Isla Kokotero

November 27, 2009

‘Mis hombres’, por MARUJA TORRES

MARUJA TORRES
"De todos los hombres que haya en mi vida,
ninguno será más que yo"

MIS HOMBRES
Por MARUJA TORRES
EL PAÍS  -  Última - 26-11-2009


Aproveché el Día Internacional contra la Violencia de Género para reflexionar acerca de los hombres de mi vida que ni son ni han sido más ni menos que yo, y que me han ayudado a ser y a estar. Como me he hecho vieja con relativa sabiduría, y porque a veces les hablo a ustedes en voz baja, me voy a permitir homenajearles en esta columna.

Al hombre que me enseñó a leer y escribir, meciéndome en sus rodillas. Al hombre que me inoculó su pasión por los libros y por la libertad interior de la lectura. Al hombre que me ayudó a cruzar la línea divisoria entre la ciudad y el gueto. Al hombre que cuando me sabía dolorida me decía: "Vuelve a la redacción, éste es tu hogar". Al hombre que me abrió su mundo para que me pudiera pertrechar con alimentos del alma que me ayudarían a salir a la lucha. Al hombre que me acompañó durante diez años, mientras los dos crecíamos sin hacernos más daño que el de los estiramientos rápidos. Al hombre que me dio trabajo diciéndome que yo valía. Al hombre que me dijo por primera vez: "Tú puedes, tú debes". Al hombre que me acompañó en mis duelos. Al hombre con el que hablo de cine y de la enfermedad y la muerte.

Al hombre que vino a mi casa la noche después de aquella en que fui violada, y me hizo el amor con toda la ternura necesaria para que no repercutiera en mí ese involuntario contacto con uno que era menos que cero. Al hombre que se ríe conmigo y hasta de mí y que me permite mantener la fatuidad controlada y la generosidad en improvisación permanente.

De estos hombres muchos están muertos y otros me sobrevivirán. Pero en este corazón tienen su sitio, y ninguno ha dejado de entibiarme la vida durante un solo día.

Va por ellos. Va por vosotros.

November 26, 2009

ESPEJISMOS / ‘Desafinado’

 Como cada jueves (y van 85 seguidos),
un nuevo ESPEJISMO DE LA GALBANA en El Mundo de León:

Un piano Bosendorfer

"Es un gran piano, pero lo deberían cuidar manos más expertas"

DESAFINADO

ASÍ es como suele estar el magnífico piano Bosendorfer del Auditorio ‘Ciudad de León’. Todos los aficionados a la buena música en esta ciudad lo saben. (…)

(Continúa leyendo en EL ESPEJISMO DE LA GALBANA)

 

November 25, 2009

PEDRO ÁLVAREZ GÓMEZ: ‘Un centenario inadvertido’, por ERNESTO ESCAPA

FUEGO AMIGO / Por ERNESTO ESCAPA (13-7-2009)

Pedro Álvarez Gómez, novelista zamorano
UN CENTENARIO INADVERTIDO

El zamorano Pedro Álvarez Gómez fue uno de los novelistas punteros
en el erial de la inmediata posguerra

En las postrimerías de junio se cumplió el centenario de un novelista zamorano a quien el paso del tiempo ha rebajado de la cresta a los talones del devocionario de las letras. Pedro Álvarez Gómez alcanzó el éxito en los atrancados cuarenta del pasado siglo y luego se fue disolviendo en sucesivos empleos como periodista azul. Empezó en Mallorca, pasó por el Odiel de Huelva (donde fue objeto de las bromas colmeneras de Cela) y dirigió durante treinta años el periódico del Movimiento en Córdoba. Era de Villalba de la Lampreana, junto a Villafáfila, allí nació un 29 de junio de 1909 y en el pueblo mantienen encendida la mecha de su recuerdo.   

Zamora ha emprendido este año del centenario el rescate pausado de sus éxitos remotos, empezando por ‘Los Chachos’, que se publicó en folletón entre el otoño de 1942 y la primavera siguiente, ilustrada por Teodoro Delgado. En total, su obra se resume en cuatro novelas, una biografía imperial del Empecinado y un postrero mosaico de estampas campesinas, que apareció el año de su muerte. Se había estrenado como novelista bélico con el tremendismo de su relato ‘Cada cien ratas, un permiso’ (1939), que derrotó en el concurso de mejor novela de guerra a la ensoñación estrellada de Hernández Gil, más tarde ilustre penalista y presidente de las Cortes democráticas.    

Una parálisis infantil lo había dejado inservible para la milicia, pero no para la propaganda. Estudió con provecho, se hizo funcionario de la Universidad de Salamanca y trazó un proyecto narrativo que iba a recorrer los diferentes estadios de su vida. Los batacazos de la crítica interrumpieron aquel repaso en la adolescencia. Su mejor novela es ‘Los colegiales de San Marcos’, donde hace casticismo de su etapa como bachiller interno con un dómine vaniloco. Antes había publicado ‘Nasa’, que dibuja un campo castellano de cartón piedra.   

‘Los dos caminos’ (1950) crucifica su carrera, lastrada por sobredosis de tópicos. En sus páginas se defiende de los palos de la crítica, mientras escinde con maniqueísmo la peripecia de dos primos: uno elige la felicidad en la estirpe de la tierra y el otro el fracaso urbano. Sólo volverá a publicar las estampas campesinas de ‘El vivir humilde’ (1983), que pasó inadvertido.  

ERNESTO ESCAPA

November 24, 2009

‘Adiós a ULLÁN, radical y libre’, por ERNESTO ESCAPA

FUEGO AMIGO / Por ERNESTO ESCAPA (25-5-2009)

Agrafismo de José-Miguel Ullán

ADIÓS A ULLÁN, RADICAL Y LIBRE 

La obra esencial y en perpetua movilidad de Ullán
es uno de los referentes de la poesía española

Una esquela civil sin obituario (vendrán después, como uvas en racimo funeral) avisa de la muerte anunciada del poeta salmantino José-Miguel Ullán: fronterizo de Villarino de los Aires (1944), el pueblo de los indianos que empadronaron su prosperidad en La Habana. Nos deja una obra deslumbrante y plural, acuciada por la urgencia de las transgresiones. Un legado poético urdido a partir de su increíble manejo de la lengua nutricia de los Arribes, que es la veta que fecunda toda su creación, desde la inicial poesía comprometida a los hermetismos postreros, con leves descansos en estancias de alianza luminosa.   

Su trayectoria es una enmienda al conformismo. Una obra cumplida donde anida la mudanza. Qué hermoso su poema Ambasaguas, sobre el encuentro del Tormes con el Duero a los pies de Villarino, y aquellos versos: "Lo que el Tormes de día soñaba / por la noche del Duero fluía". Sus inicios salmantinos coinciden con la irrupción de Aníbal Núñez, también relegado del lanzamiento de los Novísimos, que resultaría a la postre "una olla con más Azúa que Carnero". Sarrión recoge en sus memorias la mediación con Ullán, exiliado en París, y su respuesta airada al compadreo.   

La antología barcelonesa dejó fuera a dos de los mejores poetas de aquella generación: Ullán y Colinas. Sus muñidores externos (Hortelano, Ángel González, Gil de Biedma) y Castellet optaron por una guarnición de líricos cartageneros, maragatos, ilicitanos y albaceteños para acompañar a Gimferrer, que ya ostentaba el laurel del Premio Nacional José Antonio Primo de Rivera por ‘Arde el mar’.    

Ullán publicó muy joven y se exilió a París en 1966. Volvió diez años después y tuvo que hacer la mili en Canarias antes de convertirse en protagonista de la información cultural durante la década de la movida. En las artes y en las letras. Desde la tele única, poniendo en marcha el suplemento ‘Culturas’ de Diario 16 y más tarde en El País y Abc. En la pequeña pantalla llegó a ser irónico comentarista de una edición del concurso musical eurovisivo. Creo recordar que aquella que concluyó con la barca nacional encallada en último lugar. Ya en los noventa puso en marcha la editorial Ave del Paraíso, su penúltima apuesta.

ERNESTO ESCAPA

November 16, 2009

Festival Ñ / Crónica underground de LEO ZELADA

 Festival Ñ

Crónica underground del ‘Festival Ñ’ de literatura
por LEO ZELADA

Empezaré esta crónica enumerando los errores del festival, pero terminaré señalando sus virtudes. No me pareció mal que se cobre 15 euros la entrada, lo que me desagradó fue la pésima calidad en la mayoría de conferencias. Si uno paga, lo que se espera es escuchar un mínimo de rigor en las disertaciones literarias. Lo que predominó en las conferencias es la improvisación y el cachondeo.

Por ejemplo, la conferencia de Agustín Fernández Mallo, fue una supuesta ironía antiacadémica, pero lo que resultó fue un pésimo monólogo de humor de cuarta categoría. Lo de Manuel Vilas, empezó interesante con la mención a la estatura de Kafka, pero luego se tornó repetitiva, y la inicial mueca de sonrisa se convirtió en una de hastío. Por no hablar de la dizque disertación de Fadanelli, cuyo supuesto texto de tres páginas, lo desmontó él mismo, diciendo que había dicho un montón de estupideces juntas. Si se les paga para hablar de literatura y no lo quieren hacer, simplemente no participen y entréguenle el lugar a otros que sí asumen a la literatura con profesionalismo. Estos tíos se ganan el dinero fácil. Pagar 15 euros para escuchar hablar de literatura en tiempos de crisis no es poca cosa. Sin embargo, debo acotar que sí existieron conferencias interesantes, como “La enfermedad de los escritores”, brillantemente expuesta por la destacada escritora Soledad Puértolas, a quien conocí y felicité por su intervención.

Otra contradicción fue el desnivel que hubo entre los escritores invitados, algunos de indudable calidad junto a otros novatos cuyo talento es por decir lo menos “cuestionable”. Me imagino que la amistad, en este caso, jugó un papel importante para que hayan sido convocados. Otro fallo fue la calidad de los músicos, quienes realmente fueron somníferos y bastantes sosos.

Lo mejor de este festival fue la lectura de poemas inéditos de Antonio Gamoneda. Su reflexión sobre la poesía fue profunda, y sus poemas, geniales. Creo que la próxima entrega de de Gamoneda será su mejor libro. Me encantó hablar con Antonio en varias oportunidades durante el festival. Es una persona sencilla y amable. Va a su rollo y eso me gusta. La participación de Leopoldo María Panero fue accidentada, pero él es así, se puede dar el lujo,  luego de escribir grandes poemarios, de decir lo que quiera; sin embargo, en esos breves momentos de lucidez, durante su disertación y lectura, dijo algunas cosas sugerentes que me estremecieron. Al final me comprometí con Leopoldo en llevarlo a Perú, ante lo cual me dio un beso en la mano (me saludaba con el puño en alto cada vez que me veía). 

En la maratón de poesía, me decepcionó el nivel de los poetas que leyeron, solo salvándose la buena poesía de Juan Carlos Mestre. Le prometí a Mestre escucharlo en el recital y me quedé hasta el final solo para oírlo. Me da alegría que le hayan dado el Premio Nacional de Poesía.

A modo de anécdota, contaré que, en algunas conferencias, estuve de francotirador para que no se la llevaran fácil los ponentes. Me divirtió mucho que Vicente Molina Foix no me responda sobre su “error” al denominar a Latinoamérica como “Las Españas”. Noté cierto tufo neocolonialista en dicha frase.  Álvaro Pombo tuvo luego la decencia de hablarme del tema. Hablé con el mítico Jorge Herralde, me pareció un caballero en todo el sentido de la palabra. Al final pude dialogar con Fernando Iwasaki, quien vive hace décadas en Sevilla, de forma casual, me presentó a Ray Loriga y Rodrigo Fresán.

En términos generales, el festival me gustó. Salvo los errores que he señalado. Algunas conferencias y lecturas fueron inolvidables; solo por eso, valió la pena asistir.

November 11, 2009

Entra en EL ESPEJISMO DE LA GALBANA…

 

…para leer las dos últimas columnas de opinión (82 y 83) publicadas,
como cada jueves, en EL MUNDO DE LEÓN: 

MACHACADA PROFESIÓN

"La tentación es hacer periódicos sin periodistas"

¡ES LA BOMBA! 

"Son capaces de declararse en huelga de hambre de marisco"

~

En la sección EL ESPEJISMO DE LA GALBANA

October 31, 2009

‘Lámina de pájaros’, por JOSÉ NORIEGA en el 65 cumpleaños de JOSÉ-MIGUEL ULLÁN

José-Miguel Ullán en la Fundación Montes de Valladolid, en 2008
LÁMINA DE PÁJAROS

Un tiro no es la muerte, lo saben las perdices; a veces, un quítame allá unas plumas, una cojera de largo recorrido, una molleja vacunada contra el saturnismo con los anticuerpos del gris del perdigón. Si hay suerte, tan sólo un ruido hueco que rompe los colores del paisaje resquebrajando  la sustancia grasa de la greda y desatornillando los anclajes que endurecen los planos de la cal. Sin embargo, la muerte es siempre un tiro: nos deja, por mucho que la esperemos, el hueco que ayuda a los forenses a definir el calibre del destrozo y que los demás llamamos, impropiamente, vacío. Cuanto más se vive, medida temporal el vivir y no otra cosa, más escopeteado se está, más vacíos de calibre diverso ensombrecen nuestro todo, por poco que éste sea.

