Isla Kokotero

July 12, 2008

TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO sobre JOSÉ LUIS PUERTO

José Luis Puerto. La foto es de Vicente García

QUERER PERDER EL PASO DEL MUNDO:
LA VALENTÍA DE JOSÉ LUIS PUERTO
 
(Reproducimos este artículo de Tomás Sánchez Santiago
publicado hoy en el periódico digital PEATÓM
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    La falta de estridencia y la insistencia en la capacidad primordial del ser humano para la dicha a partir de una alianza con la elementalidad —incluidos aquí el dolor o las formas múltiples de la derrota— son las dos componentes que configuran desde sus inicios la poesía de José Luis Puerto (La Alberca, Salamanca, 1953) que, a estas alturas, se ofrece como una salmodia rumorosa, esencial y distintiva en el panorama poético en lengua española. Fue Kafka quien dijo aquello de que escribir es una forma de orar. Y así sigue siendo con este autor. Acaban de aparecer dos nuevos libros que no son sino reafirmaciones sobre estos mismos ejes de súplica y sigilo.

    Uno de ellos es Proteger las moradas (Ed. Calambur), donde se sigue dando cuenta de un espacio retenido, a la contra de la inercia ciega del mundo, en poemas cuyas palabras conforman un perímetro sencillo y llamado a la transparencia, tal como si ya el poeta (“el encargado”, como se dice en el hermosísimo texto que cierra y culmina este libro) no pudiera hacer otra cosa que nombrar las palabras del origen, a ver si así el sortilegio pudiera producirse y llegase la perduración a aquello que parece abocado a perderse, fusilado en la indefensión. El título, así, se constituye en explicación del alcance oracular que se quisiera para estos poemas. Proteger las moradas (con la alusión teresiana así de explícita) sería aviso de una necesidad que se resuelve en secciones como “Protección de lo blanco” donde la nieve, la leche, las pequeñas lombrices nerviosas o el propio blanco purificador de un cuadro de Tapiès son signos que configuran el bastidor de una memoria clara que el poeta reclama para que, en efecto, no se vaya definitivamente del mundo aquella trama que un día vio él y tomó, para siempre, la forma del sentido de la vida. Junto a esta sección, otras dos (“Once motivos semíticos” y “Signos que graba el tiempo”) remiten al mundo del autor de Estelas, un mundo siempre cerca de la inocencia de la naturaleza o del esfuerzo humano y anónimo por responder con lo elemental ritual —convertido en sagrado— a la llamada  de la fuerza germinativa de la tierra, una llamada que no es sino continuo, incesante reclamo “para llegar al centro del jardín”, otro de los motivos constantes de la poesía de José Luis Puerto. Dejemos aquí, a modo de testigo resplandeciente, este poema de Proteger las moradas:

(reportero francés)

Dejó Ouvert la nuit de Paul Morand
En la pensión en la que se alojara
Del oeste español
Y unas notas de hoteles y de citas
En la hoja de respeto.
Sabemos en qué página
Quedó de su lectura
Y los bordes del libro
Hablan de las mochilas y macutos
De quien cubre la guerra como corresponsal.
En un fuego cruzado
Murió en Beirut
En la guerra del Líbano.
Se llamaba Jean-Marc.
Acaso nada quede
De su existir sino los datos
Que estas líneas recogen
A partir de unas huellas
Que aún se hallan en un libro
Perdido u olvidado
En pensión española


    Pero es que, casi a la vez, ha aparecido Un bestiario de Alfranca en esa aventura editorial de Gregorio Fernández Castañón que es la colección “Los libros de Camparredonda”. Con el peculiar sello del editor, siempre pendiente de un tratamiento particular para cada uno de estos libros, este bestiario maravilloso vuelve los ojos a las distintas clases de animales (insectos, aves, peces, bestias domésticas…) que entraron en emocionada relación con el niño de Alfranca y, a su manera, adquirían desde una inicial aparición el significado de símbolos, más allá de su mera función de compañía, peligro o alimento.

