Isla Kokotero

March 24, 2009

‘Diurno de Chile’, por JOSÉ MIGUEL MARINAS

Chile. Fotos de Miguel Marinas

DIURNO DE CHILE
Por MIGUEL MARINAS

Chile. Fotos de Miguel MarinasEn todo viaje hay pérdida y encuentro. Se deja atrás más de lo que uno premedita, se quedan las formas cotidianas viviendo sin uno. Es la soledad del avión. Como ir sin piel, a la búsqueda de otra rutina en el punto de destino.
    En éste se halla también más de lo prometido: el país, la ciudad, la gente, el grupo con el que uno se encuentra, son más que lo anticipado. Son, propiamente hablando, otra cosa. Bajo los mismos nombres hay mudanzas. Y también hay nombres y presencias nuevas. Chile limita al norte con el Perú / Y con el cabo de Hornos limita al sur.

Las horas, las estaciones
Chile está lejos, pero no más que otros lugares. Trece horas de avión, pero cuatro de diferencia horaria. Ese es el misterio de los tiempos diversos y simultáneos con los que casi estamos acostumbrados a vivir. La redondez de la tierra, la sincronía de las distancias.
    La luz deslumbra porque es verano, casi, y uno llega del invierno. El verdor es pujante, de estreno, sin mezcla de sepias ni oros. Sólo en la mañana, el cerro de Santa Lucía juega a agazaparse en el nimbo otoñal, pero le dura poco. Se dispara la luz y se descubren las siluetas potentes de los árboles, arbustos, hojas, el trenzado misterioso que aísla al parque de la ciudad que lo rodea de forma tan ceñida que lo convierte en un parque urbano, cuando es un lugar de distancia y misterio.Chile. Fotos de Miguel Marinas
    Las horas que en el telefonillo pueden verse a simultáneo: qué hora es en Madrid, qué hora en Munich, qué hora en Chicago, qué hora en México, circulan con la misma parsimonia sin tregua del supuesto Tiempo universal. Pero en el fondo del sueño, en la constelación del despertar, cabe una espina de duda: ¿cómo puede ser que vivamos en tantos tiempos diversos, a la vez?
    Es la pregunta que resolvió el comienzo del sigo XX, cuando decretó que hay otros mundos, pero están en este; que hay otros tiempos pero gravitan sobre este instante. Ahora.
    Otra cosa son las estaciones. Mudan dándose el relevo. Sobre las últimas señales del otoño de Madrid se trenza la despedida de la primavera andina. El campo abierto, el colosal despojamiento de la cordillera,  es el lugar de reunión de los tiempos. Allí se dan cita, en increíble lucha mortal, sin testigos, invierno y verano.

Transmisión
Qué llega a quién y cómo, de lo que uno transmite. El espacio del seminario, decía Barthes, es falansteriano. En el circulan siempre saberes, pero también posiciones de los sujetos, lo incierto de la representación y lo indiscernido del deseo.
Chile. Fotos de Miguel Marinas    Llega una estudiante de Antofagasta como el testigo de un mundo distante y presente que merodea las ciudades. En realidad nadie merodea ninguna ciudad en este país que tiene 4000  kilómetros de largo (de Madrid a la India, casi). Alguien viene del norte, a tiro hecho, a Santiago o a Viña. A este merodeo celebrado lo llama Lucho, el tabú del incesto académico.
    Al acabar el seminario sobre El malestar en la sociedad de consumo, una señora madura, venerable, atenta, me interpela:
—¿Sabe quien tiene resueltas todas estas contradicciones que usted plantea? ¡Mao Zedong!
—¿El gran timonel?— replico yo, entre sorprendido y zumbón.
—El mismo.
—Pues tendré que volverlo a leer.
    En medio de las preguntas, se encadenan las de Gisela: sobre productos de consumo, sobre la mujer dimidiada, sobre la mística, sobre…Los esquemas del llamado Power Point permiten algunas excursiones a los ejemplos vitales y a las cuestiones que desbordan las disciplinas.
    Seguramente eso es lo que llega, lo que va y viene. Haciendo vínculo.