Me llega hoy otro disparo por la espalda y me reverdece los ronchones de la ausencia –interminable picadura de pulga–, de las ausencias: soy ya, todo yo, una criba garbancera, más hueco, más vacío que pellejo, uncida a un aro que malamente sostiene templado el tambor de la tristeza: ha muerto José-Miguel Ullán sin decir “Ni Mu”.

A la izquierda de este rincón con ventana donde escribo tengo colgada una litografía, regalo de mi mujer, donde sobre una rama de arquitectura extraña y traída por los pelos aparecen prendidos, cada uno con sus colores, quince pajaritos: un pinzón, un petirrojo, un jilguero, un pardillo, un verdecillo, un verderón, y así hasta quince… y en ella no estás tú, el pájaro Ni Mu, porque es antigua. Si los litógrafos siguieran dibujando sobre las piedras –ese era el pacto del verbo, hoy lo hacen sobre hojalata– saldrías en las láminas del mañana junto al jilguero y al petirrojo por méritos propios del piar: que eso es ser poeta y no otra cosa.

Parece que fue ayer: Descolgué el teléfono y eras tú. Me debías carta y te disculpaste. Recuerdo mi respuesta: “En esta editorial el afecto no caduca”… y sin más nos pusimos a hilvanar la edición de Ni Mu. Como editor sabías lo que cuesta untar los papeles con colores y fuiste comprensivo, salió el libro y todo te pareció maravilloso. Recuerdo ahora tus palabras como si estuvieran tiernas: “Poetas hay muchos, lo que tenemos que defender es a los editores de verdad, que son pocos y en peligro de extinción”. Guardo la nota en la que me decías que te había gustado mucho el color azul de la portada –única sorpresa que te escondí hasta el final–…

 Y los dibujos que me regalaste los mandé enmarcar y los puse al lado de un Beuys para ver si saltaban chispas o dialogabais en besos interminables. Los cuadros, tú lo sabes Marcelino, que decía Nicolás, cogen vida en las paredes; y los tuyos no se comportaron de otra forma: un día, al entrar en la sala de máquinas de la editorial tus dibujos estaban inexplicablemente en el suelo, los cristales rotos, los palos de los marcos descompuestos y los poemas de papel intactos debajo de la ruina. Pensé que el de los fieltros tenía celos de tus tintas y que te había lanzado una pizarra para joder. A punto estuve de separaros… y no era eso: los cuadros –barómetro de tantas cosas– cogen muerte también y a saber si se rompieron porque sí al saberte roto. No fue el de Kleve si no tu herida lo que debió de reblandecer la cola de los marcos.

La vida es más larga que nosotros y, en un marco nuevo, he de poner otra vez tus poemas sin letras en la pared de enfrente de los pájaros que el dibujante anónimo pintó sobre las piedras –una piedra por cada color–. Ahora ya todo está roto y acaso no se muevan más las cosas de puro rotas. Llueve o llora la nube sobre la línea del páramo y lo hace a ráfagas… la incertidumbre de la poesía se transparenta en los planos de gris del agua al caer… ¿Te acuerdas del grabado de Rembrandt “Las Tres Cruces” en su primer estado? Pues así como sobre Cristo en la plancha cae la luz sobre las cebadas hoy aquí: turbia, dolida, desconsolada… sin arreglo posible me parece. Aunque luego pasa el tiempo y se nos encallece la niebla y, como hay que dar de comer al gato y regar la datura y echar migas a los peces rojos de la pila, se nos acaba por transparentar hasta la luz negra de los ratos negros. Ley de vida dicen.

Te echaremos de menos los tres: el gato, Rosa y  yo. Nos vemos cualquier día y editamos otro.

JOSÉ NORIEGA
(Este artículo se publicó en su día en DIARIO DE VALLADOLID-EL MUNDO)

 

October 22, 2009

ESPEJISMOS / ‘Doble moral’


[El espejismo de esta semana (y van 80 en EL MUNDO DE LEÓN) aborda las críticas, del PP de la época victoriana, al festival de performances que se ha celebrado en León, y lo compara con la falta de escándalo y el mirar hacia otro lado cuando se trata de las orgías de los políticos corruptos.]
(En la imagen, María AA durante su performance en la Plaza de San Marcelo de León, el pasado jueves)
(En la imagen, María AA durante su performance
en la Plaza de San Marcelo de León
, el pasado jueves)

~
DOBLE MORAL

¿Escandalizan las orgías de los políticos corruptos?

¿DE VERDAD escandaliza que una ‘performer’ se desnude en la calle y se manche de rojo imitando sangre? Las ‘performances’ son acciones, tienen que ver con el ‘arte conceptual’ y el ‘arte en vivo’, en ellas es clave el factor de ‘improvisación’, también la provocación, el asombro, el sentido de la estética… Y, sobre todo, las performances tuvieron su auge en los años 60 y 70 del siglo pasado, aunque a León llegaran en los 90 (gracias a la galería Tráfico de Arte). Ahora, en pleno siglo XXI, la Concejalía de Cultura decide montar un ‘festival de performances’ y eso tan antiguo que parece tan moderno… escandaliza. ¡A dónde vamos a ir a parar! (…)

Continúa leyendo la columna en
EL ESPEJISMO DE LA GALBANA


October 17, 2009

HERTA MÜLLER ~ CONSTANTINO BÉRTOLO

HERTA MÜLLER
HERTA MÜLLER y la intelligentsia española
Premio Nobel de Literatura: notas a pie de página

" (…) Sólo queda felicitarse por la decisión de la Academia Sueca: aunque con intenciones posiblemente torticeras, han premiado una escritura comprometida. Y pensemos en la parte más optimista de todo este barullo mediático: a veinte años de la caída del muro, todavía le tienen miedo a ese fantasma que ahora recorre Latinoamérica."

Un artículo de CONSTANTINO BÉRTOLO en Rebelión.org
~

HERTA MÜLLER ~ CECILIA DREYMÜLLER

 HERTA MÜLLER

HERTA MÜLLER: De la vida amputada
Por CECILIA DREYMÜLLER
(Publicado en
el periódico Avui, Barcelona)

Desde que se conoció la noticia del Premio Nobel de literatura del año 2009, el desconcierto ha sido grande, y no sólo en España. También en Alemania la obra de Herta Müller -que ha sido galardonada con todos los importantes premios literarios alemanes-, ha pasado largamente si bien no inadvertida, pero sí apartada de los círculos de celebración de modas literarias y éxitos comerciales. Pues esta autora nacida en 1953 en Nitzkydorf, Rumania, escribe con incómoda insistencia de la dictadura y del GULAG, de persecución y tortura, del miedo cotidiano y de la destrucción de las relaciones humanas, y lo hace con una escritura de precisión cortante, cargada de tensión y de turbadoras metáforas.

   Las historias que cuenta son tan angustiantes como extrañas resultan las imágenes que encuentra para corroborarlas. Y, sin embargo, esta extrañeza surte en el lector un sutil pero decisivo cambio de perspectiva que, en definitiva, constituye la gran fuerza reveladora de esta obra que rompe con la lógica narrativa habitual, como los sistemas totalitarios rompen con la lógica interior del individuo.

      “La presión de la experiencia empuja el lenguaje hacia la literatura”. Esta sentencia de T.S. Eliot define la llegada de Müller a la escritura. Y, si bien sería una simplificación hablar de literatura autobiográfica, sus novelas, relatos, ensayos y poemas surgen de la vivencia y del recuerdo de treinta años vividos bajo el régimen comunista de Ceausescu. Müller prefiere decir que escribe “libros sobre malos tiempos” que nacen de un impulso “autoficcional” y no autobiográfico.

   Conviene entretenerse en estas matizaciones, ya que remiten directamente al programa literario de la autora: la desconcertante fragmentación de las historias, la superposición de metáforas, la crudeza de algunas imágenes y la belleza poética de otras, corresponden a la percepción del individuo perseguido por el miedo. La obra de Müller ejemplifica que bajo las imposiciones del terror y del poder los recuerdos se transportan mediante “la palabra expulsada con angustias mortales”. Aún así, se reconocen en los perturbadores relatos de En tierras bajas -libro censurado en Rumania y publicado en Berlín en 1984-, las reminiscencias de su infancia en un pueblo perdido de la región de minoría alemana de Rumania. Igual que en su aclamadísima novela La piel del zorro se reflejan los años de estudiante y traductora de Herta Müller en Timisoara, represaliada por la Securitate, los servicios secretos rumanos, por negarse a colaborar.

   La piel del zorro relata la supervisión y persecución de una joven profesora por parte de la Securitate en los últimos años del régimen de Ceausescu; la desconfianza y la humillación cotidianas han contaminado las relaciones de amor lo mismo que las con los vecinos, aparte de que han borrado la diferencia entre víctimas y verdugos. En cada visita secreta al piso de Adina, los agentes mutilan una piel de zorro que allí tiene, y, a pesar de que ella se salve de la detención y el dictador caiga, los cortes en la piel son irremediables: en una sociedad formada entre el miedo, el chantaje y la corrupción, la amenaza no desaparece de hoy a mañana.

   Herta Müller escribió La piel de zorro tras su emigración en 1987 a Alemania. Recogió el doloroso desencuentro con el anhelado país de acogida en una novela corta, Viajera apoyada en una sola pierna que pasó más o menos desapercibida. Sin embargo, al dar nuevamente voz a los muertos y perseguidos por el estado de vigilancia -en 1994, en su novela La bestia del corazón-, Müller alcanzó una fuerza de lenguaje impresionante y llegó por primera vez a un público más grande. La novela gira entorno a la historia de cuatro estudiantes que se encuentran en una ciudad rumana, donde la disidencia contra el régimen del dictador pronto afianza su amistad. En sus reuniones clandestinas elaboran listas de desaparecidos para pasarlos a la prensa extranjera. Pero el régimen de terror no tarda en cercarlos y minar su capacidad de resistencia: los amigos Kurt y Edgar se suicidan, la protagonista y Georg se fugan del país, su incipiente amor se trunca. No cabe mucha esperanza en las historias de Herta Müller, simplemente porque no cabía en la realidad del régimen totalitario.

   La progresiva despolitización de la literatura hacia finales de los años noventa, arrinconó poco a poco la obra literariamente exigente y ajena al consenso social de Herta Müller; algunos críticos veían en su imperturbable compromiso con los abusos del poder de repente cierta fijación monotemática. Pues también en su siguiente novela, Preferiría no haberme encontrado conmigo misma hoy, de 1997, volvía a los minuciosos primeros planos de «la vida amputada en la dictadura».

   No obstante, Herta Müller ha manteniendo, más allá de las fórmulas literarias cómodas, su “mirada resistente” atenta a la historia obviada de los países del este. Poco antes de la concesión del Premio Nobel ha presentado una nueva gran novela, Columpio del aliento. Entre la crónica de la deportación de los alemanes rumanos en 1945 a los campos de trabajo soviéticos, y el homenaje al poeta Oskar Pastior –deportado al GULAG en su juventud, igual que la madre de la autora - Columpio del aliento ofrece, con su sobrecogedor lenguaje poético, una dimensión visionaria del infierno de hambre, humillación y trabajo extenuante de los campos estalinistas. “Cuando callamos nos volvemos desagradables, cuando hablamos nos volvemos ridículos”, advierte Herta Müller en un ensayo sobre la capacidad de la literatura de dar testimonio. El Premio Nobel  ha sido para una escritora que nunca se ha arredrado ante esta posibilidad.

October 15, 2009

ESPEJISMOS / ‘Música en la rúa’

Como cada jueves, un nuevo artículo de opinión
en EL MUNDO DE LEÓN (y van 79), dentro de la sección
EL ESPEJISMO DE LA GALBANA:
 Arty

MÚSICA EN LA RÚA

¿Qué entendemos por "contaminación acústica"?

