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NOTAS PARA LA PRESENTACIÓN (Por ELOÍSA OTERO)
El cuartito
Hay un poema de Olvido que siempre me gustó especialmente, desde que lo leí hará 17 ó 18 años, y que curiosamente no he encontrado recogido en este volumen. Pertenece a Exposición, uno de sus primeros libros, y dice así:
La mujer entra en el cuartito a oscuras,Este poema, para mí, resume de alguna forma lo que es la poesía, y la escritura. Un espacio como el misterioso cuartito que dibuja Olvido García Valdés en ese poema, con entrada y salida.
conoce al tacto los objetos, sabe,
sonríe al salir, con un tarro
en las manos. Es una casa
de pintura agrietada. Sólo veo
la fachada de atrás, ese pequeño
cuarto que ahora queda a oscuras
y al que la mujer entra.
Un cuartito al que la persona accede y no hace falta luz, ni que los de afuera sepan lo que ocurre dentro. Un espacio propio del que se puede salir sonriendo, con algo en las manos, y al que se puede volver a entrar…. y cerrar la puerta, sin tener que dar explicaciones.
La poesía abre ese tipo de puertas. Pero… ¿qué se cuece ahí?
Por aquel entonces, cuando leí ese poema, le preguntaban a Olvido en una entrevista que desde cuándo escribía:
“Escribo desde pequeña —respondía ella—, desde que tenía trece años, que es cuando los adolescentes empiezan a escribir cuadernos. Además me gustan mucho y los colecciono, y la poesía se convierte en mi forma personal de expresar lo que pienso”.
Escribir. Explorar el pensamiento. Expresar lo que piensas. Encontrar un lugar para existir, para ser. El problema que supone conocerse a uno mismo. Abrir la otra puerta, la puerta de atrás.
Encuentro en los poemas de Olvido una defensa de la individualidad como forma de conocimiento personal, que a la vez es conocimiento del mundo, y que te aisla, a la vez que conduce a explorar otras vías de comunicación con los otros.
“Conocerse a sí mismo es conocer el mundo, y es también, paradójicamente, una forma de exilio del mundo”. (Ana Mendieta)
Me reconozco en la poesía de Olvido. Y eso es algo que me gusta, y que no me gusta. Que resulta tan inquietante como mirar las fotografías de una vida, de la propia vida.
‘Y nuestros rostros, mi vida, breves como fotos’ (como titula John Berger uno de sus libros)
Hay libros, hay poemas, que te impregnan. Se depositan en ti, una vez leídos, para siempre. A lo largo de la vida, muchas veces, recordarás esos versos, su voz, el tono… Y volverás a ese libro, o a ese autor, buscando la página, buscando esa imagen…
Hay hilos invisibles entre los autores, entre los libros y los textos de los que uno se impregna. “Escribir es estar atento a la manera en que vivimos”, dice Peter Handke.
El paisaje, el bosque
ante el tiempo”
Entre ellos, uno que tiene que ver con la naturaleza (el bosque, el paisaje), con la observación y descripción de lo pequeño…
Y otro, más allá, infinito, el mundo del pensamiento como territorio de la posibilidad…
En el fondo, mundos de soledad y a la vez de libertad radicales.
“Es verdad lo que digo, cadaElla mira con deseo, todo. Observa. Le interesa mucho la creación, los procesos de creación de los demás. Le interesa ese estímulo.
palabra dice del poema la lógica
del poema. Condición
de real al margen de lo real.
Lo real dice yo siempre en el poema,
miente nunca, así la lógica”
Me resulta inevitable asociar la obra del Olvido al bosque. El bosque como una metáfora del mundo.
"fulgor de los espinos y el musgo, casaEl bosque puede ser un medio muy hostil, a no ser que lo conozcas bien.
no hay para nadie, en los bosques
moramos"
Pienso en Olvido como en la dama del bosque. Habita en una casita a la que a mí me costaría mucho llegar si no me condujera ella de la mano.
Me recordaba Víctor M. Díez una conferencia que dio Olvido en la Universidad de León, en la que ella hablaba de que el paisaje es una creación cultural, de que el paisaje no existe, sino que es algo que creamos, algo a lo que le ponemos un marco…
y me recordaba la expresión de “realismo alucinado” que Olvido había usado quizá entonces, para hablar de su poesía:
“Hay en su escritura una mirada sobre lo real, muy centrada, muy paisajista, aunque Olvido le va quitando capas a ese paisaje, hasta abstraerlo”.
Hay cosas aparentemente contradictorias en la poesía de Olvido.
Por un lado, la desolación, la soledad radical, una soledad sentida, pero también buscada, como territorio, para poder ser uno mismo.
Una soledad que contrasta, y mucho, con esa especie de vocación, de un estar por lo colectivo, que también tiene Olvido.
