Isla Kokotero

October 2, 2008

ANTONIO PEREIRA: “La ironía y el humor son armas para sobrevivir”

 "LA IRONÍA Y EL HUMOR SON ARMAS PARA SOBREVIVIR"

No pierde su socarronería este hombre divertido, el gran cuentista y autor de culto Antonio Pereira (Villafranca del Bierzo, 1923), que hoy recibe el homenaje del III Congreso de Literatura Leonesa

Antonio Pereira

Por ELOÍSA OTERO
Fotos de ROBERTO GÓMEZ (RGM)

Sostiene Pereira que comenzó a escribir cuando era un rapaz, para conquistar a las chicas de su pueblo "y a las forasteras que llegaban a pasar el verano" en Villafranca del Bierzo. Pero la escritura, sobre todo la poesía, se le incrustó en los adentros, pasando a formar parte de su vida. Lleva un diario desde hace cuarenta años. Sus cuentos se traducen al gallego y al polaco. Y la editorial Calambur ha reunido toda su obra poética en un volumen titulado ‘Meteoros’.
P.— ¿Qué supone para usted este homenaje?
R.—Hombre, los homenajes siempre sientan bien, porque ayudan a confirmarle a uno en el trabajo que está haciendo. Pero mucho más cuando el homenaje proviene de los más próximos, de los más amigos, de los más conocidos, de la querida gente que me encuentro por la calle todos los días en la ciudad donde he vivido más años de mi vida.
P.—De hecho sigue pasando aquí los meses más cálidos. ¿Se va a quedar este año más tiempo en León?
R.—Iré a Madrid en el rigor máximo del invierno, pero quisiera este año, por diversas razones, prorrogar todo lo posible el otoño aquí, en León, que es muy bonito el otoño leonés. Los crepúsculos sobre todo, al menos en esta casa donde yo vivo, que está mirando a poniente, son muy deleitosos.
P.—¿A usted el humor le brota natural o lo cultiva como un tesoro?
R.—¿Cómo crees que se puede vivir en un mundo tan absurdo como éste y tan lleno de penas, sino es con la ironía y el humor? Son armas para sobrevivir, para no pedir que le apliquen a uno la eutanasia a veces, de la manera más piadosa, eso sí.
P.—Se prefiere poeta antes que narrador. ¿Qué le da el poema?
R.—El poema, más que conocimiento o comunicación, es una tregua de consolación, que encaja en aquel concepto de Gómez de la Serna, cuando habla de “un hiperespacio que Dios nos concede para que no sean tan sórdidas las ocho de la tarde".
P.—¿Y los cuentos breves?
R.—El cuento literario tiene mucha afinidad con el poema. Y, además, en mi poesía —soy devoto del ‘Romancero’— no es difícil encontrar ingredientes narrativos. Por otra parte, la disciplina del verso me ha proporcionado recursos impagables para el relato: economía verbal, renuncia a los meandros y digresiones, poder de sugerencia de las palabras….
P.—Sus versos se han traducido al sueco, inglés, noruego, en distintas antologías. ¿Le gusta que le traduzcan?
R.—No mucho. Me parece que estos giros míos, el empleo de la lengua coloquial, es algo difícil de traducir… Pero también es verdad que sólo gracias a las traducciones hemos podido leer a tantos grandes autores, desde Homero a Dostoievsky. Por cierto, que ‘Cuentos de la Cábila’ ya está en gallego y en polaco. Y ‘Las ciudades de Poniente’ en francés.
P.—Cuentan que usted fue el primero en utilizar los hologramas en unos llaveritos, hace más de 40 años, para hacer publicidad de su negocio de electrodomésticos.
R.— Es posible, pero no lo recuerdo. Sí recuerdo que hacía unos catálogos para la firma con la que trabajaba que circulaban por toda España y que, casi sin darme cuenta, fueron evolucionando en el formato hasta parecerse a libros de poesía de la colección Adonais. Porque a todo esto, mientras yo vendía al por mayor grandes cantidades de bombillas y de aquellas pilas Tudor, lo mío era la literatura. De modo que yo venía del trabajo, cansado, claro, y un poco lleno de las prosas del negocio, pero llegaba a casa, me encerraba y escribía.
P.—¿Cómo definiría su poesía?
R.—Si lo que me pides es una especie de autocrítica, o de juicio sobre mí mismo… Bueno, yo creo que mi poesía es muy sencilla, muy fácil de entender. No es la poesía de un visionario. La lectura, y también la escritura de poesía, para mí es consolación. La verdad es que ahora leo poco, de muy pocos autores, y de esos autores releo lo que más me gusta.
P.—¿Qué autores son esos?
R.—A muchos me los sé de memoria: el ‘Romancero’ español, Garcilaso, Quevedo, Unamuno —que dicen que tiene tan mala oreja, y a mí me suena muy bien—, Lorca —su imaginería me conmueve—, mi amigo Antonio Gamoneda —que siempre he estado muy cerca de su persona y de su obra—, Crémer por supuesto, Miguel Torga… y hasta me hace gracia Luis García Montero, eso de: “Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi". Y, por supuesto también, la poesía de Juan Carlos Mestre, que resuena en mi corazón como la música del órgano de la Colegiata de Villafranca. Leo también a poetas gallegos. Y como la poesía es el conjunto de la belleza por la palabra, tanto si está en verso como en prosa, Valle Inclán sigue siendo mi ídolo, desde que leí ‘Sonata de otoño’ a los 14 años, en la librería de mi tío en Villafranca. La releo todos los años.
P.—¿Sigue escribiendo?
R.—Cada día anoto mis pensamientos en un pequeño diario, informal, que llevo desde 1969. ¡Es una lástima que no lo hubiera empezado antes!. Pero no sé si haré algo con él. Dudo de que le pueda interesar a alguien. (Y se queda un rato pensativo, Pereira) …Yo no salgo en la televisión, no voy a las tertulias de Luis del Olmo, no he salido del armario, aunque también es verdad que nunca entré… Y lo único que podría encontrar un lector, un comprador de mi diario, es que estará bien escrito. Pero eso no basta hoy día. Además, mi diario funcionaría mejor si yo no fuera tan cauto. Soy incapaz de herir a nadie. Un rasguñín sí, pero lo que se vende y tiene éxito en un diario es morder, al estilo de Paco Umbral. Y yo tengo pocos lectores, vendo poco, soy un autor de culto….
P.—Seguro que ese diario tendrá cosas muy interesantes.
R.—Me interesa mucho el rescate del mundo de la memoria, de lo que uno ha vivido… Lo que pasa es que también es un diario de intimidades, un lugar donde vuelco mis aprensiones, incluso de salud, de tal manera que si a veces me he encontrado intercadente —un término muy curioso que se emplea en Valladolid—, pues apunto allí que tal día pues tuve dos décimas de fiebre pero que al día siguiente ya estuve bien, y creo que eso no le interesará a nadie, y mucho menos si las confidencias de ese diario son ya un poco más escatológicas… Me pregunto si no será mejor dejarlo todo ahí, para que algún curioso del día de mañana sepa no sólo alguna cosilla un poco positiva y hasta me atrevería a decir brillante, que yo haya hecho, sino también mis miserias.

