura de ese Círculo, respondió, voz zambrana, antes de desaparecer sin irse y antes también de aparecer de nuevo sin ser vista: "Es que Ullán es mucho Ullán". Y que lo digas.
Pero yo andaba allá en la mina y ahora digo por qué. Porque dice Wikipedia que la hulla es un tipo de carbón, y que es dura y quebradiza, estratificada, negra y brillante, y que surgió hace miles de años por la descomposición de la materia vegetal de los bosques primitivos. (Ah, Ullán, tú sin mi hache y con tilde y con ene y yo viendo tu esencia de bosque primitivo). Y porque entonces se me acerca Manuel Ferro, cuyo propio nombre todo lo indica y hay algo, ciertamente, férreo en su ser: un color de hierro, una voluntad de hierro, qué sé yo. El inseparable Ferro de Ullán cuyo símbolo químico es Fe. Ferro el que recopila y transcribe los textos de Ullán. Y revisa los ferros, digo yo. Picando y picando en
esa mina. Juntos, la del rey Salomón. O la de Riotinto, será: ríos de tinta. Ferro el amo de llaves, el comisario ondulante, pasión cumplida. Y yo, cumplido placer: el de asistir a la presentación de ese libro que es un acto de justicia, como dijo Eduardo Milán, un acontecimiento, como dijo Miguel Casado.
Mucho Ullán. Al salir hacía un frío que pelaba y yo no podía parar de repetir: cuarzo, feldespato y Mika ("I could be brown / I could be blue / I could be violet sky / I could be hurtful / I could be purple / I could be anything you like").
*
… pues sí, qué lujo, como cuando estuvo en el suplemento Culturas de Diario 16, o en el ABC cultural (y no sólo por Ullán, sino por los colaboradores a los que dio cuartel). ¡Quién pudiera volver a encontrarse una columna así cada semana!. Las devorábamos. Tan bien hiladas que están (todavía sorprende), hable de lo que hable. Especiales.
Tuve el privilegio de aparecer en una de ellas. Ese día me llamaron todos los amigos que la leyeron, desde Burgos a la Conchinchina: "¡Tía, que sales en la columna de Ullán!".
Ayer la encontré, con otros tesoros, en la caja de las cosas perdidas (debería decir la caja de los imperdibles, más bien), mientras buscaba un viejo artículo de Manuel Rivas sobre Ferrín. Me encantó toparme con ella. Y vuelvo a devorar ahora las viejas columnas de Ullán, que acaba de reunir su obra completa en el libro Ondulaciones (Galaxia-Gutenberg / Círculo de Lectores, con estudio-introducción de Miguel Casado)–. Resulta que tengo a mano otro libro libro titulado Como lo oyes (Articulaciones) –Ed. Dossoles, Crítica, Burgos, 2005–, en el que se reúne una selección de las columnas que José Miguel Ullán publicó semanalmente en El País, entre abril de 1994 y julio de 1998, y que constituyeron un espacio singular en la prensa española que debería estudiarse en las facultades de Periodismo.
Por asociación, el lujo de encontrar la columna de José- Miguel Ullán me llevó también a empaparme de la Mala Rodríguez, que llevaba tiempo sin escuchar ni rapear.

Dedicatoria del libro "Ni mu" de JOSÉ MIGUEL ULLÁN:
"El autor le dedica Ni mu, secuencia muda ("¿qué no decirte, / en fin, / a estas alturas y a renglón seguido?") a Manuel Ferro. Y, de paso, aclara que el poema se fue haciendo al son contagioso de la Mala Rodríguez, en su disco Lujo ibérico, y al fluir de su palabreo: Deja que te empape / con lo que yo me empapo… Por lo demás…."