    Surge así el que es para nosotros uno de los textos más sostenidamente emocionantes de José Luis Puerto. Esta especie de álbum no entra en la fantasía de otros bestiarios conocidos ni es una mera colección de episodios que pudieran pertenecer solamente al territorio de la evocación meramente costumbrista. Alfranca —lo sabemos los lectores de Puerto— es desde Las cordilleras del alba, aquel libro de 1991, trasunto de La Alberca, el espacio natal del poeta, geografía fundamental en su escritura y a la que él siempre acabará por volver. Allí transcurren los distintos pasajes de Un bestiario de Alfranca. De nuevo la llamada a la protección (“Protección de las aguas”, se denomina una de las nueve secciones del libro, y la cifra no es en vano) parece insistir en esa necesidad, también presente en el libro de Calambur, de defenderse de las asechanzas de lo exterior renovando un pacto personal con lo pequeño, lo frágil, lo que se presta a servir para un provecho ajeno, como se dice en el texto que transcribimos:

Ilustración de Cristóbal Aguilar    “El gallo como animal sacrificial. Es la imagen que de él te llega siempre. Se sobrepone a la belleza de su plumaje, a la gallardía de su actitud en los cortinales y en las cuadras, a ese reinado efímero sobre el resto de las aves de corral, a sus cantos de amanecer o de otros momentos del día, no pocas veces verdaderos indicios meteorológicos.
El pueblo, que lo incluye en sus cuentecillos, que explica el sentido de su canto en ocurrentes fórmulas rimadas, también lo sacrifica (…) Pero tu memoria te lleva por algunas de las calles de Alfranca, en compañía de tu madre, camino del hotel, a vender un gallo, muy lozano y de vivísimos colores, que ella lleva colgando, atadas sus patas y empuñadas de una de sus manos, por el que os darán cincuenta pesetas.
A ti te acompaña la tristeza, porque sabes el destino del gallo que conoces desde que era un polluelo y al que has echado el grano y al que has contemplado en no pocos momentos de salida al cortinal, donde gallos y gallinas picoteaban la tierra (…)”.

    Libros éstos de José Luis Puerto que, como los anteriores, buscan lectores que aún sepan que el desacuerdo con el orden y el color que dan al mundo los administradores del dolor, de la injusticia o de la mezquindad pasa por arrojarles a la cara palabras que aún escuecen porque traen encerrada la verdad insobornable y cruda de los juegos de los niños, las nanas de las madres, el temblor de algunas flores o el gesto detenido de esos animales que nos miran al paso un momento y sostienen en los ojos el aviso afilado de una recriminación silenciosa. Eso nos queda, sí. Arrojar palabras limpias como arena a la cara de aquéllos. Pero es mucho, no lo duden…

TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO

May 7, 2008

8-M / Presentación de ‘Desprovisto de esencias’, de RAFAEL SARAVIA

RAFAEL SARAVIA acaba de publicar su segundo poemario, Desprovisto de Esencias, en la Editorial Renacimiento. Tomás Sánchez Santiago lo presentará en León mañana, 8 de mayo, en compañía del autor. La cita es en el Instituto Leonés de Cultura, en la Biblioteca Regional Mariano Berrueta (a las 20.30 horas).

April 22, 2008

Dedicatorias ~~~ onduladas~~~ de JOSÉ-MIGUEL ULLÁN

XXIX

Amo de llaves,
me alcanzaran tus ojos
para atrancarme. 

(A Manuel Ferro) 

XCII

Publicidad.
Un masaje en el ojo:
CAsuaLIDAD.

(A Tomás Salvador González) 

CLXIX

Hueso molido.
En el ojo de Olvido,
taba en su nido.

(A Olvido García Valdés) 

CLXXVI

¡Cuánto se alegra
la garganta del ojo
que se marea!

(A Cova Villegas)

III

Amante enigma:
es el ojo cubero
de seda anfibia.

(A Juan Carlos Mestre)

XXIV

Contrasentido.
No ver su rostro y verlo
adamantino.

(A Alexandra Domínguez) 

XXV
 
Liquen rehúsa
ese amor que no atisba
por donde aún nunca.
 
(A Eloísa Otero)

CXXII
 
Etruscas ganas.
Con tus ojazos, ¡zape!,
al mus arañas.
 