Congreso   
La convocatoria principal es  un congreso titulado Marx 160 años del Manifiesto. Es un pretexto decidido y cuidadoso para revisar la obra de un autor vivo. De toda una escritura. De un extemporáneo al que se puede leer todavía como a un clásico. Porque tiene un texto abierto, peleón, docto, rabioso, un texto joven. Y, al mismo tiempo, carga con la etiqueta del prohibido, del peligroso (estamos en Chile). Existe, sigue existiendo una mirada comprometida, militante, a la búsqueda de razones o de formulaciones sólidas para un sentimiento libertario que no niega las contradicciones sangrantes del presente.Chile. Fotos de Miguel Marinas
    La mirada militante latinoamericana. La sensibilidad de quien toma las teorías como posible bagaje para la vida.
    El ritual del congreso impone sus modulaciones. Su subir y bajar escaleras, ocupar butacas, comer por grupos, entrar en una vida cotidiana como de convalecientes de balneario.
    Los retazos que quedan son nítidos. La presentación del campo de problemas es brillante y alentadora, a cargo de Nelly Richards. La rotundidad de las ponencias que abren lecturas (Etienne Balibar), lo demasiado académico del venerable Martin Jay. Los paralelismos de las búsquedas (Christian Retamal, a quien presento, además de sus títulos académicos, como amigo mío). La presencia sabia de Eduardo Sabrowsky. La intervención sagaz de Francisca Pérez Prado, que interviene como feminista y psicoanalista en una mesa de propuestas gay, y se cuestiona sobre el sentido del término “Manifiesto”.
    Y un grupo numeroso de jóvenes de discurso apretado, sin sujeto que enuncia, como si fueran nietos de Althusser —a quien no sé si han leído— y que con unos pocos autores contemporáneos (Laclau, Negri) arman una escolástica un tanto cerrada y autosatisfecha, sin ventanas a la calle.
—Hay Marx para rato, dice, al concluir, Sabrowsky.
    Hay otros congresos paralelos. Uno lo forma la reunión para celebrar, en casa de uno de los componentes de Las yeguas del Apocalipsis, Francisco Casas que, con Pedro Lemebel (para Bolaños, el mejor poeta de su generación) fundaron en la dictadura pinochetista una firma gay de intervención, arte, fotografía, escritura, cuya valentía y talento se siguen admirando.
    El otro congreso simultáneo, efímero y feliz, es la celebración del 100 cumpleaños de Claude Lévi-Strauss. Con un grupo de treintañeros, profesores de ciencias sociales, convocados por Marjorie Murray, nuestra estudiosa en Madrid de las culturas materiales de varias familias, de varias redes. Nuestra Oscar Lewis particular.
Un asadito y mucha risa. Algunas citas de los propios libros en boca de lectores tan inteligentes como irrespetuosos. Compartir la capacidad de sorprenderse, de anular las jergas académicas, de llamar a las cosas por su nombre.

Chile. Fotos de Miguel MarinasCerro
Tan cerca de las casas y las calles y tan distante en sí mismo. Un lado da sobre la calle de nombre desmesurado, Victoria Subercaseaux, en donde vivieron los Allende antes de que empezara todo. Otro sobre la O’Higgins, otro sobre la Alameda. No alcanzo bien a precisar el perímetro. El cerro Santa Lucía es un espacio mágico, delicadamente trazado, construido con palacetes de ladrillo, con jardines británicos que pasan misteriosamente por franceses (a Vicuña Makenna, su promotor le acusaron de afrancesado), con explanadas en desnivel como bancales refinados,  con kioskos, marquesinas. Es un respiro, un lugar de abducción, una trama vegetal para ir directamente al país de los cuentos fantásticos. Disfrazada de parque de recreo, es la otra escena de la ciudad, temida y anhelada.
    Esperando la aparición de la Bella y la Bestia al merodear el castillo, Sanhueza, mi guía, recomienda no exponerse al sol.

De Bolaño, lo nuestro
Traigo un par de libros uno de Bolaño, Entre paréntesis, que contiene sus columnas de prensa gerundense, los pregones de fiestas en Blanes, diario de su vuelta a Chile veinticinco años después, cientos de libros leídos y comentados. Y otro sobre Bolaño, Bolaño Salvaje, colección de testimonios de sus amigos, recogida por Paz y Faverón, más un CD con su viuda Carolina y otros escritores: Vila Matas, Fresán, Villoro, etc.
    Sigo admirando la potente vitalidad, literaria y de la otra, la astucia minuciosa, la pasión de revolver entre todas las escrituras, clásicas, de ahora, altas o triviales, con la pluma en la mano. Una pluma tan sólida y certera, tan liviana en apariencia. Una reverberación de la vida que se fue y que sigue su pulsación en los cuadros de este libro. Retador, amistoso, vandálico. Capaz de hacer vivir, mejor que en el original, el gesto de Borges, o sea de un clásico:Chile. Fotos de Miguel Marinas
    ”La historia es así. Borges va al teatro a ver una representación de Macbeth. La traducción es infame, la puesta en escena es infame, los actores son infames, la escenografía es infame. Hasta las butacas del teatro son incomodísimas. Sin embargo, cuando se apagan las luces y comienza la obra, el espectador, Borges uno de ellos, vuelve a sumergirse en el destino de aquellos seres que atraviesan el tiempo y vuelve a temblar con aquello que a falta de otra palabra mejor llamamos magia”.
    Llaman la atención muchos párrafos, redondos, fugaces. Pero retengo lo nuestro. Dos alusiones a Miguel Casado y a Olvido García Valdés. Miguel Casado, poeta, reseña a "uno de mis poetas favoritos”, con quien se escribe y lee sus poemarios, aprecia su sobriedad, su altura: “entonces, para adaptarse al ancho de vía se detiene el tren, y justo en ese momento, antes de llegar a su destino geográfico pero habiendo llegado sobradamente a su destino creativo, se detiene el poema”. La poeta Olvido García Valdés narra el encuentro con aquella a quien conoce en Toledo, (como en persona a Miguel) adonde llega de visita con la familia, y con quien dice no compartir lecturas ni autores, pero cuyos libros le sorprenden y le conquistan. Como lo hace el paseo toledano exhaustivo, amistoso. Y que Olvido le compra a Lautaro, el chavalín, “en la primera juguetería que pasamos… tres juguetes”.