“Si te aíslas te pudres…” (dice en los últimos poemas)
O:
para que no se pudra,Hay una búsqueda (de una motivación, de una expresión), hay una dureza, y una reivindicación de otra sensibilidad y de reconocimiento (pero no de reconocimiento propio, sino de un reconocimiento de la diferencia, de otra forma de estar, de ser, de hablar, de conocer…).
la parte del árbol que estuvo en la tierra
ha de tocar en la pared más húmeda
que en la viga circule
de abajo arriba
la humedad
El yo del poema se coloca a veces en un lugar de marginalidad, habla desde lo que parece un rincón oscuro, desde un acurrucarse en lo oscuro, que en el fondo es una defensa de la individualidad, de la libertad personal (la tuya y la del ser amado, por ejemplo),
La radicalidad está ahí, en el no sometimiento…
La única forma de querer, de amar (:consiste en dejar ser, y en que te dejen ser), y eso conduce a la soledad, al desasimiento… pero también a la búsqueda de otras formas de comunicación, y de diálogo.
“Uno de los móviles de la poesía arraiga en lo amoroso, pero otro tiene su raíz en la violencia, en alguna clase de rabia o intemperancia. Ambas raíces alimentan lo político”, dice Olvido, y cita a Emily Dickinson, César Vallejo, Cernuda, Rosalía de Castro, como autores en los que ambos orígenes son manifiestos.
“Un poeta, una poeta, es siempre un animal solitario”, apunta también Olvido. “Quizá todos sus rasgos deban sintetizarse en ese de la singularidad. Y es, sin embargo, un animal solitario que encuentra su sustento y la posibilidad misma de su existencia en el diálogo que mantiene con otros que han sido, que son como él”.
Olvido García Valdés habla en sus libros con algunos artistas, o con los amigos y los seres queridos. Habla también con desconocidos, contigo y conmigo, con vosotros, e incluso con los muertos. Esto último se me quedó grabado cuando lo soltó en una entrevista que le hice hace años, y ahora lo he encontrado en esta última parte del libro, dedicada a la escritura.
“El poema, como el paisaje, es lugar donde se nos permite hablar con los muertos; también donde se nos permite sentir el dolor. Ambos se traman de ‘duración’, el tiempo ensimismado en la contemplación de la cosa perdida.“Y ese habla se produce de tal forma que podemos adueñarnos de ella, hacerla nuestra, cada uno de nosotros…
¿Por qué? ¿quién habla en estos poemas?
“El arte consuela”, dice Olvido.
Y el arte, en este caso, puede ser la escritura, el ejercicio y el proceso de la escritura.
No el resultado final, ni éxito, ni los hallazgos, sino la tentativa, el tanteo, la exploración, el fracaso….
Una escritura en la que se despoja lo vivido, lo soñado, lo recordado, lo percibido…. se despoja buscando lo esencial,
y donde el poema se convierte en «un lugar raro en que se guarda la vida»,
Hay muchas cosas que decir de la poesía de Olvido.
El autorretrato, por ejemplo…
cómo las arrugas, las circunvoluciones del tiempo, de la vida… van quedando inscritas… Aquí se cuenta el mundo desde la perspectiva de que el tiempo pasa… desde la postura política de que no hay que renunciar al paso del tiempo…
Pienso que la poesía, como todo arte, es depositaria de una parte importante del “yo” común del ser humano, una especie de “yo” disgregado; que nos nutre de un pensamiento y una emoción estética generados a partir del lenguaje, que nos permite ser otro, ser otros, ser con otros, ser a pesar de lo que somos, ser al margen de uno mismo, al margen de nuestra relación con otros.
Hay algo misterioso en la poesía, y tiene que ver con el enigma y la magia del lenguaje, capaz de construir pensamiento y capaz, por tanto, de actuar sobre la realidad.
Los poemas contienen una biografía, sí, pero no es precisamente la del autor, la del poeta, cuya vida, en general, no suele ajustarse a sus obras.
Fue Octavio Paz quien dijo eso de que "los poetas no tienen biografía; su obra es una biografía", aunque en el caso de Fernando Pessoa, puntualizó: "Nada en su vida es sorprendente, nada excepto sus poemas".
La literatura es ficción, pero hay quien defiende, como Gamoneda, que la poesía no es literatura, en el sentido de que no es ficción, sino que es, construye, contiene una realidad en sí misma.
Sabemos que la poesía puede ser música, reflexión, descubrimiento, arte de la memoria, exploración del inconsciente, revelación… pero la poesía sobre todo es relato que da cuenta de la vida, y de una forma muy especial, generando pensamiento y emoción y un placer estético a partir del lenguaje. Hay una extraña verdad en la poesía, sí. Y una misteriosa alquimia.
Para Paul Valéry, “la grandeza de los poetas consiste en captar intensamente con sus palabras lo que no han conseguido entrever sino débilmente con su espíritu”.