CUANDO suben o bajan por la Calle Ancha… ¿no echan de menos algo, o a alguien? Porque falta Arty desde hace unos meses, el músico ruso. Llegó a León hará ¿diez? años y se integró con armonía en el paisaje y en el paisanaje urbano. Lo mismo interpretaba a Bach o a Mozart que un tango de Piazzolla o una canción popular leonesa. Se le podría definir como un músico versátil capaz de ganarse la vida tocando dignamente en la calle. Reinaran el sol, la lluvia o la nieve, Arty cumplía con sus horas, con la sonrisa en el alma. Y al estuche del acordeón iban cayendo unas monedas a cambio de lo que mejor sabe hacer: tocar. (…)

Continúa leyendo en… EL ESPEJISMO DE LA GALBANA

 

October 11, 2009

Sobre HERTA MÜLLER (Premio Nobel de Literatura 2009): ‘La literatura de una disidente. Paisajes de la apátrida’, por CECILIA DREYMÜLLER

 

HERTA MÜLLER
La literatura de una disidente
Paisajes de la apátrida

Por CECILIA DREYMÜLLER
EL PAÍS  -  Cultura - 09-10-2009

Enajenación respecto al propio país, la vida bajo la dictadura y la búsqueda de una patria nueva son los temas que Herta Müller maneja como variaciones, con dolorosa insistencia, en su amplia obra, que abarca una veintena de libros de narrativa, ensayo y poesía. Esta, hasta hoy, más bien marginada escritora señala con títulos como ‘Lo cierto es que no me hicieron nada’ (poesía) o ‘La mirada extraña o el pedo en la farola’ (ensayo) el fondo autobiográfico de un proyecto literario altamente politizado y sustentado por una escritura dura, lúcida, mordaz y de alto vuelo poético.

La fama de autora revelación perseguida por la Securitate precedía en Alemania la publicación de su primer libro, el turbador tomo de relatos ‘En tierras bajas’ (1990). Herta Müller se negó a colaborar con los servicios secretos de la Rumania de Ceausescu y fue represaliada durante años en su patria -cuyo régimen le impidió publicar- hasta que logró escapar en 1987 a Alemania, donde ha sido galardonada con todos los grandes premios literarios.

Herta Müller indaga en las consecuencias psicosociales del sistema totalitario, basado, en el caso de Rumania, en la represión, la violencia y la complicidad de un catolicismo trasnochado. Sus primeros relatos y novelas -entre los que destacan ‘La piel del zorro’ y ‘La bestia del corazón’- describen el miedo cotidiano ante el terror de unos personajes aislados, sometidos a confinamiento y tortura, al borde del suicidio. Las experiencias de Müller, primero con el comunismo y el pasado nazi no asimilado, luego con la existencia del emigrante de un país del Este, se traducen no sólo en inquietantes historias sobre la aniquilación psíquica del ciudadano disidente, sino también en imágenes de enorme densidad poética y gran sensualidad. Su novela más reciente, ‘Columpio del aliento’, publicada este verano, se adentra en un oscuro capítulo del pasado de la población alemana de Rumania que, como la madre de la autora, fue deportada a la URSS tras la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la novela va más allá de la crónica del Gulag: recrea la vivencia de un deportado que sobrevive gracias a la poesía. Este inquietante documento de un mundo sin esperanza se ilumina con la indignación poética de Herta Müller. 

October 5, 2009

‘MIGUEL SUÁREZ, recuperado’, por ANGÉLICA TANARRO

Miguel Suárez, recuperado. ©Fotografía de Eloísa Otero
Miguel Suárez, recuperado

La Fundación Santiago Montes abre el curso de sus actividades culturales con la presentación de la poesía reunida del autor de ‘La voz del cuidado’

«Es una de las voces más importantes de las últimas décadas del siglo XX»
 
Un artículo de ANGÉLICA TANARRO
para El Norte de Castilla
(Valladolid)

Miguel Suárez es un poeta retirado. Retirado en el estricto sentido de la palabra. Apartado del ruido. Oculto. No cabe duda de que su invisibilidad ha podido afectar a su poesía. Injustamente invisible para su calidad. Pero la colección Ocnos Alas, de la editorial Dilema, dedicada a publicar Poesía Reunida de diversos autores ha contribuido a paliar ese silencio que pesa sobre una obra radical y plenamente contemporánea. El libro, que lleva por título el de su último libro, ‘La voz del cuidado’, se presentó ayer en la Fundación Santiago Montes.

Tres escritores, tres conocedores de su obra en profundidad fueron los encargados de desentrañar una poesía jalonada por títulos como ‘Nombrando el porvenir’, ‘Diciéndolo de nuevo’ o ‘La perseverancia del desaparecido’, título que parece una premonición.

Para Antonio Méndez Rubio, que es además el autor del documentado prólogo con el que se abre el volumen, «llama la atención la relación que mantienen los textos con su época, los últimos 25 años del siglo XX, una época atravesada por la Transición, es decir, una época crítica. Lo que me lleva la atención es el diálogo del texto con el contexto, pero no para retratarlo, sino que elabora este mundo inmediato y lo lleva más allá de los paradigmas de ese mundo. Su poesía lo desborda y lo lleva más allá de lo local, al grado de la poesía universal. Hay pocos ejemplos de poetas que en contextos tan convulsos hayan tenido la lucidez para retratar su época mostrando el negativo de la fotografía».

Para el autor de ‘El fin del mundo’, Miguel Suárez es «el poeta en lengua castellana que mejor ha interpretado la herencia de Rimbaud. Hay una intimidad entre la poética de Miguel y la de Rimbaud que es diferente a la que podemos encontrar en otros autores. Hay una sintonía en la fragilidad y en la singularidad. Todos dialogamos con los poetas que nos gustan, pero dialogar con Rimbaud es difícil. Apostar por su obra como la influencia más directa es muy valiente y creo que hay que decirlo».

Ildefonso Rodríguez destaca en su poesía un «raro equilibrio». «Es una literatura de gran profundidad pero está dicha como sin énfasis. No quisiera decir que es natural porque la palabra no me gusta, pero sí que ves cómo dice cosas muy especiales con el mismo tono con el que pediría una cerveza. Otros poetas para decir cosas profundas necesitan énfasis o un determinado contorno emocional… En fin es lo que decía Simone Weil cuando hablaba de ‘La gravedad y la gracia’.Miguel está tocado por esa gracia».

De entre sus libros, prefiere ‘Nombrando el porvenir’ que es el primero, aunque se publicó el último. «De alguna manera lo hicimos juntos, no porque yo haya tenido que ver en su escritura sino porque es el tiempo que compartimos, es la música de mi juventud. Es donde más estoy. Es como una canción de Los Beatles, como la iniciación a la poesía».

Tradición abierta

Antonio Ortega considera que Suárez es «uno de los poetas más importantes de la última mitad del siglo XX. Y eso porque dejó de publicar en el 95. Creo que la tradición en la que se fundamenta su poesía no tiene nada que ver con la tradición de otros poetas contemporáneos suyos. La suya está abierta a lo de fuera. Y es un gran lector de poesía extranjera lo que es fundamental para su lenguaje. Diría que la suya es una poesía de la experiencia pero no entendida como la entienden los poetas de la experiencia, donde la realidad no es contingente o cotidiana, sino  que invita a la reflexión. No pide un lector complaciente».

Para Ortega, Miguel Suárez «es un poeta que abre un montón de caminos frente a otros más trillados que transitan algunos de sus contemporáneos. Su palabra es rebelde y dolorosa. Y además calladamente ha influido en muchos otros, no ya entre los que podríamos decir que comparten con él el tiempo y la familia literaria como Ildefonso Rodríguez o Miguel Casado. Sino en muchos otros. Hace tiempo me dijo Gustavo Martín Garzo que ‘La voz del cuidado’ era uno de sus libros de cabecera».

MIGUEL SUÁREZ acaba de sacar el libro
‘La voz del cuidado. Poesía Reunida. 1970-1995’.
Editorial: Ocnos-Alas-Editorial Dilema.

October 2, 2009

Dedicado a JUAN CARLOS MESTRE / ‘El hijo del panadero’, por ERNESTO ESCAPA

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El hijo del panadero

En la Ciudad de los Poetas, que concede el perdón a los peregrinos que se quedan sin fuerzas para llegar a Compostela, el hijo del panadero recibió de chaval un encargo del porvenir que lo confinó de por vida en el santuario de las palabras. El hijo del panadero de Villafranca del Bierzo es Juan Carlos Mestre, que acaba de recibir el Premio Nacional de Poesía por su libro ‘La casa roja’. La encomienda se la dejó en un hatillo de estraza con bramante el poeta suicida Gilberto Ursinos una clara mañana de mayo de 1972. Aquel legado de media docena de libros rasgó como un relámpago el desconcierto adolescente ante el estupor de la muerte.  

El tiempo ha ido agitando las hojas del tupido censo de escritores que un día habitó el pueblo de Mestre. Murió Gilberto y luego González Alegre, más tarde Carnicer y esta primavera Pereira, que se hubiera alegrado más que nadie de su triunfo. Antes de publicar los primeros versos, estudió Periodismo en Barcelona y militó en el apremio por dar carpetazo a la pesadilla de la dictadura. Luego, se embarcó en una candidatura municipal de izquierdas en Villafranca y aquel gesto le costó a su padre el rechazo a los panes de su esfuerzo. Fue el castigo más hiriente para las utopías del poeta.  

El amor y el compromiso lo llevaron al Chile asolado por Pinochet, donde dio suelta a su mano prodigiosa para el arte, a la vocación musical y a su fascinante oficio de juglar. Ahora nadie iguala a Mestre en un escenario. ‘Antífona del otoño en el valle del Bierzo’ (1986) fue uno de los últimos Adonais de interés y libro crucial en el rescate de una poesía generosa en resonancias y sugestiones. Siendo un artista de mucha actividad, dosifica sus poemarios, que destila de lustro en lustro, a veces en versiones complementarias de verso y pictóricas, como ocurre con el rastro romano del poeta Keats. Alguno de sus collages recuerda la impronta de las grafidias de Beberide, el artista de su pueblo que cambió París por los misterios de la pastelería. ‘La casa roja’ es un libro grande que contiene la resuelta enmienda del creador a las trampas de la mansedumbre.

ERNESTO ESCAPA

September 18, 2009

ESPEJISMOS / ‘Cosas de… hombres’

Filed under: Artículos

Como cada jueves, una nueva columna de opinión (y van 75) en EL MUNDO DE LEÓN, en la sección EL ESPEJISMO DE LA GALBANA:

COSAS DE… HOMBRES

Se puede ser incendiario sin quemar el monte 

¿ALGUNA VEZ se ha detenido a una mujer pirómana o incendiaria? Quizá sí, siempre hay excepciones. Pero a lo que se ve, lo de quemar el monte y practicar el terrorismo medioambiental es ‘cosa de hombres’ (sólo de unos pocos, menos mal, aunque cada uno de ellos valga por todo un ejército de Atila). Como lo de beber Soberano y escupir en el suelo, vaya, pero con el agravante de la irresponsabilidad y la saña y el daño y hasta la mala baba. (…)

[Continúa leyendo en EL ESPEJISMO DE LA GALBANA]


September 3, 2009

ESPEJISMOS / ‘En otra dimensión’

 Como cada jueves, publicamos una nueva columna en EL MUNDO DE LEÓN,
dentro de la sección ‘EL ESPEJISMO DE LA GALBANA’,
(y con ésta llegamos a 73, desde abril de 2008):


EN OTRA DIMENSIÓN

 "Ayer, mañana, pasado mañana… ¿y hoy?

Hoy es ayer y mañana es pasado mañana. ¿Dónde estás cuando te ocurre esto? En la redacción de un periódico. Un extraño lugar donde el presente se convierte en pasado y el futuro se adelanta en el tiempo, como si tuviera prisa por acontecer. (…)

Continúa en EL ESPEJISMO DE LA GALBANA (73)

 

August 8, 2009

‘El escritor como testigo sospechoso. PETER HANDKE y su denuncia de la guerra mediática’, por CECILIA DREYMÜLLER

Peter Handke lights candle with Serb elderly woman at Orthodox cemetery in village of Retimlje (Photo by Darko Dozet)

El escritor como testigo sospechoso

PETER HANDKE y su denuncia de la guerra mediática


Por CECILIA DREYMÜLLER
Publicado en ‘Revista de Occidente’ nº 310, Marzo 2007

CECILIA DREYMÜLLER
La literatura alemana actual, desgraciadamente, da más que hablar por los escándalos en torno a sus escritores que por la excitante variedad de su producción. Lo que del año 2006 ha repercutido más allá de las fronteras nacionales no han sido los elogios de la crítica a las nuevas novelas de Martin Walser, Helmut Krausser o Iliya Trojanov, sino las polémicas alrededor de la concesión del Premio Heine a Peter Handke y las revelaciones sobre la pertenencia a las SS de Günter Grass. Ambas cuestiones poseen una trascendencia indiscutible, puesto que tocan el meollo de un tema de relevancia universal -la integridad del escritor políticamente comprometido-, pero el revuelo mediático que causaron fue, a todas luces, desproporcionado.

