A Luis y Piedad,
porque ambos hermanos fueron víctimas de la sinrazón de una guerra.
Luis, que murió encarcelado injustamente, y Piedad, a quien le tocó vivir entre el silencio, la injusticia y la desmemoria.

Setenta años después, la memoria colectiva, pero, sobre todo, la personal y familiar, están en disposición de reparar moralmente a quienes, como tú, Luis, perdisteis la libertad y la vida, padecisteis trabajos forzados, sufristeis la impotencia de ser desposeídos de la más elemental dignidad y comparecisteis ante un Tribunal Militar que os acusó impunemente de innumerables falsedades sin la más mínima oportunidad de defensa.
Tuvo que ser duro. Cuatro años, tres meses y cuatro días que permaneciste en prisión, son más de dos millones de minutos, lentos y desesperantes minutos durante los cuales, con seguridad, buscaste sin encontrar alguna explicación coherente a tu situación.
“Adhesión a la rebelión”. Te juzgaron y condenaron por “rebelde”, quienes en justicia eran los verdaderos rebeldes contra el poder legítimamente instituido por el pueblo. No sólo eso, intentando buscar argumentos para condenarte, te sitúan en Sahelices, cuando en realidad te encontrabas trabajando en Asturias, te acusan de desertar por no incorporarte al “Glorioso Movimiento Nacional”, cuando lo que estabas haciendo era ser leal a la Patria; te hacen partícipe de la quema de la Iglesia de Sahelices, del asalto al cuartel de la Guardia Civil de Sabero, de recogida de armas para suministrar al “ejército rojo” y te consideran, con 20 años de edad, uno de los más destacados elementos. Todo esto, sin estar en esos momentos donde te sitúan, como atestiguan varios de los que te conocían, además de tu hermana Piedad, que recuerda aún hoy aquellos días a la perfección.
A las seis de la mañana del día 2 de febrero de 1942, dejaste de sufrir. Debió de ser una liberación. A los sufrimientos morales: injusticias, impotencia, falsas acusaciones, desprecios, etc… Hay que añadir: trabajos forzados, saliendo de la prisión a diario para trabajar en una mina, mala alimentación; todo ello junto, avala el certificado médico, según el cual, una tuberculosis pulmonar acabó con la vida.
Donde tú estés ahora, queremos imaginarte rodeado de paz y tranquilidad, algo que te has ganado con creces.
Nosotros, desde aquí, amparados por la Ley para la Recuperación de la Memoria Histórica, que por fin ha venido a reparar, al menos moralmente, tanta injusticia y, después de haber conseguido recopilar los documentos que acreditan las terribles vivencias de esos 6 u 8 años fatídicos de tu corta vida (entre 1934 y 1942), queremos poner de manifiesto nuestra admiración y respeto, al tiempo que ofrecemos a tu hermana Piedad, única superviviente actual de tu familia que vivió toda aquella tragedia, la satisfacción de añadir a tu recuerdo la consideración de héroe y mártir de una tragedia por la que, otros con menos méritos, han sido elevados a los altares.
Es preciso hacer un paréntesis y trasladarnos a la casa familiar. Es difícil imaginar cuánto dolor es capaz de soportar una familia, cuando las circunstancias rivalizan por golpear, un día tras otro, en el mismo sitio: Ramón, marido de tu hermana Isabel, y padre de María Luisa, fue fusilado. Tu hermano, Evelio Sánchez, apresado, juzgado y condenado, cumplió su pena en San Marcos hasta ser indultado una vez terminada la guerra. Comenzó entonces, por decirlo todo, su verdadero calvario, como represaliado, sospechoso, humillado, ciudadano de segunda a quien se negaba toda posibilidad de salir adelante y permanentemente controlado hasta la muerte del dictador en 1975. Luis Sánchez, cuyo caso nos ocupa, fue la tercera víctima de la familia.
Esta es la historia aciaga de los últimos años de su vida.
