‘Cuestiones de poética en la actual poesía en castellano’ / Con textos y reflexiones de GONZALO ABRIL, NORA CATELLI, MIGUEL CASADO, JOSÉ MANUEL CUESTA ABAD, AMELIA GAMONEDA, ESPERANZA LÓPEZ PARADA, ANTONI MARÍ, PEDRO PROVENCIO, WILLIAM ROWE


Mi recuento de los mejores libros publicados en España no será una lista marcada por el interés encubierto de las grandes editoriales. La cual tiene obvia resonancia en las listas literarias de los principales diarios de la península. Será una opinión crítica e independiente.
Para empezar quiero señalar las grandes decepciones del año. Empezando por la novela ‘La Hermandad de la Buena Suerte’, de Fernando Savater, ganadora del premio Planeta del 2008. Con el premio otorgado a Savater se demuestra, una vez más, el desprestigio en que se encuentran los grandes premios literarios. ‘El viaje del elefante’ de José Saramago, esta claro, es un texto menor y no desmerece para nada la extraordinaria obra del escritor portugués.
La mejor novela escrita por un español no viene firmada —gracias a dios— por algún miembro de la llamada Nocilla Experience, sino por una escritora de más de 80 años, Ana María Matute y su ‘Paraíso inhabitado’, que es una pequeña obra maestra. En relato corto menciono a la ‘Enciclopedia de los muertos’ del genial Danilo Kis y el divertido ‘Yo también puedo escribir una jodida historia de amor’ de Carlos Salem.
Dentro de la literatura en otros idiomas: Considero que Philip Roth y Iam McEwan son unos autores correctos, pero no grandes novelistas. Menos aún para encabezar una lista literaria de lo mejor del año. ‘Acción de Gracias’ de Richard Ford y ‘La maravillosa vida breve’ de Oscar Wao de Junot Díaz son las grandes novelas extranjeras publicadas el 2008. Sin lugar a dudas.
En poesía, dentro de los autores consagrados el único poemario valioso publicado es el titulado ‘Golem’ de Leopoldo Maria Panero, quien con este libro regresa con bríos a su mejor poética. ‘Poemas a la noche y otra poesía póstuma y dispersa’ me ha hecho reconciliarme con la poesía de Rilke. Propuestas novedosas como la del inglés Bob Gurney quién con ‘Cuarto oscuro’ crea un valioso lazo comunicante entre la tradición anglosajona y castellana.
En el ensayo mi gran decepción ha sido ‘Viaje a la ficción’ de Mario Vargas Llosa. El experimento mitad ensayo-mitad autobiografía ‘Otros colores’ de Orham Pamuk es el libro que me ha regresado a la frescura por leer reflexión literaria.
Lamentables las traducciones de la poesía completa de Silvia Plath y ‘La Roca’ de Wallace Stevens.
Olvido García Valdés, en el telar
Un artículo de LUIS MUÑIZ en La Nueva España sobre
‘Esa polilla que delante de mí revolotea’,
el libro que recoge la obra poética reunida
de OLVIDO GARCÍA VALDÉS.
La caricatura es de Pablo García.
El colectivo Addison de Witt aborda en el blog (haz click:) Crítica poética y contracrítica el último libro de OLVIDO GARCÍA VALDÉS, Esa polilla que delante de mí revolotea, en el que la poeta asturiana reúne prácticamente toda su obra poética, además de algunos textos inéditos y un apartado de reflexiones sobre la escritura y la poesía.
LIBROS DE POESÍA
La prisión delicada, de Beatriz Russo
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Queridos amigos,
quiero compartir con vosotros la reseña que Jambrina ha hecho sobre la prisión delicada en ABCD de las letras este sábado 18 y agradeceros el apoyo, cariño y confianza que me habéis dado con este libro.
Un abrazo enorme.
Beatriz Russo

La prisión delicada es el segundo poemario publicado por Beatriz Russo (Madrid, 1971), que se dio a conocer con el titulado En la salud y en la enfermedad (2004). Se trata de un poema extenso, un canto continuado en el que los versos que aparecen al principio («Ésta es mi prisión delicada. / No me salvéis. / Aquí yacerá la que pudo haber sido Ophelia. / Inventadme un epitafio que se oculte bajo el musgo. / Que nadie incinere mi cuerpo. / Tengo algo que evocar») se repiten -con alguna variante- a lo largo del mismo, lo que le da unidad y una intensidad creciente. Nos encontramos ante una exaltación de la poesía y del arte y ante un homenaje a las tres mujeres que figuran como dedicatarias del libro: Lizzie Siddal, Fanny Cornforth y Jane Morris, esposa y amantes del pintor y poeta Dante Gabriel Rossetti; musas y modelos de la Hermandad Prerrafaelita.
