LUIS MARIGÓMEZ sobre el primer libro de poemas de MIGUEL BERMEJO

en la Fundación Segundo y Santiago Montes
Hace algunos años, Christine Monot escribió: “Miguel Bermejo no se cansa de mirar. Tiene múltiples ojos y los objetos le hablan. En su trato con los materiales se considera un aprendiz, aquel que busca, que se deja sorprender.” El último material que ha descubierto, al parecer, son las palabras, y sus posibilidades poéticas.
La primera noticia que tuve de él, a finales de los años 70, fue la de alguien que se dedicaba a fabricar y vender juegos del antiguo Egipto, que había recuperado fisgando en documentos raros.
En los 80 diseñó bisutería y joyería. Al parecer, con cierto éxito. Abandonó la aventura.
En las navidades del 94-95 Tomás Salvador nos llevó a Zamora a ver la exposición de esculturas de un amigo que resultó ser… Miguel Bermejo. Allí había un gato de hierro, un cocodrilo de bronce, una señora hueca y bastantes alambres. En el catálogo el autor se explica: “Hubo desde siempre la tendencia a añadir al trabajo necesario otro innecesario y gratuito. Este es el trabajo que os presento, el más artístico e improductivo de los que hago.” Al cabo de unos años, esa tarea “improductiva y artística” se vio en otras ciudades, entre ellas Valladolid.
Entonces creí que Miguel, definitivamente, había decidido ser escultor. Después de algunos bandazos, parecía una buena manera de definirle. Además, lo hacía muy bien.
Pero no puede estar quieto, “no se cansa de mirar”. Con el herrero que le ayudaba con sus piezas “artísticas”, inventa una máquina de trenzar metales y entre los dos montan una empresa.
En 2002 publica una novela, De espaldas a nosotros, un texto donde los vivos parecen estar contaminados por el virus de la muerte y los muertos se mueven a sus anchas. Entre unos y otros hay una corriente que los comunica y mantiene despiertos a unos y otros en un escenario que nunca deja de ser terrible, maravilloso y, de alguna manera, familiar. El libro bebe de Juan Rulfo, de John Berger y, sobre todo, de la tierra donde nació Miguel, la Alta Sanabria. Nos habíamos equivocado, Miguel no era escultor, en realidad lo suyo era la narrativa, como bien saben sus amigos, es un magnífico contador oral, desde siempre, y había decidido usar ese don para transcribir en papel su mundo.
Hace algo más de un año, un amigo común llama por teléfono y dice que ha encontrado por casualidad a Miguel en algún pueblo de la región y que le ha dado un libro para nosotros. ¡Un libro de fotos!, El dedo en el ojo, imágenes de paredes de ladrillos desnudos, de campos, de casas “raras”. Resultó que quiere ser también fotógrafo. Hay una concepción peculiar de la belleza en sus imágenes. Se fija en lo que nadie atiende, utiliza a menudo material de derribo, lo que se podría llamar deshechos. En el principio del libro hay una foto del autor, de pie sobre las aguas, y bajo ella una reseña biográfica que no me resisto a leer:
«Miguel Bermejo nació en Lubián, un pequeño pueblo de la Alta Sanabria en Zamora en 1952. A pesar de los numerosos estudios iniciados nunca obtuvo ningún título académico y su biografía está plagada de experiencias desastrosas. Fue expulsado de colegios, declarado en busca y captura antes de la muerte de Franco, expulsado de Holanda en 1972 y despedido de varios empleos. (…) La dedicación a la fotografía, según él, es fortuita, “forzada por algunas preguntas personales surgidas ante un fenómeno común: la sensación de mismidad y asombro que se produce en el reconocimiento de objetos e intervenciones nuevas o desconocidas, casuales o deliberadas”, y por otro lado “para documentar la eficacia expresiva del azar y la necesidad”.»
El otro día llegó a casa un librito en el que aparece de nuevo Miguel Bermejo como autor. ¡Ahora resulta que es poeta!
Tras un momento de desconcierto en el que uno está tentado de insultarle por pretender meter el dedo no en el ojo, ni en la llaga, sino en todas partes, se da uno cuenta de que, a través de tantos oficios, Miguel nos quería decir que lo suyo es la poesía y que en sus distintas actividades, con hierros, alambres y metales nobles, con los personajes terribles y cercanos De espaldas a nosotros, con las fotos… en realidad siempre ha estado haciendo poemas.