(A Víctor M. Díez)
XXXV
 
Doble ojeada:
"Contra el dolor se escribe":
"Mi bien, no es nada"

    (A Tomás Sánchez Santiago)

'agrafismo' de ullán dedicado 'a Elo'XXXIX
 
Gastar saliva
es gazmiarse a los postres:
—Esto no es vida…
 
(A Miguel Suárez)

 

 

 

 

 

 

JOSÉ-MIGUEL ULLÁN
(Del libro ‘Ondulaciones’
‘Amo de llaves’ [Rensaku], 2003) 

April 4, 2008

Entrevista a Antonio Gamoneda en la revista Ínsula

Hemos colgado en Faro Gamoneda la entrevista, entera, de Tomás Sánchez Santiago y Eloísa Otero al poeta ANTONIO GAMONEDA que se publica en el último número de la revista Ínsula.

Para leerla, haz click sobre la foto: 

 Antonio Gamoneda en una foto de MURCIEGO

 Antonio Gamoneda, en una fotografía de MURCIEGO

April 3, 2008

3-A / Lectura poética en la Biblioteca Pública de León

Alumnos de la escuela de música en el recital anterior
ANA MENEGHELLO, ALBERTO TORICES y TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO leerán hoy jueves (3 de abril) sus poemas en la Biblioteca Pública de León, a partir de las ocho de la tarde, en la Jornada de Primavera del programa Cuatro cuartetos de poesía y música. Pondrán música los alumnos del taller de improvisación de la escuela municipal de música de León, acompañados, entre otros músicos, por Javier Iriso e Ildefonso Rodríguez.
(En la imagen, alumnos del taller durante un recital anterior. En el centro, tocando el violín, Ana Meneghello, que esta tarde debutará como poeta) 

March 1, 2008

‘Calle Feria’, de TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO, se merecía el Premio de la Crítica de Castilla y León…

Portada del libro(…Pero no se lo dieron –en el mismo caso está Andrés Martínez Oria y su novela ‘Más allá del olvido’, o incluso el premiadísimo y buenísimo Luis Mateo Díez–, ni se lo darán mientras estén en el jurado personajes como Gonzalo Santonja, Nicolás Miñambres, etc, que leen bastante poco y mal y prefieren darle el premio a Juan Manuel de Prada, ellos sabrán por qué… En fin. Sin comentarios. Y sé lo que me digo. Como tributo rebelde, dos páginas de Calle Feria –págs. 479-481–, la gran novela de TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO, amigo, poeta y, sobre todo, gran escritor):