Son muchas, en efecto, las alusiones a estas musas de origen humilde y a algunos de los cuadros para los que posaron, en una época, la victoriana, en la que ser modelo de artista era algo casi tan bajo como ser prostituta (de hecho, Fanny lo había sido). Naturalmente, la autora trasciende lo anecdótico y lo culturalista para convertirlas en símbolos de la condición femenina y de su papel en el arte. En este sentido, destaca la figura fascinante y trágica de Lizzie Siddal —la «Ophelia» del famoso cuadro de Millais y la «Beata Beatrix» de Rossetti—, que se suicidó con una sobredosis de láudano, dejando inédita una colección de poemas. «¿A quién le importa la lengua de los muertos? / ¿A quién, la alucinógena voz que se pronuncia entre los versos de Lizzie Siddal?», se pregunta un yo lírico femenino en el que convergen diferentes máscaras y, en especial, la de la propia Siddal.
El adjetivo alucinógena le conviene también a la voz de Beatriz Russo. A este respecto, cabe señalar que, a través del lenguaje, ésta logra producir una visión alucinada y, por lo tanto, sorprendente y nueva de las cosas. De ahí su tono visionario, onírico, irracional y, en ocasiones, surreal. La suya es, además, una poesía de largo aliento, torrencial, envolvente y expansiva; escrita, por lo general, en extensos versículos y organizada en torno a una serie de recurrencias de todo tipo. Su estructura es, a la vez, cíclica y progresiva. Pero, sin duda, lo más destacado es su carácter vigoroso y exaltado, de una gran fuerza rítmica e imaginativa. He aquí, pues, la obra madura de una autora que, según ha confesado, accedió no hace mucho a la poesía, tras un período de encierro que, al final, resultó deslumbrante y revelador.
LA LLUVIA EN MURANIA
Por VÍCTOR M. DÍEZ
(Publicado en Peatom.info)
Hacía tiempo que no caía en mis manos una novela contemporánea (española, además) que me trasportase de tal forma. Su brevedad —más parece un relato largo que una novela corta—, la justeza de su lenguaje, la exactitud y necesidad de lo contado me conmueven y excitan como lector. Campo de amapolas blanco, de Gonzalo Hidalgo Bayal, lo diré pronto, me parece oro en paño.
Hidalgo Bayal, cacereño de 1950, es profesor de literatura en un instituto de Plasencia. Es autor de ensayos literarios como Camino de Jotán (1994) y Equidistancias (1997). También es autor de varias novelas, como Mísera fue, señora, la osadía (1988), El cerco oblicuo (1993) o Amad a la dama (2002). Pero, sin duda, es su anterior novela Paradoja del interventor su obra cumbre y la que le ha dado a conocer ante el gran público.
Campo de amapolas blancas, su última entrega, desgrana la memoria de una amistad entre dos jóvenes antitéticos, sin concesiones ni autocomplacencia. Desde el primer capítulo, de los 15 en que se divide, su autor renuncia expresamente a los artificios que tan frecuentemente utilizan los novelistas para recrear el pasado.
La pseudo-exactitud y falsa minuciosidad en los detalles que solemos llamar verosimilitud nos aleja de la verdad, esa llena de lagunas, olvidos, visiones borrosas, dudas, personajes espectrales… Parece confiarnos el autor. Pero, en sus palabras,"no ha de entenderse lo que sigue, sin embargo, como un ejercicio inofensivo de recuperación, sino que ha de considerarse esa dificultad añadida a la empresa que acometo, a saber, la ilustración de cómo toda amistad genera su patología".
El poder de este relato radica en su habilidad para esbozar, por contención, un retrato generacional con una desnudez conmovedora. Para ser arquetípica sin caer en los tópicos, jugando con la realidad de una época trufada de ellos, en lo que tienen las décadas de los 60, 70 (de una manera señalada en nuestro país) de mitomanía y de descubrimiento de la vida, de la libertad. De una generación que despierta al mundo, de unos adolescentes que se arrojan a él de formas bien diferentes, pero siempre entregadas.
Qué difícil, la literatura dentro de la literatura como leit motiv, sin resultar cargante. Los beatles, el existencialismo, los míticos viajes a París, el cine, las drogas… Todo con una naturalidad que le confiere un tono ajeno a lo sentimentaloide, sin dejar de lado los sentimientos y de lo intelectualoide sin aparcar una apasionada inmersión en la cultura del siglo XX. Luis Landero, que lo define como ironía, lo cuenta muy bien en su magnífico epílogo: "Cuando digo que [el tono] es irónico, quiero decir que es poderoso. Yo tengo la sensación de lector de que Gonzalo rehuye sistemáticamente, poderosamente, el encuentro frontal con las emociones. Prefiere dar un rodeo intelectual, pero como yo creo que el tono intelectual tampoco le convence del todo, al final usa la ironía para defenderse de la tentación intelectual y de la tentación sentimental. Esa ironía que serpentea entre los sentimientos y la razón, sin entregarse nunca a ellos, es parte esencial del estilo inconfundible de Gonzalo".
