VIII
No enseñar nada.
Adentrarse en la niebla
de qué mirada.
JOSÉ-MIGUEL ULLÁN (’Amo de llaves’)
NOTA: Recupero una carta de José-Miguel Ullán, en la que el poeta (a petición de la periodista) habla sobre el libro que acababa de publicar entonces, ‘Amo de Llaves. Rensaku’ (Editorial Losada, Madrid, 2004):
Enviado el: lunes, 01 de marzo de 2004 13:00
Asunto: Sobre Amo de llaves
Querida Elo: A ver si voy de vuelo, para que encuentres algo al llegar hoy.
–El "rensaku" es una composición poética japonesa formada por una serie de "haiku". (Como en "los taliban", así permanece la palabra para los puristas a la hora de convertirla en plural; pero otros dicen "haikús" o "haikúes" -"kai-kais" escribía uno de sus primeros cultivadores, el mexicano José Juan Tablada- y tampoco pasa nada. He abierto este paréntesis para que obres a tu antojo al transcribir la palabreja; en realidad, como habrás visto, yo escribo "jaykú" y "jaykúes" por capricho propio. Y, venga, regreso al exterior.)
Éstos (aquellos "haiku") funcionan dentro del conjunto como un muestrario de vicisitudes, oscilaciones, subidas y bajadas de tensión; es decir, no están sujetos a otra unidad de relación que no sea la correspondiente a un mismo molde estrófico. En castellano, el "haiku" se queda en una estrofa de tres versos (5,7,5) con rima, por lo general asonante, entre el primero y el tercero. Total, que pasa a ser seguidilla (la de tres versos, que empezó siendo el estribillo de la seguidilla compuesta), con lo que el exotismo oriental de la propuesta tiene enseguida su contrapunto de andar por casa. Entramos, pues, en el territorio de una estrofa tradicional de la lírica española, a la que a menudo se ha recurrido para hacer una poesía neopopular.
Pero, regresando al dichoso "rensaku", lo curioso es que esta composición tolera e incluso aconseja que haya altibajos en el recorrido; ya sabes, ese prurito oriental en reflejar tanto lo sublime como lo abyecto, ya que en cada persona conviven. De ahí la comodidad a la hora de dar albergue a múltiples voces sin que se quiebre la "unidad" del conjunto. (De hecho, "Amo de llaves" es un reflejo paroxístico de la diversidad de cosas que te pueden pasar por la cabeza. Hay chistes cuarteleros, juegos dudosos de palabras, obscenidades, plegarias, mensajes de amor, jitanjáforas, suspiros, homenajes, parodias, bromas leves y bromas pesadas, desesperación, ironía… Más la huella del rumor social, de cuanto sucedía a lo largo del mes de julio de 2003. Se explica en la nota epilogal el proceso de este juego obsesivo. Que aumentó sus reglas al obligarse a introducir en cada estrofa dos palabras -"amante" y "ojo"-, tal cual o por medio de sus acciones -por ej., amar, corazón, querer… / ver, mirar, atisbo…-. Y que también aumentó sus libertades al cargarlo de materiales gráficos: un alfabeto de corazones con ojos al final del libro, con cuyas "letras" se compone el "haiku" nº I; dibujos varios, manuscritos, recortes de periódico (pág. 146), fotografía (pág. 127), reproducción de pintadas callejeras y conversaciones anónimas (págs. 86-87), citas, notas a pie de página… (Lo ambiguo, lo resbaladizo, lo inestable, lo híbrido.)
– Y dicho lo dicho de forma tan gelatinosa, tú me dirás ahora si quieres que te comente alguna cosa en concreto. (¿Viste "La Razón" del viernes? Venía un amplio batiburrillo a propósito del libro, donde incluso daban a Villarino de los Aires por desaparecido bajo las aguas.) No temas molestar; ambos sabemos que la editorial Losada necesita del soplo difusor.
Ah, por si, en virtud del color local hablas del haiku-homenaje a Paco Pino, puedes deslizar esto:
–Me acuerdo mucho de él. En los últimos tiempos, cuando llamaba por teléfono y no me encontraba en casa, no dejaba mensaje, pero sí quedaba su huella en el contestador. Eran una toses nerviosas, un leve chasquido de fastidio y una frase suspirada: "¡Este hombre nunca está!" A veces, tales palabras parecían un lamento o un reproche en clave de monólogo interior. Pero también había ocasiones en que se convertían en una forma sutil de presentarse, de manifestarse él mismo: "¡Este hombre nunca está!"
–(Como acaba de celebrarse el primer aniversario de la muerte de Augusto Monterroso, quien también tiene en el libro un homenaje muy especial, te comento algo por si acaso.) Estuve en casa de Monterroso, en la ciudad de México, en diciembre de 2002. Fue la última vez que lo vi, ya bastante desmejorado. Pero, cuando regresé a Madrid, tuve aún tiempo de comunicarle que acababa de trasladarme a virir al barrio de San Blas. Resultaba un homenaje en toda regla, pues, como sabes, en la ciudad de San Blas vive uno de sus más célebres personajes, el escritor Eduardo Torres, autor de este aforismo: "Poeta: no regales tu libro, destrúyelo tú mismo". Pues bien, el haiku número cien alude a ello: "Moro en San Blas. / Y la cigüeña ahí sigue / al despertar". Puede leerse sin más, sin mayor explicación, como leemos un poemilla de Gil Vicente y teniendo por telón de fondo el conocido refrán sobre la nieve. Pero podemos acordarnos del célebre dionosaurio del celebérrimo cuento de Monterroso, tan a menudo transformado en otros animales (cosa que a él le divertía) cuando era citado por otros escritores. Lo curioso es que ese "haiku" tiene una ampliación en el Apéndice de "Amo de llaves". Y da pie al único poema del libro ajeno a la estructura del haiku. Me refiero al poema "El camaleón", que a su vez es una versión bastante libre de un apunte del poeta árabe-andalusí ("Moro en San Blas…) Galib al-Hayyam (al que reflejo como espía) en torno a una cigüeña que acaba de llegar.
No te doy más murga, aunque tal vez ahí quede alguna pista de cómo cada chispazo o instantánea arrastra, en centésimas de segundos, un poso variopinto. Con lo que el ojo, como le ocurre al corazón, no sólo ve tal o cual cosa cuando en ella se fija, sino que la ve en relación con otro sinfín de cosas.
Perdona el caos, el zigzagueo y las obviedades.
Muchos besos de Manolo y míos
José-Miguel