El escritor leonés publica ‘El sol de la nieve’ y anuncia un nuevo volumen de novelas cortas, ‘Los frutos de la niebla’
Por ELOÍSA OTERO
Luis Mateo Díez ha regresado a su mítico territorio de la trilogía El reino de Celama con un relato misterioso: El sol de la nieve o el día que desaparecieron los niños de Celama (Editorial Gadir).
«Es un cuento sobre los niños del territorio, una historia misteriosa alrededor de la desaparición de todos los pequeños en un día concreto y las conjeturas sobre qué pasó en ese día. Es un regreso a Celama, sí, y seguro que volveré más veces con otros cuentos al margen de la trilogía», advierte el escritor.
Este nuevo relato, a su juicio, «podría ser además una buena introducción para llegar al reino de Celama». Un reino metafórico y lleno de simbologías que, para muchos, está relacionado con la desaparición de todo un mundo rural en el que también los niños han empezado a desmaterializarse.
«Sí, ese asunto de lo crepuscular, de la liquidación o el acabamiento de las culturas rurales, de un cierto destino del trabajo de la tierra, del trabajo como sufrimiento… tiene que ver con un mundo ya casi ignoto y perdido. Celama lo representa, y la verdad es que yo sé que la trilogía se leyó de esa manera, como una especie de fabulación del fin de siglo… Eso está ahí. Y por eso no resulta raro que éste sea un cuento que tiene muchos elementos simbólicos, donde los que desaparecen son los niños», reconoce el novelista leonés.
La moraleja
Asegura Luis Mateo ser «incapaz de escribir un libro infantil». Pero sugiere que este nuevo relato está relacionado, de alguna manera, con su última novela, La gloria de los niños, en la que indagaba en el paraíso secreto de la infancia.
Sin desvelar el misterio de la trama, la moraleja de El sol de la nieve rondaría en torno a la idea de que «los niños deben administrar su propia libertad, de que hay un espacio en la infancia que los mayores debemos de saber respetar, un espacio misterioso que tiene que ver con cómo los niños se relacionan entre ellos».
Más allá de otras significaciones ‘celamescas’, a Luis Mateo Díez le ha gustado fabular con esa idea, «porque a los niños hay que cuidarlos, sí, son los bienes mayores que tenemos, pero también es verdad que vivimos en un mundo donde hay una superprotección de la infancia, y convertimos a los niños en seres extremadamente protegidos a los que además usamos como objetos de consumo, ¿no? Porque los niños de las sociedades desarrolladas están llenos de cosas, atiborrados… Y bueno, en Celama pasa algo que parece una advertencia, en el sentido de decir: bien, hay que proteger a los niños, pero lo que no podemos es establecer una policía infantil, que los esté siempre vigilando. Hay una libertad, y de eso habla este libro».
No está muy de acuerdo Luis Mateo Díez con esa tendencia hacia la «autoficción» que, según algunos, predomina en la novela española actual. «Yo creo que la ficción es un bien ajeno, y que no está en el yo”, apunta. Y reivindica una frase de Irène Némirovsky, que decía que “toda novela es un callejón lleno de gente desconocida».
«El reto de escribir una novela es conocer a alguien que no conoces. Y el reto de leerla creo que también», sostiene Luis Mateo.
Para él, además, la autoficción no sólo es «complaciente con lo literario», sino que conlleva siempre «una especie de preeminencia del yo del narrador, además de elementos metaliterarios que acaban siendo algo así como literatura de literatos». Y explica que «de la misma forma que en la propia literatura están los escritores que amas, esos mismos escritores que amas acaban siendo los personajes de tus novelas y todo esto se convierte en un curioso sucedáneo culturalista. Pero a mí eso no me interesa, yo soy un defensor de la ficción pura y dura, y desde luego la ficción pura y dura no está en tu casa, está fuera siempre. Hay que salir…».
Luis Mateo se muestra también encantado de que su compañero de generación, el escritor José Mª Merino, esté a punto de pronunciar su discurso de entrada en la RAE: «Ha sido una de las alegrías de mi vida. Por razones objetivas, Merino debería haber entrado en la Academia antes que yo».
Sobre la Academia, el escritor leonés considera que es "una institución complicada y muy viva, donde se trabaja muchísimo, en lógica respuesta a lo que es una lengua con la vivacidad y la expansión del español".
Una lengua "que, aparte de sus más de 400 millones de hablantes, tiene muchísimas orillas, la mayoría con una vitalidad lingüística mucho más fuerte que la nuestra, sin duda alguna", señala a propósito del español que se habla en América. "Sólo hay que viajar e ir por los países hispanoamericanos para darse cuenta…. Y además, eso es una riqueza que no tienen otras lenguas. Pero bueno, todo confluye… o sea, que lo que está pasando allí verbalmente nos atañe a todos".
Tres nuevas "fábulas del sentimiento"
A finales de octubre estará en todas las librerías Los frutos de la niebla (Alfaguara), un volumen que contiene tres novelas cortas y que, para Luis Mateo Díez, culmina una serie de libros de lectura independiente que él denomina “las fábulas del sentimiento”.
«Empecé a escribir estas fábulas hace cinco o seis años y han ido saliendo como cada dos años», indica. El primer libro fue El diablo meridiano, el segundo El eco de las bodas y el último El fulgor de la pobreza, cada uno con tres novelas cortas.
Dos retos se ha marcado el escritor en estas doce historias: «Construir lo que pudiera ser una singular comedia humana, llena un poco de seres particulares y peculiares. Y contar, con una cierta dimensión de fábula, historias llenas de significaciones que suscitan reflexiones sobre cosas y que a la vez están muy atadas, más que a la racionalidad de vivir, o a la conciencia de la vida, a los encontrados sentimientos que derivan de la condición a la que pertenecemos».
La novela corta es además, para Luis Mateo, «el único género narrativo donde se puede hacer eso que nunca se debe hacer, que es el reto de la perfección».
Y recuerda «aquello que decía Nabokov, de que Ana Karenina puede ser la novela que más se acerca a la perfección, pero la obra perfecta es La muerte de Ivan Ilich, que es un novelita corta. Y ese tipo de artilugios a veces le interesan a uno».
(Entrevista publicada en El Mundo de León,
el 19 de septiembre de 2008)
NOTA: Las ilustraciones de El sol de la nieve…, que tienen por motivo "frutos y objetos" de Celama, ha sido realizadas para este relato por Antón Díez, hermano de Luis Mateo y artista plástico de larga trayectoria, que comparte un mundo en el que la realidad y la imaginación también pertenecen a una experiencia común, muy relacionada con el sueño de los niños. Luis Mateo ha afirmado en más de una ocasión que Celama está escrita desde los sueños.