Y ese personaje crepuscular, monocorde, una figura al fondo del relato, (un guardia civil cansado, desposeído, enfermo de vivir, que es padre de uno de los protagonistas) se convierte en el tono enfermizo, moribundo del mismo. La búsqueda fracasada de la felicidad, la pérdida de la juventud, incluso de la vida, suenan al fondo como un contrabajo desafinado. Esto es lo que fue, esto lo que queda de aquella promesa.
Los dos protagonistas se reparten el tablero. Uno es el relatado y otro el relator. Blanco y negro como el cine antiguo, como el ajedrez. En los tiempos en que una era de Paul o de John, de los Beatles o de los Rollings, de Keaton o de Chaplin, de Fischer o de Boris Spassky. En el alegato final, afirma el superviviente de la pareja protagonista, cuyo nombre desconocemos: "A mí me quedan los eslabones del tiempo en la memoria: la espinela, los tribunos de la plebe, la naúsea, ay, infelice, Butch Cassidy and Sundance Kid, das Ewigweibliche, la mansarda de Les Halles, Charlie Parker, Lucy in Sky whit Diamonds, el sueño de la script, una sonrisa triste y bondadosa y la persistencia plural de la lluvia, la lluvia que se esconde en las palabras y los libros, la lluvia que azota la ciudad y las ventanas, la lluvia que cae sobre el olvido y la ceniza. Por mi parte, he contemplado campos de fresas, de trigo y de algodón, oigo a veces el sonido compacto de Starawberry fields forever, he sabido de campos de batalla, magnéticos y santos, pero por más que miro a los lados de la carretera cuando viajo en coche por tierras de murgaños, aun no he encontrado campos de amapolas blancas".
El otro personaje principal es nombrado como H, una letra muda para un hombre sin sonido. H, lo mismo que se puede leer en algunos excusados de los establecimientos hosteleros (H de hombre), el que creyó en la maravilla de la vida y se fue por el desagüe. Lo cierto es que después de leer Campo de amapolas blancas, lo he visto sobre la mesa como un traje prestado que ajustaba a la perfección a algunos figuras que conocí, que conocimos… Pruebo y ajustan esos nombres, escribí en un poema hace tiempo. Gracias por esta ropa de muerto, por este traje prestado. Tanto en tan poco.
FICHA DEL LIBRO:
Campo de amapolas blancas
Gonzalo Hidalgo Bayal
Tusquets Editores. Mayo 2008
Col. Andanzas. 109 pags
Epílogo de Luis Landero
‘Contra Maquilero’: una poesía rebelde y reveladora

Por BASILIA PAPASTAMATÍU
Publicado en (haz click:) CubaLiteraria
La más reciente Feria Internacional del Libro de Cuba, de febrero pasado, entre muchas otras ganancias espirituales, propició el mejor conocimiento de la cultura de Galicia, invitada de honor este año. 
Por ANGÉLICA TANARRO
(Publicado en el diario EL NORTE DE CASTILLA el 30 de mayo de 2008)
PREMIOS AUSIÁS MARCH del colectivo ADDISON DE WITT
a los mejores poemarios en castellano de 2007
Los lectores votaron a: Libro: Votos:
| 1º Chantal Maillard (1951) | Hilos | 177 | |
| (Rafael Cadenas (1930) | Obras enteras | 136 | |
| 2º Joan Margarit (1938) | Casa de misericordia | 103 | |
| 3º Oliverio Girondo (1891-1967) | Calcomanías | 98 | |
| 4º Juan Antonio González Iglesias (1964) | Eros es más | 85 | |
| 5º Eduardo Moga (1962) | Cuerpo sin mí | 66 | |
| 6º Clara Janés (1940) | Espacios traslúcidos | 52 | |
| 7º Antonio Orihuela (1965) | Durruti en Budilandia | 41 |
Por su parte, el colectivo ADISSON DE WITT, desde la página Crítica poética y contracrítica, otorgó sus Premios Ausiás March a los siguientes autores y libros, por estricto orden alfábetico. Puedes consultar también (haz click:) los premiados con accésits.
Antonio Cisneros por "Un crucero a las islas Galápagos". Edita Pre-textos: En menos de cuarenta páginas de prosa poética, termino que Antonio odia, este poeta peruano nos transporta en sus cantos marianos a mundos imaginarios, y a veces casi reales, de los que no nos gustaría salir. Es Cisneros en estado puro: simbolismo, misticismo, un sentido del humor tan elegante como a veces negro, una particular visión de la especie humana, animales fetiche…Esta vez alejado de diálogos superfluos o historicistas, Cisneros se centra en su yo, en su vejez y en lo que le rodea abandonando la épica y adoptando un tono más íntimo y cercano, pero a la vez maravilloso por su valentía y su optimismo. El poeta crea su propia religión, seculariza a la Virgen y la hace tan humana como cualquiera de nosotros. Un magnífico poemario.
