Isla Kokotero

December 13, 2008

‘León Palimpsesto’ se presentó en el MUSAC

 Imagen de Corullón en el Bierzo, con toda su gama cromática. Una fotografía de MANUEL MARTÍN
Imagen de Corullón en el Bierzo, con toda su gama cromática.
Una fotografía de MANUEL MARTÍN

 La historia no oficial / Reescribiendo la historia de León

‘León Palimpsesto’,
el cuarto libro de la colección ‘Soñando futuros’,
se presentó en el Musac


Por JOAQUÍN REVUELTA
para La Crónica-ABC León

(También puedes leer Letras, luces y música,
una crónica de SUSANA MARTÍN en EL MUNDO de León,
y el relato ‘Sermón del centrífugo’
de TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO
incluido en el libro)


Presentación del libro 'León Palimpsesto' en el Musac   El Musac acogió el jueves, 11 de diciembre, la presentación del libro-disco ‘León Palimpsesto’ que forma parte de la colección ‘Soñando futuros’ que edita con carácter anual la Fundación Forcal (Foro para la calidad) perteneciente al grupo de empresas Inzamac de Zamora. Bajo la supervisión del editor Gonzalo Blanco la obra propone una mirada nueva sobre temas que giran en torno a la realidad leonesa y que van desde lo geográfico hasta lo antropológico pasando por lo identitario y lo histórico. En este volumen de gran formato y generoso despliegue de maquetación y fotografía se da cita un nutrido grupo de gente de la cultura que responde al perfil buscado por el editor, “autores caracterizados por una cierta sensibilidad social y con reconocidos valores literarios y artísticos”. Todos ellos han contribuido a dar forma y contenido a un libro que, al igual que los tres anteriores de la colección, responde al carácter de “coral o poliédrico” en el sentido de que en sus páginas tienen cabida catedráticos, escritores, ensayistas, poetas, artistas plásticos y fotógrafos. La nómina de autores de ‘León Palimpsesto’ es realmente extensa y en la misma podemos encontrar nombres como Valentín Cabero, Fulgencio Fernández, Rafael Doctor, Ángel Fierro, Víctor M. Díez, Eloísa Otero, José Luis Puerto, Tomás Sánchez Santiago y Pedro Trapiello. Especial relevancia tienen igualmente los apartados fotográfico, a cargo de un veterano en estas lides como Manuel Martín, y fonográfico, donde se recogen una antología musical de piezas tradicionales del Alto Torío y un sumario de composiciones del grupo Sin Red.
   Iniciada hace cuatro años, la colección ‘Soñando futuros’ constituye una de las iniciativas culturales más interesantes llevadas a cabo últimamente en la región. Contempla la edición anual de un libro de cada una de las provincias de Castilla y León. Tras la publicación de los correspondientes a Zamora (’Agua sedienta’), Burgos (‘Burgos Nexus’) y Salamanca (‘Salamanca fronteras’) le toca ahora el turno a León con un libro-disco que cumple a la perfección el objetivo que se ha marcado la colección y que no es otro queproponer una mirada nueva sobre la realidad vigente, y que responde esta vez al sugerente título de ‘León Palimpsesto’, un término que hace referencia al manuscrito que todavía conserva huellas de otra escritura anterior en la misma superficie y que ha sido borrada de manera expresa para dar lugar a la que ahora existe.
   Gonzalo Blanco cree que el eslogan “un libro desobediente y hermoso” define muy bien lo que es ‘León Palimpsesto”, donde lógicamente la belleza la ha puesto Manolo Martín con su magnífico muestrario fotográfico y la ‘desobediencia’ es compartida por los distintos autores que a través de sus textos proyectan una visión alternativa a la ‘historia oficial’ de esta provincia.
   “No es un invento mío pues el término desobediencia literaria lo he visto aplicado en algunos de los trabajos, críticas o reseñas que han hecho a la escritura de Tomás Sánchez Santiago y que alude a un cierto carácter independiente, a no ser excesivamente tributario de lo oficial. Me parecía que era un adjetivo que llamaba un poco la atención y que expresaba algo”, reconoce Blanco, para quien otro de los autores claramente alineados en esa postura de insumisión es Fulgencio Fernández, redactor jefe de este periódico y que en opinión del editor aporta dos aspectos fundamentales a la publicación. “El primero tiene que ver con el tema, la provincia femenina. Fulgencio refleja el lado oscuro y profundo de la mujer en la medida en que hay un abanico de personalidades que en unos casos fueron silenciadas y en otros castigadas, empresarias que no podían tener la cuenta corriente a su nombre o las mujeres mineras, la ‘patrulla del talco’ que llama el autor. Después está la manera tan peculiar que tiene de contarlo”.