LAZARILLO DE BORGES EN BUENOS AIRES

P.—Leí en algún sitio que usted había hecho de lazarillo ocasional de Borges.
R.—Sí, aquel encuentro fue muy bonito. En el negocio, como nunca tuve afán acumulativo y creo que traté bien a mi gente… y lo que me sobraba nunca tuve interés en guardarlo, pues hice muchos viajes, interesantes en razón de la literatura. Yo admiraba muchísimo a Borges. Un día decidimos Úrsula y yo ir a Buenos Aires, para conocerle. Y llegamos justo cuando le acababan de dar el Premio Cervantes, ex aequo con Gerardo Diego.
P.—¿Cómo contactó con él?
R.—Antes de ir le había escrito desde España: "Maestro Borges, voy a Buenos Aires, y me gustaría, si usted tiene un momento, que pudiera recibirme…". No hubo respuesta. Pero cuando llegué le llamé por teléfono, y Borges me respondió encantado: "Sí, venga cuando quiera, he recibido su carta…”. Llegamos a su casa en la calle Maipú. La asistenta le acababa de leer un telegrama con la noticia del premio Cervantes, y él decía: "Está firmado por tres personas, Juan, Carlos, Sofía… ¿Y quiénes son éstos?". Pero lo que le tenía horrorizado —vivía en un apartamento pequeño— es que también le había llegado un mensaje de Espasa Calpe, diciéndole que, como sabían que era muy amigo de diccionarios y bibliotecas, le iban a enviar el Espasa completo. "¿Pero dónde meto yo eso?", repetía él. (Risas)
P.—¿Y lo de hacer de lazarillo?
R.—Charlamos mucho aquella tarde, de literatura y de muchas cosas. No quería que nos marcháramos. En aquella época Borges se encontraba en una situación crítica en Buenos Aires, en plena dictadura, porque mucha gente estimaba que no se mojaba suficientemente frente a la represión. Y entonces, súbitamente, nos dijo: "¿Ustedes me harían el favor de acompañarme, que tengo muchas ganas de salir a la calle?". Encantados, es un honor, le respondimos. Rápidamente Borges se puso la chaqueta, eligió un bastón chino —tenía una gran colección de bastones—, y salimos a la calle. Como suele pasar en estos casos, todos sus temores ocurrieron pero al revés. La gente le saludaba con veneración, le felicitaban por el Premio Cervantes…
P.—Tendrá muchas anécdotas de aquél día…
R.—Sí. Borges no hacía más que preguntarme: "Y ese Gerardo Diego, ¿qué libros ha publicado que valgan la pena?". Y yo le conté, y le recité algunos sonetos: "También la piedra si hay estrellas vuela, /sobre la noche biselada y fría, /creced, mellizos, lirios y osadía, /creced, pujad, torres de Compostela…". Y él me miraba y decía: "Mire, Pereira, sí, es bonito… pero eso de los mellizos y los lirios… no sé, no sé…". Después nos vimos alguna otra vez. Y cuando vino a España a recoger el Cervantes estuvimos juntos en el Palacio Real. (Y enseña Pereira una foto con Borges, sobre la estantería).

Antonio Pereira
EL LEGADO DE PEREIRA

   Desde hace dos meses, Antonio Pereira está trabajando en el archivo que dejará como legado a la Fundación universitaria que llevará su nombre en el campus de Vegazana. “Me han enviado un auxilio de la Universidad, una becaria, para ayudarme. Y esa señorita, que por cierto es muy competente y muy entregada a su labor, pues me está ayudando decisivamente a clasificar todo el material”, explica.
   La Fundación Antonio Pereira tendrá su sede en la antigua Facultad de Educación, y su objeto será el fomento de actividades de conservación y divulgación de la obra literaria del autor villafranquino.
   Entre ese material estarán todas las primeras ediciones de sus libros, y una parte que ha conservado de sus manuscritos. Pero también habrá una serie de libros que él estima especialmente, y toda su correspondencia literaria, en algunos casos muy interesante, ya que hay cartas de Aleixandre, Jorge Guillén, Ricardo Gullón… junto a la abundante correspondencia que mantuvo siempre con ese gran escribidor de cartas que fue su paisano y querido amigo Ramón Carnicer.
   Se completará este legado con un archivo fotográfico, relacionado con acontecimientos artísticos y literarios. E incluso habrá un archivo audiovisual, ya que por ejemplo su primera novela, ‘Un sitio para la soledad’, fue grabada en su día para la Biblioteca de la ONCE en varias cintas de casete.
   Pereira ha querido donar todo ese material de forma absolutamente desinteresada, y lo que le gustaría es que esa Fundación no se convirtiera “en un panteón inerte”, sino que sirviera para impulsar “actividades relacionadas con la literatura y las artes en general”.

 (Entrevista publicada en EL MUNDO de LEÓN el 2 de octubre de 2008)
(→Podéis leer también la entrevista de Emilio Gancedo con Pereira en Diario de León)

September 22, 2008

LUIS MATEO DÍEZ regresa a Celama con un relato misterioso

 Luis Mateo Díez en una foto de Eloísa OteroEl escritor leonés publica ‘El sol de la nieve’ y anuncia un nuevo volumen de novelas cortas, ‘Los frutos de la niebla’