Salvador AllendeAy, Allende: hay Allende
Para seguir descifrando qué se nos perdió en Chile —pregunta que vuelve una y otra vez— leo dos libros sobre Allende. Uno de la excelente periodista recién desaparecida Patricia Verdugo, Allende: cómo la Casa Blanca provocó su muerte, donde se recogen de manera sobria y precisa los papeles de la CIA desclasificados por orden de Clinton, y se asiste a un plan implacable que comienza al menos diez años del Allende Presidente. El otro, de un periodista y colaborador de su entorno, Eduarda Labarca, Salvador Allende. Biografía sentimental, abundante y muy bien documentado: en él aparece un Allende humano, demasiado humano, requebrador de damas y correspondido por ellas, pero sobre todo inmerso en el pulso de una multitud de retos, problemas, alianzas, logros, derrotas, vistas todas ellas desde el lado de la intimidad. La construcción de un antihéroe (un ser humano republicano, coqueto, seductor, frágil, padre, amigo, esposo, vecino de varias ciudades, enamorado de numerosos amores) en el bulto de la estatua que Allende mismo se encargó en sus últimos tiempos de publicitar, de modo trágicamente sublime: “Toca este brazo, es carne de estatua”, decía, “mira estas manos, son historia”.
Chile. Fotos de Miguel Marinas
Diurno de Chile, porque hay una ganancia en luz. Incluso la que ilumina a la vez la construcción de una cultura democrática y la persistencia de la animadversión de clase.
    Luz de mediodía en las pendientes que descienden a Valparaíso. Fulgor de la Playa Grande de Quintay. Cocuyos encendidos de la tarde que señalan las costas de Reñaca y de Concón.
    Ante la llegada de la noche, diciendo adiós a los amigos, la despedida irónica, con voz susurrada, de Claudia: 
—Bueno, cuídate… En realidad no te cuides nada, ¿por qué hay que cuidarse tanto?

~ ~ ~
MIGUEL MARINAS
(Congreso: Marx 160 años del Manifiesto.
Chile, Noviembre 2008 /
Marzo 2009)

 

March 12, 2009

Nace la Asociación Flamenca Rafael Jiménez Falo

Asociación Flamenca Rafael Jiménez Falo

www.myspace.com/asociacionflamencafalo

 www.myspace.com/rafaeljimenezfalo

~ Nos envía este mensaje el amigo MARINAS  ~ 

February 6, 2009

17-F / Presentación del libro ‘Lo político y el psicoanálisis. El reverso del vínculo’, coordinado por MIGUEL MARINAS ~ (con poema marinero aunque no venga a cuento)

Lo político y el psicoanálisis. El reverso del vínculo
queridos amigos
el 17 de febrero a las 19,30
presentamos este libro
nos agradaría veros allí
 
miguel marinas
~ ~ ~
[Instituto Internacional.
C/ Miguel Ángel, 8. 28010-Madrid.]
~
INTERVIENEN:
Sonia Arribas
Cristina Santamarina
Carlos Gómez
Jesús González Requena

~
José Miguel Marinas Herrera, en una foto de Leila Jacue
    XI

el mar vela, se dice,
y tú te estás durmiendo:                               
nos moriremos juntos una tarde                       
solos, felices, en silencio
y en la mano tendré yo el corazón
de tu secreto, y tú del mío
                   
    ~ ~ ~

    MIGUEL MARINAS
    (Del libro ‘Ejido de las ciudades’.
    Próxima publicación en las Traviesas de Poesía)

November 7, 2008

20-N / MIGUEL MARINAS y VICENTE MUÑOZ abren el ciclo anual ‘Cuatro Cuartetos’

 Cuatro Cuartetos. Poesía en la Biblioteca de León

CUATRO CUARTETOS
20 de Noviembre - Cuarteto de Otoño
BIBLIOTECA PÚBLICA
20:00 horas

(Poetas)
JOSÉ MIGUEL MARINAS
VICENTE MUÑOZ ALVAREZ

(Músicos)
Ildefonso Rodríguez (saxos y clarinetes)
Cova Villegas (voz)
Mariangeles Osuna (percusión)

 Coordina: Víctor M. Díez

— - — 

     3     

jugando al escondite inglés
la maestra y el contable
José Miguel Marinasse encontraron por azar
con el tesoro de los padres
de sus padres

una medalla y huellas de hombres doloridos
de sinmemoria y hojas de metales

al levantar la tierra, la medalla
se tornó un sol gigante

ahora caminan
locos y desnudos
de tanto como saben

   JOSÉ MIGUEL MARINAS (De ‘Guía de trashumantes’)

— - —

Vicente Muñoz Alvarez    VISIÓN DE CIUDAD

Un poste de teléfono
como un crucifijo
y en su sombra
una gran fosa,
lagartijas,
caras grises,
           bicicletas,

el paisaje de mi puta ciudad.

        VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ (De ‘Canciones de la gran deriva’)   

October 14, 2008

‘W. BENJAMIN en las ciudades’, por JOSÉ MIGUEL MARINAS

 Un artículo de José Miguel Marinas sobre Walter Benjamin en EL País

(NOTA: Al abrir Haschisch de Walter Benjamin (Taurus, 1984), buscando aquel juego surgido a partir de una frase de Ernst Bloch ("no hay nadie que no haya estado por una vez en su vida a un palmo de hacerse millonario"), me topé con este amarillento y encantador recorte de un artículo del profesor JOSÉ MIGUEL MARINAS publicado en EL PAÍS, el 26 de septiembre de 1990. Con tan buena suerte, además, que también lo encontré en el archivo del diario en internet, con lo cual ha resultado de lo más fácil copiarlo para la biblioteca de Isla Kokotero.)

 W. Benjamin en las ciudades
Por JOSÉ MIGUEL MARINAS
EL PAÍS  -  Opinión - 26-09-1990

   Todavía podemos aprender a mirar. Aunque resulte dificil, como recomendaba el yanqui fundador de ciudades, caminar plácidamente entre el ruido y la prisa. Las ciudades no se dan al paseante. Ni éste a ellas. Despojados de la fruición de las plazuelas, soñamos, como Calvino, con ciudades imaginarias. Pero la vida en las ciudades constituye un nudo central en la vida y la obra de Benjamin, testigo de un tiempo azacanado, del que hoy se cumple el 50º aniversario de su muerte. Para Benjamin, el Pasaje, donde el trasiego se guarece en pasillo público, se convirtió en calle de una sola dirección: Berlín-Portbou.
   Su fascinación por los espacios de las ciudades se vuelve lúcida en el intento de domar un ámbito mayor y más terrible: el tiempo. Asistiendo al movedizo esplendor de las grandes capitales, no fue un viajero, sino un nómada. Con una habitación a la deriva. Refugiándose, como dice Pierre Missac, en el tiempo suspendido de los viajes. El que era un flaneur, un paseante sin rumbo fijo, se volvió caminante y luego fugitivo.
   Su enseñanza —si podemos seguir teniéndole como un rabino laico— se encierra en una creencia decisiva: los objetos contienen el saber. Las ciudades, objetos de privilegio y de vida, contienen y encubren el poder de vivir y de morir. La experiencia de la acción y el revés de la trama de la vida que se encamina al siglo y a las luces y a las sombras. En los tiempos en los que el narrador con nombre y con espacios propios, con rituales de atención y de escucha, de comentario y provecho, es también historia pasada. Porque no sólo anota, sino que tematiza lo que observa. Y así es posible un pequeño recorrido por algunos hitos de esa vida de ciudad en ciudad: del esplendor cada vez más elaborado en su memoria y sus escritos sobre Berlín (la ciudad que es la infancia), la avidez de Moscú, la alucinación de Marsella… Y París.

   Benjamín y su maleta, un manuscrito oculto. Unos pasos de la ciudad al campo, a la frontera, por el paso secreto llamado de Lister.
   "Captar para una época la concreción extrema, tal y como se manifiesta aquí o allá, a través de juegos de niños, un edificio, una situación de vida" (Carta a Sholem, 15 de marzo de 1929).

   Berlín en el recuerdo es mucho más que una concesión a la nostalgia. Es un laboratorio de escritura y una ocasión de probar una mirada genuina, que funda. Por un lado está la pasión, la entrega a los escenarios de la ciudad, interiores y exteriores. Pero no hay melancolía. O, al menos, ésta pone el encendido de una construcción. Luz en el edificio de la obra en la que intenta contar lo que la historia, el discurso pragmático de la política, incluso la filosofía han pasado por alto. Aquí hay una tensión que le acompañará siempre. Y que contiene en una rara disciplina personal. Quien, más tarde, a propósito de París, llega a decir que daría todo lo que sabe de Montmartre —los miles de detalles recopilados durante años— "por poder olfatear un umbral o un embaldosado, como lo hace cualquier perro", se ve que tiene que embridar la fascinación en el documento. Y la disciplina no es mera renuncia a la sensibilidad. Quien camina es un animal ascético, dice Benjamin, que lee, como sugiere Von Hoffmansthal, lo que nunca ha sido escrito. Y la ascesis viene exigida por el objeto mismo: inscribir la propia memoria en una calle.