* * *
Pero ahí va el artículo de El País (26 de abril de 1996):
De vértigo
Por JOSÉ-MIGUEL ULLÁN
Pasa por Madrid el novelista libanés Rafic Harès, huyendo de los bombardeos, y aún conserva agudeza y templanza para observar que en España la gente se desploma, a menudo, sin más, en plena calle, venga o no venga a cuento. Y a cuento viene su observación, pues antes yo le había preguntado: "Después de 15 años sin pisar por aquí, ¿cómo ves ahora esto?". Me acordé de Ved Mehta preguntándole a Ludwig Wittgenstein: "¿Cuál es su meta filosófica?". Y volví a estremecerme con la madre de todas las respuestas que uno no quisiera escuchar, sino decir: "Mostrarle a la mosca la salida del frasco". Pero acordarse y estremecerse son sensaciones que siempre llegan tarde, con lo que Harès tuvo su tiempo para mostrarme su sorpresa: "Son muchas las personas que van caminando tan tranquilas y, de pronto, ¡zas!, caen redondas". Y le extraña muchísimo que no se hable de ello en las tertulias radiofónicas, en los copiosos programas sociológicos de las televisiones o en las columnas razonables de los periódicos. No me extrañaría que tuviese razón. A lo mejor hemos perdido el racial equilibrio y, turbados, ni llegamos a ver que otros pierden la vista, la cabeza y hasta el sentido. Rafic Harès, a todo esto, ayer tarde se fue a París y, desde allí, es bastante probable que se extienda la idea de que España está al borde del síncope, precisamente ahora cuando no pasa nada de nada y a nadie se le ocurre pensar en otra cosa que no sea cómo salir del frasco en el puente florido de mayo.
Desmayarse no está mal, como los curas no ignoran, pero todavía es peor no caer en la cuenta. Acongojado, he pensado por un instante o dos en escribirle una carta a Eloísa Otero, que acaba de publicar un tembloroso y venenoso libro de poemas, Cartas celtas, en la colección Provincia, de León. Pero la facilidad me ha llevado a descolgar el teléfono para hablar con Martín Casariego, que también acaba de publicar nueva novela, Mi precio es ninguno (Plaza & Janés, Barcelona), trepidante y feliz por encima de todas las desdichas pasajeras. Casariego le da la razón a Rafic Harès, pues, en efecto, él mismo se había olido el fenómeno, aunque pensó que era exclusivo de adolescentes y no cosa mayormente española. El pintor Rodrigo, a quien llamé a continuación, opina que él está con María Zambrano en que tales caídas en picado ocurren porque, en realidad, tenemos varias almas en un solo cuerpo y es propio de esas almas enzarzarse en discordias sin ni siquiera percibir que cuerpos hay, en fin, que no lo aguantan.
Tal vez lo más curioso sea que, en esta feria finisecular de sensaciones a ras de tierra, no hubiesen ya previsto los viejos escritores que esto era lo que venía. Don Gaspar Núñez de Arce, ministro modernista de Ultramar en el Gabinete de Sagasta y declamado a la perfección por Rafael Calvo, tuvo el insigne mérito de adelantarse al aturdimiento nacional, que colea, con sólo darle por escribir El vértigo. Luego, en 1919, hizo buen uso de ese mismo título el argentino Armando Discépolo, hermano del famoso autor de tangos, figura alto aturdida del boedismo. En un alarde de coherencia, 10 años más tarde, el propio Armando escribió el drama titulado ¡Levántate y anda! Y en pleno Mayo del 68, más o menos, un boliviano, Gastón Suárez, pisaba la moralizante escena con su otra Vértigo o el perro vivo. O sea, que aquí no hay nada peor que haber perdido el hilo de la tradición con tanto decir amarla.
Dan vahídos. Y, según Rafic Harès, que lo andará contando por París, las que más se desploman aquí son las mujeres. De ahí que me haya ido a ver a las hermanas Ten. Y las dos coinciden, entonadas, en no achacárselo a la prueba gratuita de carne de vaca loca ni al ejemplo de Ana García Obregón. Ellas me hablan de vértigo doméstico, que las mujeres no se atreven a consumar en la cocina, pero que luego, al ir tan ricamente por la calle, les viene a la cabeza… y cataplaf. Me dejan la pregunta machacada: " ¿Tú crees que se puede resistir, impunemente, día tras día, la visión de una espumadera plastificada, renegrida por culpa del dichoso ragout recomendado por Arguiñano?".
