Isla Kokotero

September 4, 2008

ESPEJISMOS / Ejercicio de prensa

 

HOY:
Ejercicio de prensa

(una nueva columna en EL MUNDO DE LEÓN,
dentro de EL ESPEJISMO DE LA GALBANA)

August 28, 2008

ESPEJISMOS / ‘Una lavadora en la India’

 

    Siguen los espejismos (ya van 22), esta semana a propósito de un mail de Susana Barragués desde la India, después de leer en el EPS la entrevista con Steiner (en la que el intelectual, por otra parte, deja patente su absoluto desconocimiento de la lengua y la literatura gallegas):

"¡Pero no me compare el catalán con el gallego! El catalán es un idioma importante, con una literatura impresionante. Pero el gallego ¿por qué ha de ser obligatorio en una universidad?".

    Tal dice Steiner en la entrevista. Y eso que, más adelante, añade:

"Yo vivo en cuatro idiomas, escribo y pienso en cuatro idiomas, sueño y hago el amor en distintos idiomas. Así que no soy la persona más adecuada a la que preguntar por los nacionalismos". 

     La columna de hoy se titula UNA LAVADORA EN LA INDIA, y no tiene nada que ver con el gallego ni con los nacionalismos, sino con la desigualdad, la prehistoria, el machismo y algunas formas de degradar (rebajar en su dignidad al imposibilitar sus posibilidades) a las mujeres.

July 17, 2008

ESPEJISMOS / ‘La situación’, columna nº 16 en EL MUNDO

 


"El futuro no está en modelos revolucionarios", ha sentenciado Aznar,
después de afeitarse el bigote.
¿Tendrá razón? ¿Dónde está el futuro entonces?
- - - 
La situación
Una nueva columna, y ya van 16, en EL MUNDO de LEÓN
Puedes leeerla en la bitácora: EL ESPEJISMO DE LA GALBANA

July 12, 2008

TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO sobre JOSÉ LUIS PUERTO

José Luis Puerto. La foto es de Vicente García

QUERER PERDER EL PASO DEL MUNDO:
LA VALENTÍA DE JOSÉ LUIS PUERTO
 
(Reproducimos este artículo de Tomás Sánchez Santiago
publicado hoy en el periódico digital PEATÓM
- - -

    La falta de estridencia y la insistencia en la capacidad primordial del ser humano para la dicha a partir de una alianza con la elementalidad —incluidos aquí el dolor o las formas múltiples de la derrota— son las dos componentes que configuran desde sus inicios la poesía de José Luis Puerto (La Alberca, Salamanca, 1953) que, a estas alturas, se ofrece como una salmodia rumorosa, esencial y distintiva en el panorama poético en lengua española. Fue Kafka quien dijo aquello de que escribir es una forma de orar. Y así sigue siendo con este autor. Acaban de aparecer dos nuevos libros que no son sino reafirmaciones sobre estos mismos ejes de súplica y sigilo.

    Uno de ellos es Proteger las moradas (Ed. Calambur), donde se sigue dando cuenta de un espacio retenido, a la contra de la inercia ciega del mundo, en poemas cuyas palabras conforman un perímetro sencillo y llamado a la transparencia, tal como si ya el poeta (“el encargado”, como se dice en el hermosísimo texto que cierra y culmina este libro) no pudiera hacer otra cosa que nombrar las palabras del origen, a ver si así el sortilegio pudiera producirse y llegase la perduración a aquello que parece abocado a perderse, fusilado en la indefensión. El título, así, se constituye en explicación del alcance oracular que se quisiera para estos poemas. Proteger las moradas (con la alusión teresiana así de explícita) sería aviso de una necesidad que se resuelve en secciones como “Protección de lo blanco” donde la nieve, la leche, las pequeñas lombrices nerviosas o el propio blanco purificador de un cuadro de Tapiès son signos que configuran el bastidor de una memoria clara que el poeta reclama para que, en efecto, no se vaya definitivamente del mundo aquella trama que un día vio él y tomó, para siempre, la forma del sentido de la vida. Junto a esta sección, otras dos (“Once motivos semíticos” y “Signos que graba el tiempo”) remiten al mundo del autor de Estelas, un mundo siempre cerca de la inocencia de la naturaleza o del esfuerzo humano y anónimo por responder con lo elemental ritual —convertido en sagrado— a la llamada  de la fuerza germinativa de la tierra, una llamada que no es sino continuo, incesante reclamo “para llegar al centro del jardín”, otro de los motivos constantes de la poesía de José Luis Puerto. Dejemos aquí, a modo de testigo resplandeciente, este poema de Proteger las moradas:

(reportero francés)

Dejó Ouvert la nuit de Paul Morand
En la pensión en la que se alojara
Del oeste español
Y unas notas de hoteles y de citas
En la hoja de respeto.
Sabemos en qué página
Quedó de su lectura
Y los bordes del libro
Hablan de las mochilas y macutos
De quien cubre la guerra como corresponsal.
En un fuego cruzado
Murió en Beirut
En la guerra del Líbano.
Se llamaba Jean-Marc.
Acaso nada quede
De su existir sino los datos
Que estas líneas recogen
A partir de unas huellas
Que aún se hallan en un libro
Perdido u olvidado
En pensión española


    Pero es que, casi a la vez, ha aparecido Un bestiario de Alfranca en esa aventura editorial de Gregorio Fernández Castañón que es la colección “Los libros de Camparredonda”. Con el peculiar sello del editor, siempre pendiente de un tratamiento particular para cada uno de estos libros, este bestiario maravilloso vuelve los ojos a las distintas clases de animales (insectos, aves, peces, bestias domésticas…) que entraron en emocionada relación con el niño de Alfranca y, a su manera, adquirían desde una inicial aparición el significado de símbolos, más allá de su mera función de compañía, peligro o alimento.

    Surge así el que es para nosotros uno de los textos más sostenidamente emocionantes de José Luis Puerto. Esta especie de álbum no entra en la fantasía de otros bestiarios conocidos ni es una mera colección de episodios que pudieran pertenecer solamente al territorio de la evocación meramente costumbrista. Alfranca —lo sabemos los lectores de Puerto— es desde Las cordilleras del alba, aquel libro de 1991, trasunto de La Alberca, el espacio natal del poeta, geografía fundamental en su escritura y a la que él siempre acabará por volver. Allí transcurren los distintos pasajes de Un bestiario de Alfranca. De nuevo la llamada a la protección (“Protección de las aguas”, se denomina una de las nueve secciones del libro, y la cifra no es en vano) parece insistir en esa necesidad, también presente en el libro de Calambur, de defenderse de las asechanzas de lo exterior renovando un pacto personal con lo pequeño, lo frágil, lo que se presta a servir para un provecho ajeno, como se dice en el texto que transcribimos:

Ilustración de Cristóbal Aguilar    “El gallo como animal sacrificial. Es la imagen que de él te llega siempre. Se sobrepone a la belleza de su plumaje, a la gallardía de su actitud en los cortinales y en las cuadras, a ese reinado efímero sobre el resto de las aves de corral, a sus cantos de amanecer o de otros momentos del día, no pocas veces verdaderos indicios meteorológicos.
El pueblo, que lo incluye en sus cuentecillos, que explica el sentido de su canto en ocurrentes fórmulas rimadas, también lo sacrifica (…) Pero tu memoria te lleva por algunas de las calles de Alfranca, en compañía de tu madre, camino del hotel, a vender un gallo, muy lozano y de vivísimos colores, que ella lleva colgando, atadas sus patas y empuñadas de una de sus manos, por el que os darán cincuenta pesetas.
A ti te acompaña la tristeza, porque sabes el destino del gallo que conoces desde que era un polluelo y al que has echado el grano y al que has contemplado en no pocos momentos de salida al cortinal, donde gallos y gallinas picoteaban la tierra (…)”.