MI VIEJO AMIGO

    Te escribo esta carta a esa dirección de Feria, 4 porque estoy seguro de que alguien la hará llegar a tus manos. Me extrañó que me colgaras tan bruscamente el teléfono el otro día. ¿Qué pasó? Volví a llamarte y ya fue imposible. Cuando supe que estaba ante Alicia, de inmediato me acordé de ti, de nosotros los de entonces, que ya no somos los mismos, como tú dirías.
    Conseguí tu número porque hablé con los restos de mi familia, aunque ya ninguno vive en nuestra calle. Se lo dieron a regañadientes en la redacción de un periódico donde me dicen que a veces mandas colaboraciones (¡como Mature!). Pero sólo tenían eso de ti. Eso y un número de cuenta corriente. O tal vez no quisieron dar otros datos por criterios de tipo confidencial Lo cierto es que te estoy escribiendo como quien arroja al mar una botella con el pasado dentro, como entonces, lo mismo que entonces, cuando hacíamos aquellos juegos con los que salvábamos las tardes calamitosas de nuestras adolescencias. También Alicia nos socorrió. Cómo he vuelto a acordarme de aquellas mañanas de domingo y de sus simpáticos gestos de caridad corporal, que provocaron en nosotros entonces verdaderas tempestades íntimas. De todo tuve que olvidarme cuando falle el otro día en su contra. Ella me miró continuamente durante las sesiones del proceso con aquellos mismos ojos, dañados por el tiempo y las ofuscaciones. Pero no me dijo nada en ningún momento. Y yo se lo agradecí. ¿Tú crees que me reconocería?
    Los laberintos de la vida nos han ido alejando. Yo jamás he vuelto a pisar la calle Feria. Y la ciudad sólo por inevitables asuntos de ritualidad familiar. De ti nunca más supe hasta ahora, según te he dicho. Pero me acuerdo mucho de aquel mundo que inventamos. ¿Cómo no nos volveríamos del juicio –permíteme esa expresión por deformación profesional– con aquellos juegos de palabras, aquellas entregas al azar objetivo, según tú las llamabas, aquellas invenciones pasadas por la tristeza de los días ordinarios en la ciudad? Creo que si no nos escapamos a tiempo de allí hubiésemos terminado con grillos en la cabeza. Estábamos demasiado pendientes de fundar una manera de vivir, la que queríamos, la que no nos daban más allá de nuestra calle. Tuvimos esta intuición de colorear la vida mejor de lo que ella estaba, tan pobretona y resignada a aquellas circunstancias. Pero seguir era una temeridad. Y cuando se terminó aquella edad maravillosa y aparecieron las alas grises –pero seguras– de la sensatez, lo mejor fue lo que hicimos: ponerse de espaldas a la calle y salir de todo aquello. ¿Te quedarán a ti dudas sobre lo juicioso de la decisión? No lo sé porque desconozco todo de ti. Quién eres ahora. Qué haces. Pero por si acaso te adjunto este relato de un desaparecido más –como nuestro Mature, como nosotros– que acabó por darle más cuerda al pensamiento de la necesaria. Lo contó alguna vez Paco el barbero, el novio de Palmira, otra desaparecida. Yo sólo lo oí empezar aquella noche porque mi abuelo no me dejó quedarme en el serano y enseguida me mandó a casa a acostar. Así que tiempo después lo completé por mi cuenta para que aquellas palabras iniciales de Paco ocuparan un lugar en el mundo. Acepta este "Manuscrito" –propiamente otra botella al mar, sí, dentro de la botella de la carta– como un homenaje a aquel tiempo delicado y a nuestra salvación. Ya me dirás, si quieres, qué te parece. Es lo único que desde entonces he escrito.

Tu amigo
MUÑOZ

(…) 

    TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO (Del libro ‘Calle Feria’, Premio de Novela Ciudad de Salamanca. Ed. Algaida, 2007) 

October 24, 2007

Conferencias de TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO y ANTONIO GAMONEDA en León

Jueves, 25 de octubre de 2007
Tomás Sánchez Santiago
Biblioteca Pública de León
c/ Santa Nonia, 5
Hora de inicio: 20:00 horas.
Martes, 30 de octubre de 2007
Antonio Gamoneda
Biblioteca Pública de León
c/ Santa Nonia, 5
Hora de inicio: 20:00 horas
 
Dentro del ciclo LA BIBLIOTECA DEL NÁUFRAGO
que organiza la Fundación Siglo

July 8, 2007

‘El que desordena’, por TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO

by BasquiatCuando se nombra, ¿qué se comete?

Los bordes de las palabras deberían soltar un poco de perdición. En vez de exactitud. Para no defenderlas en adelante, para que sobrepasen ellas solas el resplandor oscuro de sus límites.

Y el poeta debería ser quien nombrase sólo desde la injusticia de la imprecisión para dejar menos mortalidad en las certezas. Él es quien mira y ve otra cosa, el que deja entrar lo que nadie diría, el que sólo habla contra todo pronóstico, el que no probará la pasta de los agradecimientos.

El que se extraña de lo consabido.

Y el que desordena. 

    TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO
(Del libro ‘El que desordena’)

 

June 30, 2007

Sobre ‘Calle Feria’, de TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO

TOMÁS SANCHEZ SANTIAGO (Foto publicada en LA OPINIÓN DE ZAMORA)
CALLE FERIA
La obra es una fábula, una novela polifónica, que llega donde no ha querido asomarse la historia y trasciende el pequeño universo de esa zona comercial zamorana

(Artículo del periodista JESÚS HERNÁNDEZ, publicado en LA OPINIÓN DE ZAMORA el 25 de junio de 2007:)