Es más: Handke y Grass han sido objeto de una estrepitosa caza de brujas en la que tergiversaciones, improperios y ataques personales se han adoptado como prácticas habituales. Semejantes maneras muestran una preocupante degradación profesional, a la vez que la impunidad con que se aplican nos advierte acerca de la creciente intolerancia de nuestras democracias respecto a las posiciones disidentes. En el caso de Handke, su denuncia de la información unilateral sobre las guerras en Yugoslavia, y su lamento por la destrucción de un estado a causa de intereses estratégicos internacionales, en vez de granjearle respeto, lo han convertido en persona non grata. Desde hace más de diez años, las reivindicaciones del escritor austriaco de un periodismo ponderado y ecuánime, y de un trato justo para todos los acusados ante el tribunal internacional de La Haya, son recibidas como apologías de la política de Slobodan Milósevic y como deliberada ignorancia de los crímenes cometidos por los serbios. En esta cadena de multiplicación de prejuicios, medias verdades e informaciones falsas, han participado escritores de casi toda Europa, contagiados por la vorágine mediática de una especie de «opinionitis» cuyos síntomas más leves consisten en opinar, sin conocimiento previo de la materia, de forma tan vehemente como errónea, a base de informaciones y opiniones recogidas sin análisis. Como gravísimo efecto de esta prolongada deformación informativa ha crecido alrededor del autor y de los hechos una tupida maraña de desconocimiento y desconfianza que resulta más difícil de penetrar a medida que los acontecimientos se alejan en el tiempo. Hablar de censura abierta, en este contexto, significaría subestimar el rechazo moral hacia la persona políticamente incorrecta que impide que se cuestione la versión oficial y se investigue a fondo. Es altamente significativo que en los medios de comunicación españoles, de una uniformidad única en Europa, no se hayan podido leer análisis críticos de la actuación de la OTAN en Yugoslavia o de su representación mediática, ni del «caso Handke». Sólo en los blogs de Internet se han contrastado datos y opiniones, sin repercusión en la opinión pública. Mientras en Francia y en los países de habla alemana se suman cada vez más voces al reconocimiento del enconado compromiso humanitario de Handke (encabezadas aquéllas por las de Elfriede Jelinek, Anne Weber, Robert Mena sse y Emir Kusturika), y el debate empieza a ser más diferenciado, en España continúa prevaleciendo el desinterés, cuando no la condena moral.

Esta exclusión de la disidencia política ha sido impulsada, precisamente, por intelectuales y políticos de izquierdas, un colectivo identificado con la defensa de la libertad de expresión y del valor del pensamiento a contracorriente. Sin embargo, ante el conflicto yugoslavo y el «amigo de Milósevic» se ha producido un inusual cierre de filas. A Handke (que no conocía a Milósevic antes de su visita al tribunal de La Haya en 2005) ya no se le escucha; con indignación o preocupación se renuncia a discutir sus puntos de vista sobre la cuestión yugoslava, especialmente después de su presencia en el entierro del ex presidente de Yugoslavia en marzo de 2006. Varias editoriales españolas han rechazado publicar sus dos informes sobre sus visitas a la corte internacional de La Haya, ‘Rund um das grosse Tribunal’ [Alrededor del Gran Tribunal, 1999] y ‘Die Tablas von Daimiel. Ein Umwegzeugenbericht zum Prozess gegen Slobodan Milosevic’ [Las tablas de Daimiel. Un informe de testigo desviatorio del proceso contra Slobodan Milosevic, 2005] con el argumento de la inoportunidad política del autor.

Hasta qué punto son inoportunas las afirmaciones críticas de Handke -jurista de formación- sobre la labor de la Corte Internacional, de momento no lo podrá juzgar el lector español. Lo que sí puede verificar es la visión del conflicto de Yugoslavia que el escritor ofreció en las narraciones de viajes publicadas en los años noventa, ‘Un viaje de invierno a los ríos Danubio, Save, Morava y Drina’ y ‘Apéndice de verano a un viaje de invierno’, aunque de los cuatro textos, ni el primero, ‘Abschied de Träumers vom Neunten Land’ [Despedida del soñador del Noveno País, 1991], ni el último, ‘Unter Tränen fragend’ [Preguntando entre lágrimas, 1999] estén traducidos. Parece que ya nadie se acuerda de que Handke dejó claramente expuesta en estas sucesivas matizaciones su búsqueda de la verdad sobre la situación en Yugoslavia y su apelación a la justicia. Sólo sacándolos de su contexto por medio de una interpretación maliciosa esos escritos podrían atribuirse a un «abogado proserbio» o calificados de «escritos difamatorios proserbios».
 
Los cuatro textos son testimonios -explícitamente subjetivos- de visitas emprendidas para recoger impresiones in situ con las que poder contrarrestar la información transmitida por los medios de comunicación. Un propósito, pues, de indudable utilidad en el que Handke ha insistido hasta el final con un argumento que habla por sí solo: «Nadie sabe lo que ocurre en Kosovo, puesto que nadie puede entrar allí». Poner en tela de juicio los procedimientos informativos de las partes enfrentadas en un conflicto bélico, es la base de cualquier investigación seria. Resulta difícil de comprender que en las guerras yugoslavas se haya recelado tan poco de la versión dada por los gabinetes de prensa croatas y musulmanes o de la OTAN, mientras se dudaba automáticamente de los datos proporcionados por los serbios. Ésta es una de las conclusiones a las que también llega la periodista norteamericana Diana Johnstone en su estudio ‘Fools’ Crusade. Yugoslavia, NATO and Western Delusions’ [La cruzada de los necios. Yugoslavia, la OTAN y los engaños de Occidente] [ 1 ], donde somete a un riguroso análisis las fuentes y los métodos de información de ambos lados. La autora estima urgentemente necesario «llamar la atención sobre aspectos de las crisis y los conflictos yugoslavos que fueron distorsionados o pasados por alto en los comentarios habituales». Johnstone, conocedora de las intrincadas circunstancias yugoslavas desde los años 50, relaciona en su libro la maniqueísta presentación mediática del conflicto yugoslavo con el intento de EE.UU. de extender su hegemonía en Europa, rehabilitando para ello la guerra como instrumento político aceptable. Contra este intervencionismo agresivo, Johnstone se ha propuesto indicar otra perspectiva: «Puesto que el prejuicio general ha sido manifiestamente anti-serbio, es inevitable hacer un esfuerzo para recuperar un equilibrio justo (…). Lo único que podría haber provocado una simpatía especial hacia los serbios es el hecho de que fueron sometidos en los últimos años a una campaña extraordinaria de calumnias racistas por parte de los comentaristas y políticos en los países de la OTAN».

Motivos muy similares inducen a Handke en otoño de 1995 a trasladarse a Serbia. Le guía un sentido de justicia compensatoria: «La verdad era que casi todas las imágenes y reportajes de los últimos años venían de un lado de los frentes y de las fronteras». Y el escritor desconfía del valor testimonial de las imágenes de la guerra: «¿Qué sabe aquel a quien, en lugar de la cosa, sólo se le deja ver la imagen de ésta, o, como ocurre en las noticias televisadas, un extracto de la imagen, o, como ocurre en el mundo de las redes de telecomunicación, un extracto de un extracto?». No está de más tener presente que Handke, aparte de una visita relámpago en los años setenta, nunca antes había estado en Serbia. Su vínculo era con Eslovenia, región de origen del abuelo materno, que había conocido gracias a múltiples excursiones a pie. Esta afinidad subyace en su implicación empática en la guerra de secesión de junio de 1991, descrita en Despedida del soñador del Noveno País, donde cuestiona las bondades del violento desmembramiento, por meros intereses económicos, de una federación de estados dotados de un amplio grado de autonomía.

La acusación de Handke a la prensa internacional de haber avivado, con la mentira de la «cárcel de pueblos de Yugoslavia», los resentimientos de las prósperas regiones septentrionales, Eslovenia y Croacia, contra las regiones económicamente deprimidas del sur, fue rechazada ya entonces como la aberración de un excéntrico sentimental. Frente al posterior alegato literario del autor contra los planes de intervención militar en un estado soberano, se orquestó una verdadera campaña de descalificación. Pero ‘Un viaje de invierno…’ no demuestra el supuesto partidismo de Handke a favor de los serbios; más bien da cuenta de un descubrimiento: el asombro de quien se impregna por primera vez de las sensaciones de un lugar. En este punto, sin embargo, el relato, igual que los otros «informes », revela sus límites: el diario de viaje entra en abierta colisión con la crónica. Al introducir un yo lírico, Handke desvía la atención de los hechos a sí mismo. Y, si bien su gran permeabilidad a las bellezas del país y a las costumbres autóctonas dan cuenta de una admirable llaneza y sensibilidad, el generoso espacio que les dedica revela al mismo tiempo cierta enajenación poética. Harto como está el narrador de la frialdad y monotonía del mercantilizado mundo occidental, llega a desear «que el aislamiento del país -el aislamiento, no la guerra- perdurase; que perdurase la inaccesibilidad al mundo de la mercancía y del monopolio».
 
Con todo, se cumple el propósito de Handke de estar en el lugar de los acontecimientos y buscar testimonios espontáneos. El viajero se deja llevar por el itinerario de visitas a los familiares de sus dos acompañantes serbios, que le conducen de Belgrado a la Serbia oriental y después a la frontera con Bosnia; no, sin embargo, a las zonas de combate. Tampoco son éstas la meta del viaje, ya que se busca la realidad más allá de las imágenes efectistas de la guerra. Antes bien, el libro recoge lo que no se sabe, lo que no se comenta y lo que no se percibe de la guerra en Serbia. Handke se fija en lo que él llama «terceras cosas» o -según una expresión de Edmund Husserl- «el mundo de la vida», con la intención de dejar entrever el desmoronamiento de este mundo; habla emocionado con los parientes de sus acompañantes, con camareras y escritores, para dar una idea de la presión psicológica que soportan los serbios, por verse aislados del resto del mundo y saberse proscritos como pueblo asesino. Esta implicación personal, sin embargo, impide una apreciación objetiva y causa finalmente un efecto contrario: la realidad impuesta por la guerra en Bosnia y Croacia queda relegada a un segundo término.

En este sentido, probablemente el autor haya errado su objetivo. ‘Un viaje de invierno’ y sus sucesores demuestran que no por estar más próximo al corazón un testimonio es necesariamente más fidedigno o revelador. No obstante, las cuestiones que plantea Handke siguen siendo válidas: la llamada a la reflexión; la petición de justicia para Serbia, con la atención a los antecedentes históricos del conflicto; la denuncia del «veneno verbal» de los corresponsales de los grandes periódicos extranjeros y de la ceguera partidista de la generación del 68, que asocia automáticamente buenos y malos con musulmanes y serbios. La mayoría de los comentarios sobre los cuatro relatos de viaje no valora estas reivindicaciones elementales y se limita a cebarse con el subjetivismo poético de su autor.
 
Esto ocurre también con ‘Apéndice de verano para un viaje de invierno’, un texto que sirve a los detractores de Handke la crítica negativa en bandeja de plata, al reconocer el autor las consecuencias perjudiciales de sus buenas intenciones: con la publicación de ‘Viaje de invierno…’, los interlocutores de su visita anterior, cuyas identidades reveló, quedaron peligrosamente expuestos por las opiniones expresadas. No obstante, el apéndice al primer viaje serbio aporta una nueva ristra de observaciones significativas para aclarar las causas y la índole del conflicto, aparte de que ofrece una visión diferenciada de los nefastos corolarios de la guerra. Handke dirige la mirada del lector a las ruinas quemadas de un pueblo saqueado; a las laderas peladas de árboles, talados por una población sin recursos para calentar sus hogares; a los plásticos omnipresentes en las casas de la antaño elegante Srebrenica, que hacen las veces de ventanas y puertas. Y le conduce al cementerio, el único lugar de Visegrad donde existe algo parecido a la vida social, ya que es allí donde la gente se reúne los domingos para llorar a sus muertos.

Ciertamente, el relato de lo que Handke llega a ver en Bosnia Herzegovina es elíptico, y lo es todavía más en ‘Preguntando entre lágrimas’, donde se acerca a la Serbia bombardeada por la OTAN en primavera de 1999. Pero, justamente porque la guerra permanece invisible en casi todo el texto, es enorme el impacto de la descripción de la espantosa destrucción que ha dejado tras de sí y de la miseria de los supervivientes. Ante la evidencia de su padecimiento, Handke no separa a los supervivientes por bandos, ni diferencia entre víctimas y verdugos. Deja hablar a los refugiados de su desesperada situación, sin juzgar ni atribuir culpabilidades. Y, precisamente, esta actitud humanitaria de respeto indiferenciado ante el dolor ajeno, de no querer juzgar, convierte al narrador en inclasificable y por tanto en sospechoso de simpatizar con un bando. Handke es consciente de los peligros de no adherirse al pensamiento en blanco y negro; sabe que tiene que prevenirse contra posibles acusaciones de partidismo proserbio, y esto ha saturado el texto de un sarcasmo dolorido, presente en las autocensuras retóricas tras cada acto de compasión ante un destino desgraciado: «(¡Atención: hablar del servicio religioso en Srebrenica, de los serbios de Sarajevo que se encuentran huidos, sin trabajo y perdidos desde hace años, significa negar la "masacre" y el "genocidio"!)».