    Libros éstos de José Luis Puerto que, como los anteriores, buscan lectores que aún sepan que el desacuerdo con el orden y el color que dan al mundo los administradores del dolor, de la injusticia o de la mezquindad pasa por arrojarles a la cara palabras que aún escuecen porque traen encerrada la verdad insobornable y cruda de los juegos de los niños, las nanas de las madres, el temblor de algunas flores o el gesto detenido de esos animales que nos miran al paso un momento y sostienen en los ojos el aviso afilado de una recriminación silenciosa. Eso nos queda, sí. Arrojar palabras limpias como arena a la cara de aquéllos. Pero es mucho, no lo duden…

TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO

July 10, 2008

ESPEJISMOS / ‘¿Patata cien por cien?’, una nueva columna en EL MUNDO

 

"Fijémonos por ejemplo en el controvertido ‘Manifiesto por la lengua común’.
Pues sí, se parece a las Pringles. Y si no… ¿qué es eso de la “lengua común”?
¿Patata cien por cien?"

(Entra en el blog EL ESPEJISMO DE LA GALBANA
para leer la columna de hoy)

"La enseñanza debería ser tal que permitiese percibir lo que se ofrece
como un regalo valioso y no como un duro deber"

Albert Einstein

July 9, 2008

Más sobre JOSÉ-MIGUEL ULLÁN: “Llamando para atrás”, por VÍCTOR M. DÍEZ

 http://islakokotero.blogsome.com/images/agrafismo-1.noticia.jpg

 "Llamando para atrás",
un artículo de VÍCTOR M. DÍEZ sobre JOSÉ-MIGUEL ULLÁN
y su libro Ondulaciones, en el diario digital Peatóm…

July 3, 2008

ESPEJISMOS / Ladrones de tiempo

 

¿Nos roban el tiempo? ¿Nuestro tiempo es realmente nuestro?
¿Quién nos lo roba?…

De estas cosas trata la columna de hoy en EL MUNDO de LEÓN,
dentro de la sección ESPEJISMO DE LA GALBANA

June 28, 2008

Sobre el fado / ‘Canción triste de Lisboa’, por MIGUEL MORA

Ana María, fadista congoleña, en una foto de Joao Pina para el diario El País

CANCIÓN TRISTE DE LISBOA
Un estupendo artículo de (haz click:) MIGUEL MORA en El País (4-2-07)

[El fado está más vivo que nunca. Una nueva generación de artistas se une a las voces míticas que cimentaron la leyenda. Más allá del tópico de la ’saudade’, ese canto del alma lusa, primo hermano del flamenco, vive su segunda edad de oro. Esta es la crónica de un puñado de noches de música en Lisboa] 

(En la foto de João Pina, la fadista congoleña Ana María cantando en Lisboa, en la Taverna del Rey: "El fado no tiene color ni fronteras", dice ella)

- - - 

“Saudades trago comigo. / Do teu corpo e nada mais. / Pois a lei por que me sigo. / Não tem pecados mortais”.
Antonio Calém

“El fado debe ser cantado como se habla. Con naturalidad. Por eso, entender la vida ayuda mucho”.
Celeste Rodrigues

- - - 

 Gil Costa canta con Carlos Gonçalves (izq.) y Julio García. La foto es de RGM y se tomó en León

(A Carlos Gonçalves, el guitarrista de Amália Rodrigues (en la foto, a la izq.),
no le gusta Mariza y cree que Dulce Pontes "no canta fado, sino que hace jazz") 

June 26, 2008

ESPEJISMOS / ‘La ciberguerra ya está aquí’

 http://islakokotero.blogsome.com/images/USA.jpg

 Una pintur de Turner

Llegamos a la columna nº 13 en EL MUNDO de LEÓN,
en la sección EL ESPEJISMO DE LA GALBANA.

La de hoy se titula ‘La ciberguerra ya está aquí’ y trata, precisamente,
sobre ‘Alfombras de bombas en el ciberespacio’, la nueva estrategia
del Pentágono que permitirá al gobierno norteamericano "bombardear"
y destruir cualquier sitio que le moleste en Internet.

— 

Son noticias que no salen en los periódicos de aquí
(sí en Rebelión, o en CubaDebate),
pero de las que se pueden consultar las fuentes,
como la revista Armed Forces Journal, donde un coronel
norteamericano justifica esta nueva estrategia.

June 24, 2008

Discurso de JUAN CARLOS MESTRE en la 42 Fiesta de la Poesía de Villafranca

 

HOMENAJE A ANTONIO GAMONEDA
EN LA 42 FIESTA DE LA POESÍA DE VILLAFRANCA DEL BIERZO
- - -
FRAGMENTOS DEL
DISCURSO DE JUAN CARLOS MESTRE
(QUE ACTUÓ COMO MANTENEDOR)
 ¡OJO! Para leer el artículo entero haz click en: Faro Gamoneda 
 - - -
 
    Queridos vecinos y amigos de Villafranca, una mañana como la de hoy de hace cuarenta años yo era un muchacho que, apoyado en uno de estos árboles del jardín, escuchaba, sin entender exactamente lo que decían estas palabras: No sólo el grano blanco va al molino, también los granos negros del silencio; también se hace el pan se hace la vida, de los heroicos huesos de los muertos. Yo no sabía aún lo que era un héroe, pero el poeta que las pronunciaba se convirtió para mí, desde ese instante, en alguien que se acercaba a mi vida con algo conmovedor: palabras rozadas por el resplandor de otro mundo, monedas perdidas con las que no se podía comprar ninguna otra cosa que no fuese la intuición de un ángel, el valor simbólico de otra manera de estar en el mundo, la forma delicada de cuantos estrechamente vigilados por la locura, aún seguían pensando que volar era el resultado de una intensa pasión, nunca de su práctica.

    Aquel poeta se llamaba Gilberto Núñez Ursinos, y yo decidí aquella mañana, ante la luz de su joven resplandor, parecerme en algo a su sombra. Yo tenía doce años, junio de 1969, y fui su amigo hasta la primavera de 1972, en que decidió, voluntariamente, abandonar la republica de la imaginación donde vivía, cuando al otro lado del río sólo había pequeñas casas blancas llenas de palomas, gatos y flores que algún día fueron las semillas del paraíso. Fue el primer poeta que conocí, era amado por mucha gente de este pueblo, no menos que lo que él quería a los humildes, a los soñadores, a los que hablan solos por la calle y pensaban que la vida carecía de sentido sin resistencia al mal. Vivía sólo, con un gato al que llamaba Parsifal, y un aparato de radio con el que aprendía idiomas sintonizando emisoras extranjeras. Un milagro que sólo sucede una vez cada cincuenta años cuando pasa sobre los valles el cometa de la iluminación y convierte en vino de dulzura la amargura de los pozos.
(…)
    Un joven poeta inglés, el inmenso John Keats, hermano espiritual de nuestro romántico Enrique Gil y Carrasco, en respuesta a un amigo que le preguntó qué era para él un poeta, respondió: poeta es aquella persona que en presencia de otro se considerará siempre su igual, sea este el rey o el más pobre del clan de los mendigos. Eso ha sido y es Antonio Pereira, un narrador excepcional, un poeta que ha escrito poemas conmovedores, el hombre en el que se cumple al  máximo aquella sentencia de Pound según la cual, es imposible escribir un buen poema si no se es antes una mejor persona.

    A Tonino Guerra, el genial guionista de Federico Fellini, le escuché decir que el poeta es quien se quita el sombrero ante un cerezo en flor. A Nicanor Parra que era un bailarín al borde del abismo. No podría nombrar a tantos para quienes un libro de poemas es un una caja de herramientas al servicio de la conciencia de los hombres. La poesía que cura las heridas producidas a la dignidad por los gritones dogmáticos. Con razón la palabra dignidad suele provocar risa sobre todo en aquellos que no la tienen. Todo verdadero poeta, pensaba Unamuno, es un hereje, y el hereje es el que se atiene a postceptos y no a preceptos, a resultados y no a premisas, a creaciones, o sea poemas, y no a decretos, o sea dogmas. No ha importado la burla de la publicidad vergonzosa del mundo, no ha importado la calumnia del silencio, Lorca conocía la única vocal que tienen los animalitos en su vocabulario, y habló por y para las multitudes; Gonzalo Rojas vivió en el exilio de los renegados pero abrió a cada torturado un camino a las estrellas. Soñar sigue siendo es el oficio del poeta.