    Una fábula que llega donde no ha querido asomarse la historia. Posiblemente, eso es. Contar, sobrepasada la anécdota, nunca fue cosa fácil. Y aquí, en "Calle Feria" (editorial Algaida), se da con creces. Una gran historia hecha con pequeñas historias, una novela polifónica. Es un gran relato (a veces, pura imaginación; a veces, realista) con vidas que palpitan. Tomás Sánchez Santiago, su autor, crea y recrea, en ese breve territorio urbano, con establecimientos que se caracterizan por agrupar a un comercio «de inmediata necesidad», la vida que fue y la existencia que pudo ser, y obtiene una excelente recepción crítica. ¿La novela de Zamora? Más, mucho más que todo eso. Con personajes que tuvieron identidad y vida propias, el profesor y poeta escribe una crónica que trasciende el pequeño universo y lo aparentemente sentimental -no hay nostalgia en la descripción, sino una sencilla reivindicación de lo humilde y auténtico-, y pone en pie, con la ayuda de tenderos, dependientes y viajantes, una trama.
    "Calle Feria" es una novela donde tiene su sitio una escritura brillante, donde la palabra posee frescura. Qué regusto: la voz exacta, sonora. Respira. Se escucha su latido… Por esos comercios tradicionales, familiares, pasaba la vida humilde: las gentes del barrio, de los pueblos. Y sus vecinos, que, en el buen tiempo, salían al serano. Los personajes, pues eso: una galería de oficios. Con sus nombres: auténticos y de los otros (figurados o así). Y, con esos seres de identidad supuesta, las personalidades que, un día "pasaron" por allí, por esa calle, como García Lorca, Rubio Sacristán, Delhy Tejero. La calle, una calle, puede ser un territorio inmenso. Y si se ha crecido en ella, más. Esa vía era un mundo. Ese barrio era mucho más que un mundo. En esas vidas sobrellevadas con dignidad, se mezclan realismo e imaginación. ¿A partes iguales? Eso solo lo sabe el autor.
    Sánchez Santiago inició la escritura de la obra de una manera premiosa: «Hace veinte años. Pero no nació con el destino de novela, sino de relato, que yo creí que se acababa en sí mismo. Después, de una manera extraña, fue creciendo para todas partes». Y llegó un momento, «no sé cuándo», que percibió esto: «aquello estaba llamado a ser una especie de microcosmos personal, que tenía que culminarse sin prisas». Y aparece, asimismo, el momento con la «necesidad instintiva de asegurar los fundamentos de la memoria». Pero es una fábula, y se equivoca quien lo lea de otra manera. El zamorano ha tratado «de alzar una épica para una modesta calle, con maravillosos vecinos y comerciantes, a los que me ha gustado investir de pequeños héroes».
    La narración se fue formando a sí misma. «Es como un polígono irregular». Con una gran complejidad de voces». Allí caben muchas cosas: el ensayo, la crítica cinematográfica, la receta… «A lo mejor es la única manera de percibir la cantidad de sensaciones que se guardan en una experiencia». Nunca pensó que esa escritura «acabaría siendo una novela. Se fue escurriendo entre los dedos lo que deseaba contar». La obra ganó «cierta autonomía, incluso en su estructura. Y, de pronto, me daba cuenta que un personaje y un relato entraban en el otro». O que una voz dominante aquí era una voz secundaria allí. «Y me di cuenta que la protagonista era la propia calle». Todo, lo inventado y lo real, estaba al servicio de ese espacio. «Detrás de eso hay una tradición».
    Tomás Sánchez cree que los fabuladores «tienen el deber de contar la historia que se quiere escamotear». Y quizá el primer origen de "Calle Feria" se halla en «la sensación que tuve alguna vez. hace muchísimos años, de estafa cuando quisieron contar a la gente de mi generación que Zamora era una ciudad inocua, donde no ocurría nada, se vivía bien y la existencia sucedía al margen. Y no hay ciudades inocuas. Me pareció que tenía que incluir esa clave» en la obra, más allá de «la exactitud». Porque también existe «la responsabilidad de la imaginación».
 