Pero, ¿es Lúpulo Fernándes da Silva un libro de poemas? Desde luego, no uno al uso. Si leemos el primer texto, más parece un cuento terrible, con muchas licencias, que un poema con su metro, su rima y toda la pesca de metáforas, metonimias, paranomasias, etc. Leo la primera página del libro, en prosa:
“Vi a mi padre tendido boca arriba, enseñando sus partes íntimas como si fueran los ahorros de toda una vida y levantarse después con el rabo entre las piernas, la cabeza colgando, humillado por un animal más joven y audaz, de bigote recto y largas patillas, que montó a mi madre en sus propias narices sin que él, que estaba dispuesto a ceder en todo lo demás, lo pudiera evitar.Hay, en cambio, vergüenza, tragedia, humor, un cierto ridículo en lo expuesto, ese padre tan pequeño podría ser el lúpulo, lobo diminuto. Hay, del lado de la poesía, muy poderosas imágenes oníricas. El punto de vista básico a lo largo del libro es el del animal salvaje que tiene un contacto esporádico pero fundamental con los hombres. Es un texto más cercano al género del sin género, ni narración ni poema, ni carne ni pescado, o mejor, todo ello junto en un aderezo singular. Quizá eso sea privilegio de la poesía.
─¿A qué casa? Ya no tenemos casa, hijo.
Dijo esto mirando la llanura que nos rodeaba mientras se sacudía el polvo de los hombros. Los dos oímos el giro chirriante de la llave.
Frente a la gran explanada, mi padre, bastantes centímetros más bajo que yo, recién regresado a la edad adulta, trataba de ofrecerme algo, un gesto (…esto es lo que hay) de despedida.
Nos fuimos dándonos la espalda. Todavía le eché un vistazo de reojo y, efectivamente, era lamentable, al gran lobo de siete carreras de dientes le sobraban por lo menos siete tallas del abrigo.”
Hay elementos del cuento infantil. En la página 16 se habla de “un prado enooorme”, con tres oes, y de “La señora cuerva”. Por momentos, encuentra uno hallazgos de delicadeza peculiar: “ella no dirá nada. Al contrario / pondrá rocío en las axilas.” (Pág. 19)
En la página 22 se hace por fin, la descripción completa del protagonista del libro, su ficha: “Lúpulo Fernándes da Silva, lobo de nacimiento y natural de Tras Os Montes (Portugal) llegó precoz a la edad madura, cosa que lamentó siempre a pesar de haber vivido una vida larga que a la postre juzgó rica en todas sus etapas y, en general, con más recuerdos buenos que malos.(…)”
A partir de ella, se aclaran algunos elementos en el relato del libro. Además del lamento por la madurez, al parecer prematura, el lector puede ordenar lo que ha leído y lo que tiene por delante. Sabe desde donde se habla, de quién se habla, aunque no está claro el sujeto poético, quién habla. “Intento hablar como un lobo / que supiera hablar”, se dice al principio de un texto (Pág. 27). Poco a poco, el libro se abre al verso y hay poemas al uso, eso sí, modernos:
“BrotamosLa voz que escribe el libro es y no es la de Lúpulo…: “de ti, Lúpulo, tomo directamente tu garganta tanto tiempo guardada en harina de centeno, (…) // El humo te hará salir de la hura, lloroso como yo aquella tarde cuando pasaste muerto como un perro (idiota) junto a las azadas manchadas de rojo.” (Pág. 49) Hay un proceso de identificación y de diferencia, de peligro de caída en lo más bajo (ser perro en vez de lobo), hay otra vez miedo al ridículo, piedad por la vida mísera de este lobo emigrante, y hay admiración por lo extraño.
como pájaros
desde dentro alarga
el brazo, el ojo
el labio, hacia la puerta
besa a los hermanos
(aquí no llega el sonido)
y huye.”
En el último texto del libro, de nuevo en prosa, se cuenta la historia de un indio sioux que ha ido a parar a este territorio mítico, extremo, que Miguel Bermejo explora desde hace tiempo, la alta Sanabria, convertida en sustrato de su mundo.
¿Es entonces Lúpulo Fernándes da Silva un poemario como Dios manda? No lo sé, pero está lleno de poesía.


LECTURAS A LA SOMBRA DE UN COCOTERO La bitácora de poesía y cosas aledañas de ELOÍSA OTERO