1.– Se dice que el clima tiene una incidencia sobre las emociones. ¿El cambio climático puede cambiar también el panorama poético patrio?La verdad es que las tres preguntas tenían miga. Pero después de reflexionar un buen rato sobre ellas, sin llegar a ninguna conclusión, recordé un sencillo poema de José Jiménez Lozano, muy apropiado para reflejar el tema del cambio climático:
2.- El clima modula la percepción de la realidad: la repartición entre espacios (o paisajes) habituales, espacios exóticos, espacios soñados, espacios de sublimación… no es igual dependiendo de dónde se viva. ¿Los desiertos espirituales van a convertirse en los espacios de nuestra poesía más realista?
3.- El clima modula la percepción de la realidad: la realidad determina nuestra utilización del lenguaje (p.e. conocer veinte especies de árboles es saber nombrarlas). Nuestras zonas de riqueza del lenguaje dependen en gran parte de nuestro hábitat natural y social y de nuestro clima. ¿Un clima que produce una naturaleza exuberante predispone al poeta a ser un poeta "naturalista"?.
LAS NUEVAS MIGRACIONESEl reto era grande. Dejé las preguntas de Amelia encima de la mesa y recurrí a la poeta cubana Soleida Ríos, que vive y escribe en La Habana, envuelta de naturaleza exuberante: ¿Crees que el clima influye en la escritura poética?, le pregunté directamente.
Visitas eran antes
las migraciones de los pájaros,
crónicas y correos
traían y llevaban; mas ahora
son como las de los hombres, huyen
del asesinato en masa, buscan
comida para sus polluelos.
¿Han entrado en la historia?
Creo que la poesía, como esa especie de respiración que es, o de canal energético, carga con toda la humedad y la luz y la fuerza del viento y sus reversos, (todo todo) a la manera única de cada voz poética, aunque no sea tan obvio. Pero…La pregunta de Soleida Ríos se me quedó en el aire, dando vueltas, y llamé a otro amigo, Tomás Sánchez Santiago, que ha hecho del invierno su clima poético. Le pedí que me explicara por qué, y me contó que él es un defensor del frío como resurrección. “En un día de invierno como hoy, todo lo que va a nacer ya está debajo de la tierra, bullendo…”, y me remitió a uno de sus libros, La secreta labor de cinco inviernos, en el que desarrolla toda su poética invernal. A partir de ahí nos enzarzamos en una amena discusión sobre la posible existencia de una poesía mediterránea, frente a lo que se podría llamar poesía atlántica, en la que por supuesto existirían excepciones luminosas como Eugénio de Andrade…
Inmediatamente que leí tu pregunta fui al poema "La isla en peso", (gran obviedad respecto a la cuestión) de Virgilio Piñera:
"El perfume de la piña puede detener a un pájaro".
La naturaleza donó el olor de la guayaba a nuestras tierras, como el fresno o los abedules o la blancura de las nieves a otras tierras…
Es perfectamente natural que la expresión responda al ser.
No puedo citar ahora de memoria a Bowles, un poema que me hizo sentir la dureza del mediodía en Marruecos.
Ese mediodía no es de todos modos el mediodía de la Isla (el que Piñera elabora o define con esta naturaleza en 1944):
"… Pero la claridad avanza, invade
perversamente, oblicuamente, perpendicularmente,
la claridad es una enorme ventosa que chupa la sombra,
y las manos van lentamente hacia los ojos.
Los secretos más inconfesables son dichos:
la claridad mueve las lenguas,
la claridad mueve los brazos,
la claridad se precipita sobre un frutero de guayabas,
la claridad se precipita sobre los negros y los blancos,
la claridad se golpea a sí misma,
va de uno a otro lado convulsivamente,
empieza a estallar, a reventar, a rajarse,
la claridad empieza el alumbramiento más horroroso,
la claridad empieza a parir claridad.
Son las doce del día".
La naturaleza, tan rica, hace posible el infinito mediodía y sus infinitas, auténticas visiones.