    Queridos amigos, todos hemos tenido sueños. El mío fue sencillo y ya ha sido cumplido. La belleza no es un lugar donde van a parar los cobardes. He amado este verso de Antonio Gamoneda desde mi adolescencia. Un poeta que lo ha significado todo en la repoblación espiritual de mi vida, en los valores que han hecho de la resistencia estética contra el autoritarismo una conducta civil, la creencia de que el arte no es una categoría superior del conocimiento humano, ni de la que son portadores sólo unos pocos, sino algo inherente, misteriosamente intrínseco, a la condición y la responsabilidad humana. He aprendido sus poemas de memoria, he orado con ellos, me han salvado de la desolación y me han devuelto la esperanza en épocas de dificultad.
(…) 
    La amistad de Antonio Gamoneda ha estado sobre nosotros como una madre sobre su pequeño que sueña con cuchillos. Su poesía nos ha protegido, en sus palabras ha encontrado refugio el desesperado ser humano que al amanecer, armado de una ardiente paciencia, aún espera entrar en las esplendidas ciudades prometidas por la profecía de Rimbaud, el vidente. Elogio la indefinible libertad de Antonio Gamoneda, el radical descentramiento de cuanto ha supuesto la alta conciencia de su poesía como ruptura con la lógica del saber; la ética que frente a los actos de fuerza que pretenden representar lo que solo es, aspira al arte de cómo debería ser el universo significante de la duración en el tiempo de la dignidad humana.
(…)
    Y desobedecer la costumbre es la poesía, en palabras de Saint John-Perse. Desobedecer los dictados de una sociedad basada en la idolatría a las repugnantes escamas litográficas, como llamaba Baudelaire al dinero. Desobedecer al sistema que ha hecho culto de la atrocidad de la guerra y obliga a vivir en condiciones de esclavitud a tres cuartas partes de la humanidad. Desobedecer es no olvidar, como nos recuerda Walter Benjamin, que el botín supremo de los amos no es la plusvalía, el botín supremo de los amos es la cultura.
(…)
    Es hora de terminar, el poeta es un taxista que lleva a la gente donde la gente quiere ir, alguien que ayuda a los demás a vivir su propia vida. La poesía está ahí para ennoblecer, para dignificar la condición humana. Es la vida, como escribió Cummings, que antes o después, venga siempre las ofensas de los hombres con las salvas de la primavera. Esa también es la mejor razón por la que habrá merecido la pena vivir. Lo escribió Gamoneda:

“Un mismo canto pide /la justicia y la / belleza. Sea la luz /un acto humano. Se puede/ morir por esta /libertad.”
 
Muchas gracias.
 
 
Villafranca del Bierzo, 22 de junio, 2008

June 18, 2008

Voilá ‘Tren de voces’, el artículo de VÍCTOR M. DÍEZ sobre JOSÉ-MIGUEL ULLÁN

 Un artículo de Víctor M. Díez sobre Ullán en PEATÓM (haz click:)

en peatóm 

June 12, 2008

Una charla con AGUSTÍN GARCÍA CALVO

Agustín García Calvo en León. La foto es de RGM 

    "Hay que luchar contra la fé, que mata los sentimientos y no deja sentir. Y hoy la fé es sobre todo la fé en el dinero. Sin embargo, aunque la fé es lo que nos impide sentir, uno también está condenado a tener fé para subsistir". Sobre estos paradójicos paradigmas cimentó Agustín García Calvo la charla que impartió en León hace unos días.

    El viejo profesor, a sus más de 80 años, no ha abandonado el estilo dialéctico que le caracteriza, ni su indumentaria habitual: largos pañuelos, anillos en los dedos, dos camisas superpuestas, pantalones de pana, una coleta lateral en la que recoger sus cabellos blancos, o el gesto adusto con el que anima a pensar a sus interlocutores, espoleando sus neuronas y llevándoles la contraria siempre que puede. Aún así, Agustín García Calvo no busca sentar cátedra, aunque él mismo lleve sentado muchos años en una. "Hay que luchar contra la fé. El dios Dinero, sin la fé, no se sostiene", sentenció.

    (Fue un gustazo asistir al acto, como en los viejos tiempos de estudiante. Se puede leer toda la crónica en -haz click:- Peatóm.)

ESPEJISMOS / ‘La dificultad de la ternura’

Nueva columna de EL ESPEJISMO DE LA GALBANA, como cada jueves (y van 11) en EL MUNDO de LEÓN.


La de esta semana se titula ‘La dificultad de la ternura’, y va sobre el pudor y lo que yo llamo "la mala educación social de los leoneses", que Ildefonso Rodríguez atribuye a que "con el frío, la ternura crece raquítica".

June 11, 2008

Laberintos de silencio

María José Gil Bonmatí me cedió graciosamente este mes su espacio en la revista Kiliedro, para hablar de poesía. Y la verdad, yo prefiero sus artículos en la sección ‘Los libros que nos cuentan’, que siempre me descubren algo. Pero ahí va la colaboración, que no deja de ser un pequeño muestrario de lo que se puede encontrar en Isla Kokotero:

Kiliedro, revista española de cultura contemporánea

LOS LIBROS DE POESÍA HABLAN, PERO NO CUENTAN

por ELOÍSA OTERO

me he empavorecido, me he engrisado,
me he atardecido,
mi lengua no sabe.

A. Pizarnik
 
    Es curioso cómo abordan el tema de la poesía algunos poetas. Así que, como canta la Mala Rodríguez, “deja que te empape / con lo que yo me empapo”.

    "Si la joven poesía española es buena, irá hacia el fracaso. Esto es: le importará la obra en sí, le importará el silencio creador". Me siguen dando vueltas estas palabras de Vicente Luis Mora, escritor mutante que entiende los libros como “lugares” en los que a veces se encuentran pasadizos (secretos) que comunican unos con otros, o que se abren, a su vez, a otros sitios. "El lenguaje es un laberinto de caminos // un tráfico", dice la poeta gallega Chus Pato.

    La poesía es hoy, quizá más que nunca, una manera radical de pensar el lenguaje.  "El poema es la red donde todas las criaturas / imaginarias caen. / Uno puede coger la red y extenderla / pero en el suelo de la losa de papel / lo que fue nuestro muere. No me interesa nada / de lo que cae en el poema sin romperlo". (María do Cebreiro)

    Pero la poesía, lugar de confluencia y de rotura, tiene también mucho de voz callada y abisal. Música interior. Fosforescencia en las profundidades de un pensamiento súbitamente transformado por la palabra. "Los poemas, aun si brotan de la imagen más aérea, más luminosa y diurna, más visible, bucean y avanzan como un pez hacia un espacio propio y silencioso —lo visible y su luz están también allí”. (Olvido García Valdés)
     “Escribir. La escritura como abs- / tracción. También llenar una botella / con abertura pequeña. O limpiar / la arena del gato. // La voluntad / ausente”. (Chantal Maillard)

    La poesía no puede ser hoy mas que radical, cruce de límites, fronteriza y extraña. Sobre todo en los denominados poemas de amor, que vienen a ser todos. Porque “si te enamoras / te vas y no vuelves. / O llegas / y miras todo / como una extranjera”. (Lupe Gómez)

    En sí, funciona también como metáfora del silencio creador. “No enseñar nada. / Adentrarse en la niebla / de qué mirada”. (José-Miguel Ullán)

    Como resume Adam Zagajewski, “el escritor que lleva un diario íntimo anota en él lo que sabe. En el poema, anota lo que no sabe”. Y algo de eso es lo que hemos anotado aquí, un no saber que se demora, como en las coplas de Juan de Yepes (que diría Gamoneda): “Entreme donde no supe / y quedeme no sabiendo, toda ciencia trascendiendo. // Yo no supe dónde entraba, / pero cuando allí me vi / sin saber dónde me estaba / grandes cosas entendí / no diré lo que sentí / que me quedé no sabiendo / toda ciencia trascendiendo”.

* NOTA: Aprovechamos para recomendar una vez más, desde aquí, dos estupendas páginas de poesía: www.poesiadigital.es y criticadepoesia.blogspot.com

May 22, 2008

ESPEJISMOS / El privilegio de ser “ciudadano”

 Una fotografía de Sebastião Salgado

    "¿Somos “ciudadanos del mundo”? Piénsalo bien. ¿Qué significa ser “ciudadano del mundo”? Métete en la piel de otro, o de otra. O métete en tu propia piel. ¿Quién eres? ¿Qué y cómo eres? ¿Crees que vives en una sociedad que respeta a sus ciudadanos por igual? Seguramente responderás que sí. (…)".