La necesidad de defenderse de antemano es omnipresente en ‘Preguntando entre lágrimas’. El fracturado flujo de pensamientos y asociaciones sobre el bombardeo de Serbia por las fuerzas de OTAN, en la primavera de 1999, se interrumpe a menudo con las respuestas anticipadas a los críticos: « (¡Atención: mística antirracional!) », comenta de sí mismo cuando describe, sobrecogido por tanta belleza en medio de la destrucción, un paisaje que le parece «tendido en silencio» «como en una oración». Mirando el conjunto de los textos escritos en torno al tema yugoslavo, se observa una paulatina desestructuración del discurso y un pathos creciente que refleja la progresiva irritación de un autor cada vez más atacado y aislado públicamente. Algo parecido ocurre con sus pronunciamientos sobre los serbios y Slobodan Milosevic: acorralado por los reporteros y probablemente llevado por la agitación del momento el escritor se ha visto empujado a hacer afirmaciones de las que después se ha arrepentido.

Obviamente, Handke no ha solucionado el problema de la representación inequívoca de la realidad. Él lo aborda como escritor, reservándose el derecho de introducir el factor estético, puesto que considera que con su mirada poética sobre el país y sus gentes añade un elemento de reconciliación. Pero, como en cualquier creador de calado, la estética implica una ética, a la que Handke apela explícitamente, exigiendo de los medios de comunicación y de los políticos un lenguaje más exacto. Reclamar seriedad profesional, abogar por una postura reflexiva, frente a los poco escrupulosos procedimientos de la omnipotente máquina mediática, todo esto tendría que ser acogido y apoyado por el sentido común. Y aunque no todo el mundo esté convencido de la pertinencia de su aparición en el entierro de Milósevic, nadie le puede reprochar a Handke el haber defendido un principio básico del derecho: insistir en la inocencia del acusado mientras no sea declarado culpable.

Ésta fue la motivación de su visita, en 2002, al Tribunal Internacional para la antigua Yugoslavia en La Haya, recogida en ‘Alrededor del Gran Tribunal’. Para Handke, estar atento a la actuación de la justicia y dar testimonio de ella, es una responsabilidad del escritor. «¿Y no es de él, de Franz Kafka, aquella frase de la novela ‘El proceso’: "Todos los acusados son hermosos?" -¿Testigo no sospechoso? ¿Dónde está escrito que Kafka, el escritor, sea un testigo no sospechoso? ¿Existe un testigo más sospechoso que aquél, un escritor? ¿Se sigue hoy tomando en cuenta al escritor, en el sentido que sea?».
 
Desde el comienzo de las guerras en Yugoslavia, Peter Handke ha criticado el papel de los países de la OTAN -y especialmente de EE.UU, Alemania, Inglaterra y Francia- en el despedazamiento de un país unido tras la resistencia contra el fascismo, con el consentimiento de la izquierda europea. Ha cuestionado la legitimidad, y sobre todo la imparcialidad, del tribunal internacional de La Haya. Los intentos de castigarle por su denuncia, acallándole con difamaciones de todo tipo, culminaron en la retirada del Premio Heinrich Heine. La pregunta sobre el valor social del escritor actual, resulta, ante estas reacciones, más que oportuna. ¿Sólo se le consiente aportar sus gracias artísticas, pero no que rompa el consenso político? Así la literatura se reduce a mero entretenimiento. El encarnizado rechazo de la disidencia de Handke ha mostrado que ya no se valora la función del escritor de alertar contra las falacias y los abusos. Aunque esto sea todavía algo tan intrínseco como ineludible para el arte literario.


July 9, 2009

La palabra hacia afuera de JOSÉ-MIGUEL ULLÁN

 Ullán

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Un artículo de David Medina Portilla
en la revista Letras Libres 

June 12, 2009

ESPEJISMOS / ‘Tócame la ocarina”‘

 ocarina-iPhone

Así empieza la columna publicada este jueves en EL MUNDO DE LEÓN
(y van 61):

TÓCAME LA OCARINA

"La imaginación reina en el ciberespacio, y hay trabajo"

(Dedicado a Alex)

El dinero no dará la felicidad pero un iPhone puede cambiar tus días, tanto o más que un nuevo amor. ¿O dice alguien que no? Ayer asistí con el aparatito de un amigo a un concierto de ocarina, a nivel planetario, absolutamente increíble. Me sentí como una vagabunda azul en medio del universo interestelar, mirando el mundo desde arriba, y escuchando sonidos únicos. Sonaba una ocarina en Nueva Zelanda, y otra respondía melodiosamente desde la Patagonia, y luego otra desde Irlanda, y así por todo el globo terráqueo, a vista no ya de pájaro sino de Google Earth, que es mucho más amplia. Flipé. Y lo que me pareció aún más fantástico: el propio iPhone se convertía en ocarina (con sus agujeros virtuales, y hasta una boquilla invisible en una esquina, por la que había que soplar para que sonara) o … ¡en cualquier otro instrumento musical! con sólo bajarse la aplicación correspondiente. Además, para participar directamente en ese tipo de diálogos musicales intercontinentales, no necesitas más que registrarte. Y ya está.
(…continúa en EL ESPEJISMO DE LA GALBANA)

 

May 31, 2009

La curiosidad de MARGARET ATWOOD y la crisis económica

 Margaret Atwood

(…) Ahora esta mujer menuda e intrépida, que pasó la primera infancia en los bosques boreales de Canadá, ha escrito un tratado breve sobre las deudas, los préstamos, las hipotecas, los plazos que se cumplen, los intereses que se acumulan y no pueden pagarse —Payback: Debt and the Shadow Side of Wealth—, y nada menos que un crítico del Financial Times asegura que es una explicación clara y precisa de la catástrofe económica en la que nos encontramos. Banqueros experimentados, premios Nobel de Economía, doctores de Harvard, líderes mundiales, genios de la creación de modelos matemáticos computerizados, han llevado al mundo a una ruina cuya escala todavía no conocemos. Está bien pues que una escritora armada sólo de curiosidad y talento nos recuerde en menos de doscientas páginas una sabiduría que es tan antigua, tan universal, tan enraizada en la mente humana que ni siquiera le pertenece en exclusiva a ella. (…)

ANTONIO MUÑOZ MOLINA
(‘Cuento de la deuda y la hormiga’, en Babelia)


May 28, 2009

ESPEJISMOS / ‘La invisibilidad del ángel’

 
Una nueva columna de opinión, como todos los jueves, en EL MUNDO DE LEÓN, dentro de la sección EL ESPEJISMO DE LA GALBANA. Esta semana se la dedicamos a JOSÉ-MIGUEL ULLÁN.

JOSÉ-MIGUEL ULLÁN
La invisibilidad del ángel

"Y tu cuerpo / tu miércoles / tu clase / Todo se irá arreglando / tu mechón de cabellos…". Estos versos de José-Miguel Ullán durante mucho tiempo presidieron la pared de nuestra habitación de estudiantes, en Madrid, bajo un dibujo de Carlos Suárez. Comenzaban los años 80, leíamos de aquella ‘El placer del texto’, de Barthes, ‘Descripción de la mentira’, de Gamoneda, ‘Punto cero’, de Valente… y Ullán no dejaba de ser un mito poético ya entonces (’Maniluvios’, ‘De un caminante enfermo que se enamoró donde fue hospedado’…), y eso que no sospechábamos siquiera lo que aún estaba por llegar de su pluma a contracorriente.
   Es curioso lo mucho que pueden llegar a dar algunas personas, recibiendo tan poquito a cambio. Lo comentaba la poeta Amalia Iglesias: "Ullán siempre abrió puertas a los demás, y se quedó del otro lado. Como le pasó a Juan Larrea con la generación del 27: ni Lorca, ni Dámaso Alonso, ni tantos otros hubieran llegado a ser lo que fueron sin la figura y el ánimo de Larrea".
   Se fue Ullán el sábado por la noche, tan callando, sin haber recibido un sólo premio importante, aunque él fuera mucho más importante que todos los premios de literatura juntos, incluidos el Cervantes y los Nacionales de Literatura (que algunos grandes poetas alcanzaron, entre otras cosas, gracias a él). Por no hablar del Castilla y León de las Letras, en cuya nómina se le ignoró como si hubiera nacido en México –país con el que tendió tantos puentes– en lugar de en una pequeña aldea salmantina.
   En Castilla y León estuvo estrechamente vinculado a los poetas de ‘El Signo del Gorrión’ (Miguel Casado, Olvido García Valdés, Carlos Ortega, Ildefonso Rodríguez, Gustavo Martín Garzo, Esperanza Ortega, Miguel Suárez, Tomás Salvador González, Luis Miguel Marigómez), revista que ilustró durante sus casi 30 números, y en la que siempre se notó su mano.
   A mí me regaló complicidades y un ondulado haiku, entre cartas, libros y dibujos: "Liquen rehúsa / ese amor que no atisba / por donde aún nunca". Y me enseñó que la poesía (su poesía) conduce a lugares no habitados todavía.

 ELO

May 25, 2009

‘Los desastres de la Guerra’, el blog imprescindible de GERVASIO SÁNCHEZ

 Los desastres de la Guerra, el blog de Gervasio Sánchez

Estos son los últimos cuatro artículos que ha publicado el reportero GERVASIO SÁNCHEZ en su blog ‘Los Desastres de la guerra’, que empezó el 1 de enero de 2009 en homenaje a Francisco de Goya.
Un blog ubicuo y con dos presentaciones distintas, ya que además de su vínculo con el diario Heraldo de Aragón, también tiene un sitio
en soitu.es. Los textos van acompañados de fotografías suyas.

    Gripe, mentiras y juegos de video tiene que ver con la escandolasa cobertura de la mayoria de los medios de comunicación sobre la gripe avial.
    Secretos que matan y Mercaderes de la Guerra y la Muerte tienen que ver con el vergonzoso mercadeo de armas de nuestro país con una asombrosa implicación de la inmensa mayoría de los bancos y cajas de ahorro.
    Militares encadenados a sus ministros está dedicado a la actitud del ex ministro de Defensa, Federico Trillo y las componendas en el interior de ese ministerio.

 

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IMPRESCINDIBLE DE VERAS


May 1, 2009

ESPEJISMOS / ‘Se te escapa entre alondras…’

 

http://islakokotero.blogsome.com/images/1-ppereira-retrato-encarnacin-campesino.jpg

La columna de este jueves
está dedicada a Pereira:

Se te escapa entre alondras…

DE LA misma forma que hay palabras capaces de envenenarnos, también existen las palabras que curan. (Sustituir ‘palabras’ por ‘personas’). (…)

(Sigue leyendo en… EL ESPEJISMO DE LA GALBANA)

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(El retrato de arriba ha sido realizado por la profesora Encarnación Campesino, y será la portada de la Revista-Homenaje a Antonio Pereira del IES Juan del Enzina de León).

April 26, 2009

ANTONIO PEREIRA: ‘La divisa del seductor’ / por ERNESTO ESCAPA

Un retrato de Antonio Pereira, por el pintor ÁLVARO DELGADO
ANTONIO PEREIRA:

LA DIVISA DEL SEDUCTOR
    por ERNESTO ESCAPA
Publicado en EL MUNDO DE LEÓN (26-4-09)

En torno al pasado San Froilán tuvo lugar en León el octavo Congreso Nacional de Escritores, que incluyó en su programa un merecido homenaje a Antonio Pereira. Yo aproveché mi turno en aquel encuentro para señalar la seria anomalía de que el maestro del relato literario siguiera sin el reconocimiento de un Nacional de las Letras a su trayectoria. Hubiera sido el primer cuentista en recibir el galardón, pero otra vez la muerte anduvo más lista que los jurados. Despidió el siglo con el Premio Castilla y León de las Letras, que se sumaba al Fastenrath de la Academia, al Leopoldo Alas y al Torrente Ballester. Pereira empezó a publicar cumplidos los cuarenta y nos deja, en cifras cabales y redondas, veinticinco libros de prosa y diez de versos. Además de un legado de bonhomía y de un inmenso caudal de afectos.  

Antes de la eclosión de la literatura leonesa, formó parte de la trilogía de escritores que protagonizó nuestro León de las nostalgias, junto a Crémer y Gamoneda. Fue lo que tuvimos, felizmente. Un poeta curtido en todas las batallas, como Crémer, y dos escritores de pujante madurez. En aquel escenario provincial Pereira fue emergiendo como un consumado seductor. Sin ruido ni alharaca de premios altisonantes, hizo una obra modélica zurcida con monástica paciencia.  

Pereira encontró en el cuento la horma para ajustar el hilo a la cometa de su fantasía. En esta distancia corta, el humor del noroeste, la tierna ambigüedad, el episodio menudo, la confidencia coloquial y un tenue erotismo, que el autor registró con patente diocesana, encuentran su expresión más eficaz. Es un escenario fugaz pero inolvidable, que concilia la difícil alianza entre imaginación y realidad, modelado con sutileza de orfebre en el manejo de la palabra. Como cuentista, Pereira ocupa pedestal de clásico.   