   "La calle conduce al que pasea hacia un tiempo pasado. Para él toda la calle es pendiente y le lleva, si no a las Madres, a un pasado que puede atraparle más que su propio pasado privado" (Passages, Leflbneur).

   Este método, este camino, exige la fidelidad atenta a lo concreto, a la manera de estar depositadas las tensiones (de clase, de cultura) en las formas de vivir y en las cosas. Pero, además, la capacidad de bucear en ellas dejándose tocar por su carácter de conciencia depositada, de la que no somos conscientes. Tiene que ver, más que con la contemplación, con el acompañar el trabajo del sueño. Volver a rescatar la vertiente infantil, vuelta hacia el sueño, de cada época. Tratando de "liberar las fuerzas enormes de la historia que están adormecidas en el érase una vez de la narración histórica clásica" (Passages, 0-71).

   Así procede en textos como los recogidos en el Berlín demónico. En la radio, y para un público de chicos —entre los que, dice él, puede estar emboscado algún mayor—, reconstruye la historia de una ciudad de la que no es decente lamentar que ya se ha perdido.

   Los demonios de Berlín son los que convoca el mundo maravilloso y terrible de Hoffmann. Benjamín lo lee a escondidas, de noche, en la mesa de un comedor cuyo abigarrado mobiliario cela la lámpara que sólo dirige su rayo sobre El hombre de arena. Y son también demonios los que habitan las marionetas, que, en realidad, proceden, como los ángeles, de arriba. Y los que levantaron las casas de vecinos, como remedo del castillo feudal, que convierten a Berlín en la ciudad más sensata, liberal y razonable, pero que desencadena fuerzas demónicas, por sus mismas hechuras, que tienen vida más acá. Sólo las puede reconocer quien como el narrador de los cuentos —en realidad funcionario de justicia— se convierte en un lector de rostros, incluido el de la ciudad. Esta fisiognomía que admiraba tanto en Hoffmann le sirve a Benjamin para afinar su método, "el nuevo método dialéctico de la ciencia histórica… que consiste en vivir el Antaño con la intensidad de un sueño para ver en el presente el mundo despierto al que el sueño se refiere" (Passages, F-6).

   Hay un momento en la vida de Benjamín en que la relación con una ciudad es especialmente intensa. Lo que no equivale a especialmente feliz. Por encargo de Buber, pero también con la esperanza de la Enciclopedia soviética, en realidad para estar con Asia Lacis, desembarca en Moscú, avergonzado de viajar, por azar, en coche cama, escaso de dinero (qué novedad), con un ejemplar de la obra que escribió para ella (Para Asia Lacis, que, como ingeniero, abrió en mi corazón esta calle de sentido único: Einbahnstrasse). Para tocar una ciudad en la que la historia está jugando a los hombres de acero, aunque ellos, dice el ilustrado, no lo sepan bien del todo.

   La historia es conmovedora, por lo poco logrado de la estancia: ella propiamente está con otro, él alberga algunas veces, por necesidad, en una habitación del hotel con ruido de cañerías, precisamente a ese otro. Muchos estrenos teatrales, pero poca soltura en los que los reciben y los juzgan. Contactos, conversaciones, debates, sin que, al parecer, su reino fuera, a la postre, de ese mundo. Y las descripciones más inquietantes, sobrias, pero suntuosas de mercados, plazas, grupos humanos, habitaciones. Las arrugas de la ciudad, como los aparentes defectos de la persona amada: "las arrugas de su rostro, y los lunares, sus vestidos gastados y su andar ladeado, le atan a ella de una forma más duradera e inexorable que toda su posible belleza… Y nadie, al pasar, podrá adivinar que es justamente aquí, en lo imperfecto y reprochable, donde anida la arrebatada emoción amorosa del amante".

   Quiere siempre Benjamin dar una visión de la ciudad (Moscú, pero luego y muy extensamente París, la capital del siglo XIX) en la que todo lo fáctico es ya teoría. Y por eso viene del colocón de Marsella al cambio de pensiones y hoteles y casas prestadas de París. Al menos ocho cambios de residencia en apenas cuatro años, pasando por la casa de Brecht en el Norte, por la de Dora en Italia, por la Fonda Miramar en Ibiza, donde no puede pagar más que lo que cobran: una peseta por día.

   En Marsella, el chocante episodio con Bloch y dos amigos médicos encerrados en el hotel, y luego el protocolo, que narra en Hachish, de su salida por la ciudad, en la que los detalles se dan a la vista como puntos de una vida que la mirada municipal convierte en mate, mata… Y siempre el desplazarse, sin ningún atuendo deportivo, como un abuelo andarín de los de antes. Como un hombre biblioteca: el espacio del escritor, del que hablaba Barthes, multiplicado a fuerza de desposeimiento. Con el mismo aspecto de un vendedor de biblias, o de patentes sorprendentes que nadie compra. Como un músico de jazz a quien de niño le regalaron y condenaron a tocar un arpa.