Luis Sánchez Álvarez nació en Sahelices de Sabero el 8 de agosto de 1915, soltero, de profesión minero, trabajó en Hulleras de sabero, desde 1932 aproximadamente. Afiliado a la UGT, no se conoce que desarrollara una actividad sindical especial, ni que ostentase cargo alguno.
Después de las revueltas y la huelga general de 1934, comenzó a vivirse una situación de inestabilidad y mal disimulada persecución a los mineros de izquierdas, por parte de significados elementos de la Falange, cuyos nombres son conocidos por todo el mundo en la zona y que actuaron en clara connivencia con la Guardia Civil. Cuenta Piedad Sánchez, hermana de Luis, que en aquellos tiempos se presentaban en su casa tanto unos como otros, noche sí y noche también, y les levantaban de la cama en un claro intento de acosar e intimidar; tanto era así y tal la frecuencia de estos hechos que, según la misma, ya se acostaban vestidos.
Con esta tensión y, dada la inestabilidad política que se vivía, aguantar la situación de permanente amenaza no era tarea fácil para un joven de 19 años como lo era Luis Sánchez en aquella época. Al no tener éste responsabilidades familiares, decide un buen día de 1935, a finales de verano más o menos y, después de consultarlo con Piedad para que ésta se lo comunicara a los padres, salir de casa rumbo a Asturias en busca de una vida mas tranquila. Allí llegó poniéndose a trabajar en una mina, en un ambiente más propicio.
La II República se tambaleaba por aquellos días. Un gobierno como el del Frente Popular, siempre formado por coaliciones de partidos tan diversos que no conseguían entenderse, junto a una crisis económica galopante, no veía salida a la situación y, pese a los intentos que se hicieron para evitar las tentaciones golpistas, la involución militar llegó en julio de 1936. En Asturias el ejército republicano resistió hasta mediados de 1937, pero finalmente cayó en manos del bando nacional.
Hagamos aquí un pequeño receso en el relato de los acontecimientos para presentar a dos nuevos personajes protagonistas de la esta historia y testigos fundamentales para poder contarla.
Manuel y Fidel Martínez Rodríguez, el primero con 91 años, vive actualmente en Olleros de Sabero, compartió prisión en San Marcos con Luis. Fidel, hermano del anterior, tiene 93 años, vive en Sotillos y conserva, por lo que pudimos comprobar, una claridad mental y una memoria admirables; compartió prisión con Luis, no sólo en San Marcos, sino también en Oviedo. Ambos se han presentado a conversar, aportando datos, sentimientos, circunstancias vitales y vivencias, imposibles de conocer de otra manera. Especialmente Fidel, ha relatado en detalle su vida y la de Luis en la cárcel de Oviedo. Muy diferentes, por cierto, ya que él tuvo la fortuna de encontrarse a alguien que le colocó en la enfermería de la prisión. Vivió en primera persona el rápido deterioro de la salud de Luis hasta su muerte en febrero de 1942. Él, a su vez, fue indultado en marzo de 1944. El mismo Fidel y algún otro de la zona fueron quienes comunicaron a la familia el fallecimiento de Luis, ya que ni el gobierno, ni el ejército, ni los responsables de prisiones, tuvieron la humanidad, no sólo de entregar el cadáver a su familia, sino ni siquiera de comunicar su fallecimiento.
Nos relata Fidel que varios de los que estaban en Asturias en aquellos días de 1937, procedentes del Valle de Sabero, entre los cuales se encontraba Luis, huyeron al monte con el fin de intentar el paso a Francia; anduvieron un tiempo vagando sin rumbo, se acercaban a los poblados para pedir comida, alguna vez se veían obligados a robarla para subsistir, siempre huyendo de la Guardia Civil. Dándose cuenta de que pasar a Francia, careciendo de salvoconducto y sin dinero, no era tarea fácil comenzaron las discrepancias, terminando por elegir cada uno el camino a seguir: Fidel y Manolo decidieron entregarse a la Guardia Civil pensando que, de este modo, serían juzgados con más benevolencia. Luis, sin embargo, optó por intentar regresar a su domicilio familiar en Sahelices, a riesgo de ser interceptado por las autoridades o, delatado por cualquier vecino de los muchos pueblos que tenía que cruzar.