Chantal Maillard por “Hilos”. Edita Tusquets: Hilos es un libro en donde el dolor interior de la poeta es descrito tanto en el fondo como en la forma del poemario. La fragmentación del verso, su reducción hasta casi la unidad, el recortado sintáctico de la frase a través de la elipsis, la puntuación y el anantapódoton, las repeticiones numerosas tanto en anadiplosis como en epanodiplosis ayudando a crear un ambiente difícilmente soportable. La metapoesía, la reflexión, todo se mezcla en un poemario original en su planteamiento estético, de una arquitectura desenfocada, que tiene sus mayores virtudes tanto en la habilidad técnica de la poeta como en la enorme capacidad de comunicación lírica de algunos poemas. Por el lado negativo encontramos un abuso, en determinados momentos, de ciertas figuras retóricas ya comentadas, una excesiva repetición de conceptos y reflexiones, algunas ramificaciones que nos alejan y se pierden y un exceso de versos en varios poemas sin cuya presencia el poemario no perdería nada y ganaría en agilidad y capacidad de reelectura. Aún así y con todo, uno de los mejores poemarios publicados en 2007.
Jorge Riechmann por “Conversaciones entre alquimistas”. Edita Tusquets: Encontramos en este libro las mismas virtudes y los mismos defectos que han acompañado a este poeta durante años. Por una parte, brotes de talento muy brillantes en unos poemas, en donde se muestra hasta donde podría llegar el poeta si se centrara en el aspecto lírico de su poesía. Por otra parte, el esfuerzo por colocar eslóganes y "vender" ideología ya vendida, la falta de ritmo poético y un exceso de narratividad, pretensiones y prosaísmo contrarrestan parte de los méritos que el talento de este poeta muestra. Si el poemario tuviera 50 páginas menos sería el mejor libro de 2007 sin discusión. Como está se queda en uno de los mejores poemarios de 2007, lo cual tampoco está nada mal.
Oliverio Girondo por “Calcomanías”. Edita Renacimiento: Excelente edición de los tres primeros poemarios del argentino Oliverio Girondo. Su desbordante imaginación, su atrevimiento brutal en su vanguardismo, sus imágenes brillantes, capaz de sorprender en cada nuevo verso, sea en prosa poética o en verso, su inteligentísimo sentido del humor, su ternura, sensualidad…Un poeta que conmueve, que emociona, que hace pensar, que provoca preguntas, que estremece, desgarra, hace reir, llorar. Un poeta que ya es un clásico. Vértigo.
Rómulo Bustos por “Sacrificiales”. Edita veintisieteletras: Extraordinario como los anteriores es el nuevo poemario del colombiano Rómulo Bustos. De una agudeza lírica enorme, el poeta canta a lo pequeño. Con la mirada de niño, de buen poeta, mira a la naturaleza y lo cotidiano y nos saca de donde nos ha metido en un solo verso, lo diario mezclado con la ciencia. A veces un humor salvífico, a veces una religión de nuevo propia convertida en poesía, la poesía a su vez como sacramento. En ocasiones, el poema se acerca en exceso a lo narrativo y pierde cierta tensión lírica que se recupera casi de inmediato. Una pequeña joya.
Este mes voy a arrancar tergiversando a mi favor el famoso comienzo de Ana Karenina, para decir que, hoy por hoy, “todas las novelas felices son iguales”. Y no creo que Tolstoi se ofendiera porque haya cambiado su visión de la familia por la mía de la literatura actual; a fin de cuentas, los vínculos que los lectores creamos con los libros que nos gustan se parecen a los lazos familiares, puesto que, como estos, se alimentan de algún tipo de necesidad.
En 2002 publica una novela, De espaldas a nosotros, un texto donde los vivos parecen estar contaminados por el virus de la muerte y los muertos se mueven a sus anchas. Entre unos y otros hay una corriente que los comunica y mantiene despiertos a unos y otros en un escenario que nunca deja de ser terrible, maravilloso y, de alguna manera, familiar. El libro bebe de Juan Rulfo, de John Berger y, sobre todo, de la tierra donde nació Miguel, la Alta Sanabria. “Vi a mi padre tendido boca arriba, enseñando sus partes íntimas como si fueran los ahorros de toda una vida y levantarse después con el rabo entre las piernas, la cabeza colgando, humillado por un animal más joven y audaz, de bigote recto y largas patillas, que montó a mi madre en sus propias narices sin que él, que estaba dispuesto a ceder en todo lo demás, lo pudiera evitar.Hay, en cambio, vergüenza, tragedia, humor, un cierto ridículo en lo expuesto, ese padre tan pequeño podría ser el lúpulo, lobo diminuto. Hay, del lado de la poesía, muy poderosas imágenes oníricas. El punto de vista básico a lo largo del libro es el del animal salvaje que tiene un contacto esporádico pero fundamental con los hombres. Es un texto más cercano al género del sin género, ni narración ni poema, ni carne ni pescado, o mejor, todo ello junto en un aderezo singular. Quizá eso sea privilegio de la poesía.