Después de un volumen primerizo de relatos, con el que obtuvo el premio Leopoldo Alas a mediados de los sesenta, Pereira alcanzó su madurez en El ingeniero Balboa y otras historias civiles. Luego depuró el oficio a lo largo de tres décadas, que dieron para siete libros más de relatos y otras tantas antologías. A menudo transitan por los relatos sus cómplices de aventura literaria, desde los más cercanos a los dioses mayores. Y tantos episodios de una memoria traviesa, que nos deleita con destellos de gracejo, a la vez que muestra la cartografía de sus afinidades y pasiones más íntimas. En la narrativa breve Pereira exhibe una singular destreza para destilar asombros en su pupila de viajero que ha tocado todos los cabos. También cultivó el apunte memorial en un par de libros magníficos, sofocados por su edición en la provincia. 

Autor de cinco libros de poesía, publicó tres novelas: la última y más valiosa, País de los Losadas (1978). En Meteoros (2006) reunió y puso en valor su obra poética. Sus tres primeros libros del género cultivan los oficios familiares, los viajes cercanos, la amistad derramada, la nostalgia y el entrañamiento. Dibujo de figura (1972) ofrece signos de un tono crítico imprevisto: "Ya sabía que un muerto no es gran cosa / en una edad de tapias y cunetas". La depuración expresiva, la cadencia narrativa y coloquial, la renuncia a la rima, parecen conducir al silencio del poeta. Viva voz abrocha su obra lírica con una miscelánea de apuntes, complicidades y tributos de amistad.

ANTONIO PEREIRA, entrañable y humano / por ANTONIO COLINAS

Antonio Pereira
Antonio Pereira:
Entrañable y humano

      por Antonio Colinas

Con la muerte de Antonio Pereira se me va un entrañable amigo y un maestro literario. Lo apreciaba muy especialmente porque él estuvo muy cerca de mis orígenes como escritor: sobre Pereira escribí a los veinte años mis dos primeras críticas literarias: sobre su libro de poemas ‘Del monte y los caminos’ y sobre su libro de cuentos ‘Una ventana a la carretera,’ que había recibido el Premio Leopoldo Alas por aquellos días. Pereira también fue el presidente del jurado que me concedió, inesperadamente, mi primer premio literario, que supuso para mí un enorme estímulo para reafirmar mi vocación.
En Pereira hemos tenido los escritores leoneses que vinimos detrás seguramente a nuestro primer maestro, acaso por esa inconfundible bonhomía por la que se hacía querer especialmente y por la sensibilidad especial que en él se dio para el verso y para la prosa, para el lirismo y para el fino humor. Persona y obra revelaban muy bien y por igual una personalidad genial y un carácter muy humano. También por ello fue reconocido, y lo será más a partir de ahora, como el primero de los cuentistas o fabuladores españoles.
Esa amistad muy antigua me lleva a decir que, en buena medida, me formé en los poemas y en la prosa de este autor, al que, años después, trataría mucho en Madrid, en las tertulias literarias del Café Gijón (la que presidía Gerardo Diego), y en la de la revista Ínsula (la que animaba José Luis Cano).
Estuvo también Pereira muy cerca de nuestra familia en esos momentos más sencillos de nuestra vida, pero que mucho cuentan entrañablemente: por eso, lo recuerdo también de manera especial, a él y a Úrsula, acompañándonos en mi ciudad, en La Bañeza, cuando ponían mi nombre a una plaza o me reconocían mis paisanos con alguna comida popular. Había en él una fidelidad muy noble, una gran humanidad y una sensibilidad muy del noroeste, muy leonesa, muy nuestra.

April 17, 2009

Los ESPEJISMOS de Elo / ‘aDios Maravedí’

 Nueva columna de opinión (y van 53) en EL MUNDO DE LEÓN,
en la sección EL ESPEJISMO DE LA GALBANA

"aDios Maravedí"

"Se sabía en las polvorientas colinas áticas / que la ciudad debería estar llena de templos erigidos / a la gloria de los dioses y de los héroes inmortales / porque Platón (en ‘Las leyes’ 891-a) / y Aristóteles (en ‘Metafísica’, 1074-b) / habían avisado de que era conveniente su culto / para el sometimiento de las turbas al imperio del Estado, / y para consolidar tardes de vino e higos en la certeza inmutable".
Los versos de Méndez Ferrín revelan cuán poco han cambiado las cosas en los últimos 2.500 años.
Cambiaron los dioses, no su función: "Someter a los ciudadanos al imperio del Estado". (…)

(…sigue leyendo en EL ESPEJISMO DE LA GALBANA)

 

April 10, 2009

AMANCIO GONZÁLEZ, AMANDO CASADO y HÉCTOR ESCOBAR retratan a los autores leoneses

 

De izquierda a derecha, los bustos de García Yebra, José María Merino,
Gamoneda, Pereira y Crémer, realizados por Amancio González.
© Fotografías de Javier Gutiérrez-LAFOTOTEKA


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ESCULTURA, LITERATURA, FOTOGRAFÍA


Merino posando frente a Héctor Escobar y Amancio. © Fotografía de AMANDO CASADO
Merino posando con Amancio. © Fotografía de AMANDO CASADO
Arriba, Merino posando frente a Héctor Escobar y Amancio.
Debajo, Amancio modelando el busto del escritor.
© Fotografía de AMANDO CASADO


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TINTA, BARRO Y LUZ PARA LETRAS DE ORO

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El escultor Amancio González Andrés,
el fotógrafo Amando Casado
y el editor Héctor Escobar
retratan a los grandes autores leoneses

Por Eloísa Otero
(Publicado en EL MUNDO DE LEON, hoy 10 de abril de 2009)

Antonio Gamoneda, posando para Amancio. © Fotografía de AMANDO CASADO
Antonio Gamoneda contempla su busto, junto a Amancio. © Fotografía de AMANDO CASADO
Antonio Gamoneda posando (arriba) y contemplando más tarde
el busto salido de las manos de Amancio.
© Fotografía de AMANDO CASADO

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En el estudio de Amancio González Andrés, en Lorenzana (León), bulle la vida. El escultor suele tener compañía mientras trabaja, ya que por allí siempre aparece alguien que quiere aprender a modelar o tallar la madera… Pero últimamente también desfilan por el taller otro tipo de personajes. Hace unos meses Amancio decidió enfrentarse a un nuevo reto: retratar en barro a los grandes escritores y literatos leoneses. Y llamó a dos buenos amigos para ver si se unían al proyecto: el fotógrafo Amando Casado y el editor Héctor Escobar. Ambos le dijeron que sí, absolutamente encantados.

De ese encuentro salió un ilusionante proyecto artístico, que se materializará en una exposición y en la publicación de un libro de gran formato, coordinado por Héctor Escobar. El resultado final incluirá los bustos (en barro y, si es posible, en bronce) de los grandes autores leoneses, realizados por Amancio, acompañados de fotografías tomadas por Amando Casado (un auténtico mago con la luz). A cada uno de los autores seleccionados, además, se le está pidiendo que se autorretraten de manera literaria.

Tanto Amancio como Amando Casado intentan reflejar, con el barro o con la cámara, la personalidad y el carácter de cada retratado.

"Para mí es un verdadero reto", explica Amancio. "Es la primera vez que hago retratos en barro, y quiero aprovechar para acercarme todo lo que pueda al rostro, a las huellas que ha dejado en cada uno el paso del tiempo, para luego interpretarlo. Quiero despojarme de lo anecdótico, ir a lo esencial. No me interesan los rasgos caricaturizados, sino conocer el rostro, poder interpretarlo con libertad y frescura, contando más con la intuición escultórica que con la habilidad manual".

De momento tiene ya cinco bustos en barro, alguno completamente terminado, como el de Gamoneda (que ha quedado clavado) o García Yebra, y otros todavía en proceso (Crémer, Merino, Pereira). Héctor, Amando y Amancio han viajado ya varias veces a distintos lugares para ir fotografiando al resto de los autores seleccionados que poco a poco irán pasando por el taller a posar: Eugenio de Nora, Luis Miguel Rabanal, Fermín Cabal, Elena Santiago, Mestre, Luis Mateo Díez, Antonio Colinas…

Mientras tanto, otro amigo, Diego Gorgojo, va tomando fotos de todo el proceso y realiza además los moldes en silicona que servirán para trasladar los bustos del barro al bronce.

"La lista de autores es larga, pero se trata de un proyecto a largo plazo. Nos interesa recoger a los grandes escritores leoneses en un momento histórico como éste, en el que coinciden en el tiempo tantas personalidades literarias de nuestra tierra con prestigio nacional e internacional. La literatura leonesa vive una época de oro, que tuvo su arranque en Antonio González de Lama y continúa con todo el caudal de autores jóvenes que han tomado el testigo, pero de momento no vamos a contar con los más jóvenes, ya que la lista de los veteranos es enorme", apunta Amancio.

El fotógrafo Amando Casado, por su parte, busca dibujar el rostro de cada retratado con la luz, en un proyecto muy personal, como cada uno de los suyos. "Desde el punto de vista técnico quiero hacer algo muy sencillo, con austeridad de medios y técnica fotográfica depurada. Retratos directos en blanco y negro, sin escenografía alguna, sin nada más que el rostro de cada personaje, centrándome en su parte expresiva. Creo que cada creador tiene su mundo, amplio y rico, y que eso se transmite, se deja ver. El reto es saber mostrarlo", reflexiona el fotógrafo.

 Antonio Colinas © Fotografía de AMANDO CASADO
Antonio Colinas. © Fotografía de AMANDO CASADO

Valentín García Yebra. © Fotografía de AMANDO CASADO

Valentín García Yebra. © Fotografía de AMANDO CASADO

Antonio Pereira. © Fotografía de AMANDO CASADO
Antonio Pereira. © Fotografía de AMANDO CASADO

Elena Santiago. © Fotografía de AMANDO CASADO
Elena Santiago. © Fotografía de AMANDO CASADO

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NOTA: Es una pena que en la edición en internet
no hayan metido las fantásticas fotos de Amando Casado.
La mayoría de las que publicamos aquí, por cortesía del fotógrafo,
sí salen en la página del periódico.

April 1, 2009

ESPEJISMOS / ‘Condones y capuchones’

 

Y como cada jueves, una nueva columna
en la sección EL ESPEJISMO DE LA GALBANA
de EL MUNDO DE LEÓN.

La de esta semana es la nº 51
y se titula ‘Condones y capuchones’

"Se diría que la Iglesia católica sigue obsesionada con el sexo (aparte de con celebrar el sufrimiento bajo capuchones, con atronadora y siniestra estética). ¿Qué otros temas usan para movilizar a sus correligionarios en los que no se encuentre implícito, de una u otra forma, el sexo? (…)".

March 26, 2009

ESPEJISMOS / ‘Lights in the Sky Theatre’


Y con esta columna de opinión cumplimos un año en EL MUNDO de LEÓN
y llegamos al ‘Espejismo’ nº 50
¡Ole!

‘Lights in the Sky Theatre’

"Entré en el viejo teatro por la parte reconvertida en all-nighter, en homenaje a Los Flechazos y al Festival Mod. Atravesé el pasillo que daba al patio de butacas, envuelto de música chill-out. Subí por la escalinata imperial hasta la plataforma donde se iba a escenificar la antología de poesía alternativa española ’23 Pandoras’ (23 jóvenes poetas seleccionadas por Vicente Muñoz, y ojo que éste y otros libros se presentan mañana viernes en la buhardilla real del CCAN). Sobre la tarima fluía en holograma Inma Luna, leyendo su poema ‘Virtual Sex’: (…)".
Continúa en (haz click:) EL ESPEJISMO DE LA GALBANA

March 25, 2009

26-M / La pintora TERESA GANCEDO inaugura exposición en la Galería Ármaga de León


TERESA GANCEDO

Exposición en la Galería Ármaga
(C/ Alfonso V, nº6. León)
Inauguración: Jueves, 26 de Marzo de 2009, a las 20 horas
~
Reproducimos el texto escrito para el catálogo:
Un cuadro de Teresa Gancedo

ESCRITURA VERDADERA
~
PINTURA
VERDADERA
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    "Contarlo todo de uno mismo y, sin embargo, no revelar nada".
Peter Handke
 (Del libro Historia del lápiz)


“Mis obras no quieren ser ni críticas ni reflexivas;
sólo quiero constatar una realidad que ha estado,
está, o puede llegar a estar en este mundo nuestro,
una realidad que yo asumo serenamente
y que me gustaría mostrar como un cuestionario
lírico de la noción de la vida”.
Teresa Gancedo
(Discurso sobre la realidad. Exposición-Catálogo.
Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla. 1979)

~ ~ ~
“Te envío unas fotos de las obras que voy a exponer y te pongo por detrás lo que es cada cosa y lo que he querido hacer. Las tengo en un CD pero yo no me manejo con los ordenadores, prefiero así. También tengo una web, pero eso del correo electrónico no es lo mío…”. Al otro lado del teléfono la voz juvenil de Teresa Gancedo dibuja en mi mente un rostro optimista y enérgico, locuaz y vivaz. No la conozco, y cuando me pongo a calcular su edad (nació en 1937), no me cuadra.

