Poemas de ‘Archivo de nubes’, de MARTA BERNARDES
Un muerto no desea
La civilización es esta compacta cosa que se rige por el artificio. La existencia en lo simbólico absoluto, un castillo de nubes sobre la capacidad de verse viendo las cosas, de tomarlas más allá de su concreción y piel (el mundo es todo dérmico y vivir aquí es adolescer continuamente. Acné)
Un delirio que se perpetúa sobre todos los camuflajes del deseo.
¿Sí quiero lo que quiero o sí quiero porque lo quiero querer?
¿Sí lo deseo en sí o deseo desear apenas?
Querer cualquier cosa no es quererla es querer quererla o entonces es sólo querencia de cosa y esa cosa puede ser querer o esa cosa quiere ser poder.
Querer una querencia que quiera sin errancia, que quiera correctamente cosas, que las quiera así, sin más, y que no se quiera sólo a sí misma, queriéndose; que siendo otra es querer de igual manera, queriendo, así, sin querer.
Crear la querencia de creencia y creer en ella queriendo no sólo querella mas querer aquello concretamente en que se cree, queriendo con precisión lo que se quiere.
Acertar así los qués que sin querer nos crean y querer crearlos, sin ser criados, creer que sólo se quiere lo que se puede.
Todo esto vale igualmente por el anverso
hasta el querer violento in verso
Que en tropo en sí comporte
de la misma forma que el comienzo
el deseo total que es el de muerte.
Strip-tease
El huevo es portátil. El pájaro también. Lo que se transporta es la substancia, nunca la cosa. El (trans)porte de la cosa es sólo el imperio de la moneda. Si así no fuese qué sería de la movilidad (y de las fronteras(,) de las imágenes, de las palabras, de las piedras. En ellas el desplazamiento y el tránsito son su substancia. Tráfico-substancia. (hasta la lengua sufre la tiranía del bolsillo).
Todas las presentaciones son coches-metáforas, auto-móviles, sin cochero y sin destino, las que hacen viajes por paisajes más importantes se llaman mentiras; las otras, que también son fábricas de escenario al pasar, son engaños. La única mensurabilidad carece de Escala, carece de un eje farsa en torno al cual pueda bailar y desnudarse.
Entre otros fracasos
La pobreza como sustantivo no muere nunca, pienso, pero los pobres, esos, mueren y mueren de verdad y sobre todo de pobreza. Pues bien, si se constata que la pobreza no muere pero en contrapartida mata, y además que, como cualquiera sustantivo solamente existe de hecho en y por el sujeto, es decir, si sólo hay pobreza porque hay pobres, puedo perentoriamente concluir que: si hay alguna lógica en la errancia que la pobreza es, será ciertamente de cariz suicida. (Uf: hay silogismos que me amenizan el insomnio).
Fumo y HumoMis vísceras de agua turbia,
mientras no se evaporan
hiervo.
Nº x
Plantada.
Así, casi puesta,
ya también medio
ruina,
turbia de encuesta
encuesto
reparo que sondeo
aún
esta tarde
la razón a la tormenta.
Playa-mar
Hora de verano luz de infierno
Cabeza desmesurada.
Privilegio privado hirviente fermenta
febril y urdiendo el secreto en las cosas.
Mirar que se escurre por el ver
el paisaje pleno de la mesa,
el perfecto embuste del cuarto.
Todo me cicuta el sueño.
Tres veces la respiración sulfúrica
y en la expiración el cansancio de piedra,
arenal,
estero,
el entendimiento y la tarea
férrea en el claustro del paladar,
sabe
a sangre,
el dolor maxilar de,
sin cesar,
lapidar preguntas.

Nºx
Lánguida.
Aún sobre las sobras de la mañana
la leche caliente
la leche
soplándome a la vigilia que es
tarde
que lo que escalda la lengua,
lo que fatiga el ingenio
de los párpados,
no viene del sueño
ni de la boca saliva sin freno.
Hiere el mortal engaño de su albor.
Casa Azul, escuela de entierro
Me despedí del siempre
por la mañana
en Julio,
tormenta escarlata de Verano
durmiendo el sueño de no haber aurora,
forzando la casa a abrirse
al luciente dibujo del cuchillo.
La puerta pequeña contra el centro de la tierra
yo entrando o saliendo rasando el no.
Mi madre arquitectura de dolor
guarda aún hoy en el vientre una sonrisa de cenizas, un domingo.
Yo, tantas veces enferma,
enferma de la enfermedad de sorber
haré en breve una huelga de boca.
Cine
Prisionera
como de escándalo,
la tez entera
enfebrecida.
Depongo el cuchillo de saliva,
antes entre los dientes,
me largo sanguínea
a la ebria ley de luz
adivinando el paisaje
empañando la ventana
archivando nubes en el mirar
y el tiempo dorso
osa el flanco movimiento,
lleno de mesuras:
“Con permiso
para venir
precipicio
exhibirse delante de mí
avergonzado
porque en ese instante de fiebre le grito:
—” mira! el vidrio siempre turbio!”.
Noción de perspectiva
Allí,
ves.
A lo lejos.
En el punto de fuga.
Es ahí donde empieza la violencia.

MARTA BERNARDES (Del libro ‘Archivo de nubes’)

La bitácora de poesía y cosas aledañas de ELOÍSA OTERO