En un momento de su peregrinaje llegó a Gete, pequeño pueblo de la montaña de León, entre Cármenes y Matallana, donde fue acogido de manera extraordinaria en la casa del herrero del pueblo, hasta el punto de permanecer allí varios meses, se supone que ayudando a su benefactor. Llegó un momento en que decidió continuar su camino y logró llegar a Felechas, a las puertas de casa; pensó que le hacía falta descansar para emprender la última etapa y la casa de un familiar le pareció lugar seguro; el destino, sin embargo, le tenía preparada una macabra sorpresa, cuando un vecino del pueblo le delató a la Guardia Civil y éstos le apresaron el día 24 de octubre de 1937, trasladándole a la Prisión Provincial de León.
El día 2 de diciembre de ese mismo año el Teniente de Infantería D. Ricardo Aguilar, Juez Instructor de la Causa 691/37 abierta, según ellos, para averiguar su participación en contra del “glorioso movimiento nacional” pone en marcha la misma por el procedimiento sumarísimo. Desde aquí hasta el juicio, pasan tres meses y diecisiete días de hábiles interrogatorios, hasta rellenar de mentiras la causa y dejarla lista para sentencia.
El día 12 de febrero de 1938 se reúne el Consejo de Guerra para fallar la causa instruida y dictar sentencia después de oír al fiscal, la defensa y los procesados (todo en un ejercicio de simulación). Según consta en la sentencia, los epígrafes encabezados por los RESULTANDO y CONSIDERANDO, redactados al calor de los datos aportados por la instrucción del sumario, son una serie de inventos, necesarios para llegar a una condena impuesta de antemano, no importa donde estuviera en el momento que se cometieron los hechos de los que se le acusa.
Así pues, el fallo: ADHESIÓN A LA REBELIÓN; y la condena: PENA DE MUERTE.
Momento terrible cuando escuchaste el fallo. Las imágenes de tu vida, desfilaron a velocidad de vértigo por tu muerte: el pueblo, la casa, tus padres y hermanos, tus amigos, la lucha por una vida mejor. Nada ha merecido la pena porque no has logrado ver los beneficios de esa lucha, aunque gracias a ti, y muchos otros como tú, el mundo ha cambiado para mejor y, somos muchos los que nos beneficiamos de ello y os lo agradecemos.
Por desgracia para ti, tu vida no acabó con la ejecución de la pena a que te condenaron porque el 9 de mayo de 1938, “Segundo año triunfal”, para tus verdugos, Dios hecho hombre en la persona del Jefe del Estado, te conmutó la pena de muerte por la de 30 años de reclusión mayor.
El Ministro del Ejército de la época, con fecha 4 de enero de 1944, dicta resolución, en virtud de la cual, reduce tu pena a 20 años de reclusión menor. Magnífico detalle, digno del agradecimiento más efusivo, sino fuera porque el 1 de febrero de 1942, casi dos años antes, habías fallecido.
Volviendo al momento en que te comunican el fallo de la sentencia, tu hermana Piedad que, en todo momento desde que entraste en prisión, seguía de cerca tu calvario, cuenta que el abogado de oficio de la defensa, figura decorativa en aquella comedia, le dijo que un informe favorable de alguna persona relevante, podría influir para conmutar la pena de muerte. No lo pensó dos veces y con las mismas, a instancias del propio Luis, viajó al pueblo de Gete. El herrero volvió a ejercer la función de samaritano y logró del alcalde del Ayuntamiento (se le supone falangista o persona adepta al régimen), un informe de buena conducta, del cual se hizo entrega; no se sabe si el mencionado informe influyó en algo, lo cierto que la pena de muerte fue, como se ha dicho, conmutada.
