Isla Kokotero

April 12, 2009

Presentación de ‘Pajaroquealanochesederrama’ de ELOY J. RUBIO CARRO, en Astorga / Crónica de T. REINARES

 Eloy José Rubio Carro. © Fotografía de María Antonia Reinares

Presentación de ‘Pajaroquealanochesederrama’
de ELOY JOSÉ RUBIO CARRO
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Andrés Martínez Oria:
“Tenemos en el poemario un recorrido doloroso y catártico a la vez”


La Ergástula Romana de Astorga acogía en la tarde del Sábado Santo la presentación de ‘Pajaroquealanochesederrama’ de Eloy Rubio Carro, un poemario editado por el Centro de Estudios Astorganos ‘Marcelo Macías’ en su colección de Fuente Encalada. El acto estuvo hilvanado por los comentarios del escritor Andrés Martínez Oria, excelente conocedor de la poesía de José Antonio Carro Celada (JACC), a quien está dedicado el libro. “De su autor son bien conocidos los antecedentes literarios. Nada menos que los Carro Celada, Esteban y José Antonio, de quienes es sobrino. Un torero de dinastía, podríamos decir, por emplear el lenguaje taurino”, aseguraba Martínez Oria nada más comenzar la presentación. 

El poemario es un diálogo intertextual de Rubio Carro con JACC después de su muerte: “Mi búsqueda viene mediada por el acercamiento a José Antonio desde sus poemas. Pruebo en ello multiplicidad de máscaras y de paso también lo disfrazo a él. Las máscaras con tan sólo un aderezo, lo que intento son algunas de las formas propuestas del encuentro y/o desencuentro entre el enarmonado y la muerte… La muerte está en el muerto, en una mujer cuya cara comió su perro, en Rapunzel, en La bella durmiente”. El autor daba otra pista más para entender su obra “este libro comienza con una dedicatoria a JACC y termina con una premonición esperanzada en la que se encuentran mis dos hijas”

En la presentación, Andrés Martínez Oria diseccionó “ese diálogo oculto que establecen los textos, de forma que lo dicho aquí remite a algo anterior. Determinados poemas han dejado una huella más honda. Así el de JACC ‘Hubo una vez un caballo de Troya’, alienta dos textos, ‘Despojos de tu coraza’, donde imagina al tío como un guerrero caído, y ‘Reflexiones sobre un caballito de juguete’, que remite a la infancia perdida, el único territorio de la felicidad, venía a decir tópicamente Michi Panero”.

Martínez Oria concluía señalando que “tenemos en el poemario un recorrido personal y sentido por esta senda del dolor que sigue a la muerte del ser querido. Un recorrido doloroso y catártico a la vez”.

La presentación de ‘Pajaroquealanochesederrama’  se cerraba con una lectura de poemas a cargo del fotógrafo Amando Casado y de la escultora Castorina Francisco. El periodista Martín Martínez fue el maestro de ceremonias del acto.

M. A. R.
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[y aquí va el último poema del libro:]
 
    LA PALABRA ARDIENTE

Así que vuelva Dios en su palabra
dejaréis de llorar,
y él se os dará ígneo,
como cuando lucía en la zarza
y le oíamos en su arder las cosas
                                              expresarse.
                 Será su palabra, su clara palabra
                                                        la que al llanto
finja.
Será su voz la voz que será vuestra.
Será la llama,
                 vuestra.
Y el incendio de luz irá muy lejos,
                           irá al confín a darle vuelta.
                  Y será la dicha, serán las cosas que se digan,
seréis vosotras allí donde se digan.
Y nada habría pasado,
y nadie hubiera muerto,
y de la noche
     aquella dicha sea luz.

    ELOY J. RUBIO CARRO
    (De ‘Pajaroquealanochesederrama’)

April 6, 2009

JUAN LUIS PANERO & ELOY J. RUBIO CARRO / ‘Arte poética’ & Poema I

Imagen captada por el telescopio espacial Hubble

ARTE POÉTICA    

La larga, lenta lengua de la muerte
ha lamido la mano del que escribe,
lucidez o lucura, nadie sabe:
sólo quedan palabras, palabras deshaciéndose.

JUAN LUIS PANERO   

   

Silencio huidizo
palpita la muerte…
Tu poema, rumor de nieve.


    ELOY J. RUBIO CARRO
    (En ‘pajaroquealanochesederrama’.
    Ed. Centro de Estudios Astorganos ‘Marcelo Macías’.
    Astorga, 2009)

April 2, 2009

‘Palabra silencio’, por ELOY J. RUBIO CARRO

 Una obra de Yoko Ono en el Museo Vostell, Malpartida (Cáceres)

   PALABRA SILENCIO

Desdibujar la muerte,
incorporarla al decir de día a día.
Apalabrar sus silencios
al poema.
Terminar por decir
muerte, palabra, poema silencio.