    Así comienza la octava columna de la serie EL ESPEJISMO DE LA GALBANA en EL MUNDO de LEÓN. Es una columna triste, muy triste, como dijo Mónica cuando la leyó esta mañana.

    Además, en la isla del otro lado del espejo podrás leer los artículos que
VÍCTOR M. DÍEZ y TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO
han publicado esta semana en Peatóm.

(Y volveremos poco a poco a la Isla de los Kokoteros,
que echamos mucho de menos estar por aquí y por ahí…
¡Qué vida ésta!)

May 15, 2008

ESPEJISMOS / A los mandatarios de ayer y de hoy

 

    Y ya van 7 (columnas en EL MUNDO de LEÓN, que a este paso vamos a levantar de nuevo el Partenón). En EL ESPEJISMO DE LA GALBANA de hoy jueves se pregunta a los mandatarios locales por la espectacular subida del IBI (un 29%) para paliar una deuda municipal acumulada de 270 millones de euros (unos 45.000 millones de pesetas). También se cuestiona el proyecto de implantar el tranvía en la ciudad, levantando una vez más las estrechas calles, y a cambio se pregunta por qué los autobuses urbanos no pueden ser más pequeños y por qué resulta tan difícil trazar un carril bici.

May 8, 2008

ESPEJISMOS / ‘Premio Atapuerca’ a la peor web

 

    Llegamos a la sexta columna de opinión EL ESPEJISMO DE LA GALBANA en el diario EL MUNDO de LEÓN. Hoy abordamos la dejadez de las administraciones públicas –especialmente en los ámbitos local, provincial y autonómico– a la hora de crear buenas páginas web institucionales.

May 1, 2008

ESPEJISMOS / La quinta columna

 http://islakokotero.blogsome.com/images/anarq.jpg

"Nos falta un tornillo, Durruti" 

    Como cada jueves, nueva entrega de la columna de opinión EL ESPEJISMO DE LA GALBANA en el diario EL MUNDO de LEÓN. Hoy, 1 de mayo, nuestra quinta columna (sí, que de momento ya van cinco) versa sobre Durruti, las condiciones de trabajo, la salud mental de los españoles y la necesidad de un cambio revolucionario.

April 19, 2008

Si ULLÁN le dice “ven”, RUTH TOLEDANO lo deja todo y se queda tan Pichi

Una deliciosa columna de RUTH TOLEDANO (que según su biografía nació en un pueblo minero de León, allá por 1966) sobre el poeta JOSÉ-MIGUEL ULLÁN publicada en la edición madrileña de El País

MUCHO ULLÁN

Por RUTH TOLEDANO 

Un dibujo de Jorge Zeno    Si Ullán me dice ven, lo dejo todo. El otro día lo dejé todo y me fui al Círculo de Lectores porque Ullán me había dicho "ven" de forma agráfica y ondulada y con fajita manuscrita. Cual paradójico casticismo de San Blas, dejarlo todo si Ullán te dice ven es como decirle a Ullán "anda y que te ondulen con la permanén y si no te ondulan que te colcrem" y quedarte tan Pichi y salir corriendo a su encuentro. Porque a lo que íbamos, él y yo y el resto que llenó la sala, era a la presentación de Ondulaciones, poesía reunida por Galaxia Guttenberg / Círculo de Lectores, que abarca poemas, recortes, dibujos, garabatos, estribillos… de José-Miguel Ullán desde 1968 (el año del mes de la virgen francesa, de la je vous salue, Marie de años después) a 2007.

    En mi muy libre interpretación, relaciono Ullán con la hulla. Muy libre pero no infundada, aunque también caprichosa. Pues la relación mineral no viene traída por los pelos que me corté, sino porque Ullán es una mina. Lo dijo Julio Cortázar: "Dentro de una producción en la que suelen hacerse sentir demasiado las influencias y las corrientes a la moda, la poesía de José-Miguel Ullán se aparta resueltamente de lo trillado, incluso a riesgo de sorprender o escandalizar, y se sitúa en un nivel individual que le da su acento más profundo y valedero. Y esto sin que una entrañable filiación española deje de estar presente en toda su obra, en la que la libertad y la audacia son sus mejores armas para dar a la poesía de su pueblo y de su tiempo uno de los acentos más hondos y hermosos". (Circunflejos, elevados).

    Y Octavio Paz se refirió a la suya como una voz "personal y rigurosa". (Precisa, preciosa). Y lo dijo José Ángel Valente: "Acaso no haya palabra nuestra, de bastante tiempo a esta parte, que haya brotado como ésta brota —en verso y en prosa— de tan admirable don de lenguaje". (Don de gentes que timbran palabras en las servilletas y en el alma, como —din don— José-Miguel Ullán). Y qué decir de lo que dijo de él María Zambrano: "Es eso tan raro hoy —época de profesores y comentaristas— que se llama cantor, un ser viviente entre tanto simulacro de vida". (Profesores y comentaristas… ¡Oh, María Zambrano, la la! Marie en París).

    A la voz de María Zambrano le recuerda a Ullán la voz de Lola Ferreira, "mediadora en la penumbra", dijo él, en la edición del volumen Ondulaciones y en la exposición de los agrafismos que han surgido durante la preparación del libro. 310 "tanteos gestuales, manualidades, material de pausas, pasatiempo de aquí te espero o expectantes partículas de un poema mudo", parte de los cuales estarán hasta el 4 del mes de mayo en esa calle O’Donnell en la que estábamos. El caso es que por entre esos sinuosos elementos de "dicción obsesiva pero de naturaleza sólo visible y palpable", esos elementos nuevos que son "un hacer por hacer", como dice Olvido García Valdés, esos elementales quarks, como una coma, que digo yo requeterredundante, se deslizaba la otra tarde por el Círculo de Lectores la penumbra de Lola Ferreira, siempre sombría, siempre luminosa. Se le acercó una joven derrochando entusiasmo y Lola Ferreira, cuadratura de ese Círculo, respondió, voz zambrana, antes de desaparecer sin irse y antes también de aparecer de nuevo sin ser vista: "Es que Ullán es mucho Ullán". Y que lo digas.

    Pero yo andaba allá en la mina y ahora digo por qué. Porque dice Wikipedia que la hulla es un tipo de carbón, y que es dura y quebradiza, estratificada, negra y brillante, y que surgió hace miles de años por la descomposición de la materia vegetal de los bosques primitivos. (Ah, Ullán, tú sin mi hache y con tilde y con ene y yo viendo tu esencia de bosque primitivo). Y porque entonces se me acerca Manuel Ferro, cuyo propio nombre todo lo indica y hay algo, ciertamente, férreo en su ser: un color de hierro, una voluntad de hierro, qué sé yo. El inseparable Ferro de Ullán cuyo símbolo químico es Fe. Ferro el que recopila y transcribe los textos de Ullán. Y revisa los ferros, digo yo. Picando y picando en Dibujo de Jorge Zenoesa mina. Juntos, la del rey Salomón. O la de Riotinto, será: ríos de tinta. Ferro el amo de llaves, el comisario ondulante, pasión cumplida. Y yo, cumplido placer: el de asistir a la presentación de ese libro que es un acto de justicia, como dijo Eduardo Milán, un acontecimiento, como dijo Miguel Casado.

Mucho Ullán. Al salir hacía un frío que pelaba y yo no podía parar de repetir: cuarzo, feldespato y Mika ("I could be brown / I could be blue / I could be violet sky / I could be hurtful / I could be purple / I could be anything you like").

 *

(NOTA: Por otra parte, también puedes leer la crítica del libro ‘Ondulaciones’ en el blog del colectivo -haz click:– Addison de Witt)

April 7, 2008

Qué lujo ibérico aquellas columnas de JOSÉ MIGUEL ULLÁN…

    … pues sí, qué lujo, como cuando estuvo en el suplemento Culturas de Diario 16, o en el ABC cultural (y no sólo por Ullán, sino por los colaboradores a los que dio cuartel). ¡Quién pudiera volver a encontrarse una columna así cada semana!. Las devorábamos. Tan bien hiladas que están (todavía sorprende), hable de lo que hable. Especiales.
    Tuve el privilegio de aparecer en una de ellas. Ese día me llamaron todos los amigos que la leyeron, desde Burgos a la Conchinchina: "¡Tía, que sales en la columna de Ullán!".

