E.G.B.– ¿Cómo es tu proceso escritural? ¿Cómo trabajas hasta concretar un poema?M.C.– Si te parece, voy a reciclar algo que escribí hace poco para una poética, y con ello te contesto a esta pregunta:
Acumulación, recorte, montaje: al pensar en esas tres fases de la escritura de un poema advierto un cambio entre a la escritura de hace unos años y la de ahora: antes, las tres fases ocurrían de forma prácticamente simultánea. Una vibración de memoria o mirada (acumulación) manifestándose como materialidad susceptible de ser perfilada (recorte) o desplazada (montaje), todo en un lapso breve y físico. Eso, al margen del tiempo previo de atención, del llamado, la voluntad del poema (de duración variable: desde lo instantáneo a una búsqueda más o menos demorada en días).
Ahora, en cambio, la fase acumulativa se desliga visiblemente de las otras dos: está el cuaderno donde a lo largo de un día, de dos, voy recogiendo materiales oídos, leídos, pensados, etc. Todo sin hilo, todo voluntariamente disperso, guiado únicamente por el capricho, el gusto personal o la sorpresa. Lleno una página o página y media, y luego cambio de medio: copio todo ese material de forma seguida, sin pausas, en el ordenador, y ahí paso a recortar y montar hasta que el poema (si hay suerte) aparece. Ya no sé qué va a decir el poema, voy sabiéndolo a medida que lo manipulo y aparecen relaciones de intensidad, inesperados sentidos. Palpando palabras, masajeándolas hasta descubrir texturas, brillos, simetrías; un flujo de música. Trabajo el fragmento, la tesela individual (esa figura) que entra en diálogo con las otras. A veces ese diálogo habla de su imposibilidad (semántica / musical), a veces de una atracción ineludible. Aparecen patrones, recursividades que acepto o llevo a su contrario; mirada y memoria surgen en chispazos que hablan con lo otro y libran peso; aparece el espejo del acto mismo de escritura; aparece en ocasiones una memoria proyectiva. Circulan elipsis que me van tocando. Eso (una extrañeza reconocida, reconociéndome, en reconocimiento) que ya no sé, tira de mí.