Isla Kokotero

September 30, 2009

30-S / Presentación de ‘Los signos de la sangre’, la poesía reunida de VICTORIANO CRÉMER

 Victoriano Crémer

Hoy, 30 de septiembre, se presenta en el Club de Prensa de Diario de León (Gran vía de San Marcos, 8, con entrada por Fajeros) Los signos de la sangre’, la poesía reunida del fallecido VICTORIANO CRÉMER –escritor, tipógrafo y periodista centenario, fundador de la mítica revista ‘Espadaña’–, escrita entre 1944 y 2004. Será a las ocho de la tarde, e intervendrán el editor, Emilio Torné (Editorial Calambur), el crítico José Enrique Martínez, y el director de Diario de León, Fernando Aller.

 'Los signos de la sangre', la poesía reunida del fallecido VICTORIANO CRÉMER

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July 2, 2009

CRÉMER, por SUSANA BARRAGUÉS y por MANOLO JULAR

 VICTORIANO CRÉMER POR MANOLO JULAR

No pudiste librarnos de la Esfinge,
pero nos la señalaste.

Por eso, como a Edipo, te hemos querido.
Adiós, abuelo.
M. J.


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Creo que al poeta sólo le importaban ya las cosas inocentes, frágiles y transparentes. Yo le sentía sabio y verdadero, como ese tipo de hombre que te juzga por tus silencios y no por tus palabras. En una sociedad que confunde ocio con felicidad, y libertad con deseo, Crémer nos enseñaba el sano ejercicio de la vergüenza. A él le debo las dos convicciones con las que escribo: alegría y humildad.

Con sentida tristeza. SUSANA BARRAGUÉS

 

July 1, 2009

‘El siglo de CRÉMER’, por ERNESTO ESCAPA, con viñeta de FER

El 27 de Junio de 2009, a las 9.20 de la mañana,
nos dejó el inolvidable VICTORIANO CRÉMER

~ ¡Un placer y un privilegio haberte conocido, maestro! ~
Viñeta de FER en homenaje a Victoriano Crémer

Viñeta homenaje del dibujante FER
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 EL SIGLO DE CRÉMER
Por ERNESTO ESCAPA
(Publicado en EL MUNDO DE LÉON,
el 29 de junio de 2009)

El poeta centenario Victoriano Crémer seguía subiendo cada día al palomar de su casa para escribir y contestar las cartas, mientras tosía alto si alguien se acercaba con la pamplina de tratarle como a un anciano. Incluso, a veces, protestaba la costumbre de sus hijos jubilados de entretenerle con visitas de cháchara. Aunque el juego de Crémer con su edad viene de lejos, y el autor de la primera tesis sobre su obra reconocía que ateniéndose a lo publicado “pudo haber nacido en cualquiera de los años que median entre 1900 y 1915”, lo cierto es que ya era sobradamente centenario. Estos descuadres biográficos le han venido muy bien a Victoriano para los disimulos de una vida estragada por la provincia. Unos rácanos homenajes leoneses, celebrados localmente en las Navidades de 2006, dieron por satisfecho el trámite de las gratitudes con el poeta que entonces cumplía cien años. Y ya con eso, todos conformes. Era no conocer a Crémer, que ni cerraba aquel invierno su siglo ni por eso se iba a quedar quieto.  

Una trayectoria centenaria da para mucho. Sobre todo, si ha sido tan hacendosa como la de Crémer. Hace ochenta años, fue libertario de Pestaña; hace setenta y tres, preso político en San Marcos; hace sesenta y cinco, fundador de la revista de poesía Espadaña; hace medio siglo, obtuvo el premio de novela Nueva España de los exiliados en México; hace cuarenta y seis, el Nacional de Poesía. Un premio Nacional singular, que no llevaba el rótulo habitual de José Antonio, sino la dedicación a Leopoldo Panero, que acababa de morir. Hace tres lustros, recibió el Castilla y León de las Letras. Estos mojones de su añada, Crémer los repasaba como hitos de un recorrido malbaratado por la cicatería de las circunstancias. La inclemencia doméstica con los sueños más hermosos. También se resintió del desdén gremial hacia su empeño por recobrar, en tiempos infames, la dignidad de la conciencia poética. En esa época, las recompensas le llegaban de lejos, como aquella acogida fraternal de Max Aub al premiar El libro de Caín: “De Burgos a León, camino llano, ahí está Victoriano”.