─¿A qué casa? Ya no tenemos casa, hijo.
Dijo esto mirando la llanura que nos rodeaba mientras se sacudía el polvo de los hombros. Los dos oímos el giro chirriante de la llave.
Frente a la gran explanada, mi padre, bastantes centímetros más bajo que yo, recién regresado a la edad adulta, trataba de ofrecerme algo, un gesto (…esto es lo que hay) de despedida.
Nos fuimos dándonos la espalda. Todavía le eché un vistazo de reojo y, efectivamente, era lamentable, al gran lobo de siete carreras de dientes le sobraban por lo menos siete tallas del abrigo.”
“BrotamosLa voz que escribe el libro es y no es la de Lúpulo…: “de ti, Lúpulo, tomo directamente tu garganta tanto tiempo guardada en harina de centeno, (…) // El humo te hará salir de la hura, lloroso como yo aquella tarde cuando pasaste muerto como un perro (idiota) junto a las azadas manchadas de rojo.” (Pág. 49) Hay un proceso de identificación y de diferencia, de peligro de caída en lo más bajo (ser perro en vez de lobo), hay otra vez miedo al ridículo, piedad por la vida mísera de este lobo emigrante, y hay admiración por lo extraño.
como pájaros
desde dentro alarga
el brazo, el ojo
el labio, hacia la puerta
besa a los hermanos
(aquí no llega el sonido)
y huye.”
¿Dónde se abre un refugio, noble amigo,Son muchas las voces que resuenan en Contra Maquilero. Así, en la sección decimoquinta el verso “permíteme cantar y ser eléctrico” es homenaje al I sing the body electric de Walt Whitman, poeta sobre el que muy acertadamente escribió José Martí. Sin embargo, además de los homenajes, hay también parodias e inversiones. Quizás por eso el patrón métrico del primer endecasílabo de Contra Maquilero pueda evocar para algunos la canción de Grisóstomo que inicia el capítulo XIV del Quijote, en la que podemos leer:
para la paz y la libertad?
El siglo se ha despedido impetuosamente
y lo nuevo se inaugura con una catástrofe.
Dame, desdén, una torcida soga.Contra Maquilero es imprecación desgarrada, pero también poema pastoral, en el sentido que dio al término William Empson en Some versions of Pastoral, por eso concluye esperanzadamente pidiendo pan en la sombra para resistir y evocando a la fugaz, esquiva y deseada Marcela, que el poeta tomó también de la primera parte del Quijote para simbolizar la utopía y la revolución, esa misma Marcela que se menciona en las palabras finales del ensayo Mitos y cansancio clásico, de José Lezama Lima.
Mas, ¡ay de mí!, que con cruel victoria
vuestra memoria el sufrimiento ahoga.
(En la presentación del libro ‘Descalzos sobre las brasas’, de Juan Carlos Pajares, con ilustraciones de Amancio González. Ed. Eje Producciones, colección Ería. León, 2007.):
Dicen que a la tercera va la vencida, y debe ser verdad. Por lo menos en este caso.
Hace ya muchos años, más de 20, que el primer libro de Juan Carlos Pajares vio la luz en la editorial Margen, una editorial sin muchos posibles que llevávamos entre unos cuantos amigos con muy pocos medios, cuando aún no había ordenadores, ni impresoras, ni nada. En total se tiraron cien ejemplares de aquellos Relatos incompletos o el hundimiento del Kizilirmak.
Un libro lleno de pasión, de imágenes, y de preguntas, que comenzaba diciendo:
Hace falta ser poema inédito
para ser libre hasta lo inimaginable
para sentirse de una vez por todas ser inmortal…
y que terminaba con estos versos:
ahora es aún más cierto que aleteo
y resulto amalgama furia de plumajes devastados
ahora por fin son los tiempos de la legítima deserción
Pajares me confesó en alguna ocasión que, efectivamente, él desertó en aquella época de muchas cosas en su vida, la escritura y la poesía entre ellas. “Pero al final uno no puede evitar ser lo que es, y un buen día empecé a escribir de nuevo”, me dijo.
Y es que la literatura nos muestra el mundo que existe, a veces también esos otros mundos imaginables y posibles. Porque escribir es mirar. Peter Handke tiene una frase de esas sencillas y memorables, que viene muy bien al caso: “Escribir es estar atento a la manera en que vivimos”. Y, ahí, la poesía es una forma maravillosamente económica de reflexionar, de contar, de expresar algo. Y de mirar no sólo hacia afuera, hacia el mundo, sino también hacia dentro, hacia uno mismo.