    Ayer la encontré, con otros tesoros, en la caja de las cosas perdidas (debería decir la caja de los imperdibles, más bien), mientras buscaba un viejo artículo de Manuel Rivas sobre Ferrín. Me encantó toparme con ella. Y vuelvo a devorar ahora las viejas columnas de Ullán, que acaba de reunir su obra completa en el libro Ondulaciones (Galaxia-Gutenberg / Círculo de Lectores, con estudio-introducción de Miguel Casado)–. Resulta que tengo a mano otro libro libro titulado Como lo oyes (Articulaciones) –Ed. Dossoles, Crítica, Burgos, 2005–, en el que se reúne una selección de las columnas que José Miguel Ullán publicó semanalmente en El País, entre abril de 1994 y julio de 1998, y que constituyeron un espacio singular en la prensa española que debería estudiarse en las facultades de Periodismo.

Por asociación, el lujo de encontrar la columna de José- Miguel Ullán me llevó también a empaparme de la Mala Rodríguez, que llevaba tiempo sin escuchar ni rapear.

 

Dedicatoria del libro "Ni mu" de JOSÉ MIGUEL ULLÁN:

"El autor le dedica Ni mu, secuencia muda ("¿qué no decirte, / en fin, / a estas alturas y a renglón seguido?") a Manuel Ferro. Y, de paso, aclara que el poema se fue haciendo al son contagioso de la Mala Rodríguez, en su disco Lujo ibérico, y al fluir de su palabreo: Deja que te empape / con lo que yo me empapo… Por lo demás…."

* * *

Pero ahí va el artículo de El País (26 de abril de 1996):

De vértigo

Por JOSÉ-MIGUEL ULLÁN 

    Pasa por Madrid el novelista libanés Rafic Harès, huyendo de los bombardeos, y aún conserva agudeza y templanza para observar que en España la gente se desploma, a menudo, sin más, en plena calle, venga o no venga a cuento. Y a cuento viene su observación, pues antes yo le había preguntado: "Después de 15 años sin pisar por aquí, ¿cómo ves ahora esto?". Me acordé de Ved Mehta preguntándole a Ludwig Wittgenstein: "¿Cuál es su meta filosófica?". Y volví a estremecerme con la madre de todas las respuestas que uno no quisiera escuchar, sino decir: "Mostrarle a la mosca la salida del frasco". Pero acordarse y estremecerse son sensaciones que siempre llegan tarde, con lo que Harès tuvo su tiempo para mostrarme su sorpresa: "Son muchas las personas que van caminando tan tranquilas y, de pronto, ¡zas!, caen redondas". Y le extraña muchísimo que no se hable de ello en las tertulias radiofónicas, en los copiosos programas sociológicos de las televisiones o en las columnas razonables de los periódicos. No me extrañaría que tuviese razón. A lo mejor hemos perdido el racial equilibrio y, turbados, ni llegamos a ver que otros pierden la vista, la cabeza y hasta el sentido. Rafic Harès, a todo esto, ayer tarde se fue a París y, desde allí, es bastante probable que se extienda la idea de que España está al borde del síncope, precisamente ahora cuando no pasa nada de nada y a nadie se le ocurre pensar en otra cosa que no sea cómo salir del frasco en el puente florido de mayo.
    Desmayarse no está mal, como los curas no ignoran, pero todavía es peor no caer en la cuenta. Acongojado, he pensado por un instante o dos en escribirle una carta a Eloísa Otero, que acaba de publicar un tembloroso y venenoso libro de poemas, Cartas celtas, en la colección Provincia, de León. Pero la facilidad me ha llevado a descolgar el teléfono para hablar con Martín Casariego, que también acaba de publicar nueva novela, Mi precio es ninguno (Plaza & Janés, Barcelona), trepidante y feliz por encima de todas las desdichas pasajeras. Casariego le da la razón a Rafic Harès, pues, en efecto, él mismo se había olido el fenómeno, aunque pensó que era exclusivo de adolescentes y no cosa mayormente española. El pintor Rodrigo, a quien llamé a continuación, opina que él está con María Zambrano en que tales caídas en picado ocurren porque, en realidad, tenemos varias almas en un solo cuerpo y es propio de esas almas enzarzarse en discordias sin ni siquiera percibir que cuerpos hay, en fin, que no lo aguantan.
    Tal vez lo más curioso sea que, en esta feria finisecular de sensaciones a ras de tierra, no hubiesen ya previsto los viejos escritores que esto era lo que venía. Don Gaspar Núñez de Arce, ministro modernista de Ultramar en el Gabinete de Sagasta y declamado a la perfección por Rafael Calvo, tuvo el insigne mérito de adelantarse al aturdimiento nacional, que colea, con sólo darle por escribir El vértigo. Luego, en 1919, hizo buen uso de ese mismo título el argentino Armando Discépolo, hermano del famoso autor de tangos, figura alto aturdida del boedismo. En un alarde de coherencia, 10 años más tarde, el propio Armando escribió el drama titulado ¡Levántate y anda! Y en pleno Mayo del 68, más o menos, un boliviano, Gastón Suárez, pisaba la moralizante escena con su otra Vértigo o el perro vivo. O sea, que aquí no hay nada peor que haber perdido el hilo de la tradición con tanto decir amarla.
    Dan vahídos. Y, según Rafic Harès, que lo andará contando por París, las que más se desploman aquí son las mujeres. De ahí que me haya ido a ver a las hermanas Ten. Y las dos coinciden, entonadas, en no achacárselo a la prueba gratuita de carne de vaca loca ni al ejemplo de Ana García Obregón. Ellas me hablan de vértigo doméstico, que las mujeres no se atreven a consumar en la cocina, pero que luego, al ir tan ricamente por la calle, les viene a la cabeza… y cataplaf. Me dejan la pregunta machacada: " ¿Tú crees que se puede resistir, impunemente, día tras día, la visión de una espumadera plastificada, renegrida por culpa del dichoso ragout recomendado por Arguiñano?".

January 21, 2008

Sobre la incidencia del clima en la escritura poética, por ELOÍSA OTERO

ENCUENTROS DEL FRÍO  (Ponencia)
 
fotografía del blog 'Ullfoll' (hacer click)
 
 
EL CLIMA DE LAS PALABRAS

La verdad, nunca me había parado a pensar en esto: La incidencia del clima en la escritura poética. No sabía cómo arrancar, y después de darle muchas vueltas, decidí hacer una ronda de preguntas a algunos poetas afines.

Escribí en primer lugar a mi amiga Amelia Gamoneda, que siempre tiene buenas ideas, solicitándole alguna sugerencia para abordar el tema. Y esto fue lo que me contestó:
1.– Se dice que el clima tiene una incidencia sobre las emociones. ¿El cambio climático puede cambiar también el panorama poético patrio?
2.- El clima modula la percepción de la realidad: la repartición entre espacios (o paisajes) habituales, espacios exóticos, espacios soñados, espacios de sublimación… no es igual dependiendo de dónde se viva. ¿Los desiertos espirituales van a convertirse en los espacios de nuestra poesía más realista?
3.- El clima modula la percepción de la realidad: la realidad determina nuestra utilización del lenguaje (p.e. conocer veinte especies de árboles es saber nombrarlas). Nuestras zonas de riqueza del lenguaje dependen en gran parte de nuestro hábitat natural y social y de nuestro clima. ¿Un clima que produce una naturaleza exuberante predispone al poeta a ser un poeta "naturalista"?.
La verdad es que las tres preguntas tenían miga. Pero después de reflexionar un buen rato sobre ellas, sin llegar a ninguna conclusión, recordé un sencillo poema de José Jiménez Lozano, muy apropiado para reflejar el tema del cambio climático:

LAS NUEVAS MIGRACIONES

Visitas eran antes
las migraciones de los pájaros,
crónicas y correos
traían y llevaban; mas ahora
son como las de los hombres, huyen
del asesinato en masa, buscan
comida para sus polluelos.
¿Han entrado en la historia?
El reto era grande. Dejé las preguntas de Amelia encima de la mesa y recurrí a la poeta cubana Soleida Ríos, que vive y escribe en La Habana, envuelta de naturaleza exuberante: ¿Crees que el clima influye en la escritura poética?, le pregunté directamente.
Y recibí esta respuesta deliciosa:
Creo que la poesía, como esa especie de respiración que es, o de canal energético, carga con toda la humedad y la luz y la fuerza del viento y sus reversos, (todo todo) a la manera única de cada voz poética, aunque no sea tan obvio. Pero…
Inmediatamente que leí tu pregunta fui al poema "La isla en peso", (gran obviedad respecto a la cuestión) de Virgilio Piñera:  
    "El perfume de la piña puede detener a un pájaro".
La naturaleza donó el olor de la guayaba a nuestras tierras, como el fresno o los abedules o la blancura de las nieves a otras tierras…
Es perfectamente natural que la expresión responda al ser.
No puedo citar ahora de memoria a Bowles, un poema que me hizo sentir la dureza del mediodía en Marruecos.
Ese mediodía no es de todos modos el mediodía de la Isla (el que Piñera elabora o define con esta naturaleza en 1944):

"… Pero la claridad avanza, invade
perversamente, oblicuamente, perpendicularmente,
la claridad es una enorme ventosa que chupa la sombra,
y las manos van lentamente hacia los ojos.
Los secretos más inconfesables son dichos:
la claridad mueve las lenguas,
la claridad mueve los brazos,
la claridad se precipita sobre un frutero de guayabas,
la claridad se precipita sobre los negros y los blancos,
la claridad se golpea a sí misma,
va de uno a otro lado convulsivamente,
empieza a estallar, a reventar, a rajarse,
la claridad empieza el alumbramiento más horroroso,
la claridad empieza a parir claridad.
Son las doce del día".

La naturaleza, tan rica, hace posible el infinito mediodía y sus infinitas, auténticas visiones.  
Yo en La Habana (sin desdeñar mi religiosidad afrocubana), doy un talismán celta a una  habitante contemporánea de las tierras de Odín. ¿Por qué? Quiero decir: el espacio marca, pero el alma vuela con toda libertad, remonta los espacios climáticos, temporales, etc, etc.
(…) Una pregunta, entonces: ¿quién escribe?
La pregunta de Soleida Ríos se me quedó en el aire, dando vueltas, y llamé a otro amigo, Tomás Sánchez Santiago, que ha hecho del invierno su clima poético. Le pedí que me explicara por qué, y me contó que él es un defensor del frío como resurrección. “En un día de invierno como hoy, todo lo que va a nacer ya está debajo de la tierra, bullendo…”, y me remitió a uno de sus libros, La secreta labor de cinco inviernos, en el que desarrolla toda su poética invernal. A partir de ahí nos enzarzamos en una amena discusión sobre la posible existencia de una poesía mediterránea, frente a lo que se podría llamar poesía atlántica, en la que por supuesto existirían excepciones luminosas como Eugénio de Andrade…

Así que después de hablar con Tomás, decidí consultar a una poeta de las brumosas tierras de Galicia, Chus Pato, quien, en pleno temporal de viento y lluvia, prefirió a su vez consultarlo con la almohada y al día siguiente me dio una respuesta escueta, pero que me incitó a pensar:
“Pues verás, yo creo que el clima no influye directamente en el poema ni en el poeta, pero en lo que sí influye el clima es en el territorio y el territorio sí influye en el idioma (ya sabes aquello de que los esquimales tienen no se cuántos nombres para la nieve y ven lo que nosotros no vemos…)
Entonces, si un poeta decide dejar entrar el territorio y el idioma territorio en su poesía… pues sí podríamos decir que hay un poeta y una poesía atlántica o tropical. Y si además, en la tradición lingüística poética en la que se inscribe ese poeta, otros poetas dejaron entrar el territorio y el idioma territorio, y por lo tanto el clima en sus poemas —y hay una larga colección de poemas y poetas territorio-climáticos—, pues podríamos decir que tal tradición poética es atlántica o tropical o de los mares del sur….”.
La respuesta de Chus me llevó directamente a otra pregunta: ¿si hablásemos otra lengua pensaríamos de forma diferente?
[Para los lingüistas Sapir y Worf, por ejemplo, una lengua no es sólo un sistema de comunicación sino que es el modo específico en que los seres humanos comprendemos el mundo. La lengua, cada lengua, lleva aparejada una interpretación del mundo. Si esto es así, la consecuencia sería que distintas culturas tienen distintas formas de comprender e interpretar la realidad. Es decir, que para Sapir y Worf, el lenguaje determina de una manera total nuestra percepción del mundo, y por tanto nuestro pensamiento.]
Indagué un poco más en eso de los esquimales. Y descubrí que el lenguaje esquimal también tiene muchas palabras para denominar al color blanco. [No es de extrañar, teniendo en cuenta que viven en un mundo de ese color, y han de ser específicos.]
En cuanto a la nieve, resulta que tienen palabras muy distintas para referirse a ella, y cada una de ellas significa cosas como: nieve en el suelo, nieve ligera, nieve suave y profunda, nieve virgen, nieve en polvo, nieve en remolino, nieve pegajosa, nieve sobre el agua, nieve fresca, nieve derritiéndose, nieve cayendo…. pero, al parecer, no tienen una palabra genérica para la nieve.
Simplificando, podríamos decir que, al contemplar un paisaje ártico, los esquimales perciben un sinfín de matices, mientras que nosotros quizá sólo somos capaces de apreciar un paisaje monótono nevado.
Frente a esto, en la mayor parte de lenguas indígenas de Colombia no se dispone de una palabra para la nieve, incluso carecen de un lexema para este fenómeno, y en alguna de estas lenguas tan sólo existe un compuesto que literalmente significa "el agua tiesa que cae".
O sea, que si ya es bastante dificil traducir un poema esquimal dedicado a la nieve al castellano, debe resultar imposible traducirlo a una de estas lenguas indígenas colombianas, por ejemplo.

Llegada a este punto, confieso que me encontré ya absolutamente perdida. Pero de pronto me topé con una cita de John Berger que, de alguna manera, resolvía alguna de las preguntas que seguían sin respuesta:
 “Una voz pertenece, en primer lugar, a un cuerpo, luego a una lengua. La lengua puede cambiar, pero la voz seguirá siendo la misma”.
En estas andaba cuando, justo antes de salir de casa, encontré un último mail en el correo, de la poeta Susana Barragués, con un “poemita climatológico improvisado”:
Peces

En el Océano Pacífico existen corrientes ascendentes de aire capaces de levantar peces y transportarlos en suspensión durante kilómetros, hasta lanzarlos propulsados tierra adentro. Así llueven peces, ranas y algas microscópicas sobre pueblos, campos y carreteras.

Así mi cuerpo ante ti es el de un pequeño pez: elevado, ascendido brutalmente, proyectado contra tierra.
En su mensaje, Susana aportaba también algunas sugerencias para esta charla:
“Podrías hablar de la poesía que tienen en sí mismos algunos fenómenos meteorológicos: las auroras boreales, los megacriometeoros (enormes bloques de hielo que caen del cielo, que pueden tener varios metros de radio), el efecto Foehn, que puede hacer que a un lado de la montaña esté lloviendo y a 15 grados, y al otro lado tengan 30 grados y tal bajada de presión que los suicidios aumentan coincidiendo con este efecto…. Hace algunos años hubo una lluvia roja al sur de la india, y la gente creía que llovía sangre. Era un alga que había ascendido por convección con el agua del mar y teñía el agua de rojo…"
En resumidas cuentas:
No sé si el clima incide en la escritura poética. Imagino que a veces sí y a veces no. Lo que sí sé es que la poesía crea espacios habitables, y en cada poema, como en un pequeño microcosmos, predomina un clima, o un microclima, que hace posible estar ahí, calentito o fresquito, pero a gusto. Al fin y al cabo, escribir y leer poesía tiene que ver con una forma de estar en el mundo, de estar atentos a la manera en que vivimos, de abrirnos a lo que percibimos pero también a lo que no vemos ni sabemos ni imaginamos hasta que lo leemos o lo escribimos.
Y así, leyendo y escribiendo, me topé con lo que podría ser una hermosa definición de la poesía como clima en uno de mis autores favoritos, Peter Handke:
"La idea recurrente de la cerilla que, encendida, anula algo del frío habitual del universo".
Por otra parte, creo que la poesía, tanto para el que escribe como para el que lee, suele ser algo muy personal, una experiencia íntima, en el mejor sentido de esta palabra.
“Los poemas, aun si brotan de la imagen más aérea, más luminosa y diurna, más visible, bucean y avanzan como un pez hacia un espacio propio y silencioso —lo visible y su luz están también allí”. (Olvido García Valdés)
Para el gran reportero Kapuscinski, la poesía era «un templo con frescor», que «no tiene que ver con nada» y que consiste sólo en sí. Para Miguel Casado, “la poesía da cuenta de la vida, en ella se anotan los momentos del yo, su fragmentaria materia”. Así, la poesía “actúa como un modo de percibir lo que ocurre, lo distinto o singular, lo que por un momento parece parpadear con sentido.”
“El escritor que lleva un diario íntimo anota en él lo que sabe. En el poema anota lo que no sabe.” (Adam Zagajewski)