Por ELOÍSA OTERO

   Luis Mateo Díez ha regresado a su mítico territorio de la trilogía El reino de Celama con un relato misterioso: El sol de la nieve o el día que desaparecieron los niños de Celama (Editorial Gadir).
   «Es un cuento sobre los niños del territorio, una historia misteriosa alrededor de la desaparición de todos los pequeños en un día concreto y las conjeturas sobre qué pasó en ese día. Es un regreso a Celama, sí, y seguro que volveré más veces con otros cuentos al margen de la trilogía», advierte el escritor.
   Este nuevo relato, a su juicio, «podría ser además una buena introducción para llegar al reino de Celama». Un reino metafórico y lleno de simbologías que, para muchos, está relacionado con la desaparición de todo un mundo rural en el que también los niños han empezado a desmaterializarse.
   «Sí, ese asunto de lo crepuscular, de la liquidación o el acabamiento de las culturas rurales, de un cierto destino del trabajo de la tierra, del trabajo como sufrimiento… tiene que ver con un mundo ya casi ignoto y perdido. Celama lo representa, y la verdad es que yo sé que la trilogía se leyó de esa manera, como una especie de fabulación del fin de siglo… Eso está ahí. Y por eso no resulta raro que éste sea un cuento que tiene muchos elementos simbólicos, donde los que desaparecen son los niños», reconoce el novelista leonés.
La moraleja
Asegura Luis Mateo ser «incapaz de escribir un libro infantil». Pero sugiere que este nuevo relato está relacionado, de alguna manera, con su última novela, La gloria de los niños, en la que indagaba en el paraíso secreto de la infancia.
   Sin desvelar el misterio de la trama, la moraleja de El sol de la nieve rondaría en torno a la idea de que «los niños deben administrar su propia libertad, de que hay un espacio en la infancia que los mayores debemos de saber respetar, un espacio misterioso que tiene que ver con cómo los niños se relacionan entre ellos».
   Más allá de otras significaciones ‘celamescas’, a Luis Mateo Díez le ha gustado fabular con esa idea, «porque a los niños hay que cuidarlos, sí, son los bienes mayores que tenemos, pero también es verdad que vivimos en un mundo donde hay una superprotección de la infancia, y convertimos a los niños en seres extremadamente protegidos a los que además usamos como objetos de consumo, ¿no? Porque los niños de las sociedades desarrolladas están llenos de cosas, atiborrados… Y bueno, en Celama pasa algo que parece una advertencia, en el sentido de decir: bien, hay que proteger a los niños, pero lo que no podemos es establecer una policía infantil, que los esté siempre vigilando. Hay una libertad, y de eso habla este libro».
   No está muy de acuerdo Luis Mateo Díez con esa tendencia hacia la «autoficción» que, según algunos, predomina en la novela española actual. «Yo creo que la ficción es un bien ajeno, y que no está en el yo”, apunta. Y reivindica  una frase de Irène Némirovsky, que decía que “toda novela es un callejón lleno de gente desconocida».
Portada de 'El sol de la nieve', de Luis Mateo Díez   «El reto de escribir una novela es conocer a alguien que no conoces. Y el reto de leerla creo que también», sostiene Luis Mateo.
   Para él, además, la autoficción no sólo es «complaciente con lo literario», sino que conlleva siempre «una especie de preeminencia del yo del narrador, además de elementos metaliterarios que acaban siendo algo así como literatura de literatos». Y explica que «de la misma forma que en la propia literatura están los escritores que amas, esos mismos escritores que amas acaban siendo los personajes de tus novelas y todo esto se convierte en un curioso sucedáneo culturalista. Pero a mí eso no me interesa, yo soy un defensor de la ficción pura y dura, y desde luego la ficción pura y dura no está en tu casa, está fuera siempre. Hay que salir…».
   Luis Mateo se muestra también encantado de que su compañero de generación, el escritor José Mª Merino, esté a punto de pronunciar su discurso de entrada en la RAE: «Ha sido una de las alegrías de mi vida. Por razones objetivas, Merino debería haber entrado en la Academia antes que yo».
   Sobre la Academia, el escritor leonés considera que es "una institución complicada y muy viva, donde se trabaja muchísimo, en lógica respuesta a lo que es una lengua con la vivacidad y la expansión del español".
   Una lengua "que, aparte de sus más de 400 millones de hablantes, tiene muchísimas orillas, la mayoría con una vitalidad lingüística mucho más fuerte que la nuestra, sin duda alguna", señala a propósito del español que se habla en América. "Sólo hay que viajar e ir por los países hispanoamericanos para darse cuenta…. Y además, eso es una riqueza que no tienen otras lenguas. Pero bueno, todo confluye… o sea, que lo que está pasando allí verbalmente nos atañe a todos".
Tres nuevas "fábulas del sentimiento"
A finales de octubre estará en todas las librerías Los frutos de la niebla (Alfaguara), un volumen que contiene tres novelas cortas y que, para Luis Mateo Díez, culmina una serie de libros de lectura independiente que él denomina “las fábulas del sentimiento”.
   «Empecé a escribir estas fábulas hace cinco o seis años y han ido saliendo como cada dos años», indica. El primer libro fue El diablo meridiano, el segundo El eco de las bodas y el último El fulgor de la pobreza, cada uno con tres novelas cortas.
   Dos retos se ha marcado el escritor en estas doce historias: «Construir lo que pudiera ser una singular comedia humana, llena un poco de seres particulares y peculiares. Y contar, con una cierta dimensión de fábula, historias llenas de significaciones que suscitan reflexiones sobre cosas y que a la vez están muy atadas, más que a la racionalidad de vivir, o a la conciencia de la vida, a los encontrados sentimientos que derivan de la condición a la que pertenecemos».
   La novela corta es además, para Luis Mateo, «el único género narrativo donde se puede hacer eso que nunca se debe hacer, que es el reto de la perfección».
   Y recuerda «aquello que decía Nabokov, de que Ana Karenina puede ser la novela que más se acerca a la perfección, pero la obra perfecta es La muerte de Ivan Ilich, que es un novelita corta. Y ese tipo de artilugios a veces le interesan a uno».

 (Entrevista publicada en El Mundo de León,
el 19 de septiembre de 2008)
 Ilustración de Antón Díez
NOTA: Las ilustraciones de El sol de la nieve…, que tienen por motivo "frutos y objetos" de Celama, ha sido realizadas para este relato por Antón Díez, hermano de Luis Mateo y artista plástico de larga trayectoria, que comparte un mundo en el que la realidad y la imaginación también pertenecen a una experiencia común, muy relacionada con el sueño de los niños. Luis Mateo ha afirmado en más de una ocasión que Celama está escrita desde los sueños.

September 6, 2008

VÍCTOR M. DÍEZ entrevista a CHEFA ALONSO

 Chefa Alonso, la fotografía es de Celia Martínez

"EL MÚSICO IMPROVISADOR ES UN NÓMADA
REAL O IMAGINARIO"

VÍCTOR M. DÍEZ entrevista a la compositora
y música improvisadora gallega CHEFA ALONSO
en (haz click:) Peatóm.

— — —

EL NOMADISMO COMO METÁFORA
Fragmentos del libro Improvisación libre, de Chefa Alonso

   “Nómada no es necesariamente alguien que se mueve: hay viajes en los cuales uno no se mueve, viajes en intensidad… Nómadas son los que empiezan nomadizándose para permanecer en el mismo sitio y liberarse de los códigos”. Gilles Deleuze

   “(…) El nomadismo intelectual o estético tiene más que ver con un posicionamiento vital, con una filosofía de la vida; a este último pertenecen los improvisadores, la improvisación, por una actividad de búsqueda, de desplazamiento, sin un territorio fijo, y también otros creadores de arte efímero”.

   “El ansia de movilidad, de cambio, de conocimiento, de nuevas experiencias, provoca los exilios voluntarios de un país a otro, de una ciudad a otra, de una actividad a otra. No hay que olvidar que la cultura occidental contemporánea es en gran parte el trabajo de personas que están “fuera de lugar”, exiliados, emigrados, expatriados y refugiados”.

    “Los artistas tienen que moverse para seguir creando”.

Chefa Alonso. Improvisación libre. La composición en movimiento.
Ed. Dos acordes
. Baiona (Pontevedra), 2008.

July 3, 2008

LUIS MARIGÓMEZ sobre MARGARET ATWOOD

 

Luis MarigómezMargaret Atwood

La poesía escondida de MARGARET ATWOOD

Una entrevista de VÍCTOR M. DÍEZ con LUIS MARIGÓMEZ,
traductor al castellano de la poesía de la escritora canadiense.