Los versos de Max Aub cartografian un campo interior de fidelidades. Crémer vivió la posguerra más abrupta en vecindad con las madres y viudas de antiguos compañeros, que no entendían la anomalía de su supervivencia. Durante décadas fue el ancla interior de una resistencia sin alardes ni manifiestos, que no hizo más ruidos de los precisos. En esa retaguardia fue tejiendo su obra. Quizá por eso, los reconocimientos le han llegado casi siempre con los plazos vencidos. A los sesenta años, recibió el carnet de periodista, en un gesto que quiso parecer magnánimo, cuando llevaba publicados tantos artículos en la prensa como para cubrir con ellos la Tierra de Campos.

Y de entonces a hoy, no ha cejado. Al visitarle la ambulancia para su último traslado, pidió un rato hasta rematar los artículos de la semana y se preocupó por el cobro de su estipendio mensual. La enciclopedia Larousse había ilustrado su biografía con la foto de Primitivo García, un asturiano que pasó por la prensa azul de León, mientras la Espasa de1999 lo dio por fallecido tres años antes. Esos gazapos son el tributo de una vida por libre, en la displicente nebulosa de la provincia. Pero su poesía no es calderilla y a ella hay que volver. Nadie como él mereció el reconocimiento de “esta tierra de hosco censo”. Y sin embargo, se despidió escribiendo “la ciudad ignora que me muero”.

Tras algunos escarceos anteriores, en 1944 apareció su libro de poemas Tacto sonoro. Fue también el año de Espadaña, la revista que se convirtió en ariete de la nueva poesía rehumanizada, a la vez que conectaba el 27 interior con los nombres del exilio. Fundada por González de Lama, Nora y el propio Crémer, éste supo sostenerla a lo largo de 48 números y seis años. También supo despachar a tiempo los enredos falangistas para copar su invento, aquel ardid que respaldó Nora de los Vivales (Vivanco y Rosales), ayudados por Panero, Valverde y el teórico Aranguren.

La poesía de Crémer tiene como protagonista al hombre en su circunstancia. Lo que evoluciona a lo largo del tiempo no es el tema, sino su enfoque y dicción.  Otros tres libros integran la primera etapa de su obra lírica, que concluye con la década ominosa. En ella expresa la angustia y el desgarro de la muerte cercana. En ese escenario, apela a Dios y recibe la respuesta del silencio. Por eso la religiosidad de sus poemas es conflictiva, más de imprecación que de consuelo. En su segunda etapa se produce el paso del compromiso existencial al social. Cuatro nuevos libros afirman su condición de juglar del mundo humilde. Su poesía última amplía el arco desde mediados de los setenta hasta el siglo veintiuno. En ella conjuga los temas de siempre con voz más reflexiva, a la vez trémula y serena.

Como novelista, Crémer obtuvo el Premio Nueva España de México con Libro de Caín (1958) y ha publicado Historias de Chu-Ma-Chuco (1970), Los trenes no dejan huella (1986) y La casona (2001). Relatos en los que la memoria personal de la tragedia bélica y su descalabro se engarza en alegorías de urdimbre mítica. Más explícito es el testimonio de El libro de San Marcos (1980), donde recuerda su paso por el campo de concentración instalado en el antiguo hospital de peregrinos.