En el fondo, esto es lo que yo pienso: Cuando un libro, o un poema, nos deja fríos… mala cosa. Yo creo que se escribe, y se lee, de alguna forma para entrar en calor, o para respirar un aire más limpio y fresco, para pensar y sentirnos mejor de alguna manera.
“La nieve cruje como pan caliente
y la luz es limpia como la mirada de algunos seres humanos,
y yo pienso en el pan y las miradas
mientras camino sobre la nieve”
                                                (A. Gamoneda)
La poesía sería algo así como el leño que prende en la chimenea de la casa del alma. Buscamos en ella calorcito, también aliento, energía, refugio, qué sé yo. Para algunos, la poesía es incluso el espacio en el que pueden hablar con los muertos.

"Mis palabras me sorprenden a mí mismo y me enseñan mi pensamiento", dice Derrida, y a esta conclusión llega también Antonio Gamoneda, nuestro “poeta del frío”, por un camino distinto. Porque la poesía puede transmitir conocimientos, sentimientos, emociones, atmósferas, y hasta una música… Pero un buen poema genera sobre todo pensamiento, al explorar los territorios desconocidos del sentido y la significación. Y lo hace creando una nueva realidad, que no existiría fuera del poema. Y da igual que fuera haga frío o calor, que granice o caigan chuzos. "Cuando llueve en el poema, llueve en el poema, y llueve en el pensamiento".

Por otra parte, la poesía es capaz de florecer en cualquier clima y en las condiciones más inhóspitas, en el ártico y en la cárcel de Guantánamo (vergüenza de la humanidad), en el trópico y en el desierto. Es resistente como pocas otras cosas, resistente no sólo frente al espacio sino frente al tiempo. Como dice Olvido García Valdés, la poesía «toca de manera esencial a las personas que se acercan a ella. Tiene algo de lugar de resistencia frente a la banalización, la prisa, esta manera de hablar que tenemos siempre, el desgaste de la lengua. Supone otra forma de relacionarse con la lengua, con el mundo, y abre un espacio de intensidad de percepción que es lo que los lectores buscan».

Para finalizar, me gustaría leer un pequeño poema (hacer click:) de Ulalume González de León y un texto de Robert Walser.
    
    ELOÍSA OTERO
(Ponencia leída en los Encuentros del frío, en León, el 18 de enero de 2008)

July 4, 2007

‘Madrid. Hijos de la subvención’, por CONSTANTINO BÉRTOLO


Constantino Bértolo, director de la colección 'Caballo de Troya'(Constantino Bértolo escribió este artículo para un número especial de una revista de Belgrado, Beogradski Knjizevni Casopis, dedicado al Madrid literario:)