   Las mil páginas de París capital del siglo XIX avalan una voluntad de narrar y dar la teoría de la ciudad como un mosaico en el que siempre caben más piezas. La ciudad se abre a él como paisaje y lo encierra como habitación. Y en esta frase condensa lo más preciso de la experiencia parisina. La ciudad que es la realización del sueño antiguo de la humanidad, el laberinto, sólo está disponible a los zapatos del caminante que conoce y registra sus demonios conjurados por la Revolución, pero también explora —siguiendo a Poe— la paradoja intrigante del hombre confundido con la masa. Sabe el que gusta de perderse en las ciudades que no es posible ni recorrerlas ni recobrarlas por entero. En ellas transcurre lo mejor, lo más grave y lo más liviano, de la vida. Y son, al mismo tiempo, lo que abstraemos cuando hablamos homogéneamente de fenómenos, tendencias, movimientos, datos. No es que nos falte ciencia. Es que nos falta color. O acaso la esperanza de aquella ciencia de lo concreto que Hegel barruntaba, que constituyó la apuesta del estilo de Marx —otro provinciano nómada— con la que poder unir, en este cabo de siglo casi posurbano, saber y sensibilidad.

   Acaso en las ciudades, de los pocos fenómenos que, como Benjamin muestra, insisten, cabe medirse con nudos que no se dan sólo a contemplación. Pero tampoco deben darse sólo a la piqueta. Las pérdidas de edificios no suntuarios —que cambiaron, ya muy pronto, las pieles de Berlín, de París, de Viena, de Praga—, en nuestras ciudades, eliminan un nudo del vivir sin haberlo resuelto. En lo que tienen —cuando llegan a ser Kitch, para fascinación y reto a la lupa de Benjamin— de ombligo indesmallable del sueño. O, cuando son dignos y sobrios, en lo que tienen de pasos apasionados y resueltos del arte de vivir. En París, antes de que empalidezca por la guerra y el escaso suministro de luz, Benjamin aprende que las realidades más punzantes no son para él espectáculos, son estudios.

   Cuando el trabajo y el pillerío se funden al resol o al agua de los canalones, viene de Benjamin un ojo dotado no de esteticismo, sino de hiperestesia. Reconociendo la carga de teoría que se da a la mirada, el cuenco de trabajo que asoma en las formas, así como la historia soñada y negada en las fachadas de las casas. No es un viajero, sino un urbano que le toma las medidas, inmediatamente, a cada sitio. Tiene la atenta mirada de quien se sabe carente de morada duradera.

   "Hay tantas calles con caminos de regreso", dice una dedicatoria de Sholem escrita para una pareja amiga precisamente en el Einbahnstrasse de Benjamin, "que no se ven. / Y si en esa dirección se entra en lo vedado / no es cierto que a uno no le pase nada. / Aquí en caso de colisiones no se negocia;/ el rayo derriba. / Y si de pronto te encuentras por completo transformado / no es una apariencia. / En épocas antiguas, todos los caminos llevaban a Dios y a su Nombre de uno u otro modo. / Nosotros no somos piadosos./ Permanecemos en lo profano /y donde antes figuraba Dios / ahora está la melancolía".

   Así de fuerte veía lo de Benjamin su colega y amigo. Sabiendo que el fugitivo fue, con riesgo propio, de lo depositado a lo fundacional. Por eso no deja herederos ni albaceas. Benjamin es una tribu menor que tiene desigual y apasionada estirpe.

   Horkheimer y Cía le retiran la subvención del Instituto, en pleno año 40, en pleno París ocupado. Benjamin, como ocurrirá con sus ideas, sus escritos, se ha convertido, en más de un sentido, en una ciudad pillada. Pero, incluso en el campo, en la frontera, mantiene la cortesía urbana, según testimonio de Lisa Fitko, agradeciendo con una cabeza de ilustrado sensible al alcalde. Ya está dispuesto a quedarse en el último pasaje de Portbou, pero insiste, y Lisa recuerda su misma entonación:
   "Merci infiniment, Monsieur le Maire".

October 12, 2008

Soneto para ALEJANDRO AURA, por MIGUEL MARINAS

 José Miguel Marinas, en una foto de Elo

no frecuento tu blog pero bendigo
los días que han pasado y dan un año
de manantial rotundo como un caño:
torrentera mejor, que cosas digo

tu mano escribidora veo y sigo
y tu voz que reúne cual rebaño
prosas y versos en fecundo apaño:
ese hermoso patchwork que va contigo

qué decir de tu afán que no te deja
día sin línea ni sin garabato:
como labriego en los feraces agros

recibes una lluvia que no ceja
y dejas ver el sol de tu arrebato:
el nombre y la presencia de Milagros


JOSÉ MIGUEL MARINAS / soneto escrito el 25 de enero de 2008
en el primer aniversario del blog de ALEJANDRO AURA 

August 27, 2008

Citas / ‘El placer del texto’, de ROLAND BARTHES

 http://islakokotero.blogsome.com/images/barthes.jpg

    Todo escritor dirá entonces: loco no puedo, sano ni me lo planteo, sólo soy siendo neurótico.