Hace más de treinta años, el poeta Victoriano Crémer estampó un testamento en el broche del libro que los profesores y la crítica calificaron como su despedida. “Me pesan ya los dedos cual si llevara un siglo escribiendo o arando / el pliego con la pluma, intentando llenar los sueños de sustancia”. Los analistas no habían reparado en la argucia del poeta, que ya en su título enmendó aquel testamento como inútil. En las postrimerías de 2008 nos sacudió con los versos de El último jinete: “Estoy solo y me duele / la sombra que proyecto”. O estos: “¿Qué fue de aquel que intentara / cambiar el mundo, verso a verso? / Cesó un día cualquiera de un mes, / arrastrado por caballos de plomo. / Y fue olvidado; / como manda la Santa Madre Iglesia / y decretan los tiernos alacranes”.  

La última entrevista con VICTORIANO CRÉMER, por ANTONIO LUCAS (en El Mundo)

VICTORIANO CREMER. © Fotografía de CÉSAR ANDRÉS
[Victoriano Crémer, en los años 70,
en una histórica fotografía de CÉSAR ANDRÉS]
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EN PRIMERA FILA / VICTORIANO CRÉMER / POETA

«LOS INTELECTUALES DE HOY SON UNOS MOMIAS»
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A los 102 años sigue escribiendo casi a diario en los periódicos con un entusiasmo crítico que no cesa. Adscrito a la órbita de la poesía social en España, fue fundador de la mítica revista de literatura ‘Espadaña’. Vive sobrepasado de fuerza e ironía y ha publicado en Visor su nuevo libro de poemas, ‘El último jinete’

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Por ANTONIO LUCAS
(Entrevista publicada en EL MUNDO
el 31 de Mayo de 2009)


Está sentado del lado de la ventana en el Bar Río de León, trasteando el sonotone con manos ágiles de 102 años. Sobre la mesa hay periódicos, un destornillador diminuto, una caja de pilas de botón y un monedero. Lleva un rato intentando arreglar el trasto de la oreja para alcanzar la vegetación de las voces que se cruzan en la pecera del café a esta hora punta de la mañana.
 
Es cauto, serio, algo desconfiado, pero al vernos entrar le salta el muelle de la simpatía y lanza una mano como un cabo suelto para volver de inmediato a su labor de ingeniero hurgando en las tripas del aparato de oír. «Pues tu dirás, pero si esto no funciona no podemos hablar…», amenaza. Sin embargo hace rato ya que estamos hablando, al modo sincopado y repentino de los sordos, gente acorazada para las preguntas y libertaria en las respuestas.

Victoriano Crémer está ceñido a un chásis centenario al que sólo se le ha gripado, ligeramente, el bimotor de las patas. Vive solo. No tiene costumbre de coger el teléfono y anda con un jaleo de cosas por hacer que invita a sospechar si no será la versión leonesa de Benjamin Button, el tipo del cuento de Scott Fitzgerald que envejecía al revés. Desde su arboladura de olmo antiguo ha visto pasar un siglo de todos los colores. Y con el mismo ímpetu, el mismo espanto y la misma rebeldía con que asiste a él lo va cifrando en poemas, en crónicas, en artículos de periódico. Así sigue, enviando cada tarde su columna a un diario de León, bajo el título de Crémer contra Crémer.

- Yo he escrito ya hasta en las paredes. En la cárcel y fuera de la cárcel. En momentos horribles de mi vida y en otros más serenos… No hay nadie que se atreva a hablar hoy como lo hago yo. Necesito 20 años más para decir todo lo que quiero decir… El periodismo no morirá. El hombre empezó a escribir hace miles de años sobre una piedra y no va a dejarlo ahora. Vendrán cosas nuevas, pero nunca faltará un periódico.

Y lo afirma con ese rumor de milagro de quien ya se ha convertido en mitología de sí mismo. El salto al vacío que es toda entrevista le pone alerta. Tiene la alubia del sonotone sujeta con tres dedos y lo levanta de vez en cuando como quien busca frecuencia con el alambre de una antena. «Nada, que esto no funciona. No te voy a poder oír…», informa.