De forma que Pajares empezó a escribir de nuevo, y la escritura le llevó a construir un segundo poemario, a partir de aquel primero:
El mundo pudo ser una bella verdad.
Con este título se publicó en internet hace cinco años y se presentó en la Feria del Libro de León
En aquel entonces, Pajares fue todo un pionero, y uno de los primeros poetas que publicó un libro en la red, en archivo digital, en una editorial electrónica, Badosa.com.
El mundo pudo ser una bella verdad era un libro inhabitual por su soporte y por su diseño, porque aquello era un objeto virtual, visual, que con el programa MsReader se podía leer como un libro de verdad, con páginas que se pasaban de adelante y hacia atrás, y sobre las que incluso se podía anotar, escribir cosas. Aquello era novedoso, aunque ahora se hayan popularizado muchos tipos de formatos y proliferen las bibliotecas virtuales.
El título expresaba ya toda una declaración de intenciones, y resumía, como una metáfora, lo que sucedía entonces y ahora.
Porque el mundo se está convirtiendo en un lugar terrible para demasiados de sus habitantes. Y, sin embargo, la belleza sigue estando ahí, para ser descubierta y explorada y disfrutada… y esa belleza contiene también una parte de la hermosa verdad del mundo. Y esa hermosa verdad es lo que la poesía siempre se afana en desvelar.
Hay quien dice que un escritor, en realidad, siempre está escribiendo el mismo libro. En el caso de Juan Carlos Pajares, por lo menos hasta ahora, parece que esta sentencia se va cumpliendo. Porque este nuevo libro, Descalzos sobre las brasas, el tercero, no hubiera sido posible sin los dos anteriores. En realidad, es el mismo libro y no lo es, ya que ha ido evolucionando con el autor a lo largo de los últimos 20 ó 25 años.
Pajares depura mucho su escritura poética. Revisa, corrige, afina, hasta que llega al poema, que es resultado de un cuidadoso proceso de decantación.
Él mismo describe este proceso, de forma magnífica, en el siguiente poema, que os leo:
Despacio, como el que construye
un nuevo mundo, como únicamente
se ama, desmontando meticulosamente
la maquinaria, aprendiz de relojero
—grano a grano— de la arena
de los días, y el miedo a que resbale
por la angostura la última brizna.
Hay muchas maneras de escribir. Y sin duda es preciso tener mucho valor para poner en palabras lo que uno lleva dentro. Juan Carlos Pajares, además de tener ese valor, reivindica la poesía como discurso ideológico y político, intentando que los poemas sirvan (al que escribe y al que lee) para afrontar la realidad. La poesía no será capaz de cambiar el mundo, pero al menos sí se ha demostrado capaz de transformar el espacio interior del que escribe y del que lee.
Él mismo Pajares apunta que su libro, este libro que ha ido escribiendo a lo largo de su vida, es como un libro de viaje, en el que resume lo que piensa de muchas cosas.
Escribe, por ejemplo:
Para decirte habré de inventar
palabras que no puedan pronunciarse,
sin acentos, no esdrújulas o llanas,
sin hache intercalada.
Tan sólo pasaré mi dedos
sobre ellas y sentiré tu pulso
caliente, escucharé tu voz.
Donde acaba tu nombre me nace el tacto.
No obstante, Descalzos sobre las brasas contiene tres grandes líneas temáticas: una sería la metapoesía, sobre la labor creadora, en la que incluye una Poética, un corto poema titulado precisamente así, ‘Poética’, y que dice:
Patria desolada la de mis sueños
solar del destierro ciénaga de la fiebre
traspaso por no poder atender.
Otra línea temática serían las “posiblidades vítreas” de la realidad —así lo llama él— en la que habla un poco del mundo, de cuestiones políticas y sociales, como en el corto poema titulado ‘Caleidoscopio’:
La bestia avanza tangencial
y mueve ajena
probabilidades vítreas
en el corazón del tiempo.
El tercer gran tema del libro se centra en lo que podríamos resumir como “la historia amorosa”.
No vendrá el día ni la escarcha
a nuestros cuerpos si obstinado, amor,
no duermes. Si esperamos dulcemente,
un beso gris de antenas, pájaros, motores,
la mañana traerá con sus espejos.
Escaparé con sigilo a las paredes pegado,
porque nadie robe, amor, el reflejo
que en mis ojos de ti guardo.
Que no me busque nadie, que he de destilar
este raro jugo que apenas gozado ya se añora.
Cuando uno escribe un libro de poesía, entrega a los lectores la construcción de un pensamiento. Antonio Gamoneda, por ejemplo, lo describe así: “Yo no poseo mi pensamiento hasta que no me lo hace sensible/inteligible mi propia escritura”.
Y esto es lo que nos entrega Pajares en este libro: su pensamiento, inseparablemente unido a todo ese tiempo en el que éste ha ido madurando.