    El texto que usted escribe debe demostrarme que me desea. Esa prueba existe: es la escritura. La escritura es esto: la ciencia de los gozos del lenguaje, su kamasutra (de esta ciencia no hay más que un tratado: la escritura misma). 

    El placer del texto es ese momento en que mi cuerpo comienza a seguir sus propias ideas —pues mi cuerpo no tiene las mismas ideas que yo.

    El texto es un objeto fetiche y ese fetiche me desea. El texto me elige mediante toda una disposición de pantallas invisibles, de seleccionadas sutilezas: el vocabulario, las referencias, la legibilidad, etcétera; y perdido en medio del texto (no por detrás, como un deus ex-machina) está siempre el otro, el autor.
    Como institución el autor está muerto: su persona civil, pasional, biográfica, ha desaparecido; desposeída, ya no ejerce sobre su obra la formidable paternidad cuyo relato se encargaban de establecer y renovar tanto la historia literaria como la enseñanza y la opinión. Pero en el texto, de algún modo, yo deseo al autor: tengo necesidad de su figura (que no es ni su representación ni su proyección), tanto como él tiene necesidad de la mía (salvo si sólo hay "cháchara").

ROLAND BARTHES. (Del libro El placer del texto y Lección inaugural.
Siglo XXI Editores, Madrid, 2007.
Estudio preliminar y revisión de la traducción a cargo de MIGUEL MARINAS

June 30, 2008

TRAVIESAS DE POESÍA / ‘Razón de duelo’, un poemario de MIGUEL MARINAS, abre una nueva colección de libroblogs

 

Desde ISLA KOKOTERO tenemos el inmenso placer de anunciar y compartir
el nacimiento de la nueva colección TRAVIESAS DE POESÍA

 TRAVIESAS DE POESIA

que nace con la intención de convertirse
algún día en libros de papel

- - - 

El primer poemario de la colección, en formato libroblog,
es Razón de Duelo, de MIGUEL MARINAS:

Miguel Marinas

    X

decimos las vueltas
que da la vida

un camino con recodos,
trocha entre jaras y avenas locas,
sendero con poca definición como para furtivos,
acotado por sebes, barbechos que crían yuyos y chatarra

las vueltas que da la vida no tienen mapa:
lo pintamos mucho más tarde
cuando ya no vemos carriles ni roderas

son las vueltas que da la lengua para nombrar el río quieto
con aguas siempre nuevas

    (Miguel Marinas) 

 

 'Razón de duelo', un poemario de Miguel Marinas

    XII

grabar en la corteza de los árboles
poner plata en la piel
tatuar los dibujos de los sueños
salir al paso de los ríos
a los pregones de la carretera
que traen pescado
y noticias

acechaba lo repentino
por ver su huella
y su piedra sillar
en la memoria

    (Miguel Marinas) 

May 6, 2008

8-M / Presentación de ‘Archivo de Nubes’, de MARTA BERNARDES, en la librería Rafael Alberti de Madrid

 Marta Bernardes

 

June 7, 2007

19-J: Presentación de un libro de JOSÉ MIGUEL MARINAS en Madrid

El síntoma comunitario: entre polis y mercado
José Miguel Marinas (UCM)

● Las formas de integración y de acción política parecen girar hoy en torno a un eje: el que separa la mera pertenencia de la fundación o compromiso activo.
● Las comunidades no son naturales, no son resultado del linaje o del suelo, sino que la comunidad política requiere —para constituirse y funcionar— de una voluntad de compromiso y responsabilidad: esa es la communitas, o comunidad de fundación.
Esto implica revisar el modo de pensar lo político que compartimos.
● Reconociendo que existe hoy un vaciamiento del sentido de los vínculos de la polis, al que llamo el síntoma comunitario.

    El punto de partida: el síntoma comunitario hemos de verlo en los aspectos académicos (debate comunitarismo / liberalismo) así como en la paradoja del “comunitarismo vivido”: síntoma comunitario  que es como una tensión entre un lastre (la nostalgia de los orígenes) y un proyecto —la definición de lo comunitario no como una fase social, sino como una forma moral de pensar lo político en su momento fundante.
(more…)

March 24, 2007

De cómo MIGUEL PRADOS introdujo el psicoanálisis en América

Sigmund FreudFUNDACIONES IMPREVISTAS

A veces uno no sabe
donde prenderá su anhelo:
anda labrando la tierra
y ha de levantar el vuelo.