Victoriano Crémer es un poeta que figura en los libros de texto como uno de los nombres más tenaces de la poesía social en este terruño. Fundó la revista Espadaña en 1944 junto a Eugenio de Nora y el cura Antonio González de Lama. Era la publicación antifranquista más valiente de España en el momento más jodido de España, cuando Franco aún ordenaba fumigar rojos a diario como un semidiós eufórico con la saña de quien porta en el escroto un sólo huevo. En el penal de León los falangistas jugaban a los fusilamientos con Crémer. «Ésa era su diversión. Nos sacaban de la celda de madrugada y en el patio del presidio nos disparaban con balas de fogueo. Algún compañero murió del susto. Así pasaba yo los días».

Por esa y otras putadas adquirió temprano un compromiso cívico que encontró altavoz en sus libros y en Espadaña. «La creamos en una de mis salidas de prisión. Pero necesitábamos el apoyo de alguien de derechas. Y no hallé a nadie más de derechas que un cura, González de Lama. Así empezó esa aventura que duró hasta 1951 y donde publicamos a poetas prohibidos como Neruda, César Vallejo, Miguel Hernández…». En aquellos años escribía sin descanso y el resto del tiempo lo ocupaba en sortear el hambre.

Crémer no hace Historia. Él ya es la Historia en persona. Las ideas le manan de la vejez. Aunque conserva fumarolas de aquel joven anarquista y amigo de obispos al que hoy niega. «Ese es un juego que me he traído toda la vida, pero yo no soy anarquista, ni socialista, ni nada. Tan sólo católico, apostólico, de León… Y sindicalista revolucionario», exclama. Una menestra inflamable.

Nació en Burgos en 1907. Tiene un timbre rotundo de barítono desgastado, una voz como una barcaza que atraviesa el Bar Río de punta a punta. Ha sido mancebo de botica, vendedor de libros, mitinero con Durruti, amanuense, obrero tipógrafo… No se ha tomado ni medio Gelocatil desde el siglo pasado. Y aquí está. La memoria le funciona como un loro que, sujeto al hombro, le soplase citas, fechas, datos concretísimos, decimales de una existencia difícil de abarcar. Aprieta el sonotone con el índice y el pulgar y las frases le salen a chorro, a su bola.

- Tengo casi 103 años y en la poesía sigo y seguiré. Por una razón muy sencilla: la poesía es para mí el procedimiento de expresión que mejor responde a mis necesidades. En la dictadura escribí poemas verdaderamente subversivos, unos textos del diablo. Había que hacerlo. Pero estoy convencido de que en la sociedad española, salvo excepciones, nadie sabe una palabra de poesía, ni de prosa, ni de nada. Vivimos un tiempo de analfabetos. Somos un país rico, negociador y… olvidadizo. La prueba está en que muchos de los que llevan las riendas económicas y políticas son los mismos que andaban en la órbita del franquismo.

- Será la mala memoria patria…

- Nada de eso. Será la mala costumbre. Hemos aceptado la imposición de los partidos únicos. Eso corrompe la democracia. ¿Dónde están los intelectuales? ¿La gente crítica de la Cultura? Pues casi todos convertidos en momias. Estamos como en la dictadura, donde sólo había intelectuales de salón. Hay mucho demócrata de vía estrecha. Y como no de puedo ejercer de ciudadano libre ejerzo por libre de ciudadano.

El desacato no es una norma en Crémer, sino un servicio auxiliar permanente. Se mantiene en pie con el cafelito de la mañana, que le engrasa los pistones del lenguaje. En su cóctel molotov de palabras ardientes va haciendo pausas para arrancar el sonotone. «No hay manera. No vamos a poder hacer la entrevista. Es que sin esto no te oigo… Te decía que ahora toca sufrir la avalancha de los pseudodemócratas. Han hecho de la democracia y de la Justicia un cuento, una burlería. Todo es una mierda. Ni esto es democracia real, ni la Justicia es lo que debiera ser, ni existe el socialismo. Aquí ya no hay conciencia de nada».

- ¿Decepcionado?