Pero también me gustaría decir que se desnuda algo aquí.
Porque, como dice Miguel Casado, "la poesía da cuenta de la vida", y aquí dentro hay un libro de poemas que se ha ido fraguando, componiendo, ordenando… a lo largo de los últimos 25 años. Aquí hay poemas con pátina y también poemas relucientes y casi sin estrenar. Las arrugas de una vida. Las preguntas de una vida..
Digamos que Pajares no reescribe sus poemas, pero ha ido puliendo poco a poco su libro, el libro de su vida, hasta llegar a esto (y os leo el último poema de Descalzos sobre las brasas):
NO QUIERO PALABRAS
sólo un haz de luz brillante
por el que transiten suspensivas moléculas de polvo
no quiero palabras que me sepulten.
Estaréis de acuerdo conmigo en que esto (mostrando el libro) es un libro de verdad. Ni aquel de Margen que vio la luz hace más de 20 años, en una edición bastante cutrilla…
…ni el libro virtual de internet.
Esto es un libro, un auténtico libro, maravillosamente ilustrado por Amancio González y con el que se abre una nueva colección de poesía de la mano de Héctor Escobar y Eje Producciones.
Un libro que parece ya definitivo, hermosamente hermanadas sus palabras a su vez con otro libro, el de los dibujos de Amancio González. Dos libros en uno. Tres libros al final.
Porque también habría que hablar del libro que dibuja aquí Amancio, con esos cuerpos de hombres desnudos, indefensos, solos frente a otros hombres y frente al mundo, desvalidos a veces, otras veces fuertes, inquietantes, pensativos, contenidos…, en un conflcito permanente de equilibrio y ruptura.
Así que yo brindo por este primer volumen de la Colección Ería y por todos cuantos se han embarcado en este proyecto. Pero lo que se merece un buen libro es ser leído, y que nos diga cosas distintas a cada uno de nosotros.
Porque la poesía sólo se defiende con la poesía.
En ese sentido, me gustaría terminar esta presentación con una cita del escritor polaco Adam Zagajewski:
“Uno puede imaginarse a alguien que está escribiendo una defensa de la poesía. Concienzudamente preparado, pasa años enteros sobre su libro. Cuando ya lleva escritas tres cuartas partes de la obra, se percata de que de manera inconsciente ha empezado a atacar la poesía; ha dejado de gustarle, ve sólo su artificiosidad, su pretenciosidad, su academicismo, su incapacidad de dar respuesta a las preguntas fundamentales y más difíciles. Luego, sin embargo, cuando se acerca al final, de nuevo perdona a la poesía su evidente imperfección, y piensa que es precisamente de eso de lo que se trata: no saber dar respuestas a las preguntas más difíciles, y sin embargo, seguir viviendo.”
A partir de aquí, sin embargo, creo que definitivamente Juan Carlos Pajares tendrá que ir pensando ya en escribir otro libro, en nuevos poemas.
ELOÍSA OTERO (Texto leído en la presentación del libro, el 21 de diciembre de 2007, a las 20 horas, en el Hotel Quindós, León)
Marguerite Duras, Yann Andréa, Linda Lê, Yasmina Reza, Christian Oster, Jean-Jacques Schuhi, Pierre Michon, Amélie Nothomb, Tahar Ben Jelloun, Daniel Pennac, Georges Perec, Julien Gracq, Michel Houellebecq, Marie Darrieussecq, Milan Kundera, Roland Barthes, Pascal Quignard. Son los autores incluidos en el libro ‘Merodeos. Narrativa francesa actual’ que acaba de publicar Abada Editores, y que reúne artículos publicados por AMELIA GAMONEDA en ‘Revista de Libros’ durante los últimos años.
El libro, sin desperdicio desde el principio hasta el final, no pretende sugerir canon alguno, sino que se presenta como "muestra de frutos de temporada, es decir, como resultado de una selección ‘natural’ operada en el sofisticado y mediático mundo literario de nuestro tiempo". Mirada crítica, pensamiento, ensayo y reflexión en torno a libros (sobre todo novelas) que han ido apareciendo traducidos en nuestro país con un amplio despliegue publicitario (en muchos casos), como ‘’Letra muerta’ (L. Lê), ‘Una desolación’ (Y. Reza), ‘La amante inglesa’ (M. Duras), ‘Biografía del hambre’ (A. Nothomb), ‘El viaje de invierno’ (G. Perec) o ‘Plataforma’ (M. Houellebecq), entre otros.