El mismo día 12 de febrero de 1938 en que te comunican la sentencia, te trasladaron a la prisión de Burgos. No consta en ningún sitio el tiempo que permaneciste allí, pero debió de ser breve, ya que te tenían reservado un destino más productivo en la prisión de Oviedo: Trabajos forzados en una mina.
La última etapa de tu vida en la prisión de Oviedo, debió de ser una pesadilla, según relata el tantas veces mencionado Fidel Martínez. Cada mañana, una cuerda, una retahíla de presos encadenados, conducidos por varios guardianes, se dirigen a la mina para realizar una jornada de durísimo trabajo. El que conoce las condiciones en que se desarrollaba el trabajo en una mina de la época, con pocos medios, mala ventilación, intensa humedad, etc…; unido a una deficiente alimentación y poco descanso, puede llegar a comprender cómo la enfermedad se hace presente y cómo la muerte puede llegar a ser una liberación.
Para que todo fuera patético, tu fallecimiento, certificado por el médico de la prisión de Oviedo el 1 de febrero de 1942, es comunicado en la misma fecha por la dirección de dicha prisión al Juez militar de ejecutorias de la Auditoría de guerra de León, pero ni unos ni otros se lo comunicaron a la familia, con lo cual no pudieron recoger tu cuerpo. Se supone que, tal como te trataron en vida, continuaron tratándote después de muerto y tus restos irían a parar a una fosa común.
Nos resulta incomprensible que la derecha española se haya opuesto a la aprobación de la Ley para la Recuperación de la Memoria Histórica. Nadie pide venganza, sólo queremos dignificar la memoria, en este caso de nuestro querido Luis y con él, la de miles de españoles a quienes se juzgó de manera fraudulenta para llevarles, injustamente, a unos a prisión y a otros al cementerio.
Agradecimientos:
AERLE: Asociación de estudios sobre la Represión en León, cuya ayuda ha sido fundamental.
Luis y Fidel Martínez, por su generosidad y su memoria.
A todos cuantos, en cumplimiento de su deber, funcionarios e instituciones, atendieron con brevedad y diligencia nuestras peticiones de información.
Por AVELINO DÍEZ ÁLVAREZ (León-Olleros de Sabero, 2008)
- DOCUMENTACIÓN:
- Prólogo y relato de los hechos.
- Partidas de nacimiento de Luis y Piedad Sánchez Álvarez.
- Expediente Procesal de la Prisión Provincial de León donde se conoce el número del Sumario (691/37).
- Carta de Piedad Sánchez al Tribunal Militar de A Coruña, solicitando información del Sumario.
- Carta del Tribunal Militar de A Coruña a Piedad Sánchez autorizando a consultar el Sumario de la Causa 691/37.
- Certificado expedido por el Secretario de dicho Tribunal en que se acredita el tiempo pasado en prisión por Luis Sánchez.
- Certificado expedido por el Secretario del mismo Tribunal en que se acredita que las fotocopias concuerdan fielmente con los originales.
- Documento de apertura de la Causa 691/37 para Instruir el Sumario.
- Sentencia subsiguiente a la citada Causa.
- Documento de conmutación de la pena de muerte por la de 30 años de prisión.
- Documento de comunicación del tiempo de prisión preventiva
- Certificado de resolución, por el que se conmuta la pena de muerte por la de 30 años de prisón mayor y se reduce ésta por la de 20 años de prisión menor.
- Certificado médico de la Prisión Provincial de Oviedo, certificando la defunción de Luis Sánchez Álvarez.
- Comunicación de la Dirección de la Prisión Provincial de Oviedo al Juez Militar de Ejecutorios de la Auditoría de Guerra de León, trasladando el fallecimiento de Luis Sánchez Álvarez.