- Nooo. Convencido. Convencido de que vivimos una gran mentira. La fatalidad de la vida española es que cada cambio nos hace perder algo más de pie. El panorama está tomado por mercaderes y ladrones. Tenemos un presente cimentado en dos pilares: la derecha cierta de Rajoy y la derecha engañosa de Zapatero.

- Desarrolle…

- Su abuelo, el capitán Lozano, me libró de un juicio militar… Porque yo me he salvado de situaciones muy extremas… Y ahora mira, su nieto presidente; alardeando de un socialismo que no es tal. Yo sé lo que ése sabe y lo que no sabe. Y sé que es capaz de todo. Puestos a elegir me quedo con Rajoy, que al menos está en su sitio… Siempre he ido algo a la deriva. Siempre por donde no me llaman.

En este último tramo a Victoriano Crémer le ha temblado el belfo ligeramente. A ratos acerca la mano a la oreja izquierda a modo de trompetilla para atender a una cuestión que responde como si no la hubiese escuchado. Y antes de que la cosa degenere en el asalto al Bar Río y este hombre tome rehenes, ponemos la charla a sotavento, del lugar de su nuevo libro de poemas, El último jinete, publicado por Visor. «Pues eso es. Creo que tiene textos que no están mal. Y, sobre todo, que responden a mi propia conciencia. Si falseas la poesía te falseas a ti mismo. Algo que se da mucho entre los poetas actuales», remata.

No baja la guardia y el discurso se le acelera en ritmo y volumen. Si lo miras de cerca es como si la muerte no existiera. «Yo no me resigno a desaparecer. A mí lo que me apetece ahora es inventar un periódico, algo distinto y peculiar, aunque dure un mes. Aquí sólo se apoya el catecismo, aquello que no invita a sacar los pies del tiesto. Y me asusta ver a los jóvenes de hoy, a los estudiantes. ¿Dónde están? Tienen que recuperar la conciencia de la sociedad, denunciar lo que está mal. Pero no, son más reaccionarios que nunca, no protestan. Es hora de una revolución… Y el rollo este del sonotone… Que no va. Que no te oigo. Que no podemos hacer la entrevista». Pues ya vuelvo mañana, si no le va mal.
 

June 25, 2009

Un abrazo grande a VICTORIANO CRÉMER, que sigue en el Hospital

Victoriano Crémer en un dibujo de FER

Victoriano Crémer (Burgos, 1907), poeta, novelista y ensayista, lucha desde hace días con lucidez admirable por seguir dando pasos en su larga y dilatada vida. Ingresado en el Complejo Hospitalario de León por su delicado estado de salud, este leonés de adopción se enfrenta, a sus 102 años de edad, a un complicado cuadro médico de pronóstico incierto en estos momentos.

Hijo de un trabajador de la Compañía de Ferrocarriles del Norte de España, Victoriano Crémer se trasladó siendo niño a la ciudad de León. Trabajó en su niñez  como vendedor de periódicos y mancebo de botica; y en su juventud como ‘amanuense para ilustres jubilados’, tipógrafo y periodista, al tiempo que se involucraba en las actividades de los anarcosindicalistas de León, ciudad donde ha residido prácticamente toda su vida y donde es una figura muy querida y respetada.

Tras salir de la cárcel después de la guerra fundó junto con Antonio González de Lama y otros poetas, como Eugenio de Nora, la revista ‘Espadaña’, que sirvió de medio de expresión para muchos autores de la corriente llamada ‘poesía desarraigada’ y que tuvo no pocos enfrentamientos con el régimen franquista.

Su ingente obra abarca desde el existencialismo hasta las preocupaciones sociales.

En 2007 celebró su cien cumpleaños y recibió la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo. Victoriano Crémer escribe habitualmente una columna de opinión en el Diario de León, en la sección titulada ‘Crémer contra Crémer’. Estos días su columna sigue publicándose tras haber dejado el autor diferente ‘material’ preparado antes de que su delicado estado de salud le obligara a ser ingresado.