“Yo no sé lo que escribo hasta que no me lo dicen mis propias palabras”, subraya Antonio Gamoneda. O también: “El poema dice lo que no podría ser dicho de otra manera”.
“(…) El escritor que lleva un diario íntimo anota en él lo que sabe.
En el poema anota lo que no sabe“, escribe por su parte Adam Zagajewski, contradiciendo una vez más a Wittgenstein (“de lo que no se sabe, lo mejor es no hablar“).
Olvido García Valdés apunta algo más y aún más enigmático: “El arte lo sabe todo del cuerpo del artista, por eso algunos poemas dicen cosas que tal vez quien los escribió no sabía”.
Y esto me lleva a una frase que me apuntó el amigo Miguel Marinas, que podría ser de Berger: “Nuestros cuerpos se dijeron cosas que nosotros mismos no sabíamos“.
¿Quién habla en realidad en un poema? ¿A quién le pertenece esa voz y su relato?
Planteé esta pregunta a algunos amigos escritores, y entre sus respuestas, hubo una que me gustó especialmente, la de la poeta leonesa Susana Barragués:
“Chantal Maillard defiende que hay tres vidas paralelas, la real, la del arte y la de la interpretación del arte. Igual desarrollamos psicologías paralelas también para cada lado. (…) La verdad que el tema da para mucho. Pensar en uno mismo, como hace el poeta, es como hacer ensayos de materia en un acelerador de partículas: se trata de estrellar el átomo a gran velocidad contra una pared para ver qué sale de su ruptura: neutrones, quarks…etc. Es decir, conocer algo a base de darle golpes y romperlo, conocer la nuez golpeándola contra una piedra. Y creer después que los trozos rotos, las partes, son la nuez. (Nunca el todo es igual a la suma de las partes, porque en la asociación de partes surgen propiedades emergentes. Ley que se rompe cuando hablamos del infinito, claro.)”.
La poesía da cuenta de la vida
Se lo escuché decir así a Miguel Casado y es la respuesta más precisa y escueta que he encontrado a la pregunta de por qué es importante la poesía.
Pero eso no significa en absoluto que sea un reflejo de la realidad. “No, se trata de otra cosa: el arte crece de la más profunda admiración al mundo, visible e invisible”. (Adam Zagajewski).
Mguel Casado: “Todo lenguaje poético, tanto en sentido amplio como en el más estricto de lo poético, es en el fondo un pensar. La esencia poética del pensar guarda el reino de la verdad del ser."
El arte, la poesía, nos proponen mirar hacia dentro de nosotros mismos, e incluso nos permiten convivir malamante con varios "yos", algunos desconocidos hasta para nosotros mismos, en cuanto que “yos" posibles.
A este respecto Víctor M. Díez me aportó una cita interesante de Gilles Deleuze:
“Decir algo en nombre propio es muy curioso; porque no es en absoluto en el momento en que uno se toma por un yo, una persona o un sujeto, cuando se habla en su nombre. Al contrario, un individuo adquiere un verdadero nombre propio como consecuencia del más severo ejercicio de despersonalización, cuando se abre a las multiplicidades que le atraviesan de parte a parte, a las intensidades que le recorren”.
También el poeta Miguel Marinas aportó una reflexión a este tema:
“hay un yo que se cree autor de lo que hace
y por eso también cuando escribe piensa que es el motor de su obra
pero (oh pero)
resulta que hace tiempo que el yo no es el que manda en casa
y resulta que cuando escribe o canta poesía hay otro que le trae versos, canciones, palabras que el primer yo, supuestamente omnipotente no reconoce, le sorprenden, le indican que no es el yo “jicho de la película”.
o dicho de otro modo:
uno es el sujeto del enunciado (el yo escrito en los poemas) y otro es el sujeto de la enunciación (el que no ceja de dar señales de sí, el sujeto de lo inconsciente, ese pulso que golpea las tinieblas)”.
Y aquí viene una cita de Lacan:
“qué se dice, se oculta en lo que se dice cuando se escucha”
Sin embargo, como escribe Botho Strauss, “No oímos bien nuestra propia voz. Para nuestro oído es como si nunca saliera por completo al exterior. Pero percibimos la voz de otra persona como auténtica expresión, como algo externo y como signo de su libertad original. Dependemos de que nos oigan”.
El territorio de la posibilidad
Creo que la poesía nos ayuda a vivir, porque nos ayuda a ser “otro”, como decía Rimbaud, un “otro” que sólo puede existir en el poema, que nos ayuda a escucharnos "en" otro, a ser "en" otro.
Cuando nos reconocemos en la poesía, nos vemos en ella como somos, y como fuimos. Vemos hasta cómo podríamos llegar a ser, como utopía.
