Isla Kokotero

May 8, 2008

Mayo: a por las trufas blancas / Dos fragmentos de KING, de JOHN BERGER

6 a.m.

    Me muero por intentarlo. Oigo estas palabras entre sueños y me sale un arrullo de paloma del fondo de la garganta, donde el gaznate se junta con la nariz. Esa parte que se seca cuando tienes miedo. Me muero por intentar llevaros a donde vivimos.

 (…)

    Conocí una vez a una perra trufera. A su amo, afirmaba, le habían ofrecido veinte mil por ella. ¡Y él prefirió quedarse conmigo! Decía esto sacando la lengua. ¡Tendrías que vernos! En septiembre, cuando todavía anochece tarde, trabajamos todo el día y volvemos a casa con cinco, seis, siete kilos. Hablo de las negras. En mayo salimos a por las blancas. Las blancas son más discretas y tienen un sabor más joven.

    ¿A qué huelen las trufas?, le pregunto. A sexo, me responde, sobre todo a sexo. Sexo en la tierra desnuda, bajo los robles. Huelen a sexo masculimo. El problema es que yo no paro de encontrarlas, una y otra y otra, pero nunca echo un polvo. A final del día odias el olor. No es mejor que trabajar en un local de strip-tease. Y lo que es todavía peor: tienes que andar con mil ojos para no arañarte la nariz.

(…)

    (Del libro KING. Una historia de la calle, de JOHN BERGER.
Ed. Alfaguara, Madrid, 2000. Traducción: Pilar Vázquez)

March 13, 2008

‘Autorretrato’, por JOHN BERGER

AUTORRETRATO 

Samuel BeckettJohn Berger

Para hacer retratos satisfactorios, probablemente viene bien hacer algunos autorretratos y también haber aprendido a aceptar las fotografías que otros te han hecho. ¿Cómo es posible, si no, comprender la turbación, la ansiedad, incluso el pánico, que a menudo asalta a la gente cuando sabe que está siendo fotografiada?
    No me tengo por demasiado gordo, mi nariz es grande, pero no exorbitantemente larga. Y, sin embargo, no pude aceptar mi apariencia física durante años. Solía soñar con parecerme a Samuel Beckett. (Tener un perfil como el suyo tal vez implicaría también otra forma de vida). Me hice una serie de autorretratos y cada vez "disfrazaba" mi rostro porque lo rechazaba totalmente. Gesticulaba, hacía trucos con la luz, movía la cámara deliberadamente. La cura para este juego teatral llegó cuando me vi obligado a mirarme a mí mismo durante la duración completa de una película para la televisión –una película titulada Un fotógrafo entre los hombres, realizada por Claude Goretta–. La dosis fue lo bastante fuerte como para curarme. Este hombre al que veía ante mí existía con todas sus debilidades. Era real y en cierto sentido estaba más allá de mi control. Yo ya no era responsable de su apariencia.
    Algunos años después, durante un seminario que yo dirigía sobre fotografía, se decidió que cada uno de nosotros hiciera una fotografía –retrato– a cada uno de los otros. Cuando me llegó el turno para posar, uno de los estudiantes observó casualmente: "Bajo esta luz, tu cara me recuerda un poco a Samuel Beckett".

    JOHN BERGER (Del libro ‘Otra manera de contar’) 

December 29, 2007

Poemas perrunos

Portada

 El perro me pregunta
y no respondo.
Salta, corre en el campo y me pregunta
sin hablar
y sus ojos
son dos preguntas húmedas, dos llamas
líquidas que me interrogan
y no respondo,
no respondo porque
no sé, no puedo nada.

[Oda al perro, Pablo Neruda (extracto)]

    Vida de perros. Poemas perrunos (Editorial Buscarini, 2007) es una antología de poemas sobre perros que cuenta con la colaboración de más de un centenar de poetas. La edición y el prólogo, que repasa la presencia del perro en la Historia de la Literatura, es obra de Diego Marín A. Además, los beneficios obtenidos de la venta del libro Vida de perros serán destinados a la Asociación Protectora de Animales.
    «Desde la Odisea de Homero hasta la poesía actual, el perro ha sido siempre un destacado elemento en la literatura», apunta Diego Marín A. «Incluso podemos hablar de perros con pedigree literario, como Remo, de Ortega y Gasset, al que Miguel de Unamuno le dedicó un poema; Sirio, de Vicente Aleixandre, al que, además de su dueño, le dedicaron versos Claudio Rodríguez y Carlos Bousoño; o Atila, del riojano Antonio Cillero Ulecia, al que incluso Ramón de Garciasol le dedicó un libro. Curiosamente, todos eran pastores alemanes. Aunque tampoco hay que olvidarse de Niebla, el perro que Neruda regaló a Alberti, Troylo, de Antonio Gala, o Flush, el perro de la escritora inglesa Elizabeth Barret y que Virginia Wolf convirtió en protagonista de una de sus novelas», explica el editor. 