February 20, 2009

VICTORIANO CRÉMER, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes

Victoriano Crémer, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes 2008
El Consejo de Ministros ha concedido hoy a los leoneses
(de adopción y residente) VICTORIANO CRÉMER
y (de nacimiento y no residente) INMANOL ARIAS
las Medallas de Oro al Mérito en las Bellas Artes 2008.

ENHORABUENA
(y desde aquí, sobre todo a Crémer,
que quién diría que ha cumplido ya 102 lúcidos años).
¡OLE y… olé, maestro!
~

(CON UN PEQUEÑO POEMA:)

Frenéticos, los timbres de todos los teléfonos
y las máscaras luminosas de Internet
anuncian la subida de la Bolsa y el buen aire
de la navegación del dólar. ¡Aleluya!
Al fin se ha conseguido
acertar con el resorte de la felicidad.

VICTORIANO CRÉMER
(De ‘La paloma coja’. 2002)

March 13, 2008

VICTORIANO CRÉMER y su ‘Fábula de Buenaventura Durruti’

Buenaventura DurrutiCoincidiendo con el cambio del siglo XX al XXI, a finales de diciembre de 1999, hicimos una encuesta en el periódico La Crónica de León-El Mundo para ver quién era, a juicio de los encuestados, el leonés más universal de la centuria que terminaba. La conclusión, mal que les pesara a algunos, no podía ser otra: BUENAVENTURA DURRUTI (a quien ni siquiera se le ha dedicado una calle en la ciudad, y cuya escultura-homenaje en su barrio natal de Santa Ana, aprobada y encargada al artista DIEGO SEGURA, sigue paralizada desde hace años por "in-decisión" municipal).
    Recordamos aquí que nuestro escritor centenario, VICTORIANO CRÉMER –con sus 101 años cumplidos de dura vida a sus espaldas–, sorteando la censura franquista y fiel a sus ideas anarcosindicalistas –después de haber pasado en dos ocasiones por la cárcel, y de haberse librado de la muerte de milagro–, publicó en 1947, en la mítica revista Espadaña –que él fundó y mantuvo casi solo hasta el final–, su Fábula de B. D., es decir, de Buenaventura Durruti, sin más veladuras que disimular con iniciales el nombre –silenciado, demonizado por el régimen– del, ya entonces, legendario anarquista leonés, el gran héroe caído del movimiento obrero revolucionario. Reproducimos aquí, en homenaje a ambos, algunos fragmentos de ese largo poema:

FABULA DE B. D.

Ya entonces presagiaban sus pupilas
densos mares de bronce; ya sus manos
hondeaban confines desmedidos
como oscuros costados
abiertos por la piedra violenta
[…]
Porque sucede que los hombres son antiguos volcanes
por los que la tierra vierte sus más tristes escombros.
Y en esta ardiente lava, en este fuego, que sin cesar vomitan,
acendran su corteza de animales dolientes, condenados.
[…]
Por eso te siguieron en bandadas
pistolas amarillas y caballos,
y desplomaron orbes en tus mármoles:
por conseguir sacar de ti el demonio
que con su roja lengua se burlaba
del imponente aspecto de la vida.


Y te mataron, sí. Fue por la espalda
Tu hermoso cuerpo de cristal y roca
tembló en el aire azul de la mañana.
[…]
Tu cuerpo, taponando las heridas
por las que, lentamente, se escapaba el alma
de una pálida España de ceniza.
[…]
Tu cuerpo hermoso; tu glorioso cuerpo;
luminoso rompeolas
brotado de tus mares violentos.
Fue por la espalda, sí. Fue por la espalda.
La bala que se abrió paso entre venas
no te pudo ver la cara.

    VICTORIANO CRÉMER 

 

January 31, 2008

Homenaje a VICTORIANO CRÉMER, por ERNESTO RODERA & ELO

Crémer, en un dibujo de ERNESTO RODERA

"Una vez fui niño. Lo recuerdo

cuando ya no hay remedio y sobre el campo

los girasoles mueren en silencio". 

VICTORIANO CRÉMER 






















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