Una foto de Manuel Martín. Mercado en la Plaza Mayor de León, día de Nochebuena 1962
(Una foto de Manuel Martín:
El mercado de la Plaza Mayor de León el día de Nochebuena de 1962)

Un libro desobediente y hermoso

Diseñado en gran formato y con un generoso despliegue de maquetación y fotografía, ‘León Palimpsesto’ se nutre de textos que suponen una nueva mirada en torno a la realidad leonesa. ‘El palimpsesto del lenguaje’ de Vicente Cabero o ‘Si León hubiera sido Leona’ de Fulgencio Fernández dan fe de la versatilidad temática que ofrece esta obra que incorpora sendas antologías poética y musical elaboradas por José Luis Puerto y Ángel Fierro. La obra incluye las semblanzas del escultor Amancio González y la pintora Teresa Gancedo.


De la antología poética de Puerto

a la antología gráfica de Manolo Martín

    Gonzalo Blanco sólo tiene palabras de elogio para los autores que han hecho posible ‘León Palimpsesto’. De Pedro Trapiello destaca su“estilo trepidante, socarrón, irónico y lírico al mismo tiempo”. A José Luis Puerto, además de reconocer su afición por la etnografía que le ha convertido en todo un experto y un profundo conocedor de los entresijos de las costumbres, le agradece sobre todo el gran esfuerzo realizado en la elaboración de la antología poética. “Me parecen unos textos a los que se vuelve continuamente porque están magníficamente seleccionados y donde inevitablemente aparecen los nombres de Crémer, Gamoneda o Mestre”.
   Sobre la aportación de Eloísa Otero, Blanco quiere dejar constancia del carácter novedoso que supone el recuento completo de las webs y los blogs referentes a León y que están creciendo cada día. “Eloísa hace un diagnóstico certero de lo que significa ese mundo, las posiciones y propuestas existentes, aportando el link concreto para poder acceder a cada una de ellas”. Victor M. Díez es otro de los autores presentes en el libro que ha aportado todo lo novedoso referente al contenido musical. En este sentido el editor señala que el libro es “un poco extremista” porque recoge la tradición oral más pura pero hecha con claves sinfónicas y al mismo tiempo se hace eco de la trayectoria de un grupo como Sin Red, “que es el que más ha reflexionado e innovado con relación a la música improvisada”.
   Gonzalo Blanco confiesa que conoce a Manuel Martín desde su etapa de Ámbito y al que le une una larga amistad. “De Martín tengo que decir que tiene un fondo tan brutalmente bueno que se ha podido elegir con verdadero placer y se ha logrado una mezcla de fotografías que no responden a la inmediatez (algunas datan delos años cincuenta y sesenta) y que constituyen otra antología gráfica de innegable valor”.

Paisaje leonés. Una fotografía de Manuel Martín
Paisaje leonés. Una fotografía de MANUEL MARTÍN.



July 12, 2008

TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO sobre JOSÉ LUIS PUERTO

José Luis Puerto. La foto es de Vicente García

QUERER PERDER EL PASO DEL MUNDO:
LA VALENTÍA DE JOSÉ LUIS PUERTO
 
(Reproducimos este artículo de Tomás Sánchez Santiago
publicado hoy en el periódico digital PEATÓM
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    La falta de estridencia y la insistencia en la capacidad primordial del ser humano para la dicha a partir de una alianza con la elementalidad —incluidos aquí el dolor o las formas múltiples de la derrota— son las dos componentes que configuran desde sus inicios la poesía de José Luis Puerto (La Alberca, Salamanca, 1953) que, a estas alturas, se ofrece como una salmodia rumorosa, esencial y distintiva en el panorama poético en lengua española. Fue Kafka quien dijo aquello de que escribir es una forma de orar. Y así sigue siendo con este autor. Acaban de aparecer dos nuevos libros que no son sino reafirmaciones sobre estos mismos ejes de súplica y sigilo.

    Uno de ellos es Proteger las moradas (Ed. Calambur), donde se sigue dando cuenta de un espacio retenido, a la contra de la inercia ciega del mundo, en poemas cuyas palabras conforman un perímetro sencillo y llamado a la transparencia, tal como si ya el poeta (“el encargado”, como se dice en el hermosísimo texto que cierra y culmina este libro) no pudiera hacer otra cosa que nombrar las palabras del origen, a ver si así el sortilegio pudiera producirse y llegase la perduración a aquello que parece abocado a perderse, fusilado en la indefensión. El título, así, se constituye en explicación del alcance oracular que se quisiera para estos poemas. Proteger las moradas (con la alusión teresiana así de explícita) sería aviso de una necesidad que se resuelve en secciones como “Protección de lo blanco” donde la nieve, la leche, las pequeñas lombrices nerviosas o el propio blanco purificador de un cuadro de Tapiès son signos que configuran el bastidor de una memoria clara que el poeta reclama para que, en efecto, no se vaya definitivamente del mundo aquella trama que un día vio él y tomó, para siempre, la forma del sentido de la vida. Junto a esta sección, otras dos (“Once motivos semíticos” y “Signos que graba el tiempo”) remiten al mundo del autor de Estelas, un mundo siempre cerca de la inocencia de la naturaleza o del esfuerzo humano y anónimo por responder con lo elemental ritual —convertido en sagrado— a la llamada  de la fuerza germinativa de la tierra, una llamada que no es sino continuo, incesante reclamo “para llegar al centro del jardín”, otro de los motivos constantes de la poesía de José Luis Puerto. Dejemos aquí, a modo de testigo resplandeciente, este poema de Proteger las moradas:

(reportero francés)

Dejó Ouvert la nuit de Paul Morand
En la pensión en la que se alojara
Del oeste español
Y unas notas de hoteles y de citas
En la hoja de respeto.
Sabemos en qué página
Quedó de su lectura
Y los bordes del libro
Hablan de las mochilas y macutos
De quien cubre la guerra como corresponsal.
En un fuego cruzado
Murió en Beirut
En la guerra del Líbano.
Se llamaba Jean-Marc.
Acaso nada quede
De su existir sino los datos
Que estas líneas recogen
A partir de unas huellas
Que aún se hallan en un libro
Perdido u olvidado
En pensión española


    Pero es que, casi a la vez, ha aparecido Un bestiario de Alfranca en esa aventura editorial de Gregorio Fernández Castañón que es la colección “Los libros de Camparredonda”. Con el peculiar sello del editor, siempre pendiente de un tratamiento particular para cada uno de estos libros, este bestiario maravilloso vuelve los ojos a las distintas clases de animales (insectos, aves, peces, bestias domésticas…) que entraron en emocionada relación con el niño de Alfranca y, a su manera, adquirían desde una inicial aparición el significado de símbolos, más allá de su mera función de compañía, peligro o alimento.

    Surge así el que es para nosotros uno de los textos más sostenidamente emocionantes de José Luis Puerto. Esta especie de álbum no entra en la fantasía de otros bestiarios conocidos ni es una mera colección de episodios que pudieran pertenecer solamente al territorio de la evocación meramente costumbrista. Alfranca —lo sabemos los lectores de Puerto— es desde Las cordilleras del alba, aquel libro de 1991, trasunto de La Alberca, el espacio natal del poeta, geografía fundamental en su escritura y a la que él siempre acabará por volver. Allí transcurren los distintos pasajes de Un bestiario de Alfranca. De nuevo la llamada a la protección (“Protección de las aguas”, se denomina una de las nueve secciones del libro, y la cifra no es en vano) parece insistir en esa necesidad, también presente en el libro de Calambur, de defenderse de las asechanzas de lo exterior renovando un pacto personal con lo pequeño, lo frágil, lo que se presta a servir para un provecho ajeno, como se dice en el texto que transcribimos:

Ilustración de Cristóbal Aguilar    “El gallo como animal sacrificial. Es la imagen que de él te llega siempre. Se sobrepone a la belleza de su plumaje, a la gallardía de su actitud en los cortinales y en las cuadras, a ese reinado efímero sobre el resto de las aves de corral, a sus cantos de amanecer o de otros momentos del día, no pocas veces verdaderos indicios meteorológicos.
El pueblo, que lo incluye en sus cuentecillos, que explica el sentido de su canto en ocurrentes fórmulas rimadas, también lo sacrifica (…) Pero tu memoria te lleva por algunas de las calles de Alfranca, en compañía de tu madre, camino del hotel, a vender un gallo, muy lozano y de vivísimos colores, que ella lleva colgando, atadas sus patas y empuñadas de una de sus manos, por el que os darán cincuenta pesetas.
A ti te acompaña la tristeza, porque sabes el destino del gallo que conoces desde que era un polluelo y al que has echado el grano y al que has contemplado en no pocos momentos de salida al cortinal, donde gallos y gallinas picoteaban la tierra (…)”.

    Libros éstos de José Luis Puerto que, como los anteriores, buscan lectores que aún sepan que el desacuerdo con el orden y el color que dan al mundo los administradores del dolor, de la injusticia o de la mezquindad pasa por arrojarles a la cara palabras que aún escuecen porque traen encerrada la verdad insobornable y cruda de los juegos de los niños, las nanas de las madres, el temblor de algunas flores o el gesto detenido de esos animales que nos miran al paso un momento y sostienen en los ojos el aviso afilado de una recriminación silenciosa. Eso nos queda, sí. Arrojar palabras limpias como arena a la cara de aquéllos. Pero es mucho, no lo duden…

TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO






















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