¿POR QUÉ NO PUEDE ARTY TOCAR EN LA CALLE?
El Procurador del Común estudia la queja del músico ruso,
que ya no tiene permiso para tocar en la vía pública,
y la de los comerciantes que protestan por su música
Por ELOÍSA OTERO para EL MUNDO DE LEÓN
¿Quién no conoce en León a Arty, el músico ruso? Con su acordeón y su sonrisa, Artem Eremin Valerievich (que ése es su verdadero nombre) se ha convertido en todo un símbolo en esta ciudad y, sobre todo, en la calle Ancha, donde se ganaba la vida honradamente, como músico callejero, alegrando el alma a los transeúntes.
Sin embargo, desde hace unos meses, a Arty se lo han puesto muy difícil, tanto las autoridades como algunos comerciantes y vecinos de la calle Ancha, para tocar su acordeón. Así que el músico, además de tener que coger sus bártulos y marcharse de León, ha recurrido al Procurador del Común, ya que no entiende por qué, de repente, se le está impidiendo tocar en la calle con todo tipo de trabas administrativas.
Según la oficina del Procurador del Común (que espera emitir un dictamen en los próximos días), la de Arty no es la única queja relacionada con este tema. También algunos comerciantes de la Calle Ancha han recurrido a Javier Amoedo, alegando «molestias» por el ruido del acordeón.
«Me gusta mucho León, no quiero irme», explica Arty. «Pero en este momento se me está negando el vivir en esta ciudad. Porque, para vivir, necesito tocar el acordeón. ¿Por qué están en mi contra? ¿Por qué gente que no son músicos pueden tocar y a mí se me niega?», clama desesperado el músico.
Arty cuenta que llegó a León hace cinco años y medio, y que la ciudad le acogió muy bien. Por eso decidió echar raíces aquí, después de dar muchas vueltas de ciudad en ciudad. En León hizo amigos, y con el tiempo pudo venir su pareja y encontrar un trabajo. Alquiló un piso, y en marzo pasado llegó también su hija, con toda la documentacion necesaria.
«Pero lo bueno que parecía que me deparaba la vida, se truncó», señala con pesar. «El Ayuntamiento empezó a ponerme trabas para tocar en la calle Ancha. Primero eran quejas de los locales de enfrente de Diputación. Intenté situarme más arriba, pues otros locales de la calle me animaban a que tocara más cerca de ellos, pero entonces fue la Policía local la que me lo impidió. Me cancelaron la autorización que tenía para tocar. Intenté ponerme en otra zona, y también me lo prohibieron. Nadie me ha dicho todavía el por qué, cuál es el motivo real. Lo único real es que quieren que me vaya. Y yo pregunto: ¿A quién molesta que yo pueda vivir aquí? ¿A quién hago daño, intentando ganarme la vida honradamente? Yo no robo, no mendigo… ¿por qué están en contra de que reciba unas monedas que alguien me da generosamente?».
La pasada primavera tuvo que dejar su piso de alquiler, su pareja perdió el trabajo, y al ser insuficientes sus ingresos se han visto obligados a volver a enviar a Rusia a su hija. Ahora vive de ciudad en ciudad, de pensión en pensión, al día.
Así lo resume Arty, quien, por cierto, también suele tocar de forma altruista en residencias de ancianos y en centros para enfermos de Alzheimer de esta ciudad: «Aquí en León éramos una familia feliz, que íbamos tirando, pero juntos. Ahora somos una familia rota ¿Por qué? ¿Quién es esa persona o personas que tienen el poder de destrozarnos la vida? ¿Qué daño hacemos? Necesitamos trabajar, y si alguien nos lo impide, quiero saber por qué. Pido ayuda en el Ayuntamiento y no la hay. Pido respuestas, y tampoco las encuentro. Alguien sabrá qué sucede. Es mi vida y la de mi familia la que está en juego. Pido respuestas».
Según ha podido saber este periódico, algunos vecinos y comerciantes de la calle Ancha reunieron en primavera firmas de protesta y las presentaron en el Ayuntamiento, aduciendo que la música de Arty les molestaba. El tema de los músicos callejeros depende de la Concejalía de Comercio y Consumo (por ser «ocupación de la vía pública»). Así que la Concejalía solicitó un informe técnico a la Policía Municipal, con el fin de tomar una decisión. La conclusión es que, desde entonces, los permisos para tocar en la calle se conceden por un máximo de 15 días, y cambiando cada poco de lugar, para no molestar.
«El criterio político no es prohibir», ha asegurado la concejala de Comercio, María Rodríguez, a este periódico. Pero desde entonces, Arty también dice que no le han dado más que un permiso de 15 días, que le coincidió con una fractura de la pierna, con lo cual no pudo aprovecharlo. Ni un permiso más.
‘SOS Arty’, más de 5.000 fans del ruso en Facebook
Los internautas se movilizan para que el músico
pueda volver a tocar en la calle Ancha
Más de 5.000 seguidores tiene el ‘grupo de fans’ creado en Facebook bajo el título de ‘El ruso que toca el acordeón en la calle Ancha».
Arty no sabe quién abrió este grupo hace unos meses, pero está muy agradecido y sorprendido por el número de fans y por la llamada a la movilización por su causa surgida hace unos días en esta página:
«¡Amigos fans de Arty, necesitamos AYUDA! Arty se está viendo en una situación muy complicada, el Ayuntamiento le ha retirado la autorización y ya no le dejan tocar su acordeón en nuestras calles. ¡¡¡Tenemos que movilizarnos!!!».
Hasta el concejal Ibán García del Blanco ha entrado en los comentarios del debate intentando explicar la situación. El propio Arty ha dejado varios mensajes en Facebook, e incluso su número de móvil, para agradecer los apoyos, contactar con el administrador y exponer su problema en la red.
Lo que está en juego, de alguna manera, es su derecho a ser «músico callejero».
Para el saxofonista leonés Ildefonso Rodríguez, Arty «es el ruso de la calle Ancha y representa ya a todos los músicos callejeros que dejan por un tiempo su nomadismo, se hacen con una esquina y con unos parroquianos». Según Rodríguez, «quien toca música debe ser juzgado por el valor de su música, no por su localización: es decir, cuando toca, no pordiosea, no pide dinero, la gente se lo da como pago por la música que está tocando: se trata de un intercambio. Si a alguien le parece que el intercambio es desmesurado –es decir, que el músico callejero gana más tocando en su esquina que él o ella trabajando detrás de una barra–, ése es su problema: que aprenda a tocar el acordeón».
Y dice más Rodríguez: «Me ofrezco para ocupar su esquina, si es expulsado de ella con engaños legalistas o por la fuerza, y convoco a todos los músicos de la ciudad capaces de ser solidarios con él, para que nos turnemos en la esquina y demostremos que el compañero ‘ruski’ es un gran profesional. A ver a quién de los músicos locales le echan en la funda del instrumento el dinero que le echan a él».