(Y es que la poesía es, también, un territorio para la posibilidad)
Advierte Juan Carlos Mestre: “El yo soy otro del impaciente Rimbaud es hoy la identidad del soy judío, soy inmigrante, soy mujer, soy marxista, soy…, soy la discrepancia que frente al pensamiento de las pirámides asume la identificación con todas las formas sagradas de entender el derecho a la diferencia humana. Y esa es la primera utopía del poema, la posibilidad de ser y devenir en otro frente al pensamiento único de los discursos de orden, de los lenguajes normalizados por la gramática del poder y la vergonzante herencia intelectual de su recompensa: la traición a la idea de la justicia, la piedad y los sueños”.
Hay una escena maravillosa en la película ‘El cartero y Pablo Neruda’, basada en el libro de Antonio Skarmeta, y es cuando el cartero del pueblo italiano en el que se ha refugiado Neruda, un hombre bastante inculto y analfabeto, consigue encandilar a su amada gracias a los poemas que le escribe, y que con toda naturalidad hace pasar por suyos, aunque son de Neruda. Cuando el poeta le reprocha esto al cartero, él le responde: “La poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita”.
Como dijo Beckett, “¿Qué importa quién habla?, alguien ha dicho qué importa quién habla… ”
y en esta indiferencia, Michel Foucault reconoció uno de los principios éticos fundamentales de la escritura contemporánea.
Por que, al final, no es precisamente el poeta quien habla, sino el poema.
Y quepan aquí unos versos del poeta gallego Méndez Ferrín:
Muchas veces me pregunté eso:Pues aquí, en este libro (‘Esa polilla que delante de mí revolotea’) está lo que ha quedado después de las tachaduras de Olvido. Aquí está la respuesta a esa pregunta que nos hacemos o nos hemos hecho todos alguna vez: ¿Quién soy yo?.
¿Quién yo soy?
Y la respuesta sólo fueron tachaduras.
El alma y el cuerpo
En el único texto que Miguel Casado ha publicado sobre Olvido (en Archivos, Lecturas, 1988-2003), compara de alguna forma sus poemas con el cine. Por la manera en que están construidos, “mediante el montaje de pequeñas piezas que no se organizan de acuerdo con una lógica narrativa”, dice Miguel.
El cine es el arte de la elipsis. Y los poemas de Olvido también. En ellos es muy importante lo que no se dice, lo que no está, lo que no aparece.
“Mas que contarlas, el cine mira las historias”, anota Miguel. “Pues contar implica introducir una trama de sentido que dispone y jerarquiza el tiempo en hechos y argumentos; mirar, en cambio, es una actitud que no interfiere en el fluir de la vida propia de las cosas”.
Recuerda Miguel Casado que el montaje, que en el cine es un instrumento técnico forzoso, en los poemas de Olvido se desplaza para hacerse escritura.
Así, el montaje de fragmentos “sirve a un modo propio de moverse el pensamiento, trata de ofrecerle una nueva articulación con que formularse. (sigo citando a Miguel). Lo que se monta no son fragmentos de historia, sino de un curso indistinto de vida: lugares, voces, ideas, sueños, sensaciones, pinturas, memoria…. Es un análisis existencial inclemente, que mira siempre hacia fuera y habla siempre de dentro, desde dentro. (…) Están tomados los datos del fluir de lo real, pero su aguda nitidez los hace absolutos, los individualiza, con una entrega que se traspasa de tiempo”.
Y cita Miguel aquí algo que proponía el personaje de Pierrot, el loco, en la película de Godard: “Se trata de no describir la vida de la gente, sino sólo la vida. La vida a secas. Lo que hay entre la gente, el espacio, los sonidos, los colores”.
Describir la vida. Sólo la vida, a secas.
“En Olvido García Valdés, lo poético es la temperatura de la palabra capaz de obtener esa síntesis: un pensar sensorial, una percepción despojada: es la misma síntesis del alma y el cuerpo en una sola materia (…)”.
El alma y el cuerpo.
Me quedo con esta frase: “Lo poético es la misma síntesis del alma y el cuerpo en una sola materia”.
Y termino con un pequeño poema de Olvido, del libro ‘Y todos estábamos vivos’:
“entre el corazón y la tela
que envuelve el corazón
en el sueño profundo
sin imagen ni sueños
amodorraditos en aquel rinconcito
protéjame esto, proteja esto a quien lo expone”.

durante la presentación del libro en la Fundación Montes)






XXXIX


Frente a frente, casi parados, dos trenes;
Me parece que en el planteamiento intervienen dos cuestiones: la de la desigualdad histórica de las mujeres, y la del valor estético de una obra literaria. Quizá convenga deslindarlas.


LECTURAS A LA SOMBRA DE UN COCOTERO La bitácora de poesía y cosas aledañas de ELOÍSA OTERO