PEDIDOS: editorialbuscarini@gmail.com
Vida de perros. Poemas perrunos
12€ (libro) + 3€ (gastos de envío) = 15€
(Y por 18 euros pueden enviarte el libro mediante mensajería 24 horas)

* * *

En la biblioteca de Isla Kokotero hay dos libros de perros imprescindibles: La llamada de la selva, de Jack London, y King. Una historia de la calle, de John Berger.

    "La primera jornada de Buck en la arenosa playa de Dyea fue una verdadera pesadilla. Las horas se sucedían, trayendo siempre inesperadas sorpresas para él. Le habían arrancado súbitamente del corazón de la vida civilizada para arrojarle en el seno del mundo primitivo. No se gozaba aquí de aquella existencia indolente que se desliza bajo la caricia del sol en los cálidos países meridionales, sin más preocupación que la holganza, ni otro peligro que el aburrimiento. Aquí no hay paz, ni descanso, ni sosiego. Todo es acción y desorden confuso; la vida peligra en todo momento, y es absolutamente preciso vivir ojo avizor, porque ni los hombres ni los perros son ciudadanos pacíficos y honrados, sino salvajes que no conocen otra ley que la del palo y el mordisco…" (J. London)
    "Conocí una vez a una perra trufera. A su amo, afirmaba, le habían ofrecido veinte mil por ella. ¡Y él prefirió quedarse conmigo! Decía esto sacando la lengua. ¡Tendrías que vernos! En septiembre, cuando todavía anochece tarde, trabajamos todo el día y volvemos a casa con cinco, seis, siete kilos. Hablo de las negras. En mayo salimos a por las blancas. Las blancas son más discretas y tienen un sabor más joven.
    ¿A qué huelen las trufas?, le pregunto. A sexo, me responde, sobre todo a sexo. Sexo en la tierra desnuda, bajo los robles. Huelen a sexo masculino. El problema es que yo no paro de encontrarlas, una y otra y otra, pero nunca echo un polvo. Al final del día odias el olor. No es mejor que trabajar en un local de strip-tease. Y lo que es todavía peor: tienes que andar con mil ojos para no arañarte la nariz". (J. Berger) 

March 12, 2007

¿Un poema de ROBERTO JUARROZ o de JOHN BERGER?


John Berger Miro un árbol.

Tú miras lejos cualquier cosa.

Pero yo sé que si no mirara este árbol

tú lo mirarías por mí

y tú sabes que si no miraras lo

que miras

yo lo miraría por ti.

Ya no nos basta

mirar cada uno con el otro.

Hemos logrado

que si uno de los dos falta,

el otro mire

lo que uno tendría que mirar.

Sólo necesitamos ahora

fundar una mirada que mire por

los dos

lo que ambos deberíamos mirar

cuando no estemos ya en ninguna parte.
 
     (Para leer el artículo entero de  JOHN BERGER,
a propósito de su nuevo libro  “Con la esperanza entre los dientes”,
se puede visitar la  página de la Escuela de Letras )
 

January 5, 2007

La palabra “poeta” para JOHN BERGER

 John Berger, dibujando en la playa

Guarda las lágrimas

vida mía

para la prosa.

J. BERGER 

 

    "Al contrario de lo que nos enseñan en la escuela, siempre he pensado que la palabra "poeta" es un adjetivo. Un adjetivo que no tiene nada que ver con el término "poético". Cuando se dice "es poeta" se describe una cualidad que incluye, entre otras cosas, el valor y la sinceridad. Por eso no me parece apropiado autocalificarse "poeta". Decir "soy poeta" equivale un poco a decir "soy inolvidable" o "soy sincero". Mejor dejar que juzguen los otros. El lector y sólo el lector puede confirmar si un poema es un poema y un poeta, poeta. Esta convicción, o más bien obsesión, me impidió publicar o incluso pensar en publicar, un libro de poemas, pues obviamente con ello me estaría autoproclamando poeta".

    JOHN BERGER (De ‘Páginas de la herida’)






















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