(La novela está recibiendo muy buenas críticas, como la de ANGEL L. PRIETO DE PAULA en el Babelia

December 17, 2006

Isla Kokotero, con GAMONEDA

Isla Kokotero
    Desde este rincón oceánico del ciberespacio nos sumamos a la ALEGRÍA por la concesión del PREMIO CERVANTES 2006 al poeta astur-leonés ANTONIO GAMONEDA, grande entre los grandes, de quien hemos incorporado a esta bitácora (y seguiremos haciéndolo) algunos versos, declaraciones, entrevistas y artículos.
    Y, para un mayor conocimiento en torno a su obra, recomendamos la lectura de los distintos y estupendos estudios críticos publicados por el poeta y crítico Miguel Casado, fundamentalmente en las ediciones antológicas de los libros de Gamoneda –’Edad’ (Cátedra), con la que el poeta leonés obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1987, ‘Esta luz. Poesía reunida (1947-2004)’ (Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, 2004) y ‘Avida vena’ (Diario de León-Edilesa, 2006)–, pero también en otros libros del pensador vallisoletano, como ‘De los ojos ajenos. Lecturas de Castilla, León y Portugal’ (Junta de Castilla y León), ‘Archivos. Lecturas, 1988-2003′ (Dossoles) y ‘Los artículos sobre la polémica y otros textos sobre poesía’ (Biblioteca Nueva).       
    También recomendamos otras dos magníficas antologías de Gamoneda, recién salidas de imprenta: ‘Silabas Negras’ (Universidad de Salamanca), realizada por Amelia Gamoneda y Fernando R. de la Flor, y la ‘Antología poética’ (Alianza Editorial, colección de bolsillo), con introducción y selección de Tomás Sánchez Santiago.

TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO sobre ANTONIO GAMONEDA

Tomás Sánchez Santiago
COSA DE CORTEZA

    Es muy posible que ayer tarde, cuando Antonio Gamoneda se adentrase entre las sombras de un palacio, no fuera solo. Habría con él en el trance la sombra dulce de una madre con manos de olor a lejía y a maldita sumisión, un suicida que vigiló la nieve y todavía silbotea su canción, caballos sangrientos con las patas arañando el aire y, en fin, un coro de compañías atormentadas en las que todavía él cree, seres que se le aparecieron en la niñez y hasta hoy no han soltado de la mano a aquel niño huérfano que creció en León, se escondió en sus calles, fue echado de colegios y empleos, calló durante quinientas semanas antes de mojar la lengua en la espesa salsa de palabras que cayeron como trallazos sobre la poesía complacida de su época y, por fin, se sentó a esperar bajo el frío a que todo lo envolviera una disipación. “Este no es mi lugar, pero he llegado”. Seguramente este verso de Libro del frío pasaría ayer como una brocha lánguida por la cabeza de este hombre, uno de los poetas que aún acepta que la poesía es revelación y destino antes que otra cosa, y por lo tanto nada parecido a un ejercicio de suntuosidad literaria. Menos aún un lenguaje hecho para la complicidad.
    Y, sin embargo, llegaron los honores. El estruendo social que se producirá en estos días habrá de confundir a quien sacó su espléndida poesía chorreando desde pozos subterráneos que apenas nadie visitó durante los años del franquismo. La solidaridad, la justicia, la ira, la desesperación o la belleza eran conceptos a los que Antonio Gamoneda puso espesor y contorno en un lenguaje que distaba mucho de cualquier complacencia. Como decía en un temprano poema que luego tituló “Ferrocarril de Matallana”: “con el tren se aleja / algo que es cierto aunque no puede ser pensado; / es algo mío y no me pertenece. / Está dentro y fuera de mi corazón”. Esa sensación de estar en las afueras, de no pertenecer del todo a aquello que se le impone ha tenido que regresar a visitarlo desde ayer con otra contundencia más cercana aún a la perplejidad.
Pero cuando todo acabe y el orden secante caiga de nuevo sobre las cosas del mundo –también del mundo literario-, Antonio Gamoneda regresará a poner su vida “en heridas y sombras” y pensará entre insectos ciegos que todo fue un espejismo. Pólvora equivocada. Cosa de corteza que no afectó a las últimas sustancias de donde manó siempre su poesía, allá donde aún él oye conversaciones y ruidos luminosos que hacen una madre, un suicida y algunos animales atormentados.
    TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO (Este artículo se publicó en LA CRÓNICA DE LEON/EL MUNDO, el pasado 1 de noviembre de 2006).