    "En el año 1944 el poeta Dámaso Alonso publicó su libro Hijos de la ira donde se encuentra un verso que resume una época: Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres/ (según las últimas estadísticas).  Sesenta años más tarde los cadáveres gozan, al parecer, de buena salud. Según las últimas estadísticas somos cuatro millones de europeos guapos, ricos y autosatisfechos. No todos somos ricos, guapos y estamos autosatisfechos pero si Madrid, como toda ciudad que se precie, es un espejo, sólo los ricos, guapos y autosatisfechos salen en el espejo. Los más de cuatrocientos mil inmigrantes que se ocupan de cuidar y pasear a nuestros ancianos de clase media, de levantar los ladrillos de los nuevos pisos y de renovar nuestros cuartos de baño, de servir copas y cafés en bares y restaurante, limpiar las calles o atender a los niños mientras papá y mamá trabajan para pagar la hipoteca y la letra del nuevo coche, no salen en foto. Tampoco salen los miles y miles de jóvenes que trabajan como becarios con sueldos miserables en los periódicos gratuitos o en los no gratuitos, en las editoriales dependientes o independientes, en las grandes o pequeñas librerías, en los despachos de abogados o en las auditorias financieras. No salen estos jóvenes aunque sonríen continuamente para que sus directores de recursos humanos comprueben que tienen “espíritu laboral positivo” y puedan llegar, sonriendo, a situarse entre los elegidos para luego pasar de becarios a colaboradores con contrato temporal y desde ahí alcanzar, si siguen sonriendo y mostrando “actitud adecuada para su integración en nuestra cultura de empresa”, la deseada condición de colaboradores con contrato fijo (y despido barato), con sueldo de mil euros e hipotecas de 40 años para comprarse un piso (precio medio: 5.000 euros el metro cuadrado). Porque ahora al capataz se le llama Director de Recursos Humanos, a los trabajadores se les llama colaboradores, y al conformismo laboral, “cultura de empresa”. La cultura.
    Madrid lucha tratando de seguir siendo la capital cultural de España, el rompeolas a donde acudían desde las cuatro esquinas de la geografía española todos los pretendientes que deseaban adquirir la condición de escritor, autor teatral, crítico literario, periodista cultural, actor, videoartista, o cantante. Sigue siéndolo en gran parte, pero en la España de las autonomías la cazuela literaria se reparte por diversos fogones y la explosión de los blogs trasmite la falsa impresión de que la libertad de expresión ya no necesita el soporte del capital ni de la capital para expresarse. Al calor de los nacionalismos periféricos y sus correspondientes subvenciones la otrora Corte de los Milagros ya no tiene el monopolio en la expedición de los títulos de obispo, sacerdote o monaguillo cultural. Barcelona reina sobre la cultura en lengua catalana; Bilbao y San Sebastián arropan la cultura en euskera y en Santiago de Compostela están construyendo una Ciudad Cultural digna de un Faraón aunque no sepan muy bien que cultura van a embalsamar dentro de ella. Pero Madrid sigue siendo Madrid, el lugar donde se compra el 25 % de los libros, donde se edita un 40% de esos libros y donde las instituciones públicas y privadas inauguran cada semana un Festival Cultural o una Noche de los Libros o una Jornadas sobre los Últimos Cien Poetas de la Literatura Española. En Madrid la “política cultural” se ha convertido en “gestión cultural” y una red de centros más o menos (más) subvencionados se reparten la “programación cultural: La Casa Encendida con cursos y talleres que abordan desde la vanguardia del “comic” o la creatividad del videojuego hasta “el compromiso social del hip-hop” pasando por inevitables talleres de escritura, lectura o edición donde los mismos quinientos que quieren ser escritores se convierten en sus quinientos lectores y en sus quinientos editores independientes, o La Casa de América desde donde el neocolonialismo hispano dedica atención subvencionada a los nuevos cineastas argentinos o bolivianos  o mexicanos y cada tarde  presenta algún libro delante de nueve oyentes (más siete amigos y parientes más el editor y su jefe de prensa) un nuevo autor latinoaméricano  que, o bien declara que su literatura es cosmopolita y cita a Auster, Carver o David Foster Wallace, o bien se desmarca claramente de toda contaminación ideológica que tenga que ver con Cuba o Venezuela. Está también el Círculo de Bellas Artes con sus correspondientes subvenciones donde se ofrece más de lo mismo y algún baile de Carnaval (hay gente tan ingenua decía el escritor Mariano José de Larra a principios del siglo XIX, y sigue teniendo razón, que se cree que el Carnaval sólo dura una semana). Y está la Ópera para que las clases dirigentes demuestren su sensibilidad musical, y hay Festivales de Danza para lo mismo y no hay todavía un Festival Internacional de Cine porque a nadie se le ha ocurrido. Madrid está al día. Ya estamos en el circuito cultural europeo y lo que hay que consumir culturalmente: exposiciones, espectáculos, recitales, conciertos, catálogos o deconstrucciones, lo consumimos con entusiasmo (subvencionado). 
    El 85% de la literatura que se traduce es anglosajona. La lista de libros más vendidos es intercambiable con la lista de libros más vendidos en Nueva York, Londres, París o Frankfurt. Cada vez la venta de libros se concentra alrededor de cuatro o cinco títulos anuales que recogen la moda lectora del momento. Ahora, por ejemplo, todavía se mantiene la onda expansiva de El Código da Vinci o La Catedral del mar y las grandes editoriales continúan sacando al mercado novelones de misterio con fondo religioso. Ningún libro con expectativas de ventas por debajo de los 5.000 ejemplares tiene fácil su publicación que no en vano los departamentos de Recursos Humanos forman a sus ejecutivos (y ejecutados) con cursos de escalada y caída libre. Cultura para culturalistas. Cierto que en los últimos meses se ha hablado mucho del fenómeno de las editoriales independientes, de pequeño tamaño y con autoalabada “vocación” literaria, que haciendo de la necesidad virtud, ofrecen en sus catálogos autores que en mercados más accesibles económicamente que el anglosajón han sobresalido comercialmente, o bien rescatan “clásicos olvidados” como Buzatti o Sandor Marai y otros autores centroeuropeos cuya traducción subvenciona algún organismo nacional o internacional, mientras esperan que “suene la flauta” y algún libro se convierta en un “best-seller de qualitè” que les permita pasar de editor independiente a editor con prestigio y “glamour”. Al lado apenas dos o tres editoriales, ‘Páginas de espuma’, ‘Libros de la Catarata’, ‘Traficantes de sueños’, que apuestan por lo nuevo o poco conocido y que sobreviven con tiradas de 1.500 ejemplares y ventas que no llegan a los 600. No es extraño por tanto que el paisaje de la narrativa española mantenga sus coordenadas estéticas  más literariamente conservadoras: novelas de estructura policíaca, costumbrismo existencial urbano presuntamente jovial e irónico y en realidad tópico y chistoso, narraciones en clave de autoayuda, memoria histórica sentimentalista, florituras metaliterarias de los neoborgianos. Literatura “pret-a-porter”, literatura cursi, kisch.  En medio, tres  o cuatro voces narrativas, Belén Gopegui, Isaac Rosa, Andrés Barba, Ángel Zapata, Julián Rodríguez que se siguen preguntando si hay vida narrativa más allá del puro entretenimiento. El resto es puro mercado. En el territorio de la poesía domina el no molestar, el déjeme pasar por favor, la búsqueda de una especie de exactitud abstracta inodora y sin tacto, la voz baja, ya en la escala de la agotada experiencia ya en el hondón de una profundidad horizontal que se reviste de hermeneútica. Una poesía “idiota”, de monaguillos, escrita entre cómplices y para cómplices, autosatisfecha de una marginalidad social y cultural que muchos, trasmutando la debilidad en virtud, quieren señalar como coherente huída de la epidemia comercial que sacude a la narrativa. Nuestra poesía “post” emite “suspirillos pop” y vía subvención, faltaría más, deviene a menudo “performance”, fiesta, festejo y guateque donde la recitación, la música, la luminotecnia y el neohappening se atropellan mutuamente en un espacio más teatrero que teatral. Con todo parece que algunas nuevas voces, Mercedes Cebrián, Elena Medel, Manuel Vilas, aportan propuestas poéticas que no piden perdón por hablar en voz alta y  muestran signos de que la batalla por las palabras  acaso no está totalmente perdida. Mi reino por un poeta enfadado.
    El escritor madrileño vive y escribe con una meta: vivir del “bolo”. Por “bolo” se entiende aquel tipo de acto organizado y remunerado económicamente por instituciones de distinta condición en el que se requiere la participación de escritores: presentaciones de libros, mesas redondas, recitales, encuentros, talleres de escritura, etc… Adquirir la condición de “bolista” tiene su propia singladura: se requiere tener obra publicada y si ha sido premiada mejor, aparecer con alguna frecuencia en los medios de comunicación, colaborar en prensa, coordinar alguna actividad literaria o cultural, ser citado en los blogs literarios (y no hay escritor que no tenga su blog y cite a diestro y siniestro a fin de ser recompensado con la cita correspondiente). Cuando se ha conseguido participar en los “bolos” al escritor o escritora se le abre todo un horizonte profesional: desde la mesa redonda sobre cualquier tema hasta la columna semanal en el periódico de provincias, pasando por los Cursos de las Mil Universidades de Verano, los cinco mil talleres de escritura  o los viajes de “tournée” por los Institutos Cervantes de todo el mundo. Vivir del “bolo” es una especie de “bohemia socialdemócrata” donde la jerarquía literaria y económica se despliega como una escalera donde el peldaño superior es más estrecho que el anterior. En la parte de abajo los “bolos” de 150 euros en los colegios o aulas culturales municipales, arriba la conferencia de una Fundación privada con estipendios de 3000 euros y en medio las cantidades, 300, 600, 1000 euros que permiten llegar a fin de mes y dejarse ver en los bares convenientes para que la carrera profesional no se detenga: Coq, De Diego, El bandido doblemente armado.
    Siguiendo la lógica de la escalera que Bourdieu describe en Las reglas del juego los escritores principiantes, que no se muestran esquivos con el mercado ni son sordos a sus cantos de sirena, se autoafirman proclamando su vocación insoslayable mientras reclaman promoción a sus editores y se autopromocionan poniendo en juego todos sus contactos e influencia. Saben que lo importante es entrar en la cazuela literaria aunque sea a costa de miserables adelantos o leoninos contratos. Como los jóvenes becarios que se adiestran con sonrisas en las claves de la “cultura de empresa” los jóvenes escritores sonríen con desparpajo y procuran dar buena imagen y “comunicar bien”. El resto vendrá por añadidura: primero la edición en una pequeña editorial independiente, después finalista en un premio con relevancia, luego el premio comercial. Estas son las expectativas y esas expectativas modelan, sin opresión aparente, su escritura. El “marketing” se ha hecho “poética”. Madrid se escribe con M de marketing.
    Y la crítica acompaña en lo que puede a este mundo feliz. Los suplementos literarios con más predicamento, ‘Babelia’, ‘ABCD de la Artes y las Letras’, aunque apenas tiene una repercusión en las ventas, celebran todos los centenarios o cincuentenarios que salgan al paso, descubren mediterráneos literarios y anglosajones cada día, abren ventanas que ya están abiertas,  atienden  al marketing de los departamentos de prensa de las editoriales, se lavan las manos con dos migajas de atención a la poesía y son incapaces de apostar  o descubrir tendencias porque su mirada no abarca más allá de la semana que tienen por delante y sería imposible determinar cuales son los criterios estéticos, culturales o literarios desde los que seleccionan, jerarquizan o enjuician. Hablan de lo que el mercado literario obliga a hablar y se esfuerzan por acicalarse acudiendo al canon literario más conservador, pero aunque su credibilidad sea escasa y su significación cultural poco relevante, siguen siendo ese espejo donde los escritores reconocidos miden el tamaño de su herida narcisista y donde los postulantes a la fama y al “bolo” buscan con desesperación la reseña con foto que los homologue. Expulsado el crítico literario Ignacio Echevarría de las páginas del suplemento del diario El País por su crítica a un libro editado por la misma empresa del periódico, la crítica literaria es decir, el comentario argumentado y no predecible sobre un libro, se refugia hoy en blogs como Vivir del cuento http://vivirdelcuento.blogspot.com donde ejerce como francotirador Antonio Jiménez Morató, en la sección semanal del gratuito Calle20 o en la páginas irónicas que el escritor Rafael Reig perfila, en situación de libertad vigilada, en su sección ‘Tribunal Literario’ dentro del suplemento ‘El Cultural’ que edita el diario El Mundo.  Fuera del espejo dominante,  espacios culturales críticos como la sala Youkali o la revista digital Tierra de nadie www.tierradenadieediciones.com siguen intentando poner en marcha miradas y prácticas cu