Como muestra, tres entradas en estos ‘merodeos’:
(Sobre ‘Ese amor’, de Y. Andréa)
"Es éste uno de esos libros cuya lectura va poco a poco disolviendo los reproches que surgieron en su comienzo. Y ello no ocurre porque el lector sea clemente con la escritura, convencido por la intensidad y la excepcionalidad de la relación amorosa entre Yann Andréa y Duras; lo que pasa es que este texto —que es casi un ‘pastiche’ durasiano— cobra sentido precisamente a través de los reproches que excita. Mi propósito es devanar este hilo. (…)"
(Sobre ‘Vida secreta’, de P. Quignard)
"Hay libros que avanzan absortos en su propia floración de pensamiento; no escatiman aliento, no temen hundirse en lo intransitivo, se arriesgan a ser idiolecto. Muchos de ellos se nos caen de las manos, pero algunos nos engullen en su íntimo movimiento y se convierten en libros de cabecera, en textos sagrados, es decir, secretos. (…)"
(Sobre ‘Elogio de la amistad’, de T. Ben Jelloun)
"Se dice de Tahar Ben Jelloun que es el más francés de los escritores marroquíes, y a nadie se le oculta que ello suena a reproche. Detrás de tal calificación se levantan las sombras de una cuestión que dura casi un siglo y que ha sido asumida por la mayor parte de la escritura en francés del Magreb: ¿qué identidad le cabe a una literatura que expresa en la lengua del colonizador la diferencia cultural que le distingue de él? En el filo breve pero cortante que separa dos mundos se ha elaborado el discurso ambivalente de la francofonía: arma de rebelión y nudo de concordia. (…)"

"A través de los fragmentos de un álbum de recuerdos, de algunos gestos aparentemente escogidos por el azar de la memoria, a través de palabras y frases prestadas cuando las propias se vuelven escasas, la protagonista irá desgranando su relato con la voz firme de quien quiere saber, pero con el tono vacilante de quien siente que intentar explicar algunas cosas es traicionarlas".
Me gustan las críticas de María José Gil Bonmatí, a quien ha fichado la revista de literatura (digital) Kiliedro (donde tiene una sección titulada ‘Los libros que nos cuentan’). Cada vez que MJ Gil recomienda una novela es por algo. La cita anterior pertenece a una reflexión suya, publicada en el suplemento Caballo Verde, sobre ‘La persona que fuimos’ (Mondadori), un libro de Lolita Bosch:
No resulta fácil hoy por hoy –aunque, soy consciente, haría falta– dibujar un mapa de las corrientes narrativas por las que transitan los autores jóvenes que cada día surgen, y con mayor o menor eco, y necesidad de tenerlo, se suman al confuso panorama literario. Sin embargo, creo que es posible, y que ayuda a orientarse, trazar una frontera entre dos tipos de escritores o intenciones narrativas: por un lado, aquellos que piensan que tienen algo que contar, y, por otro, aquellos que desconfían de que lo que nos ocurre –y de lo que se alimenta la literatura– pueda realmente ser contado. Sin duda, Lolita Bosch, recientemente aparecida en el panorama literario con el extraño aroma de sus Tres historias europeas (Caballo de Troya, 2005) y que acaba de publicar la también extrañamente conmovedora novela corta La persona que fuimos, pertenece a ese territorio de los que, desconfiados tanto del mundo que nos cuentan como de su propia mirada sobre él, se asoman con perplejidad a una realidad que necesitan explicarse.
La persona que fuimos, hermoso título que apunta en la doble dirección de lo que el tiempo –y no siempre nosotros– va dejándonos atrás y, de otra parte, de lo que hemos sido alguna vez –y tampoco siempre nosotros– con alguien, cuenta una de esas historias de amor que intenta terminarse aun cuando ya está terminada. Y veo que acabo de decir «una de esas historias» como si hubiera otras, y me corrijo, porque, en realidad, de lo que habla la protagonista de La persona que fuimos –y resuena inevitablemente en las que los lectores podemos haber sido– es precisamente de la necesidad de entender, en medio de las contradicciones que dibujan nuestros miedos y caprichos, cómo, cuándo y por qué dejamos de ser esa ‘persona que fuimos’.
Una llamada, al cabo de cinco años, hecha con la determinación de quien ha aprendido en ese tiempo que, para poder olvidar, es necesario no olvidar primero, es el resorte para que la protagonista empiece a contarnos ⎯y a contarse⎯ su historia con G. O lo que es lo mismo, su historia sin G. A través de los fragmentos de un álbum de recuerdos, de algunos gestos aparentemente escogidos por el azar de la memoria, a través de palabras y frases prestadas cuando las propias se vuelven escasas, la protagonista irá desgranando su relato con la voz firme de quien quiere saber, pero con el tono vacilante de quien siente que intentar explicar algunas cosas es traicionarlas. Quizás por eso, más que contar, en el sentido anecdótico del término, lo que el relato de Lolita Bosch consigue, con una eficacia que resulta sorprendente, es hacernos pisar las huellas de un daño que, bien ganado y bien sufrido, y ahora ya, por fin, casi homenajeado con esta despedida, hace diana en el sentimiento cómplice de que podría haber sido o llegar a ser el nuestro.
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