Cuando a los pocos días llegan las fotos en un sobre, por correo ordinario, eso de “te pongo por detrás lo que es” se convierte en: “óleo sobre tela”, ‘El ángel’, “óleo sobre madera”, ‘Serie paisaje’, “dibujo 2009”, “dibujo sobre papel”, ‘Serie jardín’, ‘Serie Edén’, “óleo sobre tabla”…
Las fotos no son muy buenas, pero sirven para decirme que donde Teresa escribe y cuenta sus historias es en cada cuadro, en cada dibujo, collage, tela o madera repletos de cosas, incluso de objetos, inscritos en la pintura (huellas, signos, santitos, símbolos, flores, fotos desgastadas, árboles genealógicos, cuentos, búsquedas, sueños, recuerdos, reconstrucciones, jardines, islas, paisajes, mapas… ).
Cada obra parece contener un mundo lleno de historias que, como en la vida real, se entrecruzan y a veces provocan un ‘click’ en la mirada de quien se topa con ellas, cobrando un nuevo sentido. Cojo una lupa, para explorar mejor, y se me ocurre que para ver todo lo que vive y borbotea en cada una de estas pinturas hace falta algo más que un microscopio.

Aunque eso, la verdad, lo descubrí hace unos meses, cuando por primera me enfrenté a un cuadro suyo, en la Galería Ármaga, con el objetivo de escribir un pequeño texto para el libro León Palimpsesto.
Gonzalo Blanco, el editor, nos había propuesto, a Asunción Robles y a mí, que pensáramos en dos pintores leoneses representativos, para abrir y cerrar las páginas de ese bello libro. Por nuestros labios desfilaron unos cuantos, aunque rápidamente nos quedamos con dos. Ambas estuvimos de acuerdo en el nombre de un joven escultor, Amancio González, cuya ‘Vieja negrilla’ en la Plaza de Santo Domingo se ha convertido, sin duda, en la escultura más emblemática de la ciudad. Cuando nos pusimos a elegir al segundo, Asun, con brío de galerista, sacó del almacén un cuadro muy especial y me habló de una artista veterana, apenas conocida en su tierra, con una trayectoria laboriosa y singular: Teresa Gancedo. Una mujer, además. Y una creadora que puede presumir —aunque no lo haga— de formar parte del reducido grupo de pintores españoles que han expuesto en el Guggenheim de Nueva York, en cuya colección, por cierto, también figura obra suya. Eso sucedió en 1980, cuando Teresa tenía 43 años y una comisaria internacional (creo que fue la ‘curator’ independiente Margit Rowell) la seleccionó para la exposición colectiva ‘New Images from Spain’, en la que estuvo acompañada por otros ocho artistas pujantes, cada cual más inconformista, radical o experimental: Darío Villalba, Zush, Carmen Calvo, Guillermo Pérez Villalta, Miquel Navarro, Antoni Muntadas, el antropólogo y artista Serrán Pagán y Jordi Teixidor.

Pero antes, y también después, sucedieron otras muchas cosas. Indagando en su vida sorprende su trayectoria de artista insondable y en continúa evolución. Practicante, a su manera, de algo que el poeta Tomás Sánchez Santiago llama “las escrituras de la verdad”. Sin embargo, su obra quiere contar mucho más que el relato de una vida. Como ha señalado Corredor-Matheos, su propósito es ir más allá de lo real, pero la meta de su proceso creativo es plástica, “plástica pura”, aunque cargada de resonancias emotivas. “Nos hallamos en un plano artístico, donde lo humano ha pasado por cierta transmutación. [Aquí] las emociones se sostienen por sí mismas, hablan por sí mismas”.

Teresa Gancedo nació en León. Vivió su niñez y su juventud en el Madrid de la posguerra, hasta 1960. Casi no recuerda cuándo empezó a pintar, pero debió ser muy pronto. Cuando era pequeña, su familia veraneaba en un pueblo pequeñito, Tejedo del Sil, en la comarca de Laciana. Allí, en el entorno de sus abuelos, en aquél mundo que ya no existe, Teresa asistía a las procesiones y romerías religiosas que se sucedían en la época estival, y que solían terminar en la ermita de San Lorenzo, patrono del lugar. Esas procesiones en las que participaba todo el pueblo impresionaron muchísimo a aquella niña, y dejaron una huella imborrable en su pupila y en su corazón. Quizá por eso gran parte de su obra gire en torno a la iconografía religiosa cristiana.
"Medio religiosos, medio paganos; medio festivos, medio tristes". Así ha definido ella misma sus numerosos cuadros de iglesias, santos o cementerios. Eso sí, nada lúgubres. Esta especie de obsesión no es nada peligrosa. "Soy agnóstica", afirma.

En 1960, con 23 años, se traslada a Barcelona. Allí estudiará Bellas Artes, ya casada y con hijos pequeños. Al terminar la carrera (en la que estudia de todo: pintura, grabado, escultura…) le darán la Medalla de la Facultad en Dibujo, aunque ya antes había empezado a obtener algunos premios. Su primera exposición se remonta a 1972 y tiene lugar en su tierra natal, nada menos que en la Sala Provincia que entonces dirigía el poeta Antonio Gamoneda. Teresa recuerda cómo Gamoneda, con su visión crítica y su capacidad de apostar por los artistas más interesantes del momento, consiguió convertir aquella sala de la Diputación en un referente artístico fundamental en la España de la época.

A partir de ahí realizará muchísimas exposiciones, no sólo en España sino también en Europa y América (Lisboa, Oslo, París, Italia, México, Estados Unidos…). En 1982 se convertirá además en profesora de la Facultad de Bellas Artes de Barcelona, donde escribirá su tesis —sobre Pintura Religiosa en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona— y donde, tras opositar para obtener su plaza, trabajará hasta su jubilación, hace un año, sin renunciar nunca a sus proyectos creativos.

Pero recordemos algo de lo que escribió Gamoneda, a propósito de su exposición de 1972 en la Sala Provincia:
“El trabajo plástico de Teresa Gancedo viene definido, según mi opinión, por la presencia de un constante lirismo; lirismo que pertenece tanto al propósito temático como a la manera, a la delicada y cuidadosa organización de sus signos plásticos. Empleo el término “signos” con deliberación, ya que los dibujos de Gancedo, aspecto de su obra que mejor conozco, tienen cierta condición legible, lo que es tanto como decir una disposición sígnica. No se trata solamente de que cada obra sea propuesta como un valor significante, que sí lo es, sino de que, por su naturaleza, también los datos parciales de la obra conllevan, de alguna manera, aspecto y función de “escritura”. Desde esta observación, su trabajo aparece no influido pero si relacionable con los rasgos que presentan las artes orientales: el gusto y la sensibilidad llevados a los detalles menudos; la levedad de las coloraciones sobre el trazo dibujístico y una concepción aérea del espacio pictórico (…)”.

O recuperemos también un pequeño fragmento del texto de Antonio Colinas para una exposición de la artista en 1990, en León (a donde ella ha seguido regresando, cada cierto tiempo, para exponer):
“Cambia el mundo y se transforma —creemos nosotros que se transforma— pero, en lo esencial, siempre es el mismo. Y son siempre los mismos los seres humanos, que leen en cielos, en ruinas, en campos. Teresa no cesa de leer en ellos para apresar su eternidad: en plantas, en pájaros, en animales humildes, en tierras espesas, en luces pastosas. Vírgenes, ángeles, rostros bíblicos o cristianos fundidos con lo pagano para expresar la dualidad inevitable. ¿Escenas recién salidas de un purgatorio o acaso de un infierno dantesco? ¿Quizá de un espacio celeste? No confirmaría yo esta última posibilidad. Puede más la vida en los cuadros de Teresa, el instante tenso, de espera. Hay demasiada materia y experiencia en esta pintura”.

La trayectoria de Teresa Gancedo está ahí, y la interpretación de su obra, como la de toda obra abierta, no se agota en una mirada. Ella continúa pintando y buscando, en continua evolución, como siempre. Buena muestra es esta exposición en Ármaga, con una selección de sus últimos trabajos. Y ahora, como en 1979, cuando colgó en el Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla la exposición titulada Discurso sobre la realidad, también pueden darse por válidas estas palabras del texto que le dedicaron, en aquel catálogo, Isabel Claver, María José Pérez y Francisco del Río:
“Más que hacer una crítica objetiva de la realidad, [Teresa Gancedo] nos la muestra subjetivada, conjugada con su inconsciente, su experiencia, en definitiva su bagaje existencial, actuando libremente como un poeta”.

Así que es todo un honor, para mí, presentar este pequeño catálogo y tener la oportunidad de conocer a la artista que está detrás de esta obra narrativa y singular, personalísima. Otros poetas (Gamoneda, Colinas…) la han descrito mejor. Y grandes críticos de arte de este país (Javier Hernando Carrasco, Francisco Calvo Serraller, Gloria Moure, José Corredor-Matheos…) han dicho cosas que yo no sabría expresar. Gracias a todos ellos pude componer este pequeño texto, para ilustrar el cuadro que aparece en el libro León Palimpsesto, y que me gustaría reproducir aquí, bajo estas líneas. En el libro Gonzalo Blanco lo maquetó de tal forma que a Teresa le pareció un poema. Y así he preferido dejarlo, incluyendo alguna cita más de otra grandísima artista del siglo XX, la zamorana Delhy Tejero, alguien que llenaba sus libretas atropelladamente con reflexiones como ésta que, con toda seguridad, Teresa Gancedo suscribiría: “Lo único que puedo agregar como prueba de mi sinceridad es que camino por todos los caminos andando paso a paso, y que si alguna vez intenté correr o aprovechar algún medio rápido de locomoción (plagio de aquí o de allá) no me sirvió”.


“Parecía una casa solitaria este gallinero y resulta que está llena
de pisadas, risas, suspiros y palabras de todo el mundo”.
Delhy Tejero

Teresa Gancedo, una artista prácticamente desconocida en su tierra,
logra volcar su mundo onírico y reflexivo, pero también su memoria,
en una obra que rebosa significados, color y plenitud.

En cada cuadro un universo, y en cada universo un sinfín de microcosmos
 plagados de historias apenas esbozadas en escenarios mínimos,
pero expresivos. Los personajes juegan con los símbolos,
danzan sobre paisajes sugeridos. Las pequeñas figuras dialogan
y componen fantásticos relatos en los que se cruzan miradas,
y se establecen sentidos.

A partir de signos y de símbolos muy personales, que confluyen
en una iconografía singular, la pintura de Teresa Gancedo
invita a imaginar mundos, a viajar por territorios inexplorados.
Empuja a deslizarse por dimensiones desconocidas
de esa otra realidad que a veces, sólo a veces, y como en un sueño,
logramos entrever en los adentros de un cuadro.


ELOÍSA OTERO
(León, febrero 2009)

March 8, 2009

‘La mujer trabajadora’, una columna de SUSANA BARRAGUÉS (con pequeño poema)

“Tengo miedo de ser esa mujer que se detiene un día, frente a los escaparates de unos grandes almacenes, y descubre que no se reconoce a sí misma en su reflejo. Tengo miedo de ser esa mujer que asustada, deja caer las bolsas de la compra por el suelo, y grita señalándose a sí misma en el cristal. Tengo miedo de ser esa mujer que se recompone, mira alrededor, recoge deprisa las bolsas de la compra, y deja tras de sí a una parte de ella misma enloqueciendo frente a su reflejo en el cristal. Tengo miedo de ser esa mujer que se aleja caminando de sí misma, comentando con desconocidos, ¿Has visto a esa mujer, que grita frente a su reflejo, como si no se reconociera a sí misma?” 

     SUSANA BARRAGUÉS (De ‘La campesina fascinada’)
~ ~ ~


LA MUJER TRABAJADORA

Lo femenino es símbolo de lo cóncavo. Así, desde el origen de los tiempos, la mujer ha sido asociada a cosas que contienen: recipiente, receptor, resguardo y protección, y también hogar, casa, cama, cazuela con garbanzos, destino, llegada, beso y vientre. Los primeros cultos del ser humano en su vibrante relación con lo celeste y los designios de lo incomprensible tenían que ver con la fertilidad, tal esas estatuillas de mujer de caderas ampulosas que eran utilizadas a modo de amuletos, o los exagerados vuelos de los vestidos de la corte de Luis XIV en Versalles, símbolo de fecundidad, buen parto y generación de muchos frutos.  