ELOY J. RUBIO CARRO
(De ‘pajaroquealanochesederrama’)

March 31, 2009

11-A / ‘Pájaro que a la noche se derrama’, un libro de poesía de ELOY JOSÉ RUBIO CARRO


Libro de ELOY RUBIO CARRO
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November 28, 2007

ELOY J. RUBIO CARRO sobre la novela de ANDRÉS MARTÍNEZ ORIA

Portada de la novela

Andrés Martínez Oria
‘Más allá del olvido’
Centro de Estudios Astorganos ‘Marcelo Macías’
Astorga, León, 2007
 
PAISAJES DEL ALMA
 
De cualquier manera que se llegara a Ítaca, siempre saldrá lo familiar a recibirnos, lo familiar o lo extraño. Todo depende de lo que hubiésemos dejado al partir. En cualquier caso Argos o su sombra lamedora suelen ser mensajeros confirmatorios de identidad.
  La identidad se nos da o nos la damos como memoria y ésta se confirma en la lamedura, es lo que quiero decir. La lamedura es la memoria del otro cuando nos recuerda.
  ¿Qué sucede entonces cuando el otro es una lengua interior, una lamedura, un ladrido de lo que fue?
  Sucede que uno ya es sombra que oye el ladrido de la sombra, casi una manera de ser. Sucede que nos lamemos nosotros.
  Más allá del olvido es la novela de Andrés Martínez Oria, recién publicada por el Centro De Estudios Astorganos “Marcelo Macías”. Se trata del viaje de Egriseldo en segunda navegación, tras arribar al puerto de Poimala (una población fantasma de la Somoza). Egriseldo, es el antiUlises en el mundo en que declinaron los monstruos, un malvado. Antidio (antidía, antidiós), su enemigo, en ese mundo mágico que perdimos habría sido el puro mal.
  Egriseldo vuelve a la vida luego de matar a Antidio y penar por ello, pasa la vida y la repasa minuciosamente y se reafirma una vez y otra vez en matar a Antidio. Sin embargo le sucede lo que al joven que fue Kertèsz que, cuando recordaba su estancia en Auschwitz, reconocía momentos de singular belleza. Esto salva a su pasado de desgarro y da coherencia a su biografía. Le mereció la pena su vida. “Verla venir por el camino de Poimala”. Recuperar ese antiguo amor que salva la vida, aunque fuese en “zumo amargo de Quintila”.
  Como quien se deleita con la música y no repara en los instrumentos, esta narración fluye placentera, a veces paras y preguntas quién habla, y lees un fragmento y detectas la “curva errática del clarinete”, la voz del narrador que gusta de ocultarse. Otras veces en ese parar mientes, descubres la trompeta, un dialogar interno ágil, todo seguido, sin marcas de transición en las respuestas, con un dominio de la técnica muy eficaz e innovador. A menudo el redoble hipnótico del tambor percute en tu memoria que ha ido a beber junto con las sombras de las manos de Odiseo, y aciertas a reconocer una fantasía cunqueriana, el ludibrio alacranado de Valle Inclán o un encante cervantino. Por fin “un narciso de Sarón, una azucena de las vegas entre espinas”, te evoca el mejor de los cantares, obra de algún merlincocaico encantador.
  Estas interpretaciones reposan en el paisaje, en los seres naturales que se ven abocados a responder a la emoción humana de manera emocionada.
“¿Qué vale la fragancia si la lleva el viento sin que nadie la perciba?”, dice Egriseldo en su declaración de amor a Clo, proporcionando la clave de la interpelación a la que la naturaleza nos somete.
  La melodía que triunfa  es la que repite el enfrentamiento de la noche al día, de la muerte al amor, de Egriseldo a Antidio; enfrentamiento que se produce en su suceder originario (in illo tempore) y en cada ocasión que se recuerde.  
“La noche aparecía cruzada por chispas de estrellas”. “Un coup de dès” lanzado en el origen sobre el tapete de la noche, la noche que quiere triunfar de manera apagadiza, envolviendo esa rebelión del ver que sólo deja ver lo que ilumina, luz en la noche total. En la que de ver no veríamos; noche pura para verse, otro sol. Pero ahí viene la memoria para negarle el triunfo a tanta oscuridad invivible, la memoria que entra y trae el tiempo a cada ráfaga, a cada caída de estrellas. Tal vez se trate de una sola caída por encantamientos repetida.

ELOY JOSÉ RUBIO CARRO

May 14, 2007

Tres poemas de ELOY RUBIO CARRO

DESPOJOS DE TU CORAZA 
 
                                       A José Antonio Carro

Has abierto la luz del secreto,
la noche invasiva que fuera primeriza
o el silencio que brota de tu corazón
con el amelo.
En la nada, en tanta nada, en esa plaza
en la que Afrodita no es nada, en la que el caballo aqueo no es nada. Esa plaza en la nada,
bajo la piel, cabe el corazón
donde anida la sombra.
 Caballo que corres el silencio hacia la nada…

EGAGRÓPILAS


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