El cuarto de siglo en «cuarto creciente» de Corsario
Un libro escrito por Víctor M. Díez recoge los 25 años de vida del grupo de teatro que dirige Fernando Urdiales

Por CAMINO MONJE
(Publicado en DIARIO DE VALLADOLID-EL MUNDO
el 20 de agosto de 2007)
«Fernando Urdiales, psiquiatra con plaza en el manicomio de Palencia, pide la cuenta, enloquece. Con quinientas mil pesetas, de las de entonces, pone e marcha un proyecto largamente acariciado:
Teatro Corsario». Ocurría a comienzos de los 80. «Se acabó lo de tener un trabajo decente y ponerse las narices de payaso los fines de semana», recuerda el que iba a ser director, actor, autor… y alma de la compañía, invitado a mirar atrás un cuarto de siglo después.
Al mismo barco se subieron «un histórico del teatro vallisoletano Juan Ignacio Miralles, Licas, los doctores Rosa Manzano y Pedro Vergara, el filólogo Javier Semprún, el historiador y geógrafo Luis Miguel García; Eduardo Gijón o María José Pelayo, Margarita Santos y el difunto José Urbistondo. Todos magníficos actores y, casi todos, aún en la brecha».
Con esos mimbres se inicia la historia de un referente imprescindible de la escena en Castilla y León; la escribe el poeta Víctor M. Díez en
Teatro Corsario. Veinticinco años, obra publicada por la Junta para celebrar el aniversario del grupo. A esa parte central se suman textos del crítico Fernando Herrero, el poeta y músico Ildefonso Rodríguez, el profesor Germán Vega y el escritor Luis Mateo Díez, quien se subió a la «nave corsaria» para la versión escénica de su territorio Celama.
Como complemento, se ha editado un DVD de casi dos horas de duración, que incluye una entrevista con Fernando Urdiales y reportajes sobre distintos espectáculos realizados por los centros TVE en Castilla y León y Canarias y por la productora Fenicia Creaciones.
El autor del libro se ha metido en la trastienda de la compañía para escribir este cuaderno de bitácora», en un papel que él mismo define como «ocupante de domicilios ajenos» y que le ha servido para plasmar «lo bello y lo duro». Recorre «veinticinco años tendidos entre dos centurias, un cuarto de siglo, pero un cuarto creciente, se escucha decir a los protagonistas de esta historia como un coro griego».
Los primeros ensayos de la obra de debut, ‘Sin abuso de desesperación’ (1982), a partir de piezas cortas de Tennessee Williams, se hicieron «en casa de Javier y María José, de casa en casa» y, después, como ha recordado Urdiales en este año del aniversario, el contratiempo de que las voces no se escuchasen en el teatro. Comienzos, explica Víctor M. Díez, «de energía desbocada, de una imaginación desbordante y de una pobreza de medios absoluta». «Un país haciéndose, inventándose es el telón de fondo, la escenografía», contextualiza el autor de la obra.
La compañía estaba enmarcha, pero el suyo no iba a ser un camino de rosas. ‘A la caza del Snark’, de Lewis Carroll, a partir de una versión del poeta Leopoldo María Panero, fue para muchos «el primer éxito», además de «una ruina total». «Se puede decir que perdíamos dinero por arrobas», dice Javier Semprún.
En 1984, Corsario contribuye a animar el desolado panorama cultural de la Comunidad. «Haciendo de la necesidad virtud» y «al primer guiño institucional», nace el Estival (nada que ver con el ciclo vallisoletano posterior), «idea deudora de los intentos alfabetizadores y de culturalización de la II República, remeda de aquella celebérrima iniciativa de La Barraca de Lorca».
Los ‘corsarios’ se convierten en «verdaderos cómicos de la legua» por los pueblos de Castilla y León bajo la carpa del ‘Teatro con sol y luna’.
«La apuesta de Urdiales, con la anuencia del resto del grupo, por llevar a escena textos tan controvertidos como ‘Para terminar con el juicio de dios’, de Antonin Artaud e ‘Insultos al público’, de Peter Handke les puso, como profesionales que querían ser, contra las cuerdas, o más bien, contra la realidad», constata Víctor M. Díez. «La verdad es que era un repertorio demasiado punk para la época», ratifica Semprún al recordar que los espectadores se iban de las salas donde representaba ‘Insultos’, «excepto un puñado de ellos que nos insultaban desde la puerta, como en Ávila», añade el actor.
Pese a la incomprensión de distintos sectores, siempre la huida hacia delante. «Podría decirse», dice el autor del texto, «que su destino, entre la fatalidad y la esperanza, se lo han
labrado y lo han surcado por sí mismos, soplasen los vientos de donde quiera que fuese, en contra o a favor. Pruebas de su arrojo y temeridad no faltan».

El libro avanza por los veinticinco años de escena, título a título, hasta llegar a los espectáculos más conocidos hoy, por cercanos en el tiempo. Sin olvidar la faceta de Corsario
en el campo de los títeres capitaneada por Jesús Peña, ni el Premio Max conseguido con ‘La barraca de Colón’, ni el reciente estreno de ‘Los locos de Valencia’, de Lope.
También quedan escritas las aspiraciones aún no logradas, como incluir a Valle Inclán en el repertorio. O el logro de hacer del verso de los clásicos la gran especialidad de la compañía, gracias al magisterio de Josefina García Aráez y pese a estrenarse, «flojitos» –dice Urdiales–, en este campo con ‘El gran teatro del mundo’ (1990).
Empeñados en ser profesionales cuando no existía la profesión y manteniéndose como compañía estable de repertorio cuando ya no existen grupos así, no extraña la conclusión de Urdiales recogida en la obra: «Sí, somos una auténtica rareza».