Ser recipiente, concebida para el porte y acarreo, el símbolo que obligaba a la mujer a cumplir con una ley antigua de almacén andante sigue vigente en nuestros días, y puede comprobarse con el sencillo ejercicio de sentarse en un banco de la calle y observar el flujo de transporte de las cosas: por todas partes se ven mujeres con bultos, bolsas de la compra, ropa y zapatos, bebés y biberones, bocadillos, maletas, flores, tuppers con lentejas y albóndigas. También fuera de las fronteras de nuestro primer mundo y hasta allí donde han visto mis ojos, las mujeres cargan con los bultos más insospechados sobre sus cabezas, kilos de ropa, cazuelas para limpiar y pilas de leña, siendo ese peso un buen indicador del estado de los derechos de la mujer en el planeta. 

Las bolsas de los ojos son otro tipo de bolsas con las que también cargan algunos de esos seres-recipiente, que por cuestión de matices, dejaré de identificar con “mujer”. Ojeras verdes y azuladas que son símbolos del otro peso, el del dolor de los otros. Dentro de un autobús siempre verás un ser-recipiente cavilando en secreto con cara de no haber dormido, tratando de resolver a saber vete a saber qué dilema porque se ha embebido del dolor de los otros, maridos, novias, hijos y desconocidos, sin que nadie se lo pida ni se lo agradezca.  

Cualquier cosa perfectamente innecesaria cumple el requisito de entrar en la bolsa de un ser-recipiente. No lo digo en broma, yo misma volqué sobre la repisa del conductor del autobús un secador del pelo, dos aguacates, un vieja cinta de cassete con villancicos que mi madre quiere pasar a mp3, tres botones, unos calcetines, un libro de poemas, un paraguas plegable, jarabe para la tos, y precisamente todo menos el monedero con el dinero del billete. En previsión de que algo pueda hacer falta cuando menos se lo espera, algunos seres cargan un surtido interminable de artilugios de cuidado, atención y detalle que sólo sirven para dar confort, atmósfera y sentido de intimidad a los espacios. Ese desmedida debilidad por lo inservible todavía se sigue asociando a la mujer como heredera de una larga tradición, en la que ella cargaba con todos los trastos por “si podían hacer falta”, para la comodidad y reconforte de todos.  

“Las leyes de lo real las escriben los hombres” dice la escritora Ángeles Mastretta. Cosas reales, a saber, los tendidos telefónicos, los raíles del tren, los peajes de autopista y los estadios de fútbol, las máquinas expendedoras de tabaco y el motor del coche, en general, muchos inventos útiles que han permitido ampliar conciencias y horizontes. Cosas no tan reales, ese vapor de sensaciones que producían los tapetes de ganchillo de las abuelas, la mercromina en las heridas, los remiendos en la ropa, las croquetas caseras de jamón y otro tipo de aportaciones que ya no son más de dominio exclusivo de la mujer, sino de cualquier individuo.  Mañana día 8 de marzo las científicas, maestras, jueces, ingenieras y escritoras celebran el día de la mujer trabajadora. Felicidades, por otro lado y además, para todos los seres que acarrean y alivian el peso invisible de lo cotidiano y la parte no real de la existencia.

SUSANA BARRAGUÉS
(Café con luz)

March 2, 2009

«La poesía siempre trae noticia de algo nuevo», una entrevista con SEAMUS HEANEY, por ANTONIO LUCAS

Seamus Heaney

SEAMUS HEANEY
(Poeta y Premio Nobel)

«La poesía siempre trae noticia de algo nuevo»

EL OFICIO. «La poesía debe ser una revelación, manifestar un pálpito de descubrimiento en aquello que nos viene a decir: de excitación, de estupor, de rareza»
LOS ORÍGENES. «La mía, la de Irlanda del Norte, es una cultura dividida, donde, a pesar de todo, no se pierde la cortesía. Pero lo peligroso repta por debajo de la superficie»
PROYECTOS. Está preparando un nuevo libro de poemas, ‘Human change’, sobre la experiencia de superar un infarto
~ ~ ~
Por ANTONIO LUCAS
(Entrevista publicada en EL MUNDO el 1 de Marzo de 2009)

En la mano hospitalaria aloja un vaso de cerveza este hombre alto, con envergadura de dolmen, que arrastra por todo patrimonio unos cuantos poemas memorables y el fulgor de un Premio Nobel. Visto así, en la pecera del Círculo de Bellas Artes, donde una vez más acudió a leer versos, Seamus Heaney extrema su aspecto de leñador, de campesino que no quiere perder del todo el mito profundo del campo, ese rayo de aroma, ese trueno de asombro que tiene la tierra adentro.
    Es un irlandés curtido en el momento más salvaje de Irlanda. Aquellos años en que silbaban las balas por las calles y la sospecha marcaba las cuatro esquinas de la convivencia. Diríamos que este hombre se construyó en el centro de dos fuerzas contrarias. Heaney es un producto genuino de Irlanda del Norte. Exactamente del condado de Derry, donde nació en 1939 al cobijo de una familia católica de pedigrí humilde, agricultores y tratantes de ganado. De aquel paisaje extrajo el poso mitológico de su poesía, y de la alquería con techo de paja donde pasó su infancia le viene el sustrato de humanidad que le desborda, esa energía hecha con la condición de la risa.
    Hay, en él, una fuerza de Nobel atípico. Debe ser esta cercanía de profesor bien entendida, o esa inteligencia que anula los méritos extraordinarios en favor de la virtud de una conversación que salta de un lado a otro marcada por la intuición.
    Aquel día de 1995 en que le ungieron con el galardón de la Academia sueca, Heaney andaba con unos colegas comiendo higos de pala en una remota isla de Grecia. Le llamó su hijo Christopher, le soltó el scoop como un ladrillazo y lo que vino después ya forma parte del mogollón de estos juegos florales. «No creas que he tenido una convivencia fácil con el Nobel. Uno se siente profundamente examinado. He pasado años casi negándolo, distanciándome de la idea del premio. Necesité levantar un refugio donde mis poemas siguieran siendo mis poemas, evitar las condiciones de todo tipo que impone un reconocimiento así… Pero ahora que han pasado tantos años lo voy aceptando mejor», ataja.

—La poesía como revelación.
—Sin duda. Para mí es importante que la poesía tenga ese sentido. Que manifieste un pálpito de descubrimiento en aquello que nos viene a decir, de excitación, de estupor, de rareza. Y a la vez debe llevar implícito un reto, como lleva en sí la sorpresa. Un buen poema es lo más parecido a la idea del viaje, a la experiencia del shock. Pienso, por ejemplo, en L’a tierra baldía’, de T. S. Eliot, un libro que es imposible entender ni sentir si no se aprecia esa conmoción permanente que lo impulsa, si no se siente en esos versos un golpe íntimo que te deja noqueado.

Seamus Heaney es hombre de poco gesto. Clava los ojos diminutos en el reborde que hace la prisa de la espuma dentro del vaso quieto y va desanudando conceptos, emociones, recuerdos y otras mercancías como quien rinde culto a los cinco sentidos de la memoria.
—Mira, hay poemas que te cambian la onda. Incluso los hay que te modifican la manera de escribir o de palpar el mundo con las palabras. Podría decirte ahora ‘Aullido’, de Allen Ginsberg, que alteró la música de la poesía norteamericana contemporánea. Eso sucede muy pocas veces, claro, pero si ocurre es cuando la poesía alcanza una de las cimas de su magia.

Empezó a trazar sus primeros poemas en el perímetro de la granja paterna, cuando aún el destino le ponía en la encrucijada de escoger entre cavar o escribir. «Mis vecinos en el campo siempre me decían lo mismo, Seamus escoge el lápiz, te será más útil que la pala. Y es mucho más ligero», apunta entre dos risas. Decidió aferrarse al verbo y empezó una formación regulada con becas que le permitieron enriquecer el barro primigenio del poeta que le aullaba dentro mostrándole un mundo más ancho que el que acogía el condado de Derry, en Irlanda del Norte.
—Pero de los viajes de formación, el más intenso fue el que realizó en 1970 a la Universidad de Berkeley, en plena revuelta estudiantil…
—Imagínese el contraste. Yo fui directo de Belfast a Berkeley. Es decir, salí de una ciudad que en aquellos años era un catálogo de muerte constante por el terrorismo del IRA, de asesinatos, de rencores y de venenos nacionalistas. Todo eso me marcó muchísimo. No era mi deber de escritor, era mi problema de ciudadano. Aquella sociedad de la que yo venía estaba gravemente enferma. Y salté al otro extremo, a un lugar donde también ciertos valores estaban en crisis, con la guerra de Vietnam al fondo, pero donde todo se cuestionaba. La sensación era que se podía luchar por algo. Y eso no lo tenía en mi tierra. Es decir, aquella gente tenía soluciones, mientras en Belfast sólo teníamos oscuridad. En Berkeley hallé esa excitación que va aliada a la idea de que la poesía puede colaborar a cambiar las cosas. Aquello fue muy útil para ampliar mi visión del mundo, aunque mi escepticismo se mantuvo. No olvide que la mía es una cultura dividida, donde a pesar de todo no se pierde la cortesía. Pero lo peligroso repta por debajo de la superficie.

Para entonces, Seamus Heaney —«otra cerveza, por favor»—, había publicado su primer y revelador libro de poemas, ‘Muerte de un naturalista’ (1966), y trabajaba en el que daría cuerpo a ‘Resistir en invierno’ (1972). El IRA quiso reclutarlo y calzarle su collarón de fanatismo al cuello. Algunos de sus versos, incluso, aparecían en discos de exaltación nacionalista. «He sufrido de todo en ese sentido», afirma.
Al publicar ‘Norte’ (1975) atizó el avispero de los rabiosos nacionalistas, que lo acusaron de ambigüedad, sobre todo por la valentía de uno de los poemas del libro: ‘Wathever you say, say nothing’ (’Digas lo que digas, no digas nada’). Pero Heaney nunca ha meado fuera del tiesto, de su tiesto de equidistancias.
—Viviendo en el Ulster llegué muy acorazado a Berkeley sobre ciertas promesas y utopías que entonces enarbolaba la juventud de EEUU y de Europa. No creí demasiado en ellas. Vengo de un lugar donde nos costó 40 años encontrar el sentido común. Y eso marca. El tiempo fue aclarándolo todo. Y también desgastando la fuerza de esos movimientos estudiantiles que conocí.

Nada delata que quien habla es un Premio Nobel, porque tampoco está claro cuáles son los modales de un Premio Nobel. Heaney es lúcido e irónico, y parece confeccionado de una pasta natural capaz de romper cualquier impostura. Con una contundente amabilidad se deshace de una fotógrafa que lleva una hora lanzándole culebrinas de flash. Y liberado de la luciérnaga con tanga, regresa a la poesía. O a lo que sea.
—No sé qué le decía… Bueno, sigo: la poesía es también un acto cívico…
No era eso lo que me decía, pero por ahí vamos bien.
—La poesía siempre trae noticia de algo nuevo. Es el gran documental del mundo. Y me interesa mucho la relación entre el impulso lírico y la responsabilidad social. Aquí en España tienen un buen ejemplo. La respuesta de los poetas (y de los artistas en general) a la Guerra Civil fue algo que se sintió en toda Europa. Y de algún modo modificó una forma de entender la literatura no sólo en España, también en numerosos autores de habla inglesa.
—No hemos hablado de la crisis.
—Es un asunto muy grave. Pero los ciudadanos de a pie no somos responsables. La catástrofe nos viene dada de un territorio, financiero y político, que en la mayoría de los casos nos es abstracto. La esperanza, al menos para mí, está en Barack Obama. Aunque me temo que él también se desengañará… Lo que no podíamos era soportar más a una recua de gente nefasta como Bush, Cheney y Rumsfeld. No son más que vulgares provincianos.
Y arrea el vaso vacío en el aire. La cerveza viene sola por el saloon del Círculo de Bellas Artes. A su encuentro. Seamus Heaney brinda con el poeta Jordi Doce, su anfitrión en Madrid. Y con la copa reflorecida se queda muy fijo mirando algo, como dicen que miran los campesinos.
[Seamus Heaney, en una fotografía de Madero Cubero]

February 26, 2009

Espejismos / ‘Espíritu de funcionarios’

 
Una nueva columna de opinión (y van 46) en EL MUNDO de LEÓN:

¿Son vagos los funcionarios públicos? Está claro que la mayoría de los españoles “no funcionarios” respondería afirmativamente a esta pregunta, sin mirarse al espejo. Está tan claro que hasta el Tribunal Supremo ha dictado una sentencia absolviendo a un periodista por dirigirles a los funcionarios frases como ésta: "Sois una de las más pesadas cargas que tiene la sociedad actual. Se trabaja muy poco y muy mal. Y encima gastáis más que una niña pija en ropa de marca”. (…).

(Continúa en el blog: EL ESPEJISMO DE LA GALBANA)






















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