Yo en La Habana (sin desdeñar mi religiosidad afrocubana), doy un talismán celta a una habitante contemporánea de las tierras de Odín. ¿Por qué? Quiero decir: el espacio marca, pero el alma vuela con toda libertad, remonta los espacios climáticos, temporales, etc, etc.
(…) Una pregunta, entonces: ¿quién escribe?
“Pues verás, yo creo que el clima no influye directamente en el poema ni en el poeta, pero en lo que sí influye el clima es en el territorio y el territorio sí influye en el idioma (ya sabes aquello de que los esquimales tienen no se cuántos nombres para la nieve y ven lo que nosotros no vemos…)La respuesta de Chus me llevó directamente a otra pregunta: ¿si hablásemos otra lengua pensaríamos de forma diferente?
Entonces, si un poeta decide dejar entrar el territorio y el idioma territorio en su poesía… pues sí podríamos decir que hay un poeta y una poesía atlántica o tropical. Y si además, en la tradición lingüística poética en la que se inscribe ese poeta, otros poetas dejaron entrar el territorio y el idioma territorio, y por lo tanto el clima en sus poemas —y hay una larga colección de poemas y poetas territorio-climáticos—, pues podríamos decir que tal tradición poética es atlántica o tropical o de los mares del sur….”.
“Una voz pertenece, en primer lugar, a un cuerpo, luego a una lengua. La lengua puede cambiar, pero la voz seguirá siendo la misma”.En estas andaba cuando, justo antes de salir de casa, encontré un último mail en el correo, de la poeta Susana Barragués, con un “poemita climatológico improvisado”:
En su mensaje, Susana aportaba también algunas sugerencias para esta charla:Peces
En el Océano Pacífico existen corrientes ascendentes de aire capaces de levantar peces y transportarlos en suspensión durante kilómetros, hasta lanzarlos propulsados tierra adentro. Así llueven peces, ranas y algas microscópicas sobre pueblos, campos y carreteras.
Así mi cuerpo ante ti es el de un pequeño pez: elevado, ascendido brutalmente, proyectado contra tierra.
“Podrías hablar de la poesía que tienen en sí mismos algunos fenómenos meteorológicos: las auroras boreales, los megacriometeoros (enormes bloques de hielo que caen del cielo, que pueden tener varios metros de radio), el efecto Foehn, que puede hacer que a un lado de la montaña esté lloviendo y a 15 grados, y al otro lado tengan 30 grados y tal bajada de presión que los suicidios aumentan coincidiendo con este efecto…. Hace algunos años hubo una lluvia roja al sur de la india, y la gente creía que llovía sangre. Era un alga que había ascendido por convección con el agua del mar y teñía el agua de rojo…"En resumidas cuentas:
"La idea recurrente de la cerilla que, encendida, anula algo del frío habitual del universo".Por otra parte, creo que la poesía, tanto para el que escribe como para el que lee, suele ser algo muy personal, una experiencia íntima, en el mejor sentido de esta palabra.
“Los poemas, aun si brotan de la imagen más aérea, más luminosa y diurna, más visible, bucean y avanzan como un pez hacia un espacio propio y silencioso —lo visible y su luz están también allí”. (Olvido García Valdés)Para el gran reportero Kapuscinski, la poesía era «un templo con frescor», que «no tiene que ver con nada» y que consiste sólo en sí. Para Miguel Casado, “la poesía da cuenta de la vida, en ella se anotan los momentos del yo, su fragmentaria materia”. Así, la poesía “actúa como un modo de percibir lo que ocurre, lo distinto o singular, lo que por un momento parece parpadear con sentido.”
“La nieve cruje como pan calienteLa poesía sería algo así como el leño que prende en la chimenea de la casa del alma. Buscamos en ella calorcito, también aliento, energía, refugio, qué sé yo. Para algunos, la poesía es incluso el espacio en el que pueden hablar con los muertos.
y la luz es limpia como la mirada de algunos seres humanos,
y yo pienso en el pan y las miradas
mientras camino sobre la nieve”
(A. Gamoneda)
(Constantino Bértolo escribió este artículo para un número especial de una revista de Belgrado, Beogradski Knjizevni Casopis, dedicado al Madrid literario:)