Como el sabio Miguel Prados
formado en la psiquiatría
centroeuropea, el primero
que divulgó a Sigmund Freud
entre los que compartieron
la Colina de los Chopos
(Residencia de Estudiantes:
Lorca, Dalí, y todo eso).
Hermano de Emilio Prados
poeta y dramaturgo nuestro
que en la tierra de los charros
fue maestro de maestros
(Tomás Segovia lo sabe:
como botón te lo muestro).

Emilio Prados Miguel Prados, el puntero,
a quien le llevó la guerra
hasta México y después
asentado en Canadá
pues dio en fundar, nada menos,
la Asociación Canadiense
de Psicoanálisis, luego
vino a pasarle a Angel Garma
psicoanalista bilbáino
que puso el diván primero
en el mero Buenos Aires
(no lo hizo él solo: con dos
psicoanalistas porteños).

Estos dos casos no son
únicos en nomadeo:
el propio Freud, cuando andaba
más canino que un sabueso
y quería poner consulta
le aconsejó su maestro:
¡casi se viene a Madrid!
¡casi se va a Buenos Aires!
(conviene que yo lo diga:
no lo sabe casi nadie).

Estas anécdotas son
del gremio de los loqueros
pero cada gemio vaga
por sus propios derroteros.

Qué cosas tiene la vida
es como el pájaro tero
que nace en árbol de espinas
y anida en el nido ajeno.

    JULIÁN VILLACORTA (Río Negro, Argentina)

December 6, 2006

“texto flotante”, de JOSÉ DEL PUERTO

    era como un cuerpo inerte deslizándose por esta región intermedia del agua en la que aún son reconocibles los reinos animales, era como un vegetal, una mata verde que oscilaba apenas con el movimiento del agua del río no había premeditación ni meta, se dejaba conducir como en un baile líquido, era una voz queda, insistiendo en el flujo del rumor que salía de la cabeza, sin boca abierta, ni ojos abiertos, sin oídos atentos, o tal vez sí escuchando, más hacia adentro que alrededor, el sonido del abrigo del agua sostenido a base de arrugas suaves, de pliegues como capas de verdín, como piel de las alas de un quiróptero gris oscuro apenas reluciente, callada ondulación, blanco de los pies desnudos, sombra cóncava de manos, dedos, uñas, era un barco humano contorneando los juncos, las juncias, la raíz de las paleras, las matas de vilortas, era un cabello mecido a compás de pasos que descubren los caminos del agua, sobre bajo la línea de flotación, sin asomar y transparente, como un destino era, burlado, volver asiéndose a los remansos ciegos demorando la ida y el retorno

November 2, 2006

Acciones, de JOSÉ DEL PUERTO

Pájaro que asoma

Aparecer del cerco del acento
de los nómadas
Suspender los moldes
de las palabras el viaje
de los sonidos por las cavidades
en las que se refugia
el hilo del agua invisible que argumenta
Ver frente y ojos
con la tremolación de la garganta
(lo comestible de la voz no devorada)
las resonancias las colmenas
que discurren con la risa y con las manos
Deslizarse de espaldas pasar
de la naturaleza común del relato
a la celebración del gesto que todo lo convierte
(mirar, decir, mirar oyendo)
en el silencio de los dones

    JOSÉ DEL PUERTO (Inédito)

 

October 9, 2006

BELLA FALSEDAD, por JOSÉ DEL PUERTO

BELLA FALSEDAD
letras azules mayúsculas The image “http://islakokotero.blogsome.com/images/bella_falsedad_2.jpg” cannot
a la puerta del templo del sur

lamento del incendiario
presa de compunción
desengaño de la prótesis

días contados esperando
la caída del velo del templo
la mostración del hueso
estruendo mudo
un momento detenido de silencio
seco

el remedo es eficaz
es más real que lo real
es la viva estampa de la belleza
y el noctámbulo diurno cae de repente en la cuenta

todo remedo
funda belleza
en el mismo hueco del que se fue el ángel

todo simulacro tapa
sutura
cierra
corta mano y corta fierro
para que no queden más ganas
de andar hurgando
entre el tiempo y el sueño

ay que falsa belleza
que agosta la mano dada
la palabra
y el eco

bella falsedad
del desengaño melancólico por las paredes
del templo
del puerto

la suspensión de aire
de las letras azules
mayúsculas
como un Apocalipsis
de pueblo
nuevo
rico
 
 
*NOTA: Envía este poema nuestro amigo asturiano JMM que, acaso por prolífico (pienso yo), ha optado por un seudónimo clarificador.

September 4, 2006

‘La pasarela’, de JOSÉ MIGUEL MARINAS

Miguel Marinasotra vez cruzo la pasarela
sobre las vías del tren

miro a un lado y a otro

al espacio que antaño
se llenaba de humo
blanco de locomotora

me saluda me acoge
la figura bermeja
en la ventana
tardo en llegar:

mis pasos saben
que es otro el puente
otro el tiempo y otro
yo mismo

 

    MIGUEL MARINAS (poema inédito. León 2006)

 






















Get free blog up and running in minutes with Blogsome
Theme designed by Riosoft