(Haz click en las imágenes para leerla) 

June 11, 2008

JOSÉ-MIGUEL ULLÁN en Valladolid (13-J) y en Poesía Digital

http://islakokotero.blogsome.com/images/Ullan%20Poes%C3%ADa%20Digital.jpg

Entrevista con JOSÉ-MIGUEL ULLÁN en la revista Poesía Digital

El poeta presenta, además, su libro Ondulaciones
(Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores)
en la Fundación Segundo y Santiago Montes de Valladolid
(C/ Núñez de Arce, 9), el viernes, 13 de Junio, a las 20 horas.
Le acompañarán en la mesa Miguel Casado (autor del prólogo del libro)
y Gustavo Martín Garzo.
Nos gustaría ir (no podremos). Víctor M. Díez promete crónica para Peatóm

 *

        Manjar lento

Benditas sean las cosas que llegan siempre tarde
y no lo sienten
                    —perdidas ya de vista o bien batidas
o incluso banquecinas al sol del tacto—;

su demora nos libra del sofoco
propio de cualquier logro puntual
                                             engullido
sin pasar por el paladar ("¡a otra cosa!")
de la gratitud no rentable.
 

    JOSÉ-MIGUEL ULLÁN (De ‘Otros poemas 1991-2007′, en el libro Ondulaciones

May 14, 2008

Cosas pendientes: Calambur, Bartleby, Chantal Maillard en SDP…

Chantal Maillard con el poeta Félix Grande.    Pues sí, tenemos un montón de cosas pendientes, entre ellas dar la mar de novedades de dos sellos estupendos de poesía, Calambur y Bartleby, y anunciar la entrevista con Chantal Maillard en sopadepoetes hoy miércoles de 20 a 21 horas (en El Prat Radio)… y dar cuenta de un montón de envíos, convocatorias, cosas bonitas y poemas que se han ido acumulando en el mail.
Pero todo se andará… Estos días andaremos poco por la isla, pero sin descuidar los kokoteros. Echaremos algún vistazo de vez en cuando.

April 27, 2008

“Carne y lenguaje” / CHUS PATO reivindica una animalidad liberadora en su libro ‘Hordas de escritura’

Traducimos a vuela pluma una entrevista de M. DOPICO con la poeta orensana CHUS PATO en Galicia Hoxe, a propósito de su último libro de poemas, Hordas de escritura.

CARNE Y LENGUAJE

Chus Pato    “La cultura que recibimos niega a la bestia: no queremos ser animales. Nos da miedo sabernos animales porque la animalidad es el indicativo de la muerte: somos mortales porque somos animales. Por eso, abrazamos ese tópico de que lo humano es la mediación entre lo animal y la divinidad. Cuando hablamos, nos volvemos civilizados, parece que escapamos a la muerte, pero es a costa de anular la animalidad… Yo pienso que hay algo que rescatar de esa animalidad. Somos animales, hijos de la tierra, del cosmos. Si no nos conectamos con todo eso, caminamos hacia la destrucción. Somos animalidad y lenguaje. Carne y lenguaje”. La poeta orensana Chus Pato explica así su último libro, Hodas de escritura, recién publicado por Xerais.
    “Intenté plasmar eso en el libro, que somos animales, y que eso es positivo. Somos cuerpo, sangre, gládulas, estrógenos… Tenemos que aceptar la propia animalidad, que es aceptar la muerte”, añade.
    El concepto de horda es, también, especialmente relevante para comprender este poemario. “La horda es la esfera perfecta, que vive centrada en sí misma y para sí. Es un modo de relación humana perfecta. Porque es el espacio de cobertura perfecta para los seres humanos, como el vientre materno. Por otro lado, nos remite a la idea de movimiento continuo, de movilidad, como la de los bárbaros, con su libertad absoluta”, subraya. “Quise escribir un libro que como unidad no tuviese el verso libre, sino una horda de palabras: una medida protectora dentro de sí misma, pero con la movilidad y la libertad máxima”.
    La idea de horda conecta con el tratamiento del tiempo y del espacio que Pato acerca en esta obra. “El libro es una reflexión sobre el espacio, como otros que publiqué, aunque esta es la primera vez que reflexiono también sobre el tiempo. Los seres humanos nos movemos en el espacio, el espacio nos produce sensación de libertad. En nuestra sociedad, el espacio público se comprime cada vez más. En cuanto al tiempo, el libro apunta a un tiempo primigenio, que es utópico. Al tiempo en que todavía no habíamos dejado de ser animales, pero aún no éramos del todo humanos. Éramos mamíferos, pero hablábamos. Ese es el instante de definición absoluta de lo que somos. Es el tiempo de la exclamación máxima del dolor y del placer: del aullido de agonía, del suspiro del orgasmo… de un lenguaje físico con el que no es posible engañar. Intenté que el poema estuviera marcado por ese grito”.
    El grito de la poesía. Porque “la poesía es aquella escritura estética, llena de pulsiones, emociones… un lenguaje que se opone al que utilizamos en la comunicación normal, que está codificada desde el capital”, según Chus Pato. Es más, “poeta es aquel cuya musa fue destruida”, dice el libro.
    Su autora aclara que “el poemario también se pregunta qué significa ser humano hoy. Cómo se nos reduce a la animalidad, como en Guantánamo, pero aún así seguimos siendo humanos. La humanidad fue destruida, en Hiroshima, en Guantánamo, en Auswitcht. Pero si sigue habiendo humanos es que quedó un resto, que es la humanidad. De la misma forma, poeta es lo que queda en una persona en la que la poesía fue destruida”.
    El libro interpela en sus páginas al lector. “De la misma forma que se habla de la muerte del autor, yo hablo de la muerte del lector. Escribo para que me lean. Interpelar al lector es una manera de reflejar esa necesidad de que haya alguien ahí. Entonces aparece la duda. ¿Existe el lector, existe el poema, y existe la poeta, o son intercambiables? Porque la autora puede ser lectora, el lector puede ser poema…”.
    Hordas de escritura es la tercera entrega de una pentalogía que comenzó con m-Talá y Charenton. “El hilo común es: la intensidad; la ruptura que comenzó ya en mi primer libro; el concepto de poesía como un resto, un tipo de idioma que cortocircuita la comunicación tipo mercancía, una máquina de libertad; el abrigo con otros tipos de arte como la narrativa y el teatro pero no para alcanzar una mezcla o un híbrido, sino una explosión, algo diferente. Porque el poema es un ser que muta, como muta la sociedad y la propia poesía. La poesía no es reducible hoy a la lírica. Una veces hago lírica, otras no”.

    Tres partes que avanzan hasta el total estallido

    El libro está estructurado en tres partes. “En la primera, influenciada por Peter Handke, la autora no es quien escribe, sino que lo hace una narradora ficticia, una ‘negra’. Hay una aventurera que viaja mucho. En la segunda parte, más radical, introduje dentro de la estructura lírica la narrativa. Está el tema del doble, Jekyll… Es una fusión de la técnica narrativa de Robe-Grillet con la intensidad romántica de Hölderlin. En la tercera se produce el estallido absoluto, la fusión entre Ashberi, los últimos títulos que leí de poesía gallega y Agamben. Cuando escribí esta tercera parte visité Auswitcht”, recuerda Chus Pato.
    “Introduzco mitos como un material más, aunque en esta obra sí hay una invocación a Orfeo. El libro no soy yo ni nadie: son palabras. Ni son hechos concretos. Está Galicia, sí. La idea aquí es que los gallegos tendemos a percibirnos como un pueblo muy maltratado por la historia. En realidad, el siglo XX fue destructivo para muchos pueblos. Olvidamos la parte de responsabilidad que tenemos en nuestra propia destrucción”, concluye la poeta.

April 15, 2008

MANUEL CALDERÓN conversa con JOSÉ MIGUEL ULLÁN

Reproducimos esta estupenda entrevista de MANUEL CALDERÓN con el poeta JOSÉ MIGUEL ULLÁN (Villarino de los Aires, Salamanca, 1944) publicada en el diario La Razón:

«Cuando todos opinan de todo,
alguien tiene que reservarse para escuchar» 
José Miguel Ullán en una fotografía de Manuel Ferro
José-Miguel Ullán,
un poeta inclasificable que no renuncia a la oscuridad,
reúne toda su poesía en ‘Ondulaciones’
Por Manuel CALDERÓN

Llegó a París, empujado por el exilio, en 1966. Dejó atrás Madrid, donde inició sus estudios de Ciencias Políticas, Ciencias Sociales y Filosofía, y, también, aquella aldea de Villarino de los Aires, en Salamanca, donde nació en 1944. Su vocación encontró respuesta en los cursos que recibió en la École Pratique des Hautes Études de profesores como Pierre Vilar, Roland Barthes y Lucien Goldmann, y, muy pronto se encontró dirigiendo las emisiones en castellano de la radio France Culture. Comenzó una carrera literaria marcada por la poesía, una afición que acompañó con un destacado protagonismo en la prensa. Su poesía no aclara, ni oscurece, pero nos conduce a un lugar no habitado todavía. Ullán nos habla desde allí. Sin dramatismo.

–1968 es la fecha inicial de su poesía reunida. ¿Es una casualidad?
–Es un azar asumido. Son los poemas finales del libro ‘Mortaja’, publicado en México dos años más tarde; unos textos sacados directamente de las notas necrológicas de los periódicos españoles de la época. Fue un intento de desprenderse del lenguaje entonces imperante en la bienintencionada poesía española y que yo mismo, con mejor o peor fortuna, había practicado. Me pareció una forma válida de comenzar, un poco en el espíritu sesentayochista del «détournement» tal como lo entendiera el pintor Asger Jorn, del grupo Cobra, pero no reinvirtiendo al apropiarse de lo clásico sino de algo muy actual y desvalorizado al máximo incluso dentro del periodismo: el último suceso.

–¿Cómo fue aquel 1968 que usted vivió en París?
–Tal como yo lo viví, nada tuvo que ver con esos balances culpabilizadores que se hacen desde el presente y donde mayo del 68 parece ser el germen de todos los desastres actuales. Fue un momento casi irreal de participación desorganizada, un cúmulo de situaciones contradictorias, una especie de sainete jovial de la revolución. Las paredes se llenaron de escritura. Y todo no era eso tan repetido de la playa bajo los adoquines o la imaginación al poder; también podía leerse «la libertad es el derecho al silencio» o incluso una cita de Santayana: «Lo difícil es lo que puede hacerse enseguida; lo imposible es lo que necesita un poco más de tiempo». Y, a la vez, se percibía desde el principio que eso no iba encaminado a una victoria, como los sindicatos y partidos tradicionales llegaron a creer y temer, sino que era un estado emocional fugaz y, por fugaz, intenso.

–Se publican muchas declaraciones de ciertos poetas y editores de poesía protestando contra la poesía oscura. ¿Usted qué piensa?
–Vamos a ver, cuando, para huir de una complejidad a la que llama oscuridad, un escritor de los de la «difícil sencillez» se obceca en limitarse a llamar pan al pan y, sobre todo, vino al vino, suele acabar escribiendo boleros vergonzantes. Por lo demás, esa campaña paramilitar contra lo oscuro, disfrazada con latiguillos de progresía, es, amén de infantil, inútil. Sus portavoces dan por hecho que lo hermético tiene su justo castigo: carece de lectores. De ahí que uno se pregunte para qué tanto entusiasmo en advertirle al lector que detrás de la oscuridad no hay nunca nada. Y, en efecto, no hay casi nada. Sobre todo, no están esos innumerables e intercambiables fragmentos de un curriculum-vitae donde el declarante, lejos de cantar, lo que quiere es ser admitido, contratado.

–Así pues, no le importa que le acusen de hermético.
–A propósito del hermetismo, recuerde lo que decía Robert Desnos: «Para el analfabeto, el alfabeto es hermético». Queda petulante, pero ahorra saliva.

–¿Y la mezcla creciente de filosofía y poesía?
–Hay poetas que se olvidan de que la poesía tiene su propio pensamiento y, temerosos de ser tomados por intuitivos ignaros, se ponen a trenzar filosofía y poesía. Es una lástima que ambas tengan que rebajarse tanto para acabar coincidiendo en tan poco.

-María Zambrano dijo que Ullán es un «ser viviente» y Miguel Casado, en el prólogo a ‘Ondulaciones’, cita a Paul Éluard para hablar de su fidelidad a la vida. ¿Puede decirnos algo acerca de su vida? O si eso le parece chismografía, díganos por lo menos, en serio o en broma, de qué va la vida.
–Mejor, en serio. Tan en serio como la mismísima realidad. Resulta que hace dos horas, ante una mesa llena de frutas, fiambres, jugos y golosinas, a mí me dio de pronto por acordarme de una frase de Tzara: «La vida es un antílope malva en un campo de atunes». Ahora entiendo que se trataba de un anticipo y que, de repente, a nosotros nos viene como anillo al dedo para seguir la conversación.

–Tiene usted un poema que se titula ‘El viento’. En él podemos ver con qué hilos tan sutiles se teje la vida…
–Y su escritura, la del libro de cada uno. En fin, por resumir algo conocido, es esa tela de araña que tejemos, pero de la que no somos la araña, sino la mosca.

–Y agitado todo por el viento.
–En todos los sentidos. El viento es el que hace esas ondulaciones caprichosas sobre la arena del desierto. Recuerdo en especial el de Atacama, en Chile, que es donde me vino la idea de ponerle título a mi poesía reunida. El agua y el fuego también ondulan, sí, pero creo que de forma más previsible. El viento es tan caprichoso como la lengua. Y, cuando se detiene del todo, es cuando es más terrible.

–A veces yo lo asocio a un látigo en su poesía, a un gesto y a un sonido de los que usted es responsable.
–Solidario en la escucha. Con el viento no se puede ir más allá.

–Como articulista, se le echa en falta. ¿Ya no vale la pena opinar?
–Yo apenas opinaba. Pero, por si acaso, cuando todos opinan de todo, alguien debe reservarse para escuchar. Y, una vez hecho eso, la verdad es que no dan ganas de nada, y mucho menos de opinar.

–Borges, en ‘Ejecución de tres palabras’, elige las siguientes: inefable, misterio y azul. Elija las suyas, por favor.
–Tachar «inefable», tal como está el patio, a mí también me parece bien. En cambio, si tachara «misterio» me parecería no una simple ejecución, sino un verdadero genocidio. Nada que valga la pena está exento de misterio. Y lo de «azul» seguro que era en Borges una venganza pasajera contra el gran Rubén Darío o el hartazgo de un ciego ante eso que no cesa de oír. Puestos a jugar, yo desterraría de una tacada toda una frase, acaso la más repetida por segundo en España, que respeta las reglas del juego por contener, como cierto bolero, sólo tres palabras: «De alguna manera». ¡Qué epidemia expresiva! Ya nada es esto o lo otro, ni lo de más acá o más allá, así, asao o incluso por narices. No, es como sólo aquí, al parecer, puede ser: de alguna manera.

–Hace cuatro años dijo: «Creo que la vulgaridad nos acompaña, pero también que, dentro de ella, puede haber una voluntad de que el canto florezca». ¿Ha perdido la esperanza?
–He perdido la poca voluntad que entonces tuviera. Y, desde luego, ya no digo «florezca» ni aunque me pongan una pistola china en la sien.

–A través de las dedicatorias de sus poemas, se pueden rastrear nombres de personas que han sido amigas suyas y con las que ha compartido afinidades: Zambrano, Rulfo, Paz, Néstor Almendros, Sarduy, Luis Fernández, Jabès, Valente…
–A todos los recuerdo de continuo, con todos ellos sigo dialogando. Cuando se borra una presencia amiga, ahora suele decirse: «La vida sigue…». Y no es verdad, porque precisamente la vida es lo que ya no sigue. Pero las huellas sí, a las que el lenguaje se aferra.

–Su abandono de la vida pública literaria, ¿no será desdén?
–No hay abandono ni promiscuidad. En cuanto al desdén, ¿con qué propósito? Ni el de la enmienda exige esos tragos. Esta madrugada, en un almanaque, leía esta frase del cómico Fernandel: «No se deberían poner caras largas, por lo menos para no tener más superficie que afeitar». Si la frase fuera de Gómez de la Serna o de Lichtenberg, adquiría otro halo. Pero incluso sin halo a mí me parece pertinente.

–¿Qué le interesa apasionadamente en este año tras la publicación de ‘Ondulaciones’?
–Que la antorcha olímpica llegue al islote de Perejil y allí se quede de una vez por todas. Lo digo sin desdén, sólo con ataraxia tibetana.

April 13, 2008

VICENTE LUIS MORA: “Ni nocillero ni nostálgico, mutante”

Estupenda y sugerente la entrevista de Daniel Arjona a Vicente Luis Mora en El Cultural, a propósito de la publicación de ‘Pasadizos. Espacios simbólicos entre arte y literatura’ (Ed. Páginas de Espuma, 2008. Premio Málaga de Ensayo 2007). Por cierto, que VLM también hace a su vez buenas entrevistas.

 Vicente Luis Mora en una caricatura de Gusi Bejer para El Cultural

VICENTE LUIS MORA: "El mundo ha cambiado: es discontinuo, metamórfico; la información es fragmentaria y problemática, y la narrativa más precisa es la mutante, la que ha comprendido eso y sabe reflejarlo estructuralmente"

* *

VLM: "Si la joven poesía española es buena, irá hacia el fracaso. Esto es: le importará la obra en sí, le importará el silencio creador"

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Desde el desierto de Nuevo México, donde dirige el Instituto Cervantes de Alburquerque, Vicente Luis Mora (Córdoba, 1970) responde a las preguntas de El Cultural a propósito de su libro Pasadizos. Tan lejos y tan cerca en pleno paradigma digital “pangéico”, Mora explora con su báculo indeciso los vasos comunicantes entre los diversos objetos de atención estética.

Entiende los libros, las obras de arte, etc. como “lugares” e indaga en los “pasadizos” que los comunican. ¿No crea usted, de alguna manera, esos pasadizos al “descubrirlos”?
Es una buena observación, pero los pasadizos estaban ahí, mi participación se reduce a ir con una linterna y un machete, desbrozando el camino. Y hay muchos más por descubrir, todas las obras artísticas de valor se caracterizan por su apertura de significados hacia otras cosas y obras.
La preocupación por el “espacio” y la “posición”, ¿no acusa la gran confusión del mundo digital, que usted llama “pangéico”?
Así es; estas preguntas que respondo desde Madrid viajarán a unos servidores en EE.UU. que las rebotarán a Madrid y hasta usted. Parece un viaje demencial, pero lleva menos tiempo que acercarme a su redacción en un taxi. El ciberespacio altera nuestra idea de espacio y de ahí esa obsesión por situarnos.
Internet parece precisamente un lugar privilegiado para la topomaquia, esa “batalla de lugares simbólicos” a la que alude.
La competencia entre webs por la atención de los internautas es una topomaquia, desde luego, entre sitios (curiosa denominación común para las webs, ¿verdad?). Una lucha despiadada que parte de la obviedad de que el internauta sólo puede ver una página a la vez en un marco de miles de millones.
Desde su trabajo como director del Cervantes de Alburquerque (EE.UU), ¿qué juicio se hace de la Literatura española actual?
He descubierto con perplejidad que algunas obras españolas son “tecnología literaria punta”… flotando en un mar decimonónico, atrasado y anacrónico.
¿Nocillero o nostálgico? ¿Qué opina de la polémica literaria que enfrenta al fragmentarismo con la narración tradicional?
El fragmentarismo es el nuevo realismo. En los siglos XVIII y XIX, cuando empezó, era una ruptura ante la cosmovisión moderna; ahora es el testimonio de la fase final de esa ruptura. El mundo ha cambiado: es discontinuo, metamórfico; la información es fragmentaria y problemática, y la narrativa más precisa es la mutante, la que ha comprendido eso y sabe reflejarlo estructuralmente. El fragmento es una técnica, no un tema ni una obligación, hay que saber utilizarlo. Ni nocillero ni nostálgico, mutante.
¿El asunto es escribir historias o de lo que se trata ahora es de otra cosa?
La pregunta es: ¿hay otra cosa, aparte de historias? ¿Qué cree que cuentan nuestros libros? Lo que varía no es el qué, sino el cómo, y la mirada sobre el qué. Es una mirada del siglo XXI, volcada en una literatura actual. No se puede hablar sobre genoma o globalización en una novela a lo Galdós. Es como hacer astrofísica con gafas, en vez de con telescopio.
¿No recuerdan las innovaciones formales que se proponen a las que ya jugaron las vanguardias?
Todo lo que esté sobre una página recuerda a los manuscritos de Simmias o al Gilgamesh, la cuestión es cómo se miran las cosas, cómo se percibe la realidad y se procesa en el texto. Eso es lo que convierte a un autor en antiguo o actual; Beckett y Joyce son coetáneos, inventaron una mirada duradera; muchos narradores que sacarán libro en 2008 no son de este tiempo.
Y al otro lado del Atlántico, ¿son similares las polémicas literarias?
Sí, pero hay diferencias. A los escritores norteamericanos mainstream, que hacen best sellers, nadie quiere confundirlos con literatos, no están en las academias, nadie quiere disfrazar de literatura lo que es sólo consumo y excrecencia mercantil. Ya señaló Ignacio Echevarría en Trayecto esa curiosa mixtificación patria.
¿Qué escritores han entendido mejor los nuevos tiempos?
Diré sólo extranjeros, para no molestar (más): Pynchon, Coetzee, Bernard Nöel, D. F. Wallace, Saunders, Welsh, MacCarthy, y sobre todos J. G. Ballard, que los comprendió antes de que llegaran.
Cita la crítica cultural de los blogs como un ejemplo de la Revolución que propicia la Red. Tal democratización, ¿acabará con los centros de poder intelectual tradicionales?
Ojalá. Pero la intención no es sustituirlos por otros digitales e igualmente torpes, sino por una red de redes, parte de cuyos nodos sean, estructural y severamente, críticos con el poder.

Daniel ARJONA

April 10, 2008

ULLÁN en El País

ONDULACIONES 

"De tener la poesía un territorio, sería el de la duda"

 Ullán en una foto de Alvaro García para El País

Una entrevista a JOSÉ MIGUEL ULLÁN en El País…

'Agrafismo' de José Miguel Ullán

…y fotos de sus Agrafismos

April 4, 2008

Entrevista a Antonio Gamoneda en la revista Ínsula

Hemos colgado en Faro Gamoneda la entrevista, entera, de Tomás Sánchez Santiago y Eloísa Otero al poeta ANTONIO GAMONEDA que se publica en el último número de la revista Ínsula.

Para leerla, haz click sobre la foto: 

 Antonio Gamoneda en una foto de MURCIEGO

 Antonio Gamoneda, en una fotografía de MURCIEGO

March 19, 2008

Una entrevista con CHANTAL MAILLARD (desde Pamplona)

CHANTAL MAILLARD, poeta y filósofa
"Cada vez tenemos más tecnología pero entendemos menos
el sentido de las cosas importantes de la vida"
 Chantal Maillard
Chantal Maillard es Premio Nacional de Poesía por su obra ‘Matar a Platón’, un extenso poema que gira en torno a un instante en el que se ven implicadas varias personas. La poeta apuesta en sus trabajos por sentir los latidos de la vida en cada momento.

Por EKHIÑE PLA
Para el Diario de Noticias de Navarra
    
PAMPLONA.– La escritora belga Chantal Maillard vive a caballo entre Málaga y Barcelona. Esta semana ha acudido a Pamplona para participar en un curso de Literatura creativa organizado por IPES. Es Doctora en Filosofía pura, profesora titular de Estética y teoría de las artes y especialista en filosofía y religiones indias. Un extensa formación que le permite abordar el filo que separa el pensar del sentir, tratando temas como el miedo o el absurdo de la sociedad actual, que nos ha llevado a "vivir en los conceptos y perdernos la realidad de lo singular".

¿Por qué mata a Platón en la obra que le llevó al Premio Nacional de Poesía en 2004?

Porque creo que la realidad tal y como la entendemos desde aquel filósofo griego es demasiado sólida, en el sentido de que está demasiado dividida entre conceptos y cosas. Nosotros solemos vivir en los conceptos y nos perdemos la realidad de lo singular. Sin embargo, lo singular es lo que existe, por ejemplo, no le estrechamos la mano a un concepto, no somos conceptos, aunque parece que vivimos y creemos en ellos.

Matar a Platón gira en torno a un acontecimiento que afecta a varias personas: un accidente.

Cuando algo nos sacude, algo como un accidente, no sabemos cómo actuar y la reacción inmediata es de horror, de pánico. Un poco más tarde nos tranquilizan con estadísticas, con números, con cálculos, con conceptos… "Ya llega una ambulancia, todo está controlado". En ese momento la angustia desaparece y lo que podía habernos hecho vibrar con ese acontecimiento, lo que podía haber hecho que el suceso se convirtiera en un acontecimiento para mí, se queda en simple accidente. Un accidente es un caso entre miles, en cambio un acontecimiento ocurre en este momento, en este instante y para alguien en concreto. Matar a Platón es un libro en el que se va desarrollando ese acontecimiento que forma una especie de red. Cada uno de los que intervienen son puntos en esa red y la forman entre todos. La idea de red es bastante más actual que la idea de raíz, que teníamos desde Aristóteles. La idea de red permite que las cosas sucedan como trazos, no es sólido y, por lo tanto, permite entender lo que llamamos realidad como un perpetuo sucederse entre todos y entre todo.

¿Cómo se le ocurrió abordar un accidente en la obra premiada?

Ha sido por un largo proceso vital que me ha llevado progresivamente a entender la realidad de una manera más vibrátil. La escucha o el olor nos permiten recibir lo que ocurre de una manera más móvil. Reconozco más las cosas por su olor que por la vista. Escuchando notamos esa vibración porque la vibración es sonido. Todo ello me ha llevado a la necesidad de recuperar algo que quizás hemos olvidado: sentir lo que está latiendo. Cualquier suceso es algo que está latiendo ante nosotros y un accidente se convierte en acontecimiento cuando lo sentimos latir y vibrar. Ese acontecimiento nos abre una herida desde el principio por la que íntimamente podemos sentirnos unidos.

¿Por qué es necesario sentir los latidos de la realidad?

Por ejemplo, si los torturadores creen que están haciendo bien, ese creer actuar correctamente es vivir en los conceptos. Si en vez de vivir en ideas sintiesen latir al otro, no se les ocurriría torturar a nadie.

¿A qué se debe esa falta de vibrar en la sociedad actual?

Supongo que ha sido también un proceso. La sociedad se ha ido transformando de tal manera que ha ido perdiendo ciertas cosas genuinas y se han generado otras que nos parecen más necesarias porque son más útiles. Hemos perdido el sentido de las cosas importantes de la vida, una vida que por mucha tecnología que tengamos, entendemos muy poco. Seguimos comprendiendo la vida igual de poco que antes, pero creemos que la entendemos mejor.

En este sentido, ¿qué puede aportar la filosofía india?

Nos puede aportar una mayor elasticidad ya que las concepciones indias son eminentemente hermenéuticas, es decir, tienen conciencia de que su religiones son una simbología y, por tanto, eso las hace más permeables y menos intransigentes. El hinduismo acoge cualquier cosa. No podemos decir lo mismo de nuestros monoteísmos, por lo menos en sus instituciones. Podríamos aprender del hinduismo en ese sentido. Habría menos límites, menos barreras infranqueables, más comunicación… Además, podríamos aprender del budismo a mirarse a uno mismo con una cierta distancia, lo cual permite no identificarse tanto con lo que creemos ser. Entender que el yo se construye y que, como toda construcción, es algo ficticio, que no tiene una consistencia perenne y que puede derribarse. Es una ilusión que construimos durante nuestra existencia. No identificarse con esa ilusión nos permitiría ser menos rígidos porque no tendríamos esas barreras que creamos para proteger lo que hemos construido. Si no hay tantas barreras que proteger daremos más pasos el uno hacia el otro y también habrá menos problemas de todo tipo.

¿A qué otros problemas se enfrenta la sociedad actual?

La insatisfacción es el gran problema de nuestra sociedad actual. Un concepto de nuestra tradición es la idea de que hace falta llegar a algo. Pero no hay nada a lo que llegar, hay un algo en lo que estar. Un estar con o estar en algo, estando mejor. La idea de llegar a es siempre señal de insatisfacción. La necesidad de aumentar los deseos nos convierte en individuos permanentemente insatisfechos y así somos más consumidores, porque un individuo satisfecho consume menos. El concepto de llegar a tiene muchas implicaciones: progreso, insatisfacción, sociedad de consumo, guerras… Estar en o estar con podía entenderse desde el punto de vista del no deseo. De esta forma, consumiríamos menos y plantearíamos muchos menos problemas.

En alguna ocasión ha comentado que a veces es necesario distanciarse de la mente para observarla.

Es imposible ir más allá de nuestra mente, es como saltar sobre la propia sombra. Pero sí podemos observar. Hay una posibilidad de que algo de nosotros observe esa mente y también es posible observar lo que yo llamo los usos, que son las modalidades anímicas en las que estamos y con las que nos identificamos. En los momentos dolorosos se nos ocurre la necesidad o la estrategia de separarnos para verlos. También habría que poder separarnos en los momentos agradables para poder nivelar y conseguir un estado de serenidad. Sólo en el estado de serenidad hay calma y en esa calma podemos considerar con más entereza y sabiduría lo que ocurre.

February 28, 2008

ANTONIO COLINAS: “El lenguaje poético es postelectoral”

«El lenguaje poético llega cuando fallan todos los demás lenguajes»
El escritor leonés analiza la «gran poesía» de todos los tiempos en el ensayo El sentido primero de la palabra poética y está a punto de publicar Desiertos de la luz
 Antonio Colinas
Una entrevista de VERÓNICA VIÑAS
Antonio Colinas ha querido fijar su poética a la luz de los poetas que más ha amado y ofrece el resultado en un libro exquisito, editado por Siruela, bajo el título El sentido primero de la palabra poética. Un ensayo en el que analiza a los poetas decisivos, desde los grecolatinos hasta Rilke, Erza Pound, Leopardi o María Zambrano. La poesía de Colinas, un corrector impenitente, apunta siempre a un lugar de soledad, lejos también de las camarillas que manejan el mundo de la cultura. Está a punto de publicar un nuevo poemario, Desiertos de la luz (Tusquets). El martes, la Casa de las Conchas de Salamanca acogerá una exposición bibliográfica que repasa sus cuarenta años de dedicación a la literatura.
Da la sensación de que «El sentido primero de la palabra poética» es un libro que le apetecía, porque habla de sus poetas favoritos…
Sí. En efecto. Falta alguno, pero están todos los que deberían, desde Machado a Juan Ramón, pero también Leopardi; de hecho, ese ensayo sobre el infinito en Leopardi es el eje del libro, porque se estudia la contemplación, que me parece fundamental.
¿Si tuviera que elegir entre Leopardi y María Zambrano?
Es imposible. Ella también era muy leopardiana. Curiosamente, le ofrecieron la casa de Leopardi en Nápoles, pero ella no aceptó.
Salvador Gutiérrez, el último leonés que ha ingresado en la RAE, ha dicho que usted sería un buen académico….
Siento un afecto especial hacia la Academia, porque dos amigos muy especiales, Dámaso Alonso y Vicente Aleixandre, me hicieron amar mucho la Academia. Pero dudo que eso sea posible. Yo soy muy independiente, no estoy en grupos ni en gremios… La institución me merece muchos respetos y los leoneses que hay en ella son muy amigos.
Si algo tienen en común escritores leoneses como Antonio Gamoneda, Pereira, Luis Mateo, Merino y usted mismo es su impenitente afán corrector, su búsqueda de la palabra exacta… ¿por qué esa manía por el purismo?
Porque buscamos la palabra originaria, en la que está la perfección; porque la escritura es algo muy unido a nuestras vidas y vemos en la escritura un reflejo de lo que hemos vivido o soñado.
¿Le afecta la campaña electoral?
Sí y no. Sí en la medida en que está siendo muy tumultuosa, pero estoy muy ocupado con este libro y con uno nuevo, que se titulará Desiertos de la luz y que publicará próximamente Tusquets. Y el martes se inaugura en la Casa de las Conchas una exposición bibliográfica sobre mis cuarenta años de literatura.
Ya que los políticos, como hizo Rajoy en el debate de televisión, leen los discursos, ¿no cree que deberían contar con buenos escritores que se los hicieran?
Sí. A veces los escritores, cuando escuchamos a los políticos, nos gustaría poner una coma, una palabra o una frase… El poeta se encuentra en otro estrato. El lenguaje poético llega cuando fallan todos los demás lenguajes. El lenguaje poético es postelectoral
¿Siempre nos quedará la poesía?
Así es. Los grandes mandatarios en grandes discursos siempre tienen el recurso final de una frase de un poeta. La poesía es consustancial a nuestras vidas y no se puede concebir un mundo sin poesía.
¿Cree, como dice Merino, que las palabras pesan, miden y huelen?
Son esas mismas sensaciones que nos produce el libro, ese libro que pesa en nuestro bolsillo, que nos habla..
Por culpa de los sms y el messenger, ¿cada vez hablamos y escribimos peor?
Eso es evidente. He leído que la Academia va a regular ese lenguaje. También hay personas que cuidan el lenguaje. El lenguaje de los correos electrónicos es muy preocupante.
¿Y qué se puede hacer?
Puede ser un paso cierta regularización, pero no creo que sirva. Comprendo la síntesis, pero hasta cierto punto. No soy partidario de estas licencias. Para los niños puede ser peligroso.
¿León sigue siendo para usted un lugar mágico?
Sí. Mi obra, en síntesis, no es sino una búsqueda de la universalidad para mis raíces. En el lugar donde hemos vivido la infancia es donde se dieron las primeras experiencias estéticas. León es un cruce de historias, es un lugar mistérico.
A propósito de Luis Cernuda dice en su libro que es un poeta que ha superado ejemplarmente la prueba del paso del tiempo. ¿Qué poetas le huelen a alcanfor?
Los que no han conectado con la palabra permanente. El lenguaje del poeta es el del hoy, pero también el del mañana y el de ayer. Es el de la intemporalidad. Cuando esa palabra no tiene afán de eternidad, acaba oliendo a alcanfor.
¿La poesía tiene que conmover?
Para mí, sí es una de las condiciones que le pido al poema, aunque esa conmoción está hecha de sentimiento y de pensamiento, de corazón y de razón. Nos lleva a sentir y a pensar.
Acaba de salir el disco «Diez autores con diez obras», en el que Zulema de la Cruz ha puesto música a su poema «Canción para Clara». ¿Le gusta más con música?
Sí. Zulema ha hecho una versión preciosa. Es un poema que amo mucho y que se lo dediqué a mi hija. Zulema busca un lenguaje también sencillo. Me parece muy logrado. Hay también silencios y la autora los ha puesto de relieve. Además, Amancio Prada acaba de poner música al poema Simoneta Vespucci , también muy bonita. Me llamó desde Florencia y me tarareó la canción para ver si me gustaba…
Gamoneda tituló «Blues castellano» a un libro, aunque también hay jazz en muchos de sus poemas. ¿Y los suyos a qué suenan?
Valoro mucho la música del poema que viene impuesta por el ritmo. Luego está la música de los músicos que me han influido, como Bach, que es el más grande, por ese